CONFERENCIAS TRANSCRITAS


PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “LOS CIUDADANOS Y LA POLÍTICA”

José Mª Salbidegoitia, Ángel Altuna, Eduardo Uriarte

(6 febrero 2008. Casa de la Cultura. Vitoria)

 

José Mª Salbidegoitia
Buenas tardes. Gracias por venir. Tenemos que anunciar que los dos miembros de las Juntas Generales de Álava, el Presidente, Juan Antonio Zarate y la Vicepresidente, Eva Jiménez, a última hora nos han comunicado que tenían unos compromisos ineludibles y no podrán estar con nosotros. Es decir, que nosotros como personas educadas les habíamos invitado en calidad de patrocinadores de este libro, ya que gracias al acuerdo que tuvieron el año pasado se pudo subvencionar este libro.

Explicaros también cómo funcionamos a nivel de difusión de los libros y publicaciones. Tenemos tres niveles de difusión: el primero, éste de la presentación del libro, que es de pequeño grupo, con gran calor humano pues es presencial y en el que se puede preguntar, el de la participación directa; el segundo, el de la publicación y distribución del libro, que llega a todas las bibliotecas públicas y Centros de documentación del País Vasco, así como a las bibliotecas de todas las universidades españolas, a todos medios de comunicación y, dependiendo de la temática, a todas aquellas personas y entidades que trabajan sobre la cuestión; el tercer nivel, es colgar el libro entero en nuestra web (www.argumentoslibertad.org) una vez pasado un año de su publicación, para que pueda acceder libremente a su contenido cualquier persona de todo mundo.

Antes de nada, y como a muchos les ha sorprendido la portada del libro, voy a dar la explicación que sobre la portada nos ha hecho llegar el propio autor, Luis Emaldi. Se trata del ciudadano que realiza dos operaciones: una operación de reflexión y desarrollo, por la que el ciudadano se eleva al cuadrado; y una operación de síntesis, por medio de la raíz cuadrada. Reflexión y síntesis del ciudadano, de la ciudadanía, que, a su vez, implica un planteamiento activo y dinámico de la idea de ciudadano y ciudadanía que propugnamos desde la Asociación Ciudadanía y Libertad.

Voy a hablar de cómo gestamos este libro. En primer lugar, estábamos en la Asociación preocupados por cómo se estaban desarrollando las relaciones entre los partidos políticos y cómo asistíamos los ciudadanos con cierta perplejidad a ese desencuentro, que se le suele llamar “crispación”. Preocupados porque esta vez el desencuentro se daba en materias básicas para la convivencia política. Es decir, se había roto una línea de actuación que venía desde la Transición por medio de la cual los temas de Estado (política exterior, de seguridad, antiterrorista, etc), es decir los temas que exigían una visión y responsabilidad de estado se llevaban a cabo entre los dos grandes partidos estatales, porque difícilmente se podría entender que los temas de estado se pactasen con partidos que no tuviesen ningún interés en el Estado, como son la mayoría de los partidos nacionalistas.

Esta nueva forma de encarar los problemas importantes de la política tenía repercusiones en los ciudadanos y pensamos, entonces, que sería bueno que desde distintas perspectivas se abordase cómo se vivía la política hoy, en esta nueva situación. Así, hablamos con Teo Uriarte y le pedimos que nos diese una visión amplia de nivel europeo, a Ángel Altuna que nos diese una visión desde las victimas del terrorismo, a que José Mª Rosales nos ilustrase tan magistralmente como él sabe hacer del tema de la ciudadanía y la emigración, y luego que Ruiz Soroa nos diese una visión teórica de lo que supone el liberalismo político, y por último Manu Montero, Marisol Esteban y yo mismo que contásemos nuestras neuras y preocupaciones desde una visión más cercana del País Vasco. Y como colofón teníamos una mesa redonda de políticos locales a los que se les preguntaba sobre cómo vivían la política y la relación entre los ciudadanos y la política.

Como se puede apreciar eran unas pequeñas aportaciones a esta continua reflexión sobre las preocupaciones presentes que promocionamos y propiciamos desde la Asociación Ciudadanía y Libertad. Siempre se pueden mejorar las cosas, pero creo que algunos artículos son francamente interesantes y merecen la pena ser leídos. Creo sinceramente que una vez más hemos realizado una pequeña aportación, y nos gustaría que todos nos pongamos a aportar nuestro granito de arena para formar esa montaña del cambio de la cultura política en el País Vasco.

Quisiera hablar un rato de mis neuras, compartir con todos vosotros mis preocupaciones y mis reflexiones, que espero puedan ser interesantes. A mí me preocupa que después de el ¿cómo hemos llegado a esto?, es decir de constatar que la situación está bastante deteriorada políticamente en el País Vasco, me pregunto ¿cómo la recomponemos y salimos de esto? Dicho de modo más directo ¿cómo avanzamos y cambiamos la cultura política de la sociedad vasca?

En primer lugar, creo que el aburrimiento que nos invade parece reflejar la idea de que el cambio, la extensión de las ideas y planteamientos democráticos, no es posible. Y eso nunca ha sido así, existe el “es posible”. Quizás, no en el corto plazo, pero es posible. Suelo recordar una frase del libro de Karl Marx , “18 Brumario de Luis Bonaparte” que decía más o menos, que en la historia a veces en un siglo pasaba lo que pasa en un día y, otras veces, en un día se precitaba todo un siglo entero.

En esta cuestión es necesario no confundir “cambio de cultura política” con “cambio de gobierno” o “alianzas tácticas”. No estoy hablando de una inmediata extensión de la cultura democrática y derrota de las ideas y planteamientos nacionalistas. Pero si analizamos algunas cuestiones que han sucedido en los últimos años, y están sucediendo hoy mismo, podremos aprender cuestiones que nos indiquen por donde habrá que ir, y sobre todo, por donde no hay que ir.

Ante el nacionalismo no podemos ir con el “y yo más” o decir “que tenemos otra forma de hacer las cosas”, utilizar esos indefinidos de “otra cosa, otra forma” etc., que en el fondo es decir, “y yo más nacionalismo”. Claro tampoco se trata de decir y yo menos, porque no es cuestión de cantidad mayor o menor de lo mismo, es decir, más o menos nacionalismo, sino más o menos democracia, más o menos libertad. Tenemos que ser capaces de situar los debates y las preguntas en el ámbito de la democracia y de la libertad. Es decir, en esa medida, por ejemplo ¿la independencia, nos va a traer más democracia y más libertad? Todos sabemos que no.

Tampoco es decir no a todas las iniciativas nacionalistas, no puede ser una posición reactiva, sino proactiva, de propuestas nuevas para la ciudadanía vasca. Por ejemplo, desde Ciudadanía y Libertad, junto con otras asociaciones y fundaciones como la Fundación para la Libertad hemos realizado ya dos Jornadas sobre el Constitucionalismo vasco. Con estas Jornadas hemos querido hacer varias cosas:

1ª.- Dejarnos de llamar no nacionalistas, y empezar a llamarnos “constitucionalistas” a nosotros mismos. No somos los “no…algo”, sino que somos los “si.. algo”, los constitucionalistas.

2ª.- Dejar de estudiar el nacionalismo y su agenda, sus temas, sus prácticas, etc., y empezar a pensar y a reflexionar sobre qué hemos hecho los constitucionalistas vascos, qué estamos haciendo y a proponer qué podemos hacer.

3ª.- Poner como objeto de estudio y de reflexión el constitucionalismo, poner en valor el constitucionalismo, sus ideas, sus bases teóricas, su historia, sus propuestas, y tratar de empezar a tratarlo como sujeto político y social en el País Vasco.

4ª.- Poner en valor las aportaciones de los constitucionalistas vascos en estos últimos 27 años en las distintas áreas (sanidad, urbanismo, turismo, etc), ya que sin los constitucionalistas no se podría entender la sociedad vasca actual.

Una cuestión que los ciudadanos echamos en falta es que los partidos constitucionalistas vascos no parece que se han tomado en serio el ser oposición, el ser una oposición real y efectiva, y con vocación de ser alternativa.

Hay que empezar a ofrecer a la ciudadanía vasca la visión constitucionalista de la articulación social, en base a la integración social y política. En el fondo de lo que se trata es de ofrecer y dar una visión democrática a los problemas, nos falta cultura democrática enraizada que dé a todos los problemas, propios y ajenos, pautas, visiones y soluciones democráticas. Hay que releer con criterios democráticos los problemas de la sociedad, o que plantean los nacionalistas, que normalmente son desafíos a la democracia.

Por ello, no vale, no es suficiente, con decir que esto o aquello es ilegal. Utilizar la ley como escudo, cuando la ley es la expresión de los planteamientos democráticos. Es decir, hay que hacer además pedagogía política. Los políticos constitucionalistas vascos no hacen pedagogía política, no ofrecen discurso propio ni alternativo.

Ante esta situación los ciudadanos exigimos que los políticos constitucionalistas empiecen y se tomen en serio ofrecernos alternativas propias y nuevas. Y no estar siempre respondiendo a lo que plantean los nacionalistas, a la defensiva, hay que tomar la iniciativa.

Hablaba al principio de las preocupaciones que nos impulsaron hacer este libro, y decía que se habían acabado los acuerdos en los temas de Estado, pero creo sinceramente que los acuerdos de Estado y el Pacto por las Libertades es la mejor forma de no caer en manos de los nacionalistas, que no olvidemos tienen una visión instrumental de la democracia. Es decir, que para ellos la democracia, es un medio para alcanzar un fin distinto de la democracia, el que exista ciudadanos de primera y de segunda, que existan los auténticos y los de fuera, y además con el intento de hacer sociedades homogéneas, por eso lucha contra el pluralismo, algunos incluso con el terror. Estos grandes acuerdos sirven para atajar el terrorismo y dar estabilidad al sistema, y sobre todo avanzar en la solidaridad entre españoles.

Por último, me pregunto ¿seremos capaces de avanzar hoy y aquí algunas alternativas? Voy a intentarlo. Por ejemplo:
- decir que la independencia, además de ilegal, es mala para la convivencia, porque trata de romper la sociedad, y que lo bueno, lo que une, es la autonomía.
- decir que la voluntad tiene sus límites, que la voluntad sin límites, tal y como plantea Ibarretxe no es democrática, porque la democracia es limitación, para que podamos vivir todos en libertad.
- decir que lo que diga la mayoría no vale siempre, porque la democracia es acuerdo y consenso previo y básico, y no la tiranía de la mayoría. Democracia es respecto a la minorías, por eso hay que pactar entre todos los elementos básicos de la convivencia. Luego, una vez asentadas esas reglas básicas, que no son otras que el Estatuto y la Constitución, todos tenemos que respetarlas, y bajo ese respeto jugarán las mayorías y minorías. Solo entonces.

En definitiva, nuestros representantes políticos tienen que espabilar un poco, tienen que hacer un esfuerzo por reflexionar y avanzar en una oferta alternativa que demandamos los ciudadanos vascos, que nos resistimos a la pasividad y a aguantar como podamos. Hay que cambiar de actitud. Esto es lo que por hoy quería decir. Muchas gracias.

Ángel Altuna (COVITE)

Buenas tardes a todos. Buenas tardes a mis compañeros de mesa. Gracias a Ciudadanía y Libertad y gracias a ti Salbi. Hace ya tiempo que me he convencido de que existe una práctica asociativa que a mí me resulta muy sugerente; y ésta puede ser la representada por Ciudadanía y Libertad en su línea de actuación y que yo la defino como la de “martillo pilón”. Sin grandes puestas en escena, sin grandes medios, pero ahí siguen, sabiendo que el partido es largo, dando valor y defendiendo desde la ciudadanía los principios que hacen posible un estado moderno, recordando el día del Estatuto, el día de la Constitución, celebrando sus encuentros, sus conferencias y editando sus libros para tratar de cumplir sus objetivos. Simplemente quería agradecérselo y tenía ganas de decirlo.

Si estoy hoy aquí es por una causa indeseada. Elegimos poco en la vida. Si ETA no hubiera decidido asesinar a mi padre Basilio, preparar su asesinato ni asesinarlo, yo no estaría hoy aquí. La verdad es que no sé dónde estaría. No me voy a poner muy trascendente pero es cierto que la vida se desarrolla “según viene” y como le decía hace poco el teólogo Alfredo Tamayo a una amiga víctima del terrorismo “existir es resistir”. Pero también es cierto y muy importante que en aquello en lo que podemos decidir es muy importante cómo hacerlo. Al escribir estas líneas recordaba por ejemplo cómo Victor Frankl llegó a usar de su mínima y ridícula libertad en los campos de concentración nazis y la hizo vitalmente muy grande, en realidad la hizo enorme para su existencia.

Salbi me pidió un día que por qué no reflexionaba algo sobre la superioridad y la legitimación moral de las víctimas del terrorismo. Él me aportó algunas posibles ideas. Por mi parte lo intenté y cuando menos reflexioné. Lo que finalmente escribí ahí queda. Pero lo que sí es cierto es que me he apoyado en ideas que he ido aprendido de otros y que a la vez he ido tamizando, tratando de estar atento a lo que me rodea y atento también al efecto que todo ello produce en mi interior para al final intentar poner en orden mis ideas.

Simplemente voy a tratar hoy de rescatar alguna reflexión del pequeño artículo que aparece en el libro y la voy a tratar de desarrollar y ejemplificar de forma más coloquial y menos “académica”.

Os diré, en primer lugar, que no me cansaré de expresar que en estos últimos casi cuarenta años ha existido un modelo de actuación humana, un modelo vital y un modelo ético en nuestro entorno que ha logrado resistir las andanadas y las cargas antidemocráticas continuadas e ininterrumpidas de los terroristas de ETA y de los que les acompañan, producidas tanto durante la dictadura como en el actual periodo democrático.

¿Por qué hablo en el artículo de legitimación en lo moral? En todo este recorrido que nos lleva hasta hoy, son las victimas supervivientes y los familiares de los asesinados quienes pueden plantear, en mi opinión, una evidente superioridad moral. ¿Por qué planteo esto? Porque en definitiva todas ellas ya han sufrido los efectos de la práctica totalitaria que los terroristas nos quieren imponer: ellas se han visto ya heridas, se han visto secuestradas, se han visto amenazadas, han visto asesinados a los suyos. Y su respuesta ante este escenario totalitario ha sido por el contrario intrínsecamente moral y absolutamente democrática, sin marcas temporales.

En definitiva, las víctimas han roto ese proceso supuestamente automático y que parece explicar para algunos el comportamiento humano. Esta concepción demasiado extendida en nuestra sociedad sería la siguiente: “la violencia de ETA se entiende finalmente como una violencia de respuesta a una violencia, a una injusticia o a un conflicto de origen””. Habrá que decir también que esta concepción está absolutamente integrada en el ideario y en la percepción del mundo de bastantes nacionalistas. A mi entender esta visión desde el punto de vista antropológico o psicológico es fundamentalmente pobre, es muy poco enriquecedora y deja a la condición humana en un muy mal lugar. ¿Por qué digo esto? Por ejemplo, las víctimas han “cortocircuitado” este supuesto mecanismo descrito y se han regido por capacidades humanas de respuesta de orden superior; del neocortex me atrevería a decir. Por ejemplo y entre ellas han recurrido al respeto, a la tolerancia, a la convivencia o a la capacidad de delegar su pleito con los asesinos en lo público huyendo de cualquier tentativa de justicia o violencia privada. Las víctimas no se han regido por esa “ley de reacción primaria” antes descrita en el argumentario nacionalista. Las víctimas, desde esa posición intrínsicamente moral, han logrado evitar un enfrentamiento cruento y han servido de puntal a cada uno de los pilares sobre los que se sustenta nuestra democracia.

No es autocomplacencia por mi parte. Si queréis lo podríamos observar mejor en el ejemplo de todas esas mujeres, madres y viudas de asesinados (incluyo si me lo permitís a mi madre Angelita) que han alimentado en los suyos y en las siguientes generaciones respeto, tolerancia, convivencia y valor en la justicia. Si hablo de las mujeres es porque cuantitativamente los asesinados han sido mayoritariamente hombres y la carga educacional más importante ha recaído casi siempre en ellas. Pienso que nunca a estas mujeres se lo podremos agradecer del todo; por supuesto tampoco lo han hecho los diferentes institutos públicos de la mujer, ni otras organizaciones y agrupaciones de mujeres. En ese sentido y desde mi condición de hombre, puedo considerar que el resto de la sociedad tenemos una deuda con estas mujeres víctimas del terrorismo. Ellas han sido modelo educativo en valores democráticos, muchas igual sin saberlo. Ellas han sido referencia de repuesta ética para los suyos. Ellas han hecho imposible aquello que muchas veces hemos dicho con solemnidad e incluso hemos llegado a declamar: “¡La violencia sólo engendra violencia!”. Fijaos bien, no es cierto. En el caso de las víctimas esto no ha sido así. En las víctimas, la historia de violencia de ETA ha generado dolor, sufrimiento, tristeza, problemas, discapacidades pero también ha generado dignidad, respeto, firmeza, capacidad de convivencia pero lo que nunca ha generado es nueva violencia. Aquí no ha habido espiral de respuesta, aquí no ha existido escalada simétrica por su parte.

Mientras todo esto ocurría las víctimas, sobre todo las víctimas del País Vasco, han tenido y tienen que seguir escuchando cómo las decisiones judiciales, cómo la persecución de los delitos, cómo la detención de delincuentes, cómo las órdenes de protección de los bienes públicos y privados prohibiendo manifestaciones, cómo todo eso, para bastantes personas de adscripción nacionalista, es ya explicativo o activador de una posible violencia de respuesta posterior por parte de ETA o de elementos afines.

Os voy a confesar una vivencia personal. A veces me he comprobado a mi mismo perturbado por el hecho de poder llegar a pensar que esta respuesta general y generalizada de las víctimas, siempre moral y siempre ajustada a derecho, que ha huido felizmente de la violencia, quizá en último término no haya hecho sino prorrogar la existencia de ETA. Trataré de explicarme para no provocar peligrosos malentendidos: a veces me he visto pensando, fantaseando mejor dicho, que una respuesta de violencia privada por parte de las víctimas hubiera establecido un panorama diferente, posiblemente generando un terreno deseado por ETA. Entonces sí se daría un posible enfrentamiento, un posible conflicto violento, se darían dos posibles bandos y se vería quizá como necesaria la realidad de perseguir una posible negociación. Y después dentro de este mismo pensamiento perturbador imagino que quizá ahora ya no habría violencia política, o quizás sí... porque a decir verdad tampoco sabemos lo que sucedería. Pero estas ideas las desplazo rápidamente de mi mente y las aparto y las evito sencillamente por un simple pero fundamental principio ético. Fines y medios. Nos suena ¿verdad? Creo que esto en el fondo es compartido por la generalidad de las víctimas del terrorismo y el resultado evidente, que es lo que cuenta, es que nadie ha utilizado respuestas violentas, ni ilegales, ni inmorales aún valorando y sopesando que el camino de respuesta canalizado a través de la justicia, del derecho, de la ética y de la lucha legal por la libertad quizás pueda ser más largo.

Tal y como veo desde mi posición las vivencias actuales de las víctimas del terrorismo que yo conozco, en estos momentos creo que las víctimas o buena parte de ellas, al igual que una buena parte de la sociedad, no van a poner fácil el que se desarrolle una solución injusta al problema del terrorismo. Las víctimas han avanzado junto con el resto de la sociedad en educación y en espíritu democráticos. Es por eso que en muchas ocasiones las víctimas molestan, cuando en realidad están salvaguardando desde su respuesta moral las esencias de la democracia. Es mi opinión. Pero siguiendo este argumento nos podemos dar cuenta de que, a decir verdad, las víctimas sólo molestan a aquellos que malentienden el sentido profundo de la justicia y de la libertad.

Soy consciente que otros contemplan otro tipo de caminos. Existen caminos ya explorados que para entendernos podemos denominar “Por la paz un ave maría” o como aquel que hace poco un alto representante de la Iglesia Vasca mencionó en Navidad diciendo algo así como que “Para llegar a conseguir la Paz, todos tendremos que ceder en algo.” Sobre esta idea, si hacemos un mínimo análisis del discurso y vemos comportamientos paralelos, comprobamos que lo que en el fondo quieren decir estas palabras puede ser lo siguiente y creo no equivocarme: “Los de ETA tendrán que dejar las armas, las víctimas tendrán que desarrollar su capacidad de perdón y reconciliación y el Estado debería ceder también políticamente dando cancha a la oveja descarriada para que ésta no se vuelva a separar del redil”. Este ejercicio que acabo de hacer puede ser tachado de simplista e interesado, pero es la forma como yo intuyo que funcionan determinados esquemas mentales y de comportamiento. En último término, hay mucho “solucionador” del problema que se basa en una idea por la cual, a nivel práctico, para conseguir el final de la violencia que padecemos, se debería ceder en algo al chantaje, estimando pragmáticamente que algo de razón tendrán y considerando que judicialmente se debería consentir algo de impunidad. Tampoco en esa frase que repito (“Para llegar a conseguir la Paz todos tendremos que ceder en algo”) se llegaría a adivinar en qué tendría que ceder por ejemplo la Iglesia Vasca, o el PNV por ejemplo. Yo no lo alcanzo a ver. A mí no se me ocurre. El pretencioso concepto empleado de “todos” se desvanece.

En esta misma línea personalmente compruebo la eficacia de la trampa moral que hace diferenciar dentro del actual discurso nacionalista la “pacificación” por un lado y la “normalización” por otro. Sin embargo ellos mismos finalmente acaban argumentando en contra de tan repetida dicotomía cuando estiman por ejemplo que la consulta “normalizadora” del Lehendakari desactivará y hará injustificable la existencia de ETA a causa del ejercicio de su llamado “derecho a decidir”. ¿En qué quedamos? ¿Separamos lo que llaman normalización de lo que llaman pacificación o no lo separamos? Esto a mi modo de ver sólo tiene un nombre: ventajismo.

De la misma forma me resulta falso y criticable desde el punto de vista ético que nuestro Lehendakari afirme que ETA no conseguirá marcarle la agenda y que él seguirá hacia delante por ejemplo con su consulta “por donde pisa el buey” y “pedaleando hasta el amanecer” pase lo que pase. Esto para mí sencillamente supone otra trampa moral. Trataré de explicarme. El verdadero ejercicio de práctica ética del nacionalismo democrático frente a ETA podría realizarse por ejemplo desde la Lehendakaritza ejercitando lo que yo denominaría la “Moratoria nacionalista”. ¿En qué consistiría? El Titular podría ser el siguiente: “El Gobierno Vasco y sus integrantes suspenden toda iniciativa de tipo nacionalista o reivindicación competencial hasta que ETA se autodisuelva.” ¿Qué opináis? ¿Verdad que no lo veis posible? Demasiada ficción, ¿no es cierto? Sin embargo eso sí haría creíble que verdaderamente se esta frente a ETA con toda la fuerza moral y también en ese caso los nacionalistas democráticos colocarían claramente por delante en su escala de valores la libertad y los derechos individuales fundamentales por encima de los objetivos de tipo comunitario. Sin embargo, mi estimación y pronóstico es que “va a ser que no”.

Quizás alguien puede estar pensando que me estoy metiendo en el campo de la política ¿verdad? Y quizás pueda ser cierto, pero espero que esto a nadie le parezca mal aunque considero, de veras, que en el fondo estoy todo el rato y en sentido profundo hablando de moral y de fundamentación ética.

Para ir terminando; hay otra idea que extraigo del artículo y que es la siguiente. Leo textualmente:

“Dentro de este planteamiento moral algunos pretenden confundir a las propias víctimas. Aducen un reconocimiento ético hacia las víctimas por el hecho de ser portadoras de dolor y se les admite y se les considera socialmente como portadoras de dolor. Lo que ocurre es que inmediatamente este aparente reconocimiento moral se esfuma al igualar este dolor con el del resto de personas que también se duelen o sufren porque según afirman aquellos un poco más allá, “también existe dolor en ambas partes” o “también sufren los presos y por lo tanto muchos de los que afectivamente les rodean”. Sencillamente estamos ante una trampa moral puesto que el dolor, que se puede llegar a comprender, no se comparte ni puede ser comparado y aún menos nivelado.”

Me gustaría afirmar y dejar claro que las víctimas del terrorismo no tenemos el prurito del dolor. Pero sí es cierto que no abundan las víctimas de otros tipos de violencia que vean socialmente delante de sus casas cómo se jalea a sus agresores, cómo se les homenajea en recintos públicos, cómo se les comprende, cómo se les justifica y cómo se les alienta. El violador, el agresor machista, el narco, el mafioso, el maltratador, no es objeto social de apoyo público alguno. Este hecho diferenciador puede hacer distinguir a cualquiera con una mínima sensibilidad moral el tipo de dolor. Y en las víctimas del terrorismo lo que existe de forma evidente es un añadido dolor de tipo social. Hay quien no lo quiere ver y prefiere hacernos creer a las víctimas del terrorismo que lo ocurrido entra en el ámbito de lo privado, de lo íntimo, a modo de desgracias caídas del cielo; o bien nos intentan situar en un escenario similar al de un accidente de tráfico. Estas personas prefieren explicar la situación de las víctimas del terrorismo desde una globalidad omnicomprensiva del sufrimiento humano con un resultado final igualador, injusto y en el fondo y al hacerlo legitimador de lo violento. A mi entender el que quiera verlo que lo vea y el que no lo ve es porque no desea verlo. Muchas gracias a todos por vuestra atención.

Eduardo Uriarte Romero

En esta ocasión, lo que has hecho con alguno de los autores que hay ahí, es muy válido y me ha sorprendido el trabajo hasta tal punto de que necesitamos de una vez volver a una revista de carácter teórico porque se echa de menos. La política a la que nos estamos acostumbrando poco a poco es, fundamentalmente, propaganda, y además, muy vacía sin referentes en la realidad ni en lo que habían sido doctrinas políticas anteriores, y entonces se echa de menos la necesidad de encontrar unos textos que, pueden ser aceptados o no, pero desde luego intentan explicar lo que está ocurriendo.

Con ese trabajo me acordé de aquella conversación que tuviste con Mario Onaindia en la que te pidió que intentaras hacer cultura política más que política, y la verdad digo, pues Josemari se está acercando, vale la pena este trabajo y a mí que a estas alturas cuesta sorprenderme de las cosas, el libro me ha sorprendido afortunadamente. Y como tenemos una vieja amistad, y te lo digo sinceramente porque no estoy ya para hacer la pelotilla a personas que conozco tanto, así que el libro me ha parecido muy interesante y desde luego para que tenga una continuidad posterior. Además, que te dignaste hacer que es promover la cultura política en unos momentos en que desgraciadamente falta muchísimo de ello.

De hecho, no solo en España, sino también en los EE.UU. estamos viendo que la campaña electoral que los medios destacan algo que a mí me sorprende, soy de otra generación. El otro día una promotora de la campaña de Obama hablaba que es magnífico este candidato y que le iba a apoyar y a votar porque “Obama ofrece sensaciones nuevas”. Uno que ha vivido determinados momentos viscerales en la vida política, dice, hombre si solamente es por sensaciones por lo que se vota a una persona, estamos yendo para atrás en vez de para adelante. Teniendo en cuenta además que los años 30 del siglo pasado fueron años de sensaciones políticas y los totalitarismos fueron los grandes artistas a la hora de mover a las masas a través de sensaciones, que volcaban toda la emotividad y adhesión a esas grandes doctrinas. Uno se preocupa cuando ve que es en lo fundamental lo que está guiando a la sociedad, las sensaciones y los efectos especiales de las películas, poco contenido, pocos elementos que propongan una cierta reflexión en la ciudadanía que, por otro lado, tampoco los exige demasiado mientras tenga para vivir le vale. Aunque luego puedan venir los problemas, pero entonces ya se aceptarán responsabilidades.

Te equivocas en una cosa, en una cuestión, los políticos no van a proponer una culturización política. Al fin y al cabo, ya tienen el poder que es lo que cuenta y lo que vale. Solamente unos cuantos misioneros que nos gusta la política y hasta tal punto éramos capaces de ir a la cárcel porque era el único sitio donde el España se hablaba de política, y vamos camino de volver allí porque es el único donde se pudiera poder hablar de política, pues nos interesa el tratamiento de la política, y además nos parece algo muy digno y algo realmente presente en una sociedad.

A mi me ganó unas primarias, un personaje que dijo “no voy a hablar de política, voy a hablar de gestión”, y dije “me ha ganado”. Cuando ha tenido la desfachatez de decirlo es porque iba a ganar diciendo eso, la sociedad quiere gestión, que le resuelvan los problemas, pero no quiere elementos referentes éticos morales que devengan la política, y que de esa política se produzca una gestión. Lo que quieren es que le resuelvan esto, que le den trabajo a su hijo, etc. Luego viene la crisis económica. Hemos parcializado todo en gestiones y más gestiones.

Al político no le interesa que la gente sepa mucho más que lo que pueda una persona de hace dos siglos cuando empezaba la política a extenderse en la ciudadanía. El político lo que quiere es que le dejen en paz, que le voten y él ya se encargará a través de determinadas sensaciones el atraerse los votos necesarios para ganar. Inmediatamente, una vez que ha ganado pues dice que como he ganado, tengo la mayoría luego ejerzo el poder que me da esa mayoría. Y, ¿qué ocurre a continuación?, pues que se estresa la sociedad, porque nos mete en cada problema impresionante. Además el efecto de la mayoría, es un efecto de la arrogancia muy profunda. El político que la ejerce es un arrogante, es decir, como he ganado tengo derecho a hacer cualquier cosa. Mire, usted ha ganado pero la democracia no es el sistema de las mayorías, sino que es un sistema de un consenso fundamental y luego las cuestiones no elementales o no fundamentales se dirimen a través de un instrumento que es el instrumento de las mayorías. Pero el que lo hace al revés acaba sin querer propiciando u ofertando una política absolutamente arrogante y, probablemente, con vocación de totalitaria.

Tenemos que recordar que la mayoría decidió un movimiento revolucionario europeo que fue el bolchevismo. Como somos los mayoritarios en este congreso, en el que se despistaron los mencheviques y mandaron mas gente ni hicieron trampas en ese congreso, como ya eran los mayoritarios, es decir los bolcheviques ya podían hacer todo lo que les diera la gana, incluida la dictadura del proletariado.

Así nos ha ido. Entonces si se busca comportamientos en la que la cultura política no se desarrolla en la sociedad, que utilicemos más los programas de amenidades y de televisión basura para dar consignas políticas que los propios telediarios donde se sabe que el espectador está en una cierta tensión crítica, y utilizamos los programas de culos, tetas, caca, pis y que fulanito anda con menganita, y hay se mete una serie de consignas políticas, por esos procedimientos se va encuadrando los posibles votantes para un momento determinado.

Yo que soy como más clásico, como más antiguo, hace unos dos años empecé a no entender nada. Y fue a raíz de un artículo de Félix de Azúa de junio de hace dos en el que hacía una confesión: no entiendo nada, mis autores ya no son autores recomendados en los colegios, ahora sin embargo en los colegios se explica a Sade, se ha expulsado a Hemingway, y a otros autores para la educación de los niños. Una de dos o reflexiono e intento comprender la realidad nueva que me está tocando vivir o tengo que decidir irme a un hospicio, ir muriéndome poco a poco o de una manera más radical si se quiere.

Entonces empecé a escribir, y el resultado fue ese artículo que tiene el libro que es un poco más amplio en el que yo mismo me intentaba explicar por qué la socialdemocracia española tiene las características que tiene en la actualidad. Características o comportamientos que también podemos observar en otros sitios, pero que para mí era una especie de listado de pequeños escándalos que me iba produciendo el partido en el, que milito y que espero que su comportamiento actual sea coyuntural para volverme a reencontrar afectivamente con él, porque yo no entendía un montón de cuestiones. No entendía la negociación, alguno de ustedes a ya me han leído en alguna ocasión, yo no podía entender la negociación con ETA, no podía entender la referencia a la mayoría, ni una exclusiva legitimidad en la delegación de los ciudadanos para hacer lo que uno le dé la gana.

Yo soy una de esas personas que se escandalizaron, que gustó mucho más la contestación espontánea del rey al presidente de Venezuela (por qué no te callas) que el intento de sacarle la cara que iba a hacerle el presidente Zapatero del presidente Aznar. Empezó a decir que tuviera respeto porque el presidente Aznar había sido elegido. No, había sido presidente de una democracia, no solamente por haber sido elegido, que es algo secundario, sino porque era presidente de una democracia y de un Estado. Es reducir muchísimo el papel institucional que un presidente de gobierno tiene.
Ante esos tics, ante esas cosas que yo no entendía me puse a escribir. En primer lugar era un intento personal que fue tomando alguna substancia y luego fui anotando mas cuestiones y poco a poco iba entendiendo, por ejemplo, la explicación que al poco de ser Secretario general del PSOE el señor Zapatero hace de las características que él encuentra del socialismo español. Dice que los orígenes libertarios del socialismo español son evidentes.

Para uno que gracias a una larga beca de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias le permitió leer algunos textos, sabe que los orígenes del socialismo español es precisamente el enfrentamiento a la Primera Internacional lo que pasa evidentemente que el resultado no es lo que pudo ser en otros países, pero que existe esa influencia, pero el Secretario General de un partido que surge enfrentado a la I Internacional se le ocurra ese devaneo proanarquista debería de tener alguna razón de ser. Y me temo que una razón de ser de cuando los españoles nos volvemos anarquistas, que en unos momentos somos rojos, luego somos de la División Azul, luego volvemos a ser rojos, etc. Entonces, pensé que quizás sea ese carácter caprichoso del comportamiento político de los españoles, incluidas las izquierdas, lo que intenta poner en valor el Secretario General del PSOE.
A través de algunas reflexiones voy dando palos en el agua, e intentando explicarme las cosas que han ocurrido. Como por ejemplo, que único adversario necesario para que España sea un país europeo, como es la oposición de derechas sea el único grupo al cual se le dirige una crítica cerrada y muy dura que parece casi que le convierta al adversario electoral en el enemigo político, y sin embargo otras concepciones mucho mas apartadas del sistema constitucional español resulta que son tratadas con una benevolencia que llama, en ocasiones, la atención. ¿Por qué? Hay empiezo a tratar la necesidad de una especie de integrismo de izquierdas, que no sé si está bien acabado o bien conseguido, pero que, de todas maneras, yo lo dejo de una provocativa ahí para que ustedes vayan siguiendo el hilo y a ver si pueden aprovecharse de él y aportar alguna cuestión más.

El problema es que yo me voy a negar, ya por edad, a regirme por sensaciones, ya me regí cuando tenía 20 años. Quizás la única aportación que pudiera hacer es por favor ustedes reflexionen, por favor tómenselo con moderación, por favor lean los artículos de Ruiz Soroa, por favor sepan que democracia es algo más rico y algo más complicado, y sobre todo es algo que debe de facilitar comportamientos tranquilos, comportamientos relajados.

Ruiz Soroa habla en su artículo de este libro de que los atajos en política son malos, que no es un comportamiento liberal y que efectivamente el liberalismo tiene que atraer a una situación tal que lo único que pueda perturbarte una madrugada sea el lechero como decía Churchill de la democracia británica. Es decir, que no tenga que estresar a la ciudadanía, que no nos pongan muchas veces ante situaciones realmente dramáticas, en las que te ves de repente recitando a los clásicos españoles. A mí me pasó un día en televisión canaria en que me preguntan: ¿usted por qué está de tan mal humor con el presidente del gobierno, a cuenta de la negociación con ETA? Entonces me veo recitando” porque el honor es patrimonio del alma, y alma es de Dios”, y luego me dí cuenta, qué horror, qué profunda petulancia, que estupidez he hecho aquí. Pero, al final, lo que yo estaba descubriendo y poniendo en una situación trágica a muchas personas es que al final nos estábamos comportando como personajes de tragedia. Es decir, qué hago yo en la vida si después de 800 muertos los que tuvieron razón son estos que están ahora negociando con el presidente del gobierno y no yo que se me ocurrió decir que dejaran las pipas 800 muertos antes.

Ello estaba afectando a mi dignidad como persona. Estás estresado por un comportamiento puramente mayoritario, nacido únicamente por el hecho de que eres mayoritario ese momento, y además mayoritario minoritario, estás llevando a la tragedia a un montón de ciudadanos y eso no es democracia. La democracia nos permitiría un comportamiento más tranquilo, y yo pensaba: y si yo estoy así de estresado y recitando a los clásicos españoles, ¿cómo estarán las victimas del terrorismo? Humilladas, traicionadas, con una sensación de impunidad brutal. La democracia es un sistema que no puede jugar con eso, es que para eso no inventamos la democracia.

Yo he ido escribiendo estas notas a raíz de situaciones, y también de sensaciones, que me pedían que reflexionáramos sobre lo que estaba ocurriendo. Y, por supuesto, lo que echaba de menos era una labor pedagógica en que la gente tuviera en cuenta la realidad y no las sensaciones.

Como, por ejemplo, una de las cosas que planteo en el artículo. Bueno, va el Presidente del gobierno e inicia la negociación. Argumento: es que el PP negoció, es Felipe González negoció, y podía haber que nosotros (los de EE y UCD) también negociamos, pero lo hicimos debajo de las alcantarillas. Nosotros negociamos en las alcantarillas, el gobierno de Felipe González negoció en una “jaima” en Argelia, los mandados por Aznar negociaron en un hotelucho de Suiza, pero tú has empezado a negociar con una declaración del Congreso de los Diputados. No es lo mismo, pues has iniciado la negociación en el nivel político más alto y desde ese momento les has dado a los de ETA una gran ventaja. Es decir, si tú empiezas desde la alcantarilla, como empezamos nosotros, es un intento del Estado de solucionar el problema, pero si empiezas desde el Congreso de los Diputados es de integrar a ETA en el futuro político español. Eso es muy diferente. Eso no es una negociación como la de Aznar o como la de Felipe González. Hay negociaciones y hay negociaciones, aunque en el mundo de la propaganda todo es a trazo de brocha y el mundo de la teoría política todo a trazo de pincel y de plumilla.

Han sido situaciones estrambóticas a las que nos ha llevado a reflexionar. De hecho quizás en el País Vasco se produce una reflexión teórica previa porque ya nos dimos cuenta con el Plan Ibarretxe las enormes trampas que la utilización de la brocha en la propaganda estaba provocando en muchas conciencias ?qué mal hay en ello? Oiga si usted una sociedad por la mitad hay mucho mal.

Vamos a resolver amablemente con un proceso de autodeterminación el conflicto vasco. Bueno, primero ¿dónde está el conflicto?, en la existencia de ETA, evidentemente. Bueno, si resolvemos lo de ETA, ya no hay conflicto. No, no, está la cuestión política y vamos a resolverla amablemente. ¿Desde cuándo se ha resuelto a través de un proceso determinista amablemente una situación? Nunca, es más, su apelación suele provocar y generar situaciones de conflicto.

He ido acumulando una serie de reflexiones y sensaciones que, a su vez, eran para provocar mayor reflexión hasta dar lugar a ese artículo que está inacabado pero que como elemento provocador puede servir.

Yo quisiera acabar explicando algo que descubrí el domingo pasado. Es tal la necesidad de cultura política y de reflexión política que el otro día fui testigo de algo llamativo. El domingo pasado hubo dos artículos coincidentes en el que manifestaban su preocupación por la conversión del ciudadano en puro consumista de las ofertas electorales que hacían los partidos. Uno era de José Antonio Zarzalejos en ABC que hablaba de “Ciudadanos o consumistas”, y otro de Josep Ramoneda titulado “España sociedad anónima”, en la que de nuevo un ente mercantil se dedicaba a repartir cuando llegaban las elecciones el superávit que existía después una legislatura de cuatro años. Y a eso habíamos reducido la política.

Sería importante poner en marcha una revista de debate teórico sobre la realidad política española porque si no la pobreza intelectual a la que nos estamos viendo sumidos día tras día nos puede llevar a la mayor de las profundas de las desesperaciones. O que jueguen con nosotros de la manera como están jugando en nuestra soledad más absoluta sin ni siquiera tener lugares donde poder charlar, pues te contemplas tu a ti mismo con tu propia tragedia porque el Estado te ha dejado en el más absoluto de los desamparos.
Hemos sido testigos mucho de que el estado ha jugado con el ciudadano con una indignidad absoluta durante esta legislatura. Espero que de estos grandes errores pueda surgir una cierta catarsis que evite las situaciones de tragedia y las heroicidades a los que nos ha abocado una política absolutamente desbocada y como un sentido muy poco liberal democrático de lo que es la convivencia y, sobre todo, el papel del estado en un sistema democrático.

Socialista tienen un crédito especial. Él ha dicho dos cosas con las que no estoy de acuerdo: la primera, es una crítica al gobierno socialista porque ha tenido mejores relaciones con aquellos partidos que no tienen sentido del estado y no ha tenido ninguna relación con el primer partido de la oposición. Esto no solo es culpa del gobierno socialista, yo creo que es culpa de la crispación generalizada de la vida política, que, para mi, se inicia un día cuando el presidente del PP, el señor Aznar, se reúne con el entonces Ministro del Interior, José Luis Corcuera, y le dice: Ministro, a partir de ahora el tema del terrorismo no estará fuera del debate político, sino que estará en primera línea del debate político.

En aquel momento la derecha utiliza una crispación política a todos los niveles, hasta el extremo de aquella confabulación entre jueces, periodistas, y el partido de la oposición, en aquello que alguien llegó a llamar un golpe de estado. Y al final llegaron a acabar con el gobierno del partido socialista.

El gran problema de aquella crispación es que les dió frutos electorales y han pensado que esta vez, que han perdido las elecciones, la misma crispación les va a llevar a los mismos éxitos electorales. Y no ha habido posibilidad prácticamente de pactar casi nada o nada con el principal partido de la oposición. Por tanto, dada la ley electoral y que el gobierno no tenía la mayoría absoluta tenía, para algunas leyes, que apoyarse en alguien, y como no se podía apoyar en el PP, tenía que apoyarse en el resto. Esto tiene alguna ventaja y, como es lógico, muchos inconvenientes. Por tanto no ha habido mas remedio que apoyarse en alguien para sacar adelante el tema.

Por otro lado, vosotros negociasteis en las alcantarillas, otros en la “jaima”, otros en un hotel y el presidente lo hace a través del Congreso de los Diputados. Hay una diferencia fundamental, vuestra negociación en las alcantarillas, como la negociación de Suárez con ETApm, como la negociación de Felipe en Argelia o la de Aznar contaba con el apoyo de todos partidos y especialmente con el primer partido de la oposición. Esta vez eso no era posible, luego el gobierno quizás se equivocó, pero no le quedó mas remedio que llevar la legitimidad con la que contaba con la mayoría del Congreso de los Diputados para intentar lo mismo que intentaron los anteriores, y fracasando igual que fracasaron los anteriores, pero no le exijamos a este gobierno más de lo que exigimos a los anteriores. Lo han intentado de buena fé, no ha sido posible, no pasa absolutamente nada.

Yo creo que este gobierno ha hecho muchas cosas buenas, medidas sociales que pasarán a la historia y que legitimarían cualquier legislatura de cualquier partido de izquierda en Europa. Pero también creo que ha cometido muchos errores, para mí toda la reforma de los Estatutos de Autonomía son errores, aunque producidos por estar en esa minoría. Llega un momento cuando está en la oposición pensando que el PP no va a poder pactar con nadie, si me consigo el apoyo de los partidos nacionalistas de todo el espectro político español a lo mejor al final consigo una mayoría. Y eso le obliga a unos compromisos que luego resultan de modificación de Estatutos que creo que ha sido un error, pero que en líneas generales yo creo que la legislatura ha sido positiva y que algunas cosas ocurren porque estás en minoría.

De todas maneras aun siendo cierta la política de crispación del Partido Popular al que corresponde desactivarla es al gobierno. Y efectivamente empieza cuando Aznar plantea al Ministro del Interior que va a hacer política del terrorismo, es que política del terrorismo se ha hecho siempre lo que pasa que hay que hacer buena política del terrorismo. A mí me pareció absolutamente injusta y peligrosa la política del aprovechamiento del escándalo del GAL por parte del Partido Popular, que suelo decir que lo redimieron sus concejales que estaban en la calle delante del fuego de los terroristas de ETA. Aquel sacrificio redimió, en cierta manera, aquella enorme responsabilidad de jugar con el tema del GAL como jugaron, pero para mí hay un responsable fundamental que es el gobierno, y es el que gestiona el estado. ¿Por qué acabamos estresados un montón de gente? ¿Por qué no es el Estado el que se pone a hacer de una manera tranquila y de una manera que sea asumible por parte de sectores importantes de la ciudadanía el tema de la negociación con ETA? Si la hacemos clandestinamente la negociación al final habrá un resultado determinado y podrá ser más o menos presentable en función del bien que pueda generar la desaparición de ETA. Pero si empezamos a negociar con ETA desde una resolución del Congreso de los Diputados estamos ofreciendo una dignidad a unos tíos que hace 15 días que no se han cambiado la camiseta que para qué queremos más.

Yo respecto al libro que ha escrito Txiki Benegas me parece un libro interesantísimo porque para mí es toda la relación de cosas que no se debieron de hacer con una organización terrorista. Y además se han hecho creyendo que eran positivas, por ejemplo una de las cosas que dice Txiki: la generosidad del gobierno. Si tu vas con generosidad ante un grupo terrorista la has fastidiado, porque nunca llegará a una solución que no sea la victoria del grupo terrorista, o al menos que no hay ni vencedores ni vencidos. Si no hay ni vencedores ni vencidos, nos cargamos el sistema político.

La negociación de los Estatutos, el acercarse a ETA, el comprender determinados planteamientos de la izquierda alternativa con una comprensión llamativa, que no había sido previa en el socialismo español, a mí me daba la impresión de que cambiábamos de ciclo político en el socialismo. Y que asumíamos determinados planteamientos que no eran propios del socialismo, y que nos dejábamos llevar por una nueva estrategia en la que podíamos ir perfectamente hacia un nuevo espacio político, porque como con los de Esquerra Republicana, con los del PNV, con los del Bloque Gallego, con Coalición Canaria, cuando nos apoyaba, podíamos hacer, puesto que teníamos los votos, un cierto desplazamiento del terreno de juego, íbamos a dejar en “offside” al PP, con lo cual le iba a costar mucho tiempo volver al poder.

Y en el fondo creo que de lo que se trata es de garantizarnos el poder. Pero, ¿a qué precio? Es decir, poniéndome retórico digo, ¿con mi honor? ¿con mis derechos como ciudadano? Como plantea Ruiz Soroa, no. ¿dándoles la razón histórica a estos? no. ¿Haciendo que aquellos que entregaron las armas de ETApm se reúnan de repente y que tengan dos opciones: es decir, fuimos unos traidores o nunca nos rendimos Gora Euskadi, Viva la lucha del Pueblo Vasco, hasta la victoria final, compañeros?

Yo creo que se ha optado políticamente por algo que puede ser producto de la provisionalidad y de la minoría, pero me temo que se aprovechaban esas circunstancias para meternos en una aventura política. Esa es mi sospecha y esa es mi provocación. Y además otra cosa, ojala me confunda, pero la verdad es que no le encontraba otra respuesta a lo que yo no entendía.