A pesar de todo el Estatuto de Gernika cumple un año más. Veintiocho años como los que no ha conocido nunca la sociedad vasca a lo largo de la historia. Veintiocho años Álava, Bizkaia y Gipuzkoa unidas por medio de instituciones comunes, por medio de competencias de autogobierno comunes. Veintiocho años con capacidad de responder a crisis industriales y económicas. Veintiocho años con autogobierno fiscal.
Hoy y aquí celebramos el marco político, la Constitución, que mayor paz y bienestar nos ha dado en nuestra historia, anhelo de nuestros antepasados demócratas y liberales que no llegaron a ver una constitución que sin trampa ni cartón nos homologara al resto de los europeos. Lo conseguimos al fin. Nadie discute lo que supuso como avance para todos, y aunque muchos como niños mal educados desechan y pierden el cariño por este juguete, nos encontramos aquí celebrando el mayor hito político de nuestra historia.
La Constitución no sólo ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales, mucho antes, previamente, desde el inicio de su texto nos otorga a los individuos los derechos fundamentales, que no sólo nos convierte en personas con una dignidad por encima de la arbitrariedad ya sea de los poderes económicos, policiales o políticos, nos convierte en ciudadanos otorgándonos el derecho a participar en la decisión de los temas que nos atañe. Quizás este sea el problema para que no sea del todo querida por las corporaciones, es que entrega libertad, nunca demasiada libertad, al individuo, es que entrega capacidad de decisión en los temas públicos al individuo. La Constitución abolió el poder absoluto, el monopolio del poder, el cargo vitalicio (a excepción del rey), por eso los ansiosos de poder buscan fórmulas para que eso no ocurra, aunque se carguen la democracia, e inventan nacionalismos excluyentes o ideologías excluyentes que eliminen al que piensa de diferente manera.
La Constitución ampara y respeta, como no podía ser de otra manera si quería ser democrática, al que opina de otra manera, única manera de garantizar el avance político y social, aunque sea al precio de admitir, y admitirlo como un bien necesario, la alternancia en el poder. Quizás, porque exige estas cosas, celebrar la Constitución, choca contra demasiados años de absolutismos, dictaduras e ideologías totalitarias que no asumían la presencia del otro en el juego político, lo que no ha permitido disponer de suficiente cultura democrática, elemento necesario para realizar este testimonio de adhesión frente al intento partidistas en la actualidad de monopolización de cualquier expresión ciudadana. Para que esta exista la libertad es necesario que la Constitución perviva.
Demos testimonio de ciudadanía y libertad porque la Constitución lo ampara. No permitamos que ésta se pierda en el olvido o sea mutada poco a poco por constituir un muro a los poderosos. Tantos años de lucha por la libertad no pueden acabar en un paulatino abandono y desprecio por el marco que lo permite. Luchar por la libertad, el bienestar y la convivencia es defender la Constitución.
¡Viva la Constitución!