CONFERENCIAS TRANSCRITAS


EUSKADI DESPUÉS DE ETA

Joseba Arregi (Conferencia impartida el 20 mayo 2010)

 

Gracias a todos por seguir empeñados en darnos la tabarra, en este país que suele dejarse vencer por el cansancio. Esto nos azuza para seguir adelante. El día a día nos puede a todos, el pasado no existe y el futuro es desconocido. Mañana, ya volveré a preguntarme sobre cómo salvo el día de mañana. Sin embargo, a los que estamos aquí nos preocupa, en lo que concierne a la sociedad vasca, el hecho de que pudiéramos perder la capacidad de pensar con un poco de distancia, tanto hacia atrás como hacia delante.

Nos jugamos mucho en el pensar hacia el futuro y elaborar un poco más que el tacticismo del día a día. Es necesario, porque en nuestra situación y más con la noticia de esta mañana no es hablar de pájaros y flores, es hablar de algo que es posible. Nos preocupa que lo podamos realizar con la visión de las mínimas condiciones para no sacrificar el futuro por el presente. ETA, Batasuna y su entorno son maestros en ir adaptando el discurso a esa situación de ir salvando el día a día, ellos con perspectiva de futuro, y nos obligan a los demás a hacerlo, olvidando el futuro.

El contexto general no ayuda, cierto. Un artículo que escribió Félix de Azúa se titulaba ‘Permitan ustedes que me despida’; en él decía que no era posible incidir en la opinión pública, que crear grupos de opinión no sirve para nada, que caminamos hacia la italianización, y que se retiraba al interior. Estamos en el conjunto de España también con la sentencia del Constitucional sobre el Estatut, todo es salvar las elecciones próximas, a nadie le importa el conjunto, la sustancia. Todo se reduce a los problemas de hoy y es difícil analizar con perspectiva.

Estamos en Euskadi oficialmente en la época del cambio. A pesar de lo que algunos auguraban la mayoría parlamentaria no está teniendo más problemas de los esperados. Y sin embargo, este cambio no debemos olvidar que se entronca en un contexto más amplio. Ha habido otros que han hecho posible este. El cambio de narrativa, por decirlo así. Hitos. Un punto muy importante es la destrucción del mito de la imbatibilidad de ETA. Hasta hace cinco años se escuchaba aquello que Anasagasti solía decir: ni Franco pudo con ETA. Si quien tenía todo el poder no podía, cómo una pobre democracia sí. Como decía Arzalluz, comando que cogen, cinco que surgen. O el pronóstico de los obispos cuando el pacto por la libertad y la ley de partidos: sombras oscuras se ciernen sobre la sociedad vasca porque esto va a impulsar a cientos de miles de jóvenes a la clandestinidad, un magma de reproducción de ETA. Todo esto se ha caído y no hablamos de la Prehistoria. Hoy nos preguntamos cuándo va a caer y cómo vamos a gestionarlo, pero no si caerá. Tenemos que ser conscientes de la importancia de este cambio. Valorar lo que significa. Una de las grandes debilidades de ETA, aparte de las detenciones, es esta: ya no tiene cogida por sus partes a la sociedad porque esta crea que es imbatible. Lo demás es la desintegración inevitable.

También ha habido un proceso de obligar a ETA a reducir sus exigencias. No es que pida menos, pero todos somos testigos de que la amnistía no se negocia, la independencia no se negocia. Los que ponían las condiciones eran ellos. Ahora se negocia, hablan de diálogo. Se ha reducido el magma ideológico de ese mundo, incluso el que aparecía en los papeles del congreso que no celebraron en el BEC. Hoy todo es derecho de autodeterminación y territorialidad. Se ha quedado en los huesos, aunque sean duros de roer.

Las víctimas del terrorismo ya son condición de aparecer en sociedad para todos los partidos con los riesgos que eso conlleva. Todo el mundo se siente en la obligación de tenerlas en cuenta. Que haya ocho o diez o doce presos de ETA que digan que hay que tener en cuenta a las víctimas. Recordemos la situación hace quince años. En ETB se discutía con Jon Salaberria, que al poco se fugó, que decía qué era eso.

Incluso se ha llegado a la situación de que el propio nacionalismo del PNV, no sé si EA y Aralar, ha pasado de decir, menudo salto mortal, que el plan de Ibarretxe, normalización y pacificación, era condición para que ETA dejara de matar, le han dado la vuelta: ahora que dejen de matar es condición para cumplir el plan. El nacionalismo hoy dice que ETA es el mayor obstáculo para alcanzar los fines nacionalistas.

Son unos cuantos cambios que contextualizan el cambio de gobierno y mayoría parlamentaria. Esto significa que ha habido resistencia social, poca, pero alguna. Cuando nadie celebraba la Constitución, cuando no era normal, hasta antes de ayer. Ha habido una reconquista lenta del lenguaje y queda muchísimo por hacer. Bastaría hacer un examen cuantitativo de los medios pero parece que ya no pasa nada si se habla de España. La normalización se puede poner en cuestión. Crea repelús hablar de la Constitución, pero porque se habla. Todo esto empieza a condicionar el debate. Y creo que hay que continuar con este cambio de cultura política sobre la base del nuevo gobierno, con lo que significa. No es lo mismo hablar desde la resistencia social que desde las instituciones. Tiene más peso y capacidad de entrar en la mente de los ciudadanos. Hay que aprovechar este cambio pero también convencernos de que, repita o no el gobierno actual, el cambio de cultura política será necesario, más aún en el momento de la desaparición de ETA.

Los nuevos retos pueden ser el fin de ETA. Eso no nos debe llevar a decir, por fin y pensar que el camino ha acabado. Sus consecuencias no desaparecerán, las sufriremos aunque ya no esté. Su desaparición real no es sólo que deje de matar, sino superar lo que ha introducido en la cultura política vasca.

La incorporación de Batasuna a la política democrática es otro reto. Esto habría que matizarlo, pero hoy se plantea cómo y en qué condiciones se hará. Y todo ello nos lleva, o debe llevarnos, a plantearnos que estos retos nos abren la perspectiva y la necesidad de continuar la batalla ideológica definitiva con el nacionalismo en su conjunto. Un debate claro, discutiendo todo, sobre la mesa, sin ocultar problemas ni usar tácticas. Ese mundo también va adaptando su narrativa y su argumentario. ETA y Batasuna son muy habilidosos, ocupan conceptos y palabras, significan lo que ellos quieren. Han tenido una capacidad tremenda de condicionar el debate. Ellos plantean problemas y preguntas y los demás debemos responder. El nacionalismo puede dar saltos mortales como si no pasara nada. Tenemos que ser capaces de descifrarlos y todo ello en función de una meta, de algo que tenemos que defender. Decimos que los marcos, sabiendo que detrás de todos ellos está la libertad. No está en juego la sacralización de un texto, sino la defensa de las condiciones necesarias para defender la libertad y la pluralidad, para poder ser distintos y gestionarlo.

El fin de ETA y la incorporación de Batasuna a la política nos ponen ante la debilidad de ETA, operativa, social y empieza a ser discursiva, son tres elementos inseparables. Su fuerza ha existido en su legitimación social. Ha costado muchísimo, pero está en una debilidad social; la sociedad vasca no ha estado siempre contra ETA, como decía Ibarretxe, ha llegado tarde a eso. Y han sido necesarios muchos pasos. El fin puede darse por inoperancia, ese fin difuso o imperfecto. Igual no hay un acto oficial, con cámaras. Puede quedar sin fuerzas y desaparecer sin más. O puede perder su brazo político, Batasuna puede romper realmente. Poniéndome a soñar, si el PNV llegara a decir no sólo que condena sus medios, sino también sus fines, ya lo dijo un día Ardanza, ETA desaparecería.

Batasuna tiene muchas dificultades para incorporarse a la política, pide sopitas, usa el sistema internacional pensando que ablandará los corazones. Todos recibimos visitas diciendo que hay que facilitarles la entrada. Antes Batasuna tenía que bajar del monte a ETA y el PNV a Batasuna y el PSE al PNV; el riesgo era que todos terminaran en el monte. Que bajen, el camino es muy fácil. Cuesta abajo no hay que empujar a nadie. Eso se ha remodelado en el concepto de facilitar a la izquierda abertzale, ayudarles ahora que tiene disposición. Eso indica que tienen dificultades.

Se está dando una reubicación del mundo nacionalista, es casi desvergonzado cómo se reparte la piel del oso antes de cazarlo. Quién se queda con la herencia de ETA-Batasuna, con sus votos. Aralar, EA, Batasuna, el PNV con sus dificultades. Se admiten apuestas sobre cómo quedaría después de ETA. Batasuna fagocitará a todo su entorno y PNV tendrá un problema muy serio, su propia división; esa es mi apuesta.

Hay una táctica hoy, una reubicación discursiva, una reducción de lo que quieren. Dejan en los huesos el entramado ideológico bajo el nombre de más democracia, preguntar a la gente, montar mecanismos para preguntar y realizar todo eso. En la reubicación discursiva entra también la palabra que utilizará Batasuna para desligarse de ETA: condena o repudio de la violencia. Ya hace años Egibar decía que se dedicaba horas y horas a analizar cómo lo habían hecho el IRA y el Sinn Féin, desdecirse sin desdecirse, qué manejos lingüísticos. Pero hay un problema muy serio, que se pudiera producir el repudio del próximo atentado de ETA si lo hay. Cuando se les pregunta a los responsables de Batasuna si ese repudio del atentado será la condena de ETA y su historia de terror, la respuesta es un claro, no. Sin desdecirse de la historia nos plantea problemas muy serios. ¿Los anteriores están bien asesinados?

Hay otros dos temas que me preocupan muchísimos. Una tesis que se ha establecido casi como dogma: condenada la violencia todos los proyectos son legítimos o de forma pacífica todo puede ser defendido. Suena muy bien, a democracia pura, perfecto. Pero nos olvidamos que hay proyectos que son estructuralmente violentos, como la esclavitud, por ejemplo. El machismo, la dictadura, son violencia ilegítima. La Constitución española es tremendamente liberal y permite que se puedan defender fines que no son constitucionales legalmente; pero eso no puede llevarnos a pensar que sean legítimos democráticamente. Si no vemos estos cambios de discurso no estaremos preparados para el fin de ETA.

Algo parecido pasa con el tema de las víctimas. En la última entrevista del lehendakari en Radio Euskadi, por su primer año, se le escapaba en vez de Plan de convivencia, Plan de paz. Tenemos dificultades con la ocupación de los discursos y las palabras. Ahora vienen algunos presos de ETA y hablan del reconocimiento de las víctimas y la reparación. Se está hablando siempre de las víctimas familiares, pero cuando hablamos de su significado tenemos que hablar de las primarias, los asesinados. Y existe el peligro de que cuando hablemos de víctimas no nos acordemos de ellos. Por deriva víctimas son los familiares. Todo el discurso político se está reconviniendo en torno a las víctimas familiares y eso en algún momento puede ocultar el valor y el significado político de los asesinados.

De ellos hay que extraer las consecuencias políticas. Por decirlo de forma brutal, cuando se dice que las víctimas son plurales políticamente, pues claro, progres, reaccionarios, liberales, conservadores, incluso los asesinados en vida pensaban distinto, pero hay una verdad objetiva de esas víctimas: es el objetivo de ETA y eso es independiente de aquello. La verdad de las víctimas está escrita a sangre y fuego en ellas: el proyecto político de ETA.

Por todas estas reubicaciones ha llegado el momento de un debate definitivo con el nacionalismo en su conjunto. La intención política de ETA. Cuando hablamos de deslegitimación política hablamos de esto. Pero también a esto se le quiere dar la vuelta. Ahora no se refiere a la intención política que instauran las víctimas, sino yo qué sé. Deslegitimación política significa cuestionar el proyecto político que fue la razón para matarlos. No podemos aceptar el discurso de que por medios políticos todo vale; cómo se justifica pacíficamente la muerte de 800 personas. ¿No ha pasado nada? Puede ser legal todo, pero no legítimo.

Con la memoria histórica pasa esto, yo defiendo que la memoria colectiva existe y que está en las instituciones. España no puede ser de cualquier forma. Después de la violencia de la Guerra Civil y de Franco, España tiene que ser no centralista, sino autonómica; social, democrática, lo otro puede ser legal pero no legítimo. Alemania no puede ser nacionalista como Hitler. Euskadi no puede defender los fines de ETA porque han quedado dañados políticamente con cada asesinato.

Hay una literatura importante que dice que fines y medios no son independientes, se van acomodando los unos a los otros. Ha llegado el momento de preguntarnos si podemos hacer esa reducción fenomenológica de decir que es cierto que el nacionalismo surgió antes de la violencia, antes de 1959, pero una vez que ETA empieza a matar también en nombre del nacionalismo –para Arzalluz, durante años, la razón de ETA era el marxismo y su espíritu revolucionario, no nos acordamos; no lo era por nacionalista y de repente su razón pasó a ser el conflicto, el nacionalismo-. Si en nombre del conflicto se ha matado, ¿este no queda afectado y no es necesario plantear si la violencia ha pasado por el nacionalismo sin romperlo ni mancharlo? Yo creo que es necesario tenerlo claro, porque ahí nos jugamos el futuro.

Otra reubicación, yo así la entiendo, viene del movimiento Gesto por la paz y del plan Ibarretxe. Por no hacer una crítica de la violencia que pudiera suponer una crítica al plan, se pide una condena prepolítica de la violencia. Todos estamos divididos en la política, pero en la ética podemos estar unidos. Esto ha calado muy profundamente. Pongámonos de acuerdo en aquello en lo que podemos, los derechos humanos. Puede ser, pero para condenar la violencia de ETA no tengo que recurrir a la ética, cosa muy seria, me basta con defender el estado de derecho, el monopolio legítimo de la violencia. Detrás de este cambio de discurso, subrayado hace poco por Izaskun Bilbao, está el reconocimiento de constituirnos como sujeto político; ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en algún texto fundacional, lo que nos hace sujetos políticos, recurramos al otro plano.

¿Pero cómo se constituye una comunidad política a base de ética? No es posible. En los derechos humanos deberían estar a favor todos, pero el bueno de Kant ya se dió cuenta de que el cosmopolitismo necesita una federación de repúblicas. Y hay algo más grave: inmunizar de toda crítica política al nacionalismo. Si la condena sólo se hace en el plano ético, el nacionalismo queda fuera, acorazado, no contaminado. Es el sentido que tiene en estos momentos. Ahora que ETA va a desaparecer, vamos a salvar el nacionalismo de su violencia. Podemos pasar a una situación en la que ETA haya desaparecido y se diga que ni ha existido en sus consecuencias, podemos plantear sus mismos fines como si nada. Desnudando su violencia de toda intencionalidad política rescatamos el nacionalismo.

El plan Ibarretxe, la normalización y pacificación, pasa de ser condición para poner fin a la violencia a ser posible sólo después del fin de la violencia. Es la misma dirección. Imagina hasta qué punto estamos contra ETA que exigimos que desaparezca para cumplir sus fines, la territorialidad y la autodeterminación. Ibarretxe sigue diciendo que su plan es necesario para la paz. Inmuniza el planteamiento del nacionalismo de cara al fin de ETA. Pero asesinar es negar al diferente y eso es un acto ético y político. Negar al que tiene otra visión de la sociedad, es no asumir el pluralismo y es falta de democracia.

Hay que condenar a ETA porque es totalitaria, pero no sólo ella. Un discurso que diga que votar PP y PSE es votar por los no de aquí es totalizar en parte, no hablar del conjunto con sus partes diferenciadas. Totalitarismo es constituir una parte de la sociedad como si fuera el todo. Y ocurre cuando se niega la diferencia. Es la hora de preguntar al nacionalismo vasco en su conjunto cómo se constituye el sujeto político vasco respetando en libertad las diferencias si no es a través de unos mecanismos formales de reglas de convivencia y no estableciendo mi sentimiento como el único válido para todos.

Este es el problema que tenemos, tanto en la violencia de ETA como en la estructura del nacionalismo. Hay que reclamar la reconversión a la democracia del nacionalismo. Exigirle que saque todas las consecuencias del pluralismo de la sociedad vasca. ¿Cuál es la razón de la rabia por la pérdida del poder del PNV? Se nota en muchos debates y va más allá por el hecho del pacto del PP y el PSE. Vuelvo a la metáfora del monte; en Batasuna siempre ha habido la idea de que con el PP no hay nada que hacer y con el PSE sí, el vasquismo, la superación del estatuto, etc. El pacto PSE-PP es descubrir que esa puerta no existe. Esa vía no existe. Y a ver si se va a cerrar para siempre. De ahí ese odio al PP. Esa esperanza no concretada de que el PSE pueda aislar al PP, produce rabia.

El PNV ha reaccionado con mucha fuerza ante el Plan de convivencia, primero por su nombre, no es de paz, y porque la convivencia democrática es posible si nos constituimos como sujeto político en unas normas formales de convivencia y no en contenidos identitarios. Es la referencia al estado de derecho y constitucional lo que repele al PNV. Es el reconocimiento del pluralismo lo que no acepta. Euskadi es sujeto político en el marco existente o no es, y ese plan no puede obviar la cuestión. No se pueden constituir ciudadanos fuera de la referencia a las normas del estado de derecho. Y la territorialidad queda ahí a segundo nivel, es un espacio abierto.

De esos puntos es donde hay que reflexionar. A Batasuna le aprieta en la exigencia que no podemos rebajar de condena de la historia de terror y no sólo del próximo asesinato, que es con lo que intentarán colarla. Y la batalla definitiva con el nacionalismo. ETA ha matado porque negaba el pluralismo de la sociedad vasca, lo que tenemos que defender es ese pluralismo y exigir al nacionalismo en su conjunto que lo defienda no sólo de boquilla. El Estatuto y la Constitución son instrumentos al servicio de esa libertad.