ELLOS Y NOSOTROS. LA CUMBRE DE CHIBERTA Y OTROS INTENTOS DE CREAR UN FRENTE ABERTZALE EN LA TRANSICIÓN
Gaizka Fernández Soldevilla
Universidad del País Vasco – Euskal Herriko Unibertsitatea
Historia del Presente, nº 13, 2009, pp. 97-132
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Historia del Presente, nº 13, 2009, pp
Orígenes de la idea del frente abertzale3
Se ha denominado “Cumbre Vasca”, frente patriótico, frente nacional o, sobre todo, frente abertzale, pero el significado nunca varía. Se trata de intentar crear una alianza estratégica entre los diferentes grupos nacionalistas vascos que excluya a los grupos vascos no nacionalistas. Desde la primera ocasión durante la II República hasta la actualidad se ha intentado constituir el frente en repetidas ocasiones. Si exceptuamos la última de ellas, el pacto de Estella (1998), la más importante tentativa fue la de Chiberta en 1977. Este artículo intenta aclarar los precedentes de la denominada Cumbre de Chiberta, sus protagonistas políticos, su desarrollo, sus consecuencias, los motivos de su fracaso y, por último, explicar la relación entre Chiberta y el pacto de Estella.
Antes de entrar en materia es conveniente repasar los orígenes del frentismo nacionalista. En primer lugar, hay que buscar la raíz de la idea en la identificación exclusivista (nacida de Sabino Arana y continuada por algunos de sus herederos) entre nacionalistas vascos y vascos a secas. A pesar de la mucha importancia que se le dio a factores como la raza, la lengua o la voluntad como fundamentos del ser vasco, éstos eran intrascendentes si no iban acompañados de la profesión de fe abertzale. La «intransigencia ideológica de los radicales», como escribe el profesor José Luis de la Granja, «se sustenta en un discurso maniqueo, de buenos y malos, cimentado en el antagonismo» entre nosotros y ellos4. Sólo los nacionalistas son auténticos vascos, mientras que los vascos no nacionalistas se convierten (como el resto de los españoles) en no vascos o incluso antivascos. De ahí, por ejemplo, que Telesforo Monzón, para referirse en 1977 a los habitantes del País Vasco y Navarra utilizase el término «Pueblo Abertzale»5 (desechando otros con igual pedigrí nacionalista pero más integradores, como “Pueblo Trabajador Vasco”) o que a las reuniones de Chiberta se las englobara bajo la denominación de “Cumbre Vasca”6 (obviando que los partidos vascos no nacionalistas7 no habían sido invitados a asistir).
En segundo lugar, si los nacionalistas vascos formaban un pueblo, éste necesitaba una dirección política, papel que asumió el PNV, un partido-comunidad que lo intentaba englobar todo. Sin embargo, desde la fundación de ANV (Acción Nacionalista Vasca) en 19308 el colectivo abertzale se dividió, no sólo a nivel organizativo como había pasado hasta entonces (Aberri-Comunión)9, sino también estratégica e ideológicamente. Eso hacía imposible que el nacionalismo vasco se reunificase en un mismo partido político. La facción más radical concluyó que se debía recuperar la unidad perdida mediante la creación de un frente abertzale.
En vísperas de las elecciones de 1936 los Jagi-Jagi, una escisión ultraaranista del PNV dirigida por Elías Gallastegui (Gudari)10, propusieron la creación de un «Frente Nacional Vasco por la libertad de Euskadi»11. Ni ANV, que formaba parte del Frente Popular, ni el PNV, que se estaba acercando a los partidos de izquierdas, aceptaron siquiera discutirlo.
La facción etnonacionalista de ETA contra la «unión vasca»
Durante los primeros años del franquismo el objetivo de un frente común parecía enterrado ya que el PNV poseía de facto el monopolio del campo nacionalista. Lo perdió cuando en 1959 nació ETA, Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad)12, que había heredado la idea del frente abertzale de los Jagi-Jagi. Especialmente su facción etnoculturalista o etnonacionalista, liderada por José Luis Álvarez Emparantza (Txillardegi), que mantuvo una postura ultranacionalista, cercana al aranismo13, y rechazó que ETA se aproximase al marxismo y a la estrategia guerrillera.
En 1962, a iniciativa del líder jeltzale14 Manuel de Irujo (1891-1981), se reunió la «Tabla redonda abertzale», un «coloquio de tipo ecumenista» que tenía el objetivo de «evitar que se agrien las relaciones y se distancien los ‘hermanos separados’». Los delegados de ETA plantearon inútilmente la creación de un «Comité Conjunto de las fuerzas patrióticas» para destruir la «unión vasca», es decir, la alianza entre PNV, PSOE, ANV y los republicanos, forjada durante la Guerra Civil y encarnada en el Gobierno Vasco en exilio15.
En 1964 ETA realizó un llamamiento público para crear un frente abertzale contra «el opresor extranjero»16. No obtuvo respuesta, lo mismo que le ocurrió en 1965. Los argumentos de la ejecutiva del PNV de Vizcaya para hacer oídos sordos a esas llamadas eran contundentes: dignidad, disciplina, confianza y eficacia. «Dignidad: a) son unos calumniadores; b) son unos mentirosos; c) emplean procedimientos repugnantes. En resumen, son unos sinvergüenzas [...]. Hay que tener en cuenta que son los ‘falangistas’ de Euskadi, tanto en la acción como en la ideología»17. Una visión similar a la de Irujo, para el que «ETA es un cáncer que, si no lo extirpamos, alcanzará todo nuestro cuerpo político»18.
En opinión del profesor Gurutz Jáuregui, la complicada relación entre el PNV y ETA ha estado determinada por tres factores: «la dialéctica entre posibilismos e intransigencia, la posición con respecto a la violencia, y la inclinación de ETA hacia el marxismo», elemento fundamental en los años 60. Pero, a pesar de todo, el PNV y ETA siempre han mantenido «un auténtico cordón umbilical imposible de cortar», ya que comparten el mismo «sustrato ideológico propio del nacionalismo tradicional basado [...] en el centripetismo y el etnocentrismo»19. De esta manera, las relaciones entre partido jeltzale y organización terrorista nunca se han cortado definitivamente: delegados de ambos se han reunido a lo largo de los años en diversas ocasiones20.
A ese sustrato contribuyó un destacado líder jeltzale, Telesforo Monzón (1904-1981)21, consejero del Gobierno Vasco hasta 1953, que, tras la aparición de ETA, se erigió en su máximo valedor en el partido. No sólo abogó por el entendimiento entre PNV y ETA y la formación de un frente abertzale entre ambos sino que fundó en 1969 la asociación Anai-Artea para apoyar a los refugiados etarras en Francia
En 1967 la tendencia de Txillardegi se había separado de ETA por desavenencias con la línea tercermundista dominante. Los etnonacionalistas buscaron refugio en la revista Branka (1966-1971), que se convirtió en un «auténtico grupo de presión» a favor del frente abertzale y la pureza ideológica del nacionalismo con gran influencia en la evolución posterior de ETA22.
Tras el juicio de Burgos, en 1971, Txillardegi consiguió que las fuerzas abertzales se reuniesen para debatir por fin la cuestión del frente. Fue un nuevo fracaso. El PNV, según los autores de El péndulo patriótico, «se opuso firmemente a la pretensión de constituir un frente abertzale ‘a velocidad de vértigo’», que pusiese en riesgo su patrimonio político, y a «diluir sus señas de identidad en una sopa de siglas»23. Sólo ETA sacó algo positivo: un importante sector de las juventudes del PNV, EGI-Batasuna, convergió con la organización terrorista en 1972.
El nacionalismo vasco ante la Transición española
La muerte del dictador Francisco Franco supuso el inicio de un periodo en el que el Gobierno de Adolfo Suárez llevó a cabo un proceso de democratización controlada consensuando las grandes decisiones con la oposición antifranquista. Además, en Euskadi la situación se vio condicionada por factores como la conflictividad político-social, la desunión de las fuerzas de oposición, el terrorismo etarra, el terrorismo de ultraderecha y los “incontrolados”, la muchas veces desacertada y dura actuación policial, la reivindicación autonomista, etc.24 La cuestión de la amnistía25 de los presos etarras se convirtió en uno de los problemas más acuciantes, porque podía deslegitimar la Transición en el País Vasco. Los indultos de noviembre de 1975 y julio de 1976 habían sido estimados insuficientes por las dos ramas de ETA, lo que les llevó a considerar la amnistía total como condición indispensable para su participación en el cambio político.
En este contexto cambiante hubo un hecho crucial: la convocatoria de elecciones democráticas para el día 15 de junio de 1977. Se abrieron entonces múltiples posibilidades, incluyendo la renacida idea de crear un frente abertzale. Sin embargo, no sólo había cambiado la situación sino también los actores políticos. Habían surgido nuevos partidos y el antaño homogéneo mundo de ETA se había dividido26. En ese momento se puede clasificar a los partidos nacionalistas vascos en tres conjuntos: el PNV, la izquierda abertzale27 y el nacionalismo de centro-izquierda.
En primer lugar el PNV, que, aunque había permanecido en una situación de pasividad e inoperatividad durante gran parte del franquismo, fue capaz de reorganizarse y renovarse con éxito, gracias a nuevos líderes como Xabier Arzalluz y Carlos Garaikoetxea. El partido, que mantenía su estrategia posibilista, formó parte de diferentes organismos unitarios antifranquistas, como la Plataforma, la Coordinación Democrática (“Platajunta”) y la Comisión de los Nueve. La Asamblea Nacional del PNV, celebrada en Pamplona en marzo de 1977, aprobó que la finalidad del partido era conseguir por vías democráticas un «Estado Vasco autonómico»28. En consecuencia, se apostó por continuar la alianza con el PSOE a través del Frente Autonómico, una coalición electoral para el Senado.
El segundo gran grupo, ETA, se dividió en varias facciones en 1974 formando un conjunto cada vez más heterogéneo, la izquierda abertzale29. En la primavera de ese año, ante la «imposibilidad» de seguir trabajando dentro de ETA por la supeditación de todas sus demás actividades a la terrorista, un sector del Frente Obrero se escindió para crear el partido LAIA, Langile Abertzale Iraultzaileen Alderdia (Partido de los Trabajadores Patriotas Revolucionarios)30.
Tras asesinar a trece personas en un atentado en la cafetería Rolando de Madrid en septiembre de 1974, ETA se fraccionó en dos nuevas organizaciones. Por un lado ETAm (ETA militar), bajo la dirección de José Miguel Beñaran (Argala)31. Sus activistas, conocidos como milis, decían pasar a convertirse en la «vanguardia revolucionaria» con dedicación exclusiva a la «lucha armada». Por tanto, ETAm se automarginaba oficialmente de la lucha política, que debía quedar en manos de «los grupos obreros y populares independentistas»32.
Por otro quedó la mayoría de la organización, ETApm (ETA político-militar). Gracias a la actuación de Mikel Lejarza (Lobo), un topo de los servicios secretos, fueron detenidos en julio de 1975 cientos de los activistas de ETApm, incluyendo a su líder Iñaki Múgica Arregui (Ezkerra)33. En septiembre fueron ejecutados dos de ellos, Juan Paredes (Txiki) y Ángel Otaegi, junto a tres militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota).
ETApm quedó en una situación crítica, de la que intentó salvarla su jefe político, Eduardo Moreno Bergaretxe (Pertur)34. Este joven donostiarra comprendía la necesidad de superar las limitaciones de ETApm, que iban a impedirle competir con el PNV y el PSOE en el nuevo escenario democrático. Además de impulsar una serie de organizaciones de masas como el sindicato LAB, Langile Abertzaleen Batzordeak (Comisiones de Obreros Patriotas), Pertur diseñó en la ponencia Otsagabia el desdoblamiento de ETApm en dos nuevas organizaciones con tareas especializadas. En primer lugar, la lucha política, para la que se crearía un partido dirigente de corte bolchevique que aprovechara todos los cauces que el nuevo sistema podía ofrecer, incluyendo las elecciones. En segundo lugar, «la lucha armada», a la que se dedicaría una nueva ETApm, que adoptaría el papel de retaguardia35. Como recuerda uno de sus colaboradores, se aceptaba que iba a haber un cambio político real en el que había que participar y que esa participación debía estar guiada por los “políticos” y no por los “militares”36. La dirección de ETApm creó el partido37, que se llamó EIA, Euskal Iraultzarako Alderdia (Partido para la Revolución Vasca). Gracias a la tolerancia del gobierno de UCD, con el que ETApm mantenía contactos38, EIA fue presentada públicamente en abril de 1977 en Gallarta (Vizcaya).
Pertur también fue el que diseñó la doble política de alianzas de EIA. Por un lado, una alianza estratégica con la izquierda abertzale y, por otro, una alianza táctica con la extrema izquierda no nacionalista39. Como consecuencia de ambos ejes, se creó una coalición con un programa progresista y autonomista, a la que sólo se unió un partido de la izquierda revolucionaria, el EMK (Movimiento Comunista de Euskadi). La candidatura bajo la que EIA y el EMK se presentaron a las elecciones, un frente de clase, se llamó Euskadiko Ezkerra (Izquierda de Euskadi). En Navarra se levantó una lista similar denominada UNAI (Unión Navarra de Izquierdas).
Antes que EIA, en septiembre de 1974, había nacido un pequeño grupúsculo nacionalista que al año siguiente se fusionó con otro similar vascofrancés para formar EHAS, Euskal Herriko Alderdi Sozialista (Partido Socialista de Euskal Herria). Este partido afirmaba buscar una «democracia popular socialista» para «el pueblo trabajador en su más amplio sentido»40. EHAS intentó converger con el resto de organizaciones abertzales para formar un partido más amplio, sin resultado. La influencia de ETAm en EHAS fue creciendo con el tiempo41.
Las dos ramas de ETA, LAIA42, EIA y EHAS formaban parte desde 1975 de KAS, la
Koordinadora Abertzale Sozialista, una «coordinadora consultiva preferente» de las organizaciones de la izquierda abertzale43. Desde enero de 1977 comenzó a discutirse en su seno el tema de las elecciones. Se formaron dos bloques antagónicos. Por un lado, EIA y ETApm defendían la participación sin condiciones previas. Por otro, LAIA, EHAS y ETAm, que no veían en la Reforma de Suárez más que un cambio de fachada del Régimen franquista, apostaban firmemente por «la abstención activa»44. Los milis se preguntaban, según Natxo Arregui, «qué iban a hacer ellos con las pistolas si participábamos en las elecciones»45. Al final se llegó a un frágil acuerdo condicionando la participación «al cumplimiento por parte del Gobierno de dos condiciones: Libertades democráticas, Amnistía»46. El plazo que daban a Suárez era un mes antes de las elecciones, momento en el que «las fuerzas del KAS, pulsando la voluntad popular, decidirán la continuación o retirada de candidaturas»47.
Un tercer conjunto de partidos nacionalistas había surgido al margen del PNV y KAS. Se trataba de un difuso espacio intermedio de centro-izquierda, muy dividido. Por un lado estaba el etnonacionalista ESB, por el otro ANV y ESEI, dos pequeños partidos que podrían clasificarse, en la denominación del profesor José Luis de la Granja, como «nacionalistas heterodoxos»48, esto es, moderados, autonomistas e integradores.
La histórica ANV, nacida en 1930 y resurgida bajo el mando de Valentín Solagaistúa, mantenía todavía el mismo discurso posibilista a favor del entendimiento con la izquierda vasca no nacionalista para lograr la mayor autonomía posible. «En el Ebro no hay tiburones», advertía Solagaistúa. «Uno del PCE, del PSOE, trotskista o cualquiera no es el enemigo»49.
ESEI, Euskadiko Sozialistak Elkartze Indarra (Unificación de los Socialistas de Euskadi), era un partido socialdemócratcra y autonomista50 formado por intelectuales y dirigido por Gregorio Monreal y José Manuel Castells. Se presentó públicamente en febrero de 1977, y, aunque no presentó candidaturas para el Congreso, apostó firmemente por constituir el Frente Autonómico para el Senado que ayudara a conseguir la mayor autonomía posible para el País Vasco. ESEI fue incluido en dicha coalición junto al PNV y el PSOE, y Monreal salió elegido senador51.
Propuestas para formar una coalición electoral abertzale
ESB, Euskal Sozialista Biltzarrea (Partido Socialista Vasco) había nacido en junio de 1976 de la unión del Movimiento Socialista de Euskadi (los “eladios”) con el grupo etnonacionalista de Txillardegi52. La dirección de ESB, cuyo secretario era Iñaki Aldekoa, intentó convertirse en el único referente del socialismo en Euskadi y monopolizar el espacio entre la derecha jeltzale y la izquierda abertzale. ESB defendía un ambiguo socialismo que quedaba eclipsado por su defensa del neoforalismo, el etnonacionalismo y la xenofobia mal disimulada.
A pesar de su radicalismo, ESB estaba fuera de la órbita de ETA, por lo que en su II Congreso de marzo de 1977 apostó por la participación electoral. Y para hacerlo ESB pedía la «unidad de las fuerzas políticas y sindicales vascas», que «debe ser exclusivamente vasca, es decir, unidad nacional» y, por tanto, «solamente puede ser realizada por las organizaciones abertzales». Lo que excluía a «todas las fuerzas sucursalistas que, de obediencia no vasca, tanto de derecha como de izquierda, operan en territorio vasco»53. Es decir, un frente electoral abertzale: una coalición de los partidos nacionalistas para el 15 de junio de 197754.
Su propuesta despertó la hostilidad de la izquierda abertzale. ETApm veía el proyecto como «muy peligroso ya que nos puede llevar a situaciones similares a la irlandesa»55. En esa misma línea reaccionó KAS, que acusaba a ESB de intentar «dividir a la clase obrera de Euskadi entre abertzale y sucursalista»56.
Un segundo intento de coalición abertzale fue el de un grupo de “independientes” navarros que propusieron formar una coalición electoral nacionalista vasca para Navarra57. Se tiene constancia de dos reuniones en las que participaron el PNV, ESB, el grupúsculo Eusko Sozialistak (ES), EHAS y EIA. Los representantes de los partidos se limitaron a discutir un programa común58. Finalmente se llegó a un acuerdo provisional cuya validez estaba condicionada a que fuese ratificado por las direcciones de los partidos59, lo que aseguraba automáticamente que no pasara de ser, según KAS, «un detalle anecdótico [...] por estar en total contradicción con las posturas electorales de la mayoría de los firmantes»60.
Sin embargo, la evidente debilidad del nacionalismo vasco en Navarra61 obligó a esos partidos a buscar algún tipo de alianza electoral. Hubo tres, aunque sólo la última fue una coalición abertzale. En primer lugar, el Frente Autonómico para el Senado entre el PNV y el PSOE. En segundo, UNAI, de la que formaban parte EIA y la extrema izquierda. En tercero, la Unión Autonomista de Navarra, constituida por el PNV, ANV y ESB.
Marc Légasse (1918-1997)62, un escritor vascofrancés nacionalista, realizó la tercera y última propuesta de formar una coalición electoral abertzale. Consistía en presentar como candidatos a presos de ETA, exiliados y madres de fusilados en una lista única denominada «Presoak Cortes-etara»63. Telesforo Monzón, amigo de Légasse, invitó a los nacionalistas a confeccionar una lista similar64. Sin embargo, para Monzón dicha candidatura era sólo una pequeña parte de un plan más amplio y ambicioso.
El plan de Telesforo Monzón
Para Telesforo Monzón sólo existían dos fuerzas vascas: «jelquidismo» y «etismo», PNV y ETA, «los gudaris de ayer» y «los gudaris de hoy». Soldados de una guerra entre la invadida Euskadi y la invasora España que duraba ciento cincuenta años, desde la abolición de los fueros vasco-navarros. Y la misión que Monzón se adjudicaba a sí mismo era unir a todos los vascos para ir a «Madrid» con un «programa de pueblo». Vasco, para él, equivalía a abertzale: «Para mí en este momento», reconocía, «si un señor es marxista o no es marxista, no cuenta. Para mí lo que cuenta es si un señor es patriota o no es patriota»65.
El plan de Monzón tenía varias fases. En primer lugar, una reunión entre ETAm y el PNV; en segundo lugar, la ampliación de dicho encuentro a todos los partidos nacionalistas que permitiese crear un frente abertzale para «concertar conjuntamente su acción con destino a la independencia de Euskadi»; en tercer lugar, algunos de los partidos no nacionalistas se verían obligados a formar un frente autonómico bajo la dirección del núcleo abertzale66.
Por otro lado, debía formalizarse la candidatura abertzale ya citada, que se presentaría a las elecciones «si hay una mínima garantía de libertad». Una vez elegidos, sus diputados, en vez de acudir a las Cortes, irían a Pamplona, donde formarían la «Asamblea de Euskadi», que, según Monzón, tenía que elegir a un nuevo Gobierno Vasco (consideraba ilegítimo el que el lehendakari Leizaola presidía en el exilio por incluir al PSOE y los republicanos y no a ETA).
Ese ejecutivo tendría la misión de negociar «con Madrid» para «poder firmar el armisticio a cambio de que se cumplan las reclamaciones vascas», es decir, el fuero y «la soberanía»67. «Si nos unimos», declaró Monzón justo dos días antes de la primera reunión de Chiberta, «el Estado de Euskadi Sur puede hallarse en trance de nacer. Si nos disgregamos y enfrentamos, podemos hallarnos en vísperas de una nueva guerra civil entre vascos»68. Y él único que podía conseguir unir a los vascos era Telesforo Monzón, en palabras de Jon Juaristi, un «Moisés abertzale»69.
No obstante, ETAm no acudió a Chiberta para hablar del proyecto de Monzón, sino para llegar a un acuerdo de no participación en las elecciones con el PNV. Los milis creían que ese partido barajaba la posibilidad del boicot basándose, por ejemplo, en algunas declaraciones que Xabier Arzalluz realizó «a título personal» en una entrevista70. Monzón se entusiasmó ante aquellas «muy constructivas declaraciones hechas», según él, «con carácter oficial»71. Tanto ETAm como él habían confundido deseo y realidad72. De cualquier modo, desde la reunión preparatoria de la Cumbre, en la que sólo participaron ETAm y el PNV, los delegados milis propusieron a los jeltzales pasar al boicot activo si para el 15 de mayo el Gobierno de Suárez no daba la amnistía y las libertades, a lo que el PNV respondió dando largas73. El objetivo de ETAm no era crear ni un frente ni una coalición. «Si arrastramos al PNV por el camino de la lucha y fuera de las vías parlamentarias», afirmó un dirigente mili en una reunión de KAS a mediados de mayo, «entraría en nuestra dinámica y caería bajo nuestra égida»74.
La Cumbre (Nacionalista) Vasca de Chiberta
La «Cumbre Vasca» consistió en una serie de reuniones celebradas en el hotel Chiberta (Bayona), en el País Vasco francés, entre abril y mayo de 1977. En ellas participaron ANV, EHAS, EIA, EKA (Partido Carlista de Euskadi), ESB, ESEI, ES, LAIA, PNV, ETAm, ETApm, los comandos berezis escindidos de ETApm, un grupo de alcaldes abertzales encabezados por José Luis Elkoro75, Miren Purroy, directora del semanario nacionalista radical Punto y Hora de Euskal Herria y el propio Telesforo Monzón. En las siguientes páginas se intenta reconstruir esos encuentros a partir de las actas que de ellos tomaron los delegados del PNV, LAIA y EHAS, que no difieren en lo sustancial.
En la primera reunión del 30 de abril de 1977 cada grupo nacionalista expuso su punto de vista sobre las elecciones. La delegación de ETAm, apoyada por Monzón, volvió a proponer el boicot activo y criticó al PNV y a su «lucha política», ya que «aquello que tenemos lo hemos arrancado gracias a la lucha y a las ‘ostias’ y no a la negociación». Los partidos de KAS, y el delegado de los alcaldes, que anunció que éstos dimitirían si no se concedía la amnistía, apoyaron esa postura. La delegación del PNV, en cambio, declaró que «después de meditar mucho hemos llegado a la decisión de participar en las elecciones sin condiciones», una posición similar a la de ESEI, EKA y ANV. El PNV adujo varias razones: como medio de lograr la amnistía, por la tradicional «lucha política» del partido, porque «el pueblo quiere votar», porque con la abstención Navarra quedaría fuera de una futura Euskadi autónoma, porque había que aprender de la historia, concretamente del Pacto de San Sebastián y porque, «si no acuden las fuerzas abertzales, otros van a acudir [...], quedando nosotros al margen»76. «Yo creo más en la fuerza de las ideas y de la democracia que en la fuerza bruta», advirtió un representante jeltzale. A lo que ETAm respondió que habría lucha entre los vascos que no participaran en las elecciones y los que sí, «que quedarán con gran parte del Estado Español».
Los milis anunciaron que iban a reanudar los atentados: «Intentaremos desequilibrar esas instituciones», por lo que quienes «estén dentro de ellas tendrían que optar». Prácticamente la reunión se había reducido a un duelo dialéctico entre el PNV y ETA. «Tengo miedo», confesó Monzón, «si de aquí salimos por dos caminos diferentes quiero decir que sería terrible». Entre los dos polos era imposible el acuerdo, así que se decidió formar una comisión restringida que se entrevistara con el Gobierno para exigir amnistía y libertades democráticas77.
Esa comisión advirtió a Suárez el 10 de mayo de que si para el día 24 no se cumplían las condiciones de amnistía y libertades democráticas «habrá partidos que comenzarán a realizar una campaña a favor de la abstención, los alcaldes dimitirán de sus cargos y ETA comenzará a realizar actividades armadas». Suárez confesó que estaba en una situación precaria, que «en su equipo de fútbol hay cinco jugadores que están con el contrario»78. No podía arriesgarse a provocar aún más al Ejército, sumamente irritado tras la reciente legalización del PCE, por lo que no otorgaría una amnistía general hasta después de las elecciones. Mientras tanto, se podía plantear hacer algunas extradiciones. Respecto a las libertades democráticas, «que se haga uso de ellas, como independientes, pero sin decírselo, como un permiso tácito, pero sin papeles»79.
En el segundo encuentro en Chiberta, el 12 de mayo, ETAm y KAS valoraron la entrevista con Suárez como un fracaso, ya que «las cosas no han cambiado». El presidente «no concede nada, hay que arrancárselo [...]. La firma y los papeles del Gobierno opresor son papel de water»80.
Respeto al boicot propuesto por ETAm, algunos pequeños partidos comenzaron a mostrarse ambiguos. No ocurrió lo mismo con el PNV, que se mantuvo firme. «Si todo se limita a Abstención o Participación», advirtió el PNV, «la continuación de esta mesa desaparece»81.
La tercera reunión, el 14 de mayo, estuvo condicionada por las muertes producidas por la represión policial contra la Semana pro-amnistía que había empezado el día 12. Esto llevó a ETAm a anunciar que, «después de lo que ha pasado, no somos partidarios de esperar para hacer acciones», es decir, atentados terroristas, por lo que «habría que retirar las candidaturas inmediatamente». El PNV objetó que «en esa propuesta no vemos otra salida que la del jaleo. Sería una traición al pueblo no acudir». Nadie cedió un palmo82.
Por otra parte, el delegado jeltzale denunció que «no se puede coaccionar a un partido y menos por unas organizaciones militares». ETAm se defendió diciendo que «no ha habido amenazas», a lo que el PNV respondió que «quería que esas amenazas en vez de ser solapadas sean patentes y que conste en acta que lo digo»83. Pero, ¿a qué amenazas se refería exactamente? Ni en las actas tomadas por el delegado de LAIA ni en la versión recogida posteriormente en Punto y Hora aparece ningún dato que aclare cuál era el origen de esas acusaciones84. Únicamente en el acta tomada por el PNV se puede leer una referencia del delegado jeltzale a ciertos editoriales de la revista vascofrancesa Enbata, en la órbita del nacionalismo radical. No parece aventurado identificar esas amenazas con el anónimo editorial del número 453 de Enbata:
¿No tendremos ahora entre los patriotas vascos los mismos pleitos que tuvieron entre los patriotas franceses? ¿No iremos a un derramamiento de sangre entre nosotros? ¿Qué podría pasar si los de ETA empezaran a matar a algunos líderes del PNV? ¿Qué podrían hacer entonces los líderes del PNV? ¿Llamarían a la Policía española para que les ayudara? [...] ¡Que el PNV no responda, él mismo, que los otros hagan lo propio! ¿O qué se cree el PNV?... ¿Que después de que otros agiten el árbol le dejarán recoger tranquilamente los frutos? ¿No se da cuenta de que los tendría a millares en su contra, los abertzales y sus afines que durante estos últimos años han estado en la lucha? ¿Puede tener el derecho – habiendo sido legalizado- a ir a las elecciones sin tener en cuenta las legalizaciones? Un comportamiento de ese tipo no merecería ser honrado como abertzale. ¡No sería sino partidismo, y además traición!85
ETAm no sólo no reconoció tener nada que ver con esos editoriales, sino que advirtió que, si el PNV no tenía nada que proponer, debía dejar «claro que es el único responsable de la ruptura que se ha dado ante una solución unitaria después de 40 años». La fractura era inevitable. Cuando el PNV abandonó la reunión, la última a la que asistió, la tensión había subido tanto que «hasta alguno propone atarles una piedra al cuello y echarlos al agua»86.
En la reunión del 17 de mayo, ya sin los jeltzales, EHAS, «hablando en nombre de KAS», anunció que iban a retirar sus candidaturas. Sin embargo, ANV, ESB y ESEI se mostraron ambiguos ante las propuestas abstencionistas de ETAm. El delegado de ESB, con el apoyo de Monzón, aprovechó la situación de punto muerto para proponer crear un frente abertzale sin el PNV, «que tomase decisiones a corto, a medio y a largo plazo, y adelanta que si se diese esto, las organizaciones militares tendrían que estar subordinadas a ese eje». La respuesta de ETAm no pudo ser más clara: si eso significaba «que tenemos que dejarlo y la actividad armada para dar paso a una actividad exclusivamente política la respuesta sería no»87.
El 20 de mayo de 1977 el Consejo de Ministros aprobó aplicar la fórmula del extrañamiento (expulsión a un país extranjero) a los presos más significativos de ETA que quedaban en la cárcel, como Mario Onaindía o Teo Uriarte88. Para EIA y ETApm, que llevaban tiempo esperando un gesto como ése, fue el momento de abandonar toda ambigüedad. La mayoría de la dirección de EIA, proclive a la participación, consiguió vencer a los opuestos a ella en una asamblea extraordinaria en Beasain (Guipúzcoa)89. Sin embargo, para ETAm, «la amnistía total no significa en nada extrañamiento .... Si para el 24 podemos poner patas arriba Euskadi, lo pondremos»90.
El último encuentro de la Cumbre, el 23 de mayo, fue consecuencia de aquella trascendental decisión del Gobierno. Igual que lo había sido para EIA, para ESEI, ESB y ANV el extrañamiento fue más que suficiente. Los delegados de dichos partidos anunciaron que iban a participar en las elecciones y el del grupo de alcaldes que éstos ya no pensaban dimitir. ETAm, EHAS y LAIA se quedaban solos. Telesforo Monzón cerró el acto «lamentando el fracaso de la iniciativa de creación del Bloque Nacional Abertzale» y pidió que se le permitiera volver a realizar en el futuro una convocatoria similar91.
Un resumen de las reuniones de Chiberta, bajo el punto de vista de ETAm92 y en el que el PNV salía malparado, fue publicado antes de las elecciones en las revistas Punto y Hora y Enbata93. Ésta ha sido la versión repetida posteriormente una y otra vez hasta convertirse en la oficial de la izquierda abertzale94. El PNV tuvo que defenderse acusando a sus adversarios de manipulación95.
Como afirman los autores de El péndulo patriótico, «la Cumbre había nacido muerta, pues el PNV estaba decidido a aceptar la Transición y a participar en las elecciones»96. «La sociedad tenía unas ganas irrefrenables de participación», recuerda Juan José Pujana, uno de los delegados del PNV. «También pesó mucho el antecedente histórico del Pacto de San Sebastián»97. Según Xabier Arzalluz: «Eran unas elecciones internacionalmente reconocidas, apoyadas por toda la Europa democrática y por los EEUU [...]. Sabíamos que, si nos quedábamos fuera, otros ocuparían nuestro sitio. Nos convertiríamos en extraparlamentarios»98.
Tampoco ETAm y Monzón pudieron contar con los dirigentes de ETApm y EIA, que deseaban participar en las elecciones por medio de la candidatura EE. Sin embargo, durante las reuniones de Chiberta sus discrepancias internas y el debate paralelo que mantenían en KAS obligaron a los representantes de EIA y ETApm a mostrarse cautos, apoyando las posturas abstencionistas de ETAm hasta que el Gobierno anunció el extrañamiento. En palabras de Iñaki Martínez, delegado de EIA en los encuentros: «Todos ganábamos tiempo sin decir pero sin adoptar compromisos. Chiberta fue un baile de máscaras para PNV, EIA, ESB, ANV [...]. Los únicos sinceros fueron ETAm y Monzón. Los demás simulábamos»99.
Un baile en el que también tuvieron que enmascararse los pequeños partidos como ESB, ESEI y ANV, que intentaron mantener delante de ETAm una postura mucho más ambigua que la favorable a la participación que en realidad tenían. Al igual que el PNV, tenían claro que no ir a las elecciones hubiera sido "una política suicida"100.
Un último asunto que tener en cuenta es el de la pugna de liderazgo entre el PNV y ETAm. Según Iñaki Aldekoa, el entonces secretario de ESB, «el tema de fondo que impidió el acuerdo fue establecer quién lideraba las fuerzas vascas»101.
Únicamente Monzón y ESB creían en la posibilidad de un frente abertzale. Lejos de eso, ETAm sólo se había preocupado de intentar arrastrar al resto de los grupos nacionalistas al boicot abstencionista y a la subordinación a su estrategia rupturista. Entre las “ostias” de los milis y la vocación institucional del PNV mediaba un abismo infranqueable.
De Chiberta a Estella
La abstención en el País Vasco fue de un 22,7%, sólo ligeramente superior a la media española (21,1%). La campaña de boicot de ETAm se reflejó de una manera tan limitada que puede calificarse como un fracaso. Las elecciones del 15 de junio de 1977, en opinión del profesor Manuel Montero, fueron «un baño de realismo. Ni el País Vasco era tan nacionalista como se había supuesto, a partir de la proliferación de su simbología, ni tan radical como creyeron las fuerzas de izquierda»102. Habían vencido los viejos partidos históricos: El PNV con 296.193 votos y ocho diputados, el PSOE con 267.897 y siete. El Frente Autonómico había cosechado un éxito rotundo, con diez senadores sobre dieciséis posibles. Euskadiko Ezkerra había logrado convencer a 61.417 electores, saliendo elegidos Francisco Letamendia (Ortzi) como diputado y
Juan María Bandrés como senador. No conseguían representación alguna el PCE, con 45.916 votos, ESB, con 36.002, ANV con 6.435, ni la extrema izquierda. En Navarra la UCD de Suárez, con tres diputados, se convertía en la primera fuerza política (también lo era en Álava), seguida por el PSOE, con dos. UNAI quedaba con 24.489, a unos cientos de votos de lograr un diputado103.
Resultados en tanto por ciento de las elecciones del 15 de junio de 1977 para el Congreso.
Congreso
%
Vizcaya
Guipúzcoa
Álava
País Vasco
Navarra
España
Participac.
76,38
76,67
82,94
77,23
82,25
78,83
Abstención
23,62
23,33
27,06
22,77
17,76
21,17
PNV
30,92
30,94
17,48
29,28
6,99104
1,62
ESB
2,71
5,48
2,22
3,56
6,99104
0,2
ANV
0,83
0,55
--
0,64
6,99104
0,04
EE
5,43
9,42
2,11
6,07
9,47105
0,79
NACIONA-LISTAS
39,89
46,39
21,81
39,55106
6,99
--
PSOE
25,28
28,07
27,57
26,48107
21,17
29,32
UCD
16,41
--
30,86
12,81108
29,03
34,44
AP
6,64
8,16109
6,38
7,11
8,47110
8,21
PCE
5,39
3,63
3,14
4,54
2,44
9,33
NO NACIONA
59,9
53,25
77,99
59,85
83,54
--
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Ministerio del Interior.
A raíz de las elecciones, el nacionalismo vasco, lejos de unirse en un único frente, se dividió en tres bloques irreconciliables. En primer lugar, el PNV, volcado en su tradicional vía institucional, compartió el Gobierno Vasco con el PSE-PSOE, como lo había hecho en el exilio, desde 1987 a 1998112. En segundo, EIA-EE, que comenzó su camino hacia el posibilismo y el parlamentarismo, con el apoyo inicial de la fiel retaguardia, ETApm. Con el tiempo EIA-EE hizo justo lo contrario a lo preconizado por Monzón y Txillardegi. No sólo abandonó el nacionalismo radical para convertirse en el máximo abanderado del nacionalismo vasco heterodoxo, sino que en 1982 convergió con el Partido Comunista de Euskadi y en 1993 con el PSE (Partido Socialista de Euskadi), dando lugar al actual PSE-EE113.
Y, por último, un tercer bloque formado por los dos grupos derrotados el 15 de junio de 1977. Por una parte, ANV y ESB, que sufrieron un inesperado descalabro electoral, lo que interrumpió su participación en el cambio político y les llevó hacia la radicalización ideológica y estratégica.
Por otra parte, los abstencionistas ETAm, LAIA y EHAS-HASI, para los que la alta participación fue la más grave derrota política de su historia. En vez de un frente abertzale se crearon dos, aunque parciales e incompletos. En el mismo Chiberta, ETAm y los comandos berezis escindidos de ETApm escenificaron en septiembre de 1977 su fusión. Nacía la nueva ETAm, el frente abertzale en el ámbito terrorista. En el político-electoral el frente abertzale nació en 1978 en Alsasua. Primero como mesa de conversaciones entre los partidos LAIA, HASI, ESB y ANV, después como coalición electoral estable, aunque subordinada siempre a la dirección de ETAm: Herri Batasuna (Unidad Popular)114.
Desde entonces, y más tras la firma del Pacto de Ajuria-Enea (1988), la idea de crear un frente abertzale quedó aparentemente enterrada en el baúl de los mitos del nacionalismo vasco, sacada eventualmente a relucir como tema de polémicas políticas, pero nunca descartada del todo como posibilidad estratégica. La alianza sindical abertzale entre ELA y LAB desde 1995 es buena prueba de ello115.
A pesar de que todo parecía indicar que la idea frentista iba a permanecer enterrada, resucitó en septiembre de 1998 en la localidad Navarra de Estella. Allí se firmó el conocido como Pacto de Estella o de Lizarra-Garazi, un acuerdo entre los partidos, sindicatos y organizaciones de ideología nacionalista vasca (a los que se sumó la federación de Izquierda Unida en el País Vasco) con el objetivo de avanzar hacia el soberanismo116. El Pacto de Estella no fue sino la última versión del frente abertzale, con la novedad fundamental de que ha sido la única que ha superado la fase de reuniones para constituirse formalmente. Los precedentes de los que Estella se nutre ya han sido descritos a lo largo del artículo. Resulta evidente que dicho pacto, a pesar de los más de veinte años transcurridos, debe mucho a Chiberta y al resto de intentos fallidos.
Más allá de las polémicas que surgieron en torno al Pacto de Estella, en las que no se entra en este artículo, es necesario constatar que «objetivamente», como escriben los profesores de la Granja y Santiago de Pablo, «resultaba evidente que los dos compromisos exigidos por ETA para llevar a cabo un alto el fuego indefinido fueron aceptados y puestos parcialmente en práctica por el PNV y EA»117. Eran muy similares a los que habían propuesto Txillardegi y Monzón en su momento: en primer lugar, romper todo entendimiento con los partidos no nacionalistas; en segundo lugar, crear una «institución con una estructura única y soberana», que acogiese a los representantes del País Vasco, Navarra y el País Vasco francés. Si bien es cierto que el pacto de gobierno entre PNV y PSE-EE se rompió, ni ETA mantuvo su alto el fuego ni las organizaciones abertzales su segundo compromiso. ETA asesinó en Madrid al teniente coronel Pedro Antonio Blanco a principios del año 2000, lo que supuso automáticamente el fin del frente abertzale de Estella. Por otro lado, la efímera institución que se pretendía nacional y soberana, nacida en febrero de 1999 y denominada Udalbitza (Asamblea de Electos Municipales de Euskal Herria), acabó dividida y relegada al olvido.
Conclusiones
La idea de construir un frente abertzale ha sido la bandera de un sector minoritario pero significativo del nacionalismo vasco radical (Jagi-Jagi, la facción etnonacionalista de ETA, Branka, ESB, Telesforo Monzón, etc.). Llama la atención que en la mayoría de las ocasiones dicho sector haya estado compuesto por las mismas personas, aunque se presentasen bajo diferentes siglas. El sueño de un frente abertzale nació de la combinación de dos factores: el maniqueísmo identitario entre nacionalistas-vascos (nosotros) y no nacionalistas-no vascos (ellos) y la obsesión por restaurar la unidad perdida del nacionalismo vasco.
El precedente de los Jagi-Jagi en 1936 inauguró las dos principales características que luego se han hecho habituales en los siguientes intentos de crear un frente abertzale. En primer lugar, la iniciativa siempre ha partido de un grupo minoritario cuya aspiración es arrastrar al PNV hacia la radicalización y el abandono de su tradicional ambigüedad, de su estrategia institucional y autonomista y de toda colaboración con partidos vascos no nacionalistas (generalmente el PSE-PSOE).
En segundo lugar, la creación de un frente abertzale, exceptuando el caso de Estella, no ha superado nunca la fase de discusiones previas por lo que no ha sido constituido formalmente. El fracaso reiterado del proyecto frentista se debe tanto a que éste chocaba frontalmente con la estrategia tradicional del PNV como a que el partido jeltzale ha rechazado siempre compartir con otras fuerzas el liderazgo del campo nacionalista, que tiende a considerar monopolio suyo. Sobre todo si dichas fuerzas estaban, como durante el franquismo, acercándose peligrosamente al marxismo o, como en Chiberta, eran incapaces de renunciar al terrorismo.
Sin embargo, como ya se ha explicado, el “cordón umbilical” ha sido tan fuerte que ha impedido una ruptura duradera dentro del nacionalismo vasco y ha permitido que, una y otra vez, la propuesta de crear una alianza estratégica abertzale volviese a renacer.
Las reuniones que se desarrollaron en Chiberta durante 1977 siguieron la tónica general de sus predecesoras y acabaron de igual manera. Los actores políticos, que formaban una confusa sopa de letras en el contexto de un convulso proceso de democratización, tenían estrategias tan divergentes que un acuerdo de calado entre ellos era imposible. En primer lugar, ETAm intentó imponer tanto su postura abstencionista como su caudillaje al conjunto del nacionalismo vasco.
En segundo lugar, el PNV apostó por participar en las elecciones, esto es, por la vía institucional y, por tanto, por aprobar tácitamente el cambio político. Además, decidió formar un Frente Autonómico para el Senado con el PSOE, el principal partido vasco no nacionalista. En tercer lugar, los partidos nacionalistas de centro-izquierda siguieron la estela del PNV, tanto en presentarse a la cita con las urnas como, en el caso de ESEI, hacerlo en el Frente Autonómico.
En cuarto lugar, ETApm y EIA defendieron públicamente la postura de ETAm mientras se preparaban para presentarse a las elecciones en una candidatura electoral con la extrema izquierda no nacionalista. En quinto lugar, ESB planteó una coalición electoral abertzale rechazada por todos. Y en sexto y último lugar, Telesforo Monzón propuso un plan que era a todas luces incompatible con los proyectos de la mayoría de las organizaciones nacionalistas.
Exceptuando a ESB y a Monzón nadie creía en la viabilidad o la conveniencia de formar un frente abertzale. La Cumbre de Chiberta estuvo abocada al fracaso desde el principio.
Muy al contrario, el último intento de crear un frente abertzale, el Pacto de Estella, ha sido, en varios aspectos, la excepción que confirma la regla. Por un lado fue la primera vez que el PNV se ha dejado arrastrar por el nacionalismo radical. Por otro ha sido la única ocasión en la que se ha superado la fase de reuniones preparatorias para constituir formalmente un frente abertzale.
Un éxito que fue posible por, entre otras cosas, el precedente inmediato de la alianza sindical abertzale, el ejemplo de los acuerdos de paz de Irlanda del Norte, la crisis del gobierno de coalición entre el PNV y el PSE-EE, el temor nacionalista a perder la hegemonía política ante el “espíritu de Ermua” surgido a raíz del asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, la radicalización del PNV de la mano de nuevos dirigentes como Joseba Egibar y Juan José Ibarretxe y el compromiso de ETAm, ya muy apartada del marxismo, de declarar un alto el fuego. Cuando ETAm decidió volver a matar el frente abertzale y las efímeras instituciones que se habían creado saltaron por los aires. Una vez más el frente fracasaba debido a la incompatibilidad entre dos estrategias y dos velocidades diferentes hacia un objetivo ahora ya común (el soberanismo): la vía terrorista y “rápida” de ETA frente a la institucional y “lenta” del PNV.
Glosario de siglas
ANV Acción Nacionalista Vasca.
EE Euskadiko Ezkerra (Izquierda de Euskadi).
EGI Eusko Gaztedi (Juventud Vasca).
EHAS Euskal Herriko Alderdi Sozialista (Partido Socialista de Euskal Herria).
EIA Euskal Iraultzarako Alderdia (Partido para la Revolución Vasca).
EKA Euskadiko Karlista Alderdia (Partido Carlista de Euskadi).
EMK Euskadiko Mugimendu Komunista (Movimiento Comunista de Euskadi).
ES Eusko Sozialistak (Socialistas Vascos).
ESB Euskal Sozialista Biltzarrea (Partido Socialista Vasco).
ESEI Euskadiko Sozialistak Elkartzeko Indarra (Unificación de los Socialistas de
Euskadi).
ETA Euskadi Ta Askatasuna (Euskadi y Libertad).
ETAm ETA militar.
ETApm ETA político-miligar.
HASI Herriko Alderdi Sozialista Iraultzailea (Partido Socialista Revolucionario del
Pueblo).
HB Herri Batasuna (Unidad Popular).
KAS Koordinadora Abertzale Sozialista (Coordinadora Patriota Socialista).
LAB Langile Abertzaleen Batzordeak (Comisiones de Obreros Patriotas).
LAIA Langile Abertzale Iraultzaileen Alderdia (Partido de los Trabajadores Patriotas
Revolucionarios).
PNV Partido Nacionalista Vasco.
PSOE Partido Socialista Obrero Español.
UNAI Unión Navarra de Izquierdas.
Organigrama de la trayectoria del nacionalismo vasco en la Cumbre de Chiberta (1977) y en el Pacto de Estella (1998)118.
NOTAS
1 El autor agradece a José Luis de la Granja Sainz, Santiago de Pablo, Raúl López Romo, Anabel Hernández, Manu Gojenola Onaindia y Felipe Nieto sus valiosas sugerencias para mejorar el texto original.
2 gaizka_fernandez@yahoo.es
3 Se utiliza abertzale (patriota) como sinónimo de nacionalista vasco en general.
4 GRANJA SAINZ, José Luis de la, El siglo de Euskadi. El nacionalismo vasco en la España del siglo XX, Madrid, Tecnos, 2003, p. 56.
5 MONZÓN, Telesforo, “Aberri Eguna, Yeu, amnistía y elecciones”, Enbata, nº 445, 3 de marzo de 1977.
6 “Cumbre Vasca. Ruptura y división”, Punto y Hora de Euskal Herria, nº 37, 26 de mayo al 1 de junio de 1977.
7 Con el fin de negarles la condición de vascos, los nacionalistas radicales denominan como
“españolistas”, “imperialistas”, “estatalistas” o “sucursalistas” a los partidos vascos no nacionalistas.
8 Partido nacionalista moderado, integrador, liberal, aconfesional y autonomista. GRANJA SAINZ, José Luis de la, Nacionalismo y II República en el País Vasco. Estatutos de autonomía, partidos y elecciones. Historia de Acción Nacionalista Vasca: 1930-1936, Madrid, Siglo XXI, 2008, 1ª ed. 1986.
9 Desde 1921 hasta su reunificación en 1930 el PNV estuvo dividido en dos partidos rivales: la autonomista Comunión Nacionalista Vasca y el independentista PNV-Aberri.
10 Se trataba de un pequeño grupo independentista y frentista separado del PNV en 1934. Provenía de la nacionalista Federación de Montañeros de Vizcaya y estaba apoyado por el semanario Jagi-Jagi del que tomó el nombre.
11 GRANJA SAINZ, José Luis de la, Nacionalismo y… op. cit., pp. 563-566.
12 ELORZA, Antonio (coord.), La historia de ETA, Madrid, Temas de Hoy, 2006; GARMENDIA, José María, Historia de ETA, San Sebastián, Haranburu, 1996; NUÑEZ, Luis (coord.), Euskadi Eta Askatasuna. Euskal Herria y la Libertad, Tafalla, Txalaparta, 1994, 8 vols.; IBARRA GÜELL, Pedro, La evolución estratégica de ETA. De la “guerra revolucionaria” (1963) hasta después de la tregua (1989), San Sebastián, Kriselu, 1989; JÁUREGUI, Gurutz, Ideología y estrategia política de ETA. Análisis de su evolución entre 1959 y 1968, Madrid, Siglo XXI, 1985, 1ª ed. 1981.
13 Por ejemplo, Txillardegi mantenía (y mantiene) que los miles de inmigrantes que se trasladaron por motivos laborales al País Vasco desde el resto de España en los años 50 y 60 protagonizaron una “verdadera invasión” anti-vasca. Los inmigrantes “españoles” sólo podían alcanzar el estatus de vascos si se convertían en nacionalistas. De otro modo debían ser considerados como extranjeros, si permanecían neutrales, o como enemigos, si mantenían posiciones políticas no nacionalistas. ÁLVAREZ EMPARANTZA, José Luis, Euskal Herria en el horizonte, Txalaparta, Tafalla, 1997, pp. 294-299.
14 Se utiliza jeltzale con el mismo sentido que jelkide, es decir, militante del PNV.
15 PABLO, Santiago de, MEES, Ludger y RODRÍGUEZ RANZ, José Antonio, El péndulo patriótico. Historia del Partido Nacionalista Vasco. II: 1936-1979, Barcelona, Crítica, 2001, pp. 270-271.
16 JÁUREGUI, Gurutz, Ideología y estrategia... op. cit., pp. 273-279.
17 Ibidem, pp. 288-289.
18 PABLO, Santiago de, MEES, Ludger y RODRÍGUEZ RANZ, José Antonio, op. cit., p. 271.
19 JÁUREGUI, Gurutz, Entre la tragedia y la esperanza. Vasconia ante el nuevo milenio, Barcelona, Ariel, 1997, 1ª ed. 1986, p. 75.
20 MORÁN, Sagrario, PNV-ETA. Historia de una relación imposible, Madrid, Tecnos, 2004; SAN
SEBASTIÁN, Isabel y GURRUCHAGA, Carmen, El árbol y las nueces: la relación secreta entre ETA y PNV, Madrid, Temas de hoy, 2000.
21 Una irónica visión sobre la biografía política y el pensamiento de Monzón puede leerse en el artículo del lingüista MITXELENA, Koldo, “De prosa y de versos”, Muga, nº 2, septiembre de 1979. Los artículos de Monzón están recopilados en MONZÓN, Telesforo, Herri baten oihua. Hitzak eta idatziak, San Sebastián, Mesa Nacional de Herri Batasuna, 1982 y MONZÓN, Telesforo, Hitzak eta idazkiak, Jaizkibel, Zarauz, 1986, 5 vols.
22 JÁUREGUI, Gurutz, Ideología y estrategia... op. cit., pp. 305-310 y 359-410.
23 PABLO, Santiago de, MEES, Ludger y RODRÍGUEZ RANZ, José Antonio, op. cit., p. 311.
24 UGARTE, Javier (ed.), La transición en el País Vasco y España. Historia y Memoria, Bilbao, UPVEHU, 1998.
25 AGUILAR FERNÁNDEZ, Paloma, “La amnesia y la memoria: las movilizaciones por la amnistía en la Transición a la Democracia”, en CRUZ, Rafael y PÉREZ LEDESMA, Manuel (eds.), Cultura y movilización en la España Contemporánea, Madrid, Alianza, 1997, pp. 327-357.
26 Para facilitar la comprensión del artículo se han incluido al final del mismo tanto un glosario con las siglas como un organigrama de las organizaciones abertzales.
27 Aunque por lo general se utilizan como sinónimos, conviene diferenciar entre “nacionalismo vasco radical” e “izquierda abertzale”. Por nacionalismo vasco radical se entiende el conjunto de las organizaciones que han profesado o profesan un ultranacionalismo independentista y antiespañol, teñido habitualmente de hostilidad hacia los inmigrantes y los vascos autóctonos no nacionalistas. Por ejemplo, Jagi-Jagi en la II República o ESB en esta etapa. La “izquierda abertzale”, en cambio, es un subgrupo dentro del nacionalismo radical que puede definirse, en palabras del profesor Llera Ramo, como el «conjunto de partidos nacionalistas a la izquierda del PNV, nacidos de la historia de ETA». LLERA RAMO, Francisco José, “La construcción del pluralismo polarizado vasco”, CASTILLO, Pilar del (dir.), Comportamiento político y electoral. Madrid, CIS, 1994, p. 275. En el tardofranquismo y la Transición la izquierda abertzale formaba un heterogéneo mundo que sólo podía distinguirse por su dependencia respecto a ETA y por mantener algunas reivindicaciones comunes (independencia, socialismo,
euskaldunización, etc.).
28 PARTIDO NACIONALISTA VASCO: Iruña 77: La Asamblea, Geu, Bilbao, 1977.
29 FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka, “El nacionalismo vasco radical ante la Transición española”, Historia Contemporánea, nº 35 (2007), pp. 817-844; LETAMENDIA, Francisco, Historia del nacionalismo vasco y de ETA, San Sebastián, R & B Ediciones, 1994, 3 volúmenes; SULLIVAN, Jonh, El nacionalismo vasco radical, 1959-1986, Madrid, Alianza, 1988.
30 “Introducción”, Sugarra, nº 1, 1975.
31 CASANOVA, Iker y ASENSIO, Paul, Argala, Tafalla, Txalaparta, 1999.
32 “ETAren Agiria”, 1974, Archivo Personal de Ángel Toña (APAT)
33 VINADER, Xavier, Operación Lobo. Memorias de un infiltrado en ETA, Madrid, Temas de Hoy, 1999.
34 AMIGO, Ángel, Pertur. ETA 71-76, San Sebastián, Hordago, 1978.
35 Otsagabia, “El Partido de los Trabajadores Vascos: una necesidad urgente en la coyuntura actual” y “ETA y la lucha armada”, 7 de julio de 1976, APAT.
36 Entrevista del autor a Javier Garayalde (Erreka), Vitoria, 6 de febrero de 2007.
37 Entrevista del autor a Iñaki Martínez, Bilbao, 10 de marzo de 2007.
38 Los contactos entre ETApm y EIA y el comandante Ángel Ugarte, de los servicios secretos,
permitieron al Gobierno escuchar las demandas de ETApm y EIA (la amnistía y la legalización) y facilitar las condiciones (el extrañamiento y la tolerancia) para que EIA se presentase a las elecciones. MEDINA, Francisco y UGARTE, Ángel, Espía en el País Vasco, Barcelona, Plaza y Janés, 2005.
39 Otsagabia, op. cit.
40 “Manifiesto y objetivos de EHAS”, APAT.
41 ARREGI, Natxo, Memorias del KAS (1975-1978), San Sebastián, Hordago, 1981.
42 LAIA se dividió ante la alternativa KAS, denominándose LAIA (ez) la contraria a su aceptación y LAIA (bai) la favorable. Ya que LAIA (ez) no aparece en el artículo, se denomina LAIA a LAIA (bai).
43 “Comunicado de fundación del KAS”, 1 de agosto de 1975, en Documentos Y, San Sebastián, Hordago, 1979, vol. XVII, p. 483. Para simplificar, en las referencias a los Documentos Y se obvian la editorial, el lugar de edición y la fecha.
44 “Acta de KAS”, 6 de febrero de 1977, AP. Tanto ésta como el resto de actas de las reuniones de KAS y parte de las de Chiberta han podido consultarse gracias a un donante, ex militante de LAIA, que ha preferido mantenerse en el anonimato. Archivo Personal (AP).
45 ARREGI, Natxo, op. cit., p. 156.
46 “Sobre política electoral”, Kemen, nº 10, marzo de 1977. La sinceridad de la postura ETAm era nula. El 9 de diciembre de 1977 el Gobierno sacó de la cárcel al último preso de ETA, el polimili Fran Aldanondo (Ondarru). La amnistía era total y los partidos de la izquierda abertzale no sólo eran abiertamente tolerados, sino que se les informó de que podían ser legalizados si modificaban sus estatutos (lo que hizo EIA en enero de 1978). ETAm respondió el 16 de diciembre asesinando a Julio Martínez, concejal de Irún. «La dinámica infernal -atentados, presos, más atentados- estaba de nuevo en marcha; la esperanza de que la amnistía lograra detenerla había durado lo que tarda el día en convertirse en noche». UNZUETA, Patxo, "Euskadi: amnistía y vuelta a empezar", en VVAA, Memoria de la Transición,
Madrid, El País, 1995, pp. 181-187.
47 “Informe sobre los debates de KAS. Las razones de EHAS”, junio de 1977, APAT.
48 GRANJA SAINZ, José Luis de la, El siglo de Euskadi... op. cit., pp. 129-145.
49 “Por un bloque autonómico”, Berriak, nº 23, 23 de febrero de 1977.
50 "Declaración pública de ESEI a la clase trabajadora y al pueblo de Euskadi", febrero de 1977. Caja ESEI, Centro de Documentación de Historia Contemporánea de la Sociedad de Estudios Vascos (CDHC).
51 IMAZ, Iñigo, “Una aproximación al socialismo abertzale (II)”, Euskonews & Media, nº 79, 19 al 26 de mayo del 2000, <http://www.euskonews.com/0079zbk/gaia7905es.html>.
52 IMAZ, Iñigo, “Una aproximación al socialismo abertzale (I)”, Euskonews & Media, nº 58, 10 al 17 de diciembre de 1999, <http://www.euskonews.com/0058zbk/gaia5805es.html>.
53 “Batasuna. Un clamor popular”, Garaia, nº 2, 9 al 16 de septiembre de 1976.
54 “Los partidos se definen”, Garaia, nº 24, 10 al 17 de febrero de 1977
55 “Reunión bilateral con ETA(m)”, 4 de octubre de 1976, en Documentos Y, vol. XVIII, pp. 251 y 252. Se refería al conflicto sectario entre nacionalistas irlandeses (católicos) y unionistas probritánicos (protestantes) en Irlanda del Norte.
56 “El KAS ante el Organismo Unitario”, Punto y Hora de Euskal Herria, nº 25, 3 al 9 de marzo de 1977.
57 “Informe reunión con independientes”, 14 de febrero de 1977, Kemen, nº 10, marzo de 1977.
58 “Acta de la 2ª reunión convocada por independientes de cara a las elecciones (Nafarroa)”, 15 de febrero de 1977, Kemen, nº 10, marzo de 1977.
59 “Anexo 2: acuerdos provisionales”, Kemen, nº 11, abril de 1977.
60 “Posición tomada por el KAS ante las elecciones respecto al tema de la electoral”, Kemen nº 11, abril de 1977.
61 RAMÍREZ SÁDABA, José Luis (dir.), Democratización y Amejoramiento Foral. Una historia de la transición en Navarra (1975-1983), Pamplona, Gobierno de Navarra, 1999.
62 EREÑAGA, Amaia, Marc Légasse. Un rebelde burlón, Tafalla, Txalaparta, 1997.
63 “Presoak cortes-etara”, Berriak, nº 15, 22 de diciembre de 1976 y “Marc Legasse toma posición”, Garaia, nº 16, 16 al 23 de diciembre de 1976.
64 MONZÓN, Telesforo, “El anuncio del triunfo”, Enbata, nº 440, 27 de enero de 1977.
65 “Un soñador para un pueblo”, Punto y Hora de Euskal Herria, nº 18, 15 al 31 de diciembre de 1976.
66 “Entrevista a Telesforo Monzón”, Enbata, nº 442, 10 de febrero de 1977.
67 Ibidem.
68 “Entrevista con Monzón”, Enbata, nº 453, 28 de abril de 1977.
69 JUARISTI, Jon, Sacra Némesis. Nuevas historias de nacionalistas vascos, Madrid, Espasa, 1999, p. 146.
70 “Entrevista a Xabier Arzalluz”, Garaia, nº 24, 10 al 17 de febrero de 1977.
71 MONZÓN, Telesforo, “Aberri Eguna, Yeu, amnistía y elecciones”, Enbata, nº 445, 3 de marzo de 1977.
72 Según Arzalluz, ETAm le envió una carta «acusándome de haberles mentido, porque yo les había prometido, según ellos, cosa que no era verdad, que no nos presentaríamos a las elecciones sin previa amnistía». ARZALLUZ, Xabier, Así fue, Madrid, Foca, 2005, p. 135.
73 “Cumbre Vasca. Ruptura y división”, Punto y Hora de Euskal Herria, nº 37, 26 de mayo a 1 de junio de 1977.
74 “Acta de KAS”, 14 de mayo de 1977, AP.
75 URRUTIA, Txema, Alcaldes en lucha. El grupo de Bergara en la Transición, 1975-1979, Tafalla, Txalaparta, 2006.
76 El acta del PNV en “Reunión de organizaciones políticas de Euskadi”, 30 de abril de 1977, Archivo del Nacionalismo Vasco (AN); el acta de EHAS en “30-04-77”, Asteroko, mayo de 1977; el acta de LAIA en “Acta de la reunión de fuerzas políticas vascas en Iparralde”, 30 de abril de 1977, AP. Todos los documentos del Archivo del Nacionalismo Vasco de Artea (Vizcaya) que se citan todavía no han sido catalogados por lo que sólo ha sido posible consultarlos gracias a la amabilidad de la Fundación Sabino Arana.
77 Ibidem.
78 Anexo 1 a “Reunión de organizaciones políticas vascas”, 12 de mayo de 1977, AN.
79 Ibídem.
80 “Reunión de organizaciones políticas vascas”, 12 de mayo de 1977, AN.
81 Ibidem.
82 “Reunión de organizaciones políticas vascas”, 14 de mayo de 1977, AN.
83 Ibidem.
84 En el acta de EHAS se consigna que el grupo de alcaldes advirtió que haría «propaganda en contra de los partidos que van [a las elecciones], sobre todo contra el PNV por su falta de palabra y por su influencia», pero parece evidente que ésta no era la amenaza a la que se refería el delegado jeltzale. “Reunión de fuerzas abertzales”, 14 de mayo de 1977, Asteroko, 16 de mayo de 1977.
85 “Azken dei bat”, Enbata, nº 453, 28 de abril de 1977 (traducido del original en euskera por Daniel Etxeberria y Raúl López). Era el mismo número en el que Monzón profetizaba «una nueva guerra civil entre vascos» si la Cumbre de Chiberta fracasaba. “Entrevista con Monzón”, ídem. Resulta difícil saber quién lo escribió pero, como recuerda Iñaki Martínez, detrás de los editoriales de Enbata estaban normalmente Argala o Monzón. Entrevista del autor a Iñaki Martínez, Bilbao, 10 de marzo de 2007.
86 “Acta de la reunión de fuerzas políticas vascas en Ipcarralde”, 14 de mayo de 1977, AP.
87 “Reunión de organizaciones políticas”, 17 de mayo de 1977, AN, y “Reunión de fuerzas políticas vascas”, 17 de mayo de 1977, AP. A pesar de que el PNV no acudió a esta reunión ni a la del 23 de mayo, el Archivo del Nacionalismo conserva actas de ambas. Probablemente alguno de los delegados de las organizaciones que sí estuvieron pasaron a los jeltzales copias de las suyas.
88 ONAINDÍA, Mario, El precio de la libertad. Memorias (1948-1977), Madrid, Espasa, 2001;
URIARTE, Eduardo, Mirando atrás. Del proceso de Burgos a la amenaza permanente, Barcelona, Ediciones B, 2005.
89 «EIA (Partido para la Revolución Vasca) irá a las elecciones», El País, 31 de mayo de 1977.
90 «Reunión del KAS», 22 de mayo de 1977, Boletín interno de EIA, nº 5, agosto de 1977.
91 “Reunión de organizaciones políticas de Euskadi”, 23 de mayo de 1977, AN, y “Reunión de las fuerzas políticas vascas”, 23 de mayo de 1977, AP.
92 Según el delegado de EHAS, Monzón, Argala y Dolores González Catarain (Yoyes) quedaron encargados de hacer «un escrito explicativo y cronológico de las reuniones». “Reunión de fuerzas abertzales”, 14 de mayo de 1977, Asteroko, 16 de mayo de 1977. También pudo ser obra de Miren Purroy.
93 “Cumbre Vasca. Ruptura y división”, Punto y Hora de Euskal Herria, nº 37, 26 de mayo al 1 de junio de 1977 e “Histoire d´un echec”, Enbata, nº 457, 26 de mayo de 1977.
94 VVAA, Herri Batasuna: 20 años de lucha por la libertad 1978-1998, s.l., Herri Batasuna, 1999;
LORENZO ESPINOSA, José María, “HB: veinte años de izquierda abertzale (1978-1998)”, Aportes. Revista de Historia Contemporánea, nº 43 (2000), pp. 117-132.
95 “La verdad sobre un informe tendencioso”, Euzkadi, 1 de junio de 1977.
96 PABLO, Santiago de, MEES, Ludger y RODRÍGUEZ RANZ, José Antonio, op. cit., p. 345.
97 “Treinta años de Txiberta”, Deia, 30 de abril de 2007.
98 ARZALLUZ, Xabier, op. cit., p. 135.
99 Entrevista del autor a Iñaki Martínez, Bilbao, 10 de marzo de 2007.
100 Entrevista del autor a Juan Manuel Castells, San Sebastián, 16 de junio de 2008.
101 “Treinta años de Txiberta”, Deia, 30 de abril de 2007.
102 MONTERO, Manuel, “La Transición y la autonomía vasca”, en UGARTE, Javier (ed.), op. cit., p. 109.
103 Ministerio del Interior, “Base histórica de resultados electorales”, ‹http://www.elecciones.mir.es›.
104 Porcentaje de votos de la Unión Autonomista de Navarra.
105 Porcentaje de votos de UNAI. Al ser una coalición transversal sus votos no se computan como nacionalistas o no nacionalistas.
106 Incluye a Euskadiko Ezkerra.
107 A lo que se podría sumar el 1,83% del Partido Socialista Popular, posteriormente integrado en el PSOE.
108 A lo que se podría sumar el 2,58% de Democracia Cristiana Vasca y el 1,53% de Demócratas Independientes Vascos, posteriormente integrados en UCD. UCD no se presentó en Guipúzcoa.
109 AP se presentó en esta provincia bajo la denominación de Guipúzcoa Unida. Esos votos no se computan para el total de AP del País Vasco.
110 AP se presentó en esta provincia bajo la denominación de Alianza Foral Navarra.
111 Incluye a los partidos de extrema izquierda.
112 UGARTE TELLERIA, Javier, “Gobernando con el Estatuto de Guernica. Euskadi, 1979-2008”, en CASTELLS, Luis y CAJAL, Arturo (eds.), La autonomía vasca en la España contemporánea (1808- 2008), Madrid, Marcial Pons, 2009, pp. 345-387; PABLO, Santiago de y MEES, Ludger, El péndulo patriótico: historia del Partido Nacionalista Vasco, 1895-2005, Barcelona, Crítica, 2005; LLERA RAMO, Francisco José, Pluralismo y gobernabilidad en Euskadi, 1980-1994, Barcelona, Institut de Ciències Polítiques i Socials, 1999; CORCUERA, Javier, Política y derecho: la construcción de la autonomía vasca, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1991.
113 MARKIEGI, Xabier, “Nación laica y disolución de ETA. El experimento de Euskadiko Ezkerra”, Cuadernos de Alzate, nº 36 (2007), pp. 39-56; VVAA, II Encuentros: Fundación Fernando Buesa Blanco Fundazioa / Aldaketa-Cambio por Euskadi. Luces y sombras de la disolución de ETA político-militar, Vitoria, Fundación Fernando Buesa /Aldaketa, 2007; ONAINDÍA, Mario, El aventurero cuerdo. Memorias (1977-1981), Madrid, Espasa, 2004; CASTRO, Raúl, Juan María Bandrés. Memorias para la paz, Madrid, Hijos de Muley-Rubio, 1998.
114 CASQUETE, Jesús, En el nombre de Euskal Herria. La religión política del nacionalismo vasco radical, Madrid, Tecnos, 2009; MURO, Diego, Ethnicity and violence: the case of radical Basque nationalism, Nueva York, Routledge, 2007; SÁNCHEZ-CUENCA, Ignacio, ETA contra el Estado. Las estrategias del terrorismo, Barcelona, Tusquets, 2001; DOMÍNGUEZ IRIBARREN, Florencio, ETA: Estrategia organizativa y actuaciones, 1978-1992, Bilbao, UPV-EHU, 1998; MATA LÓPEZ, José Manuel, El nacionalismo vasco radical. Discurso, organización y expresiones, Bilbao, UPV-EHU, 1993.
115 MAJUELO, Emilio, Historia del sindicato LAB: Langile Abertzaleen Batzordeak, 1975-2000, Tafalla, Txalaparta, 2000; LETAMENDIA, Francisco, ELA 1976-2003. Sindicalismo de contrapoder, Bilbao, Fundación Manu Robles-Arangiz Institutoa, 2004.
116 “Pacto de Estella”, <http://www.elmundo.es/eta/documentos/pacto_lizarra.html>; “Acuerdo ETA, PNV, EA”, “Propuesta para el desarrollo del acuerdo” e “Interpretación del PNV”,
117 GRANJA SAINZ, José Luis de la y PABLO, Santiago de, “La encrucijada vasca: entre Ermua yEstella”, en GRANJA SAINZ, José Luis de la, El siglo de Euskadi... op. cit., 2003, p. 320.
118 Elaborado a partir de PABLO, Santiago de; GRANJA, José Luis de la; MEES, Ludger, Documentos para la historia del nacionalismo vasco. De los Fueros a nuestros días, Barcelona, Ariel, 1998, p. 165.