El nacionalismo vasco presenta algunas particularidades ideológicas. Se mueve en parámetros distintos a los habituales en los movimientos políticos de hoy en día, lo que hace que a veces sea difícil captar las implicaciones de sus propuestas.
Tiene determinados planteamientos para el País Vasco – la independencia, la normalización… - pero lo distintivo es que existe además una mentalidad nacionalista. Caracteriza a ésta unos esquemas propios, en los que tienen un gran peso las creencias, los postulados axiomáticos, que constituyen la columna vertebral de su ideario. Determinadas expresiones - Euskadi, Euskal Herria, independencia, autodeterminación derechos históricos, territorialidad, proceso de paz… - cumplen la función de argumentos completos. Basta su enunciado para evocar posturas políticas, propuestas o actitudes.
El lenguaje nacionalista – que también existe como tal – sirve con frecuencia para que las expresiones, el uso de las palabras, sitúen la posición pública del orador, incluso su grado de radicalidad. En estos tiempos será diferente, por ejemplo, si habla de Euskadi o de Euskal Herria, si dice País Vasco o Pueblo Vasco, terrorismo o lucha armada, convivencia o identidad. Y un largo etcétera. En buena medida es un lenguaje connotativo, que sobre todo comunica posiciones asentadas. Más que argumentaciones.
La construcción conceptual del nacionalismo vasco tiene rasgos propios. El entramado lo componen algunas afirmaciones centrales repetidas una y otra vez, así como aparentes elipsis, un lenguaje específico y fórmulas expresivas cuyas implicaciones apenas las captan quienes no son nacionalistas. La distinción permanente entre lo propio y lo ajeno, el sentido trascendente de formar parte de una trayectoria secular de resonancias milenarias, la idea de un colectivo que se impone sobre lo individual y lo condiciona, el convencimiento de que existe una misión para esta generación, etc., crean unos esquemas intelectuales distintos a los del uso común.
El nacionalismo vasco es un pensamiento, pero también una forma de pensar.
Todo gira en torno a lo propio y sobre el repudio de lo ajeno. Conlleva una aspiración política, pero también el propósito de lograr profundas transformaciones de la sociedad, en un sentido identitario. Se basa en la creencia, también, de que existen criterios morales propios, legitimados por la noción nacionalista de Pueblo Vasco.
Caracteriza al nacionalismo vasco otra circunstancia peculiar. Su objetivo político inmediato no es conseguir un Estado para la nación vasca. Lo que busca es construir una nación. O, mejor, un pueblo con identidad. Es la prioridad. No relega la posibilidad de un Estado propio, pero lo fundamental – sería también la finalidad de tal Estado – es construir el pueblo vasco nacionalista. ¿Cómo se construye una nación? Para el nacionalismo vasco el camino no es lograr adhesiones políticas, aunque éstas serán siempre bienvenidas, sino cambiar la sociedad vasca. Transformarla. Dotar a los ciudadanos vascos de la identidad vasca que imagina el nacionalismo.
Tampoco la identidad es preexistente. Se crea ideológicamente, a partir del postulado de que debe ser diferenciadora.
No podría decirse que la articulación del nacionalismo es compleja. Tampoco lo son las ideas básicas que utiliza. Sin embargo, tienen un sentido propio y se difunden una y otra vez, sin que desde el franquismo hayan experimentado cambios sustanciales. No han servido para producir las grandes transformaciones que se añoraban, pero sí para crear un entramado argumental cuya difusión desborda al nacionalismo. Se utiliza con frecuencia para explicar desde otros ámbitos la problemática vasca. Para explicarla al modo nacionalista.
Un concepto básico para el movimiento nacionalista vasco – para todas las tendencias que lo componen, las radicales y las moderadas – es el de que el pueblo vasco está en lucha permanente. En guerra. Constituye su interpretación fundamental de la historia y sirve para interpretar la actualidad. Conforme a las creencias nacionalistas, el País Vasco fue ocupado por España hacia 1839 – cuando sitúan el comienzo de la abolición de los fueros -. Desde entonces perdió sus estructuras políticas propias, la soberanía, y sufrió un proceso de desnacionalización. Por la ocupación española.
La idea básica es la del combate, que continúa. En el concepto del nacionalismo, durará hasta que el pueblo vasco recupere la soberanía y renacionalice la sociedad vasca, por la vía identitaria.
El nacionalismo moderado no cree en un enfrentamiento armado. Le parece contraproducente, por la disparidad de fuerzas y por que daña la imagen del pueblo vasco. Pero sí sostiene que éste vive una lucha secular.
De ahí que sea siempre un nacionalismo beligerante. Está librando una guerra – en el caso del nacionalismo moderado por vías pacíficas – que sólo puede terminar con la victoria. Por eso su prioridad política no es lograr la convivencia entre los vascos – mejor: entre quienes viven en el País Vasco, pues no todos son vascos en el criterio nacionalista -, sino afirmar lo que entiende la identidad vasca, la nacionalista. La cohesión vendría, en su concepto, si toda la sociedad vasca asumiese sus nociones. Entonces llegará la paz, la convivencia.
En el juego nosotros/ellos, lo propio/lo ajeno, el adversario es España, la potencia ocupante, pero también los vascos no nacionalistas, que en tal planteamiento han sido los agentes desnacionalizadores y que deberían de convertirse al nacionalismo y a la identidad para que retornase el natural curso de las cosas. O renunciar a derechos políticos.
Ese sería el final de la guerra, en la mentalidad nacionalista. El único final posible.
Por eso los proyectos políticos del nacionalismo vasco tienen una característica común. Son programas en los que se sientan los derechos propios – los del pueblo vasco, esto es, la comunidad nacionalista – y las obligaciones ajenas – las de España, las de los vascos no nacionalistas, que son deberes de enjundia, pues han de transformarse identitariamente -. Sus planes políticos, que han abundado los últimos años, consisten básicamente en planes para que los no nacionalistas, o España, cambien sus comportamientos, sus posturas políticas, sus leyes. No establecen obligaciones para el Pueblo Vasco, la comunidad nacionalista, sino para los demás.
De su estructura conceptual, de sus expresiones, se deduce que el nacionalismo vasco entiende que sus conceptos tienen validez universal. Es decir, que todos, nacionalistas o no, comparten sus esquemas de razonamiento. Que todas las personas, grupos o movimientos son nacionalistas (vascos unos, españoles otros), que para todos la nación es el elemento fundamental para fijar sus posiciones políticas, que todos comparen sus nociones sobre la identidad. Incluso parece creer que, lo mismo que el nacionalismo está en lucha permanente, también lo están los demás. En guerra. Que España no tiene otro objetivo que socavar la nación vasca. Que los vascos que no están de acuerdo con el nacionalismo quieren combatir al pueblo vasco, al país vasco, a la cultura vasca.
Posiblemente entiende que todos estamos en guerra. Que la guerra es mutua.
Que todos compartimos el mismo concepto de beligerancia.
Quizás se deba a ello que el nacionalismo relativice los valores de la convivencia democrática, que no desarrolle los valores inherentes a la ciudadanía en un sentido moderno, que no suela mencionar la libertad individual. Quizás se deba también a eso la chocante pasividad con la que suele reaccionar ante los atentados terroristas o ante el acoso a los no nacionalistas. El nacionalismo moderado discrepa de la lucha armada, pero en la medida que vive un combate secular, entiende que hay enemigos. Que están los que son de los nuestros y los que no lo son.
Como cree que todos comparten sus nociones sobre el pueblo vasco, sobre la nación o sobre la identidad – aunque sea para combatirlas –, tiende a pensar en que la solución a la cuestión vasca es de orden moral. Se producirá cuando los nacionalistas dejen de combatir unos conceptos que entiende son objetivos naturales, trascendentales e irrefutables. Una suerte de verdad histórica secular, ante la que todos deberían rendirse.
Es posible que no todos los nacionalistas compartan estos conceptos, que tengan tesis modernas, liberales y democráticas sobre la nación vasca. Pero tales son los conceptos básicos que desprende la documentación nacionalista, la elaborada por la dirección del movimiento.