Ciudadanía y Memoria de Libertad

 

1- El Concierto Económico a Debate
2- El Compromiso Cívico

 

Prólogo

Por Emilio Guevara Saleta

De todas las aportaciones doctrinales e históricas que han aparecido en este veinticinco aniversario de la Ley del Concierto Económico de 1.981, las que se incluyen en este libro de la Asociación “Ciudadanía y Libertad” constituyen, en mi opinión, el conjunto más completo, plural y riguroso. A través de los distintos trabajos que contiene surgen nuevos y enriquecedores análisis sobre el presente y futuro de un Concierto Económico, cuyo origen y naturaleza se presentan despojados de toda mitificación o ensoñación. Si a ello añadimos la rica bibliografía que los autores reseñan, este libro puede ser también una guía para profundizar en el conocimiento de lo que es el Concierto Económico, de lo que podemos esperar de este sistema, y, sobre todo, del espíritu con el que nuestras instituciones deben desarrollarlo y aplicarlo.

Yo quisiera destacar en esta introducción tres de las consideraciones más sugerentes y transcendentales que extraigo de su lectura: el Concierto Económico es un sistema excepcional que nos concede una más que satisfactoria financiación de nuestras competencias, que no puede ser extendido al resto de comunidades, y que fue otorgado para facilitar la integración de las provincias exentas en el ámbito tributario como consecuencia ineludible de la unidad constitucional de España. Quien afirme que el Concierto Económico surge como consecuencia de un reconocimiento, más o menos explícito, por parte del Estado Español de la previa existencia de una soberanía constituyente de los territorios vascos está haciendo una interpretación mítica, errónea y que lleva en sí misma el germen de lo que podría llegar a destruir el sistema: su utilización al servicio de una concepción soberanista con el fin de separar, incluso del todo, al País Vasco del resto de España.

Todos los vascos debemos ser conscientes, dicho en plata, de que es una falsedad descomunal pensar, como algunos todavía dicen, que el resto de los españoles viven en buena parte a costa de lo que producimos y de lo que aportamos los vascos con nuestros impuestos. Al contrario, el Concierto Económico es, dicho también sin pelos en la lengua , un magnífico negocio para nuestro país. Por eso, cuando observo tanto victimismo de quienes se indignan ante resoluciones judiciales que en absoluto ponen en tela de juicio el sistema, sino únicamente su aplicación en determinados supuestos, me parece que estamos perdiendo el norte y perdiendo mucho del derecho y de la legitimidad moral para defender un Concierto Económico que nunca puede ser insolidario o instrumento para que algunos tengan en el mercado mayores facilidades que sus competidores.

Los vascos deben ser conscientes de que el Estado nos ha ido dotando de un instrumento de desarrollo cada vez más depurado y amplio, de mayor rango y calidad jurídica, indefinido en principio, con facultades normativas en algunos casos inexistentes hasta 1.981, y que efectivamente representa por la vía de hecho reconocer una especie de soberanía fiscal propia. Y alguien tendría que decir a los políticos, a los empresarios y en general a todos los contribuyentes de este país, que todo esto debe de tener unos límites muy claros: la armonización, la solidaridad y la eficiencia, no como bellas palabras, sino como principios que efectivamente informen la realidad todo el sistema y su aplicación.

En este país en el que los soberanistas llamados “moderados” aspiran a una independencia subvencionada y a un modelo institucional en el que las barreras y las fronteras políticas, lingüisticas, culturales y económicas las pongamos solo nosotros y no los demás, alguien tendrá que reconocer que muchos de los problemas que hemos tenido en los últimos años se han originado por una utilización arrogante e irresponsable del Concierto Económico, prescindiendo de cualquier disposición al diálogo y a la negociación previa. Cuando algunos han ido por esos mundos y mercados presentando a nuestros territorios como una especie de paraíso fiscal, deberían ahora callarse –o cuando menos moderarse- a la hora de criticar resoluciones que pueden ser discutibles, pero que en modo alguno arruinan el magnífico negocio del Concierto Económico. Porque una cosa es evidente: con o sin vacaciones fiscales, o con un tipo u otro del Impuesto de Sociedades, por poner algunos ejemplos más notorios, el Concierto Económico sigue siendo un sistema que nos permite un mayor gasto para financiar nuestros servicios y para incrementar el grado de bienestar social.

Nunca puede existir un derecho tan absoluto e incondicionado que sea inmune a la desigualdad entre ciudadanos de una misma nación. Y ello es todavía más claro si ese sistema, por su propia naturaleza, no se pude trasladar a los demás, porque rompería en pedazos el Estado. La singularidad y la excepcionalidad del Concierto Económico, que algunos prefieren calificar con no poco fundamento de “privilegio”, proviene de un deseo de consolidar la unidad constitucional de España. Y si esto es indiscutible, como acreditan los trabajos incluidos en este libro, es obvio que no se puede utilizar para romper esa unidad o para llevarla a la anemia y a la inanidad. En ese momento, no podría extrañar que algunos exigieran su supresión, o al menos una radical reforma para acomodar al sistema al fin para el que nació. Exacerbar las desigualdades y asimetrías hoy existentes es el peor servicio que podemos prestar a este sistema y por tanto a los ciudadanos de este país.

Hoy que tanto se habla de “blindar” el Concierto Económico, como si de un carro de combate se tratara, todos deberíamos preguntarnos si el mejor blindaje no es sino la responsabilidad, la prudencia y la amabilidad a la hora de configurar el contenido y la aplicación del mismo.El ejemplo de Mikel Azurmendi en su conferencia transcrita en este libro es muy significativa. Los yanomani apenas conocen las plantas medicinales, frente a las tribus vecinas que las conocen todas, y es porque para esta tribu el mal, la enfermedad, siempre procede de un vecino al que se le ataca.