Buenas tardes a todas y todos. Como bien señalaba Salbi una de las características que al cabo del tiempo identificarán a entidades y asociaciones ciudadanas o cívicas como Aldaketa y como Ciudadanía y Libertad era la convicción que existía de partida en su creación. de que nosotros ni éramos un partido político ni queríamos ser un remedo de un partido político, ni teníamos que hacer lo que hacían los partidos políticos. Posiblemente esto tenga que ver con el hecho de que la inmensa mayoría, como algunas excepciones como el que les habla, de los activistas de Aldaketa y de Ciudadanía y Libertad procedían precisamente de los partidos políticos y no querían cometer la tontorrona tentación de pasar de la política a una suerte de antipolítica.
Pero sobre todo la diferencia fundamental era el hecho de que percibíamos que las posibilidades para el cambio, Aldaketa-Cambio para Euskadi, sobretodo en una perspectiva de cambio de cultura política. Es decir, primero como instrumento. En el país en que vivimos únicamente se puede aspirar, con los pies en la tierra, realistamente, a sustituir a los que nos vienen gobernando desde hace un cuarto de siglo sobre la base de formular una alternativa. Es decir una cultura política capaz de incorporar, no únicamente a los que están frente a, sino incluso a buena parte de los que han sido parte de los que hoy todavía nos gobiernan, que pueden entender a partir de sus diferentes expresiones, tanto sociales como también culturales, que el camino de esta sociedad vasca no va precisamente por ahí.
Entonces plantearlo en términos de instrumento, es decir tratar de trascender lo que es el ámbito concreto al que pueden llegar uno o la suma de varios partidos políticos, y también desde la perspectiva de que la entidad nuestra nacía con la idea de que lo que se necesitaba también y sobre todo era cambiar la manera de interpretar y de entender la política en este país. No pretendemos formular una propuesta de cambio únicamente para aquel viejo juego de quítate tú para ponerme yo, para que hoy gobiernen los rojos y mañana los azules y viceversa. Hay algunos países que afortunadamente se pueden permitir estos lujos, de que pase uno, pase otro, sin que cambien substancialmente las cosas, o se pongan radicalmente en cuestión lo que debe ser las bases mediante las cuales funciona civilizadamente una sociedad, pero desgraciadamente en Euskadi estas cosas no son así.
En Euskadi por desgracia, cuando hablamos de cambio estamos hablando de cultura política, de cambio de cultura política y sobre todo de cambio en la perspectiva de la sociedad. Porque por desgracia ya entramos en que estamos demasiado tiempo viviendo si no en el alambre, muchas veces al borde de un abismo en el cual por lo menos nosotros no queremos intervenir.
Percibíamos, y seguimos percibiendo, y lo percibimos todavía más hoy, que tenemos un gobierno de un color, que nos lleva gobernando ya un cuarto de siglo, que es mucho, hay otros lugares no demasiado lejos de nosotros a los que también gobiernan ininterrumpidamente durante 25 años, gente de un mismo color político y eso en sí mismo no es bueno, pero no tiene por qué ser horrorosamente malo, pero es que además de gobernarnos un mismo gobierno, o mas o menos un mismo gobierno, durante 25 años. Ese gobierno ha ido derivando en régimen, en 25 años tejes una serie de redes de clientela si dedicas tu política al clásico favorece al amigo, castiga al enemigo. E incluso este régimen ha acabado derivando en algo, ya sé que 25b años es poco, pero tiene ciertos atisbos claramente de sistema.
De sistema, sobretodo en el sentido de que los gobernantes que hemos tenido durante estos 25 años han pasado de que la sociedad vasca sea una sociedad gobernada “por” nacionalistas a que, desgraciadamente en los últimos tiempos se note con una claridad aún más meridiana, sea una sociedad gobernada “para” los nacionalistas.
La diferencia entre estas dos preposiciones que están tan cercanas en la lista es muy substancial y que yo creo que explica en buena medida esta deriva abiertamente sectaria que se manifiesta mas y mas en lo que es no solo en los gobiernos nacionalistas sino también parte de sus propias bases nacionalistas. Cada vez mas lo que está caracterizando al gobierno nacionalista, es que la dirección de nuestra sociedad es más sectaria, y entendemos en ese sentido, que tiene que proporcionarse una determinada opción alternativa.
Y por si no fuera poco con todo esto, que ya es bastante pastel, tenemos además como compañero de viaje, cuasi perpetuo, al terrorismo y a los terroristas que lo que hacen es incrementar todavía mas la condición negativa de todo este dibujo que estoy haciendo.
Frente a esta situación en los últimos tiempos, y no cortos, se está manifestando, que efectivamente la sociedad tiene una determinada capacidad de respuesta frente a lo que tiene delante, y no es cierto que las cosas no estén cambiando. Apuntar dos o tres referencias. Los datos electorales, por utilizar las expresiones electorales que le son más favorables a los nacionalistas, desde mediados de los a ños 80 en que estábamos en un 68% del voto, nacionalista vasco, hasta la actualidad en el que nos encontramos en el 58%. Que son 10 puntos y es muy substancial. Insisto en las elecciones autonómicas que indefectiblemente son las que más favorece normalmente el voto de los nacionalistas.
Las diferentes encuestas que se suelen hace sobre identidades de orden territorial vienen manifestando un resurgir de lo que, en el siglo XIX llamaban, o llamamos nosotros los historiadores respecto del siglo XIX, aquello de la doble nacionalidad. Es decir, la no imposibilidad, la no contradicción de ser vasco y español al un mismo tiempo sin que se tenga que formular en términos de “o” sino simplemente de “y”. Que es una cosa que cada vez se entiende con mucha mas normalidad dentro de nuestra ciudadanía.
Se ha pasado, en los últimos tiempos sobre todo a partir de la segunda mitad de los 90, y esto tiene mucha profundidad y no nos podemos detener en ello, de cuestionar el terrorismo a cuestionar también el nacionalismo vasco. Esto tiene mucho discurso, pero es cierto que esto ha ocurrido en los últimos tiempos para debacle de los nacionalistas pero también alguna culpa llevarán en este asunto que ha pasado.
Ha ocurrido, sobre todo, que por mor de esta transformación de lo que es continuidad de gobierno a régimen y a la postre casi a sistema, el nacionalismo cada vez tiene menos ideas y cada vez está más radicalizado y cerrado en su discurso. Y a la postre, y por ultimo, se ha venido expresando en los últimos tiempos invocaciones y constataciones cada vez más claras de que es posible hacer o formular una alternativa al nacionalismo desde el no nacionalismo que no quiere decir otro nacionalismo, ni quiere decir tampoco ser antinacionalista, o necesariamente antinacionalista.
Es decir, que hay opción alternativa y posibilidades alternativas sin tener porqué reiterarnos o repetir mimética y negativamente aquello que pasó y que esperemos que no vuelva a pasar al menos como pasó en aquellos tiempos de 2001.
Las últimas elecciones provinciales y forales creo que han ratificado esto que estoy señalando es el momento en el que estas elecciones habitualmente son muy favorables para el nacionalismo les ha respaldado menos votos. Es el instante en el que se ve mas manifiesta la diferencia, la disfunción, la separación mejor , entre esa Euskadi rural o cuasi rural porque no existe la Euskadi rural, la de las pequeña y medianas poblaciones frente a la Euskadi de las grandes poblaciones urbanas. De los 10 núcleos de población más poblados de este país, el nacionalismo únicamente gobierna en 3: Bilbao, Guecho y Santurce. Esta es la situación que todavía se constata cada vez mas y mas y a la postre ha sido un momento en el que coincide, para desgracia nuestra, la mayor acumulación de poder nacionalista que no se corresponde con el hecho de que no es el instante en que han tenido mas votos, sino precisamente justo lo contrario.
Y ha sido un momento en que se ha notado, casi por primera vez en estos 25 años, que sí que existía una ruptura de opciones nacionalistas. Es decir, una circunstancia, un factor que ha les ha favorecido habitualmente es que a mayor abundancia de opciones nacionalistas, mayor voto nacionalista, en esta ocasión ha ocurrido precisamente lo contrario. Esas opciones han llegado a competir entre sí y se han ido solapando, se han ido eliminando votos, unas con otras.
A la postre lo que tenemos, es una contradicción evidente, creo que hay una clara debilidad por crisis manifiesta de este régimen que se expresa con una falta clarísima de ideas, una radicalización del discurso nacionalista que va dejando cada vez más y más sociedad fuera de su ámbito de intervención. Hay una clientela propia que ya no tiene expectativas de mayor desarrollo, y esto limita las posibilidades de cualquier entidad política devenida en régimen, y también incluso hay una contradicción en sus propias clientelas. Es decir, hay una clientela satisfecha y hay otra clientela todavía con estímulo de prosperar y chocan entre sí. Esto da lugar a algún tipo de contradicciones que percibimos cada vez más a menudo y que tienen que ver con eso que yo llamo, “esas disputas entre abertzales”, que los que no lo somos las entendemos muy poco pero que tienen que ver con una dimensión, con un mundo realmente muy importante.
Hay a la vez una disposición social. Yo creo que estas elecciones últimas demostraron dos cosas muy importantes: una, que no es cierto que Euskadi sea “different”, como el de antaño “Spain is different”, que no es cierto que si en Euskadi uno comete una tropelía, como lo que estaba sucediendo en la Hacienda de Irún, no por eso no le vayan a castigar, que no es cierto esa posición poco menos que omnímoda del nacionalismo. Cuando alguien la hace, la paga, en Irún y en Móstoles, con más o menos tiempo, pero la acaba pagando, y así se ha demostrado de esa manera.
Y se ha demostrado también que hay una pluralidad en la sociedad vasca, de tal suerte que la pluralidad social se expresa también en términos de pluralidad política y así se ha venido manifestando y las diferencias territoriales en ese sentido yo creo que son claras.
Hay a la vez una cuestión que es importante que planteemos sin ironía, sino con sinceridad, y es que posiblemente estemos en una tesitura en la que lo existente entra en abierta crisis y sin embargo no se ha desarrollado adecuadamente todavía, o con una dimensión suficiente o con una ambición política suficiente, lo que tiene que ser la alternativa política a todo esto. Y esta es una cuestión muy importante, que en este caso concreto sí que afecta a los partidos políticos que están en disposición de ser alternativos a toda esta situación.
Por último, hay una oportunidad para el cambio, pero para un cambio que tenga que ver no en términos de cambiar un partido por otro, o cambiar una coalición de partidos como tenemos ahora por otra coalición de partidos. Indefectiblemente esto habrá que hacerlo así, no hay otra manera de hacer las cosas porque no suman las cuentas, pero desde luego la aspiración de la ciudadanía que podamos representar, es un cambio en cultura política que por lo menos nos permita recuperar la libertad y el criterio, recuperar la libertad suena demasiado dramático, pero creo que es cierto y que sobretodo hemos perdido por el camino demasiados criterios de sentido común inmolados en argumentos o en principios intocables e intangibles que hemos pensado al final que son superiores. Y no es cierto, basta detenerse un rato para darse cuenta que esas abstracciones que se han comido lo concreto, en nuestros derechos concretos, en nuestras posibilidades de desarrollo concretas, las tenemos que restituir y que eso únicamente se consigue con más libertad.
Por supuesto, es un cambio de cultura política para afirmar una política precisa, que no es la que tenemos hoy en este gobierno vasco, contra el terrorismo y en defensa de las víctimas del terrorismo.
Una tercera cuestión muy importante. Para defender nuestras instituciones repitiendo su eslogan “en defensa de nuestras instituciones”, tenemos un gobierno que no sabemos si es institucional o antiinstitucional, que no sabemos si está trabajando a favor o en contra de sí mismo, y por ende de la propia sociedad, y esta es una cuestión muy importante que a cada paso genera contradicciones, que se las genera a ellos, pero que en definitiva nos las genera al conjunto de la sociedad.
Queremos cambiar de cultura política para que haya autocrítica social de verdad, porque eso de que en algunos sitios llamamos la Euskadi real es una cosa que está sobre la mesa. Seguimos siendo un país muy avanzado por mor de determinadas circunstancias y garantías de orden fiscal, de tradiciones históricas, somos un país con una avance con respecto a la media española importante, pero ese avance va menguando, por fortuna para la media española, pero es una cuestión sobre la que tenemos que replantearnos qué estamos haciendo y cuáles son las posibilidades de futuro que tenemos en lo material en lo objetivo, los ciudadanos y la propia sociedad vasca.
Tenemos que ser una sociedad solidaria y abierta en unos tiempos inevitablemente de mestizaje. Tenemos la opción de una cultura política vasca que no signifique inexorablemente nacionalista que es uno de esos totems que afortunadamente ha caído en la sociedad y que tiene que derrumbarse definitivamente para que tengamos posibilidades alternativas.
Por ultimo, tenemos que proyectar una nueva cultura política también y sobretodo para evitar el desastre, para evitar esa confrontación social esa lucha entre dos comunidades, que por suerte todavía no existen en esta sociedad, pero parece que hay alguno muy empeñado en que acaben existiendo, tenemos que evitar el choque de trenes en que está empeñado este hombre que todavía hoy por hoy sigue presidiendo nuestro gobierno y que solamente con que hubiera este problema ya sería argumento suficiente para reunirnos aquí y para llamar al asalto, que casi casi es lo que ha parecido que acabo de hacer.