CONFERENCIAS TRANSCRITAS


PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “LOS CONCEPTOS DEL SOBERANISMO ”

21 enero 2010, Bilbao

 

Teo Uriarte (Fundación para la libertad)

Leyendo el trabajo de Manu Montero me he dado cuenta de los abismos a los que nos conducía el nacionalismo, abismos de naturaleza sentimental o romántica. Decían: “somos un pueblo” y además de 7.000 años. Es tal el abismo que provoca esa larga historia que nos deja un poco paralizados, pensando. Ha habido otros pueblos más antiguos, pero eso no sirve en un sistema político moderno para plantear reivindicaciones. Mi conclusión no es sólo que el discurso nacionalista romántico está muy armado, sino que desgraciadamente después de 40 años de dictadura el discurso político racionalista moderno español es muy débil. El discurso nacionalista periférico, no sólo vasco, ha tenido una gran influencia en este contexto. Hace muchos años, un amigo, Mario Onaindia, tenía la obsesión de crear foros de discusión para crear una política moderna, racionalista, liberal, que evitara caer en el surco ideológico que el nacionalismo vasco ha creado tan profundamente. Esta Fundación, además de tener que ir a Bélgica a pasar frío en la próxima semana, con estas actividades quiere crear ese ambiente de encuentro político. Hace dos día estuve en una reunión de asociaciones de víctimas y asociaciones cívicas, promovida por el Grupo Socialista en las JJ. GG. de Gipuzkoa, y me llevé una magnífica sorpresa viendo el tipo de discurso que se ha hecho ya presente en el debate de las cuestiones importantes, racionalista, en favor del Estado de Derecho y de la defensa de los derechos, en especial de las víctimas. Uno se ve gratificado de bastantes años de soledad defendiendo estas cuestiones. El libro de Manu nos ayuda a comprender lo que es el nacionalismo, quizá para ayudarnos a desarrollar el discurso democrático que España y la sociedad civil necesitan. Hay varias personas que van a tratar el tema. Primero, José Mari Salbidegoitia, editor, que dirige una asociación llamada Ciudadanía y Libertad, promotor de la idea. Dentro de unos días presentaremos otras ideas que han dado lugar a otros escritos.


José Maria Salbidegoitia (Ciudadanía y Libertad)


¿Cómo y porqué decidimos publicar este libro? El análisis que hacíamos junto con la Fundación para la libertad, cuando Manu Montero nos ofreció el libro para su edición, del momento en que nos encontrabamos era que se estaba dando fin a la etapa del soberanismo y que se abría una nueva etapa.


En esta situación estamos, en una especie de transición, entre el soberanismo y el, me atrevería a decir, con la absoluta certeza de equivocarme, de una apertura de una etapa constitucionalista. El libro venía a cerrar esa etapa, y estimamos que es importante cerrar bien las etapas, cerrar bien el soberanismo, analizarlo y abrir una nueva etapa de “cambio”. Esta razón de cerrar la etapa del soberanismo, es una primera razón importante para publicar este libro.


En esta línea, el proximo 10 de febrero volveremos a estar aquí con otros dos libros sobre el cambio. Una de nuestras ideas para dinamizar las asociaciones sociales constitucionalistas es el debate sobre el cambio, en qué consiste y con qué ritmos. Necesitamos un cambio no sólo de Gobierno, sino ideológico y civil.


La segunda razón, proviene mas de su lectura. Lectura que recomiendo. Ha habido algunos historiadores, que les gusta mucho la “metahistoria”, la reflexión sobre la historia y, no recuerdo si fue Edward H. Carr o Unamuno o quizá algún otro que decía, que la historia era como el “mar”, como un océano. Utilizaba una metáfora muy bonita. Decía que si contemplamos el mar vemos las olas agitarse, la espuma, las formas que tiene, etc., es algo muy bonito, muy estético, incluso se puede hacer surf sobre las olas, etc, pero sabemos que las olas son movimientos de agua circulares, dan vueltas sobre sí mismo.


Pero en el mar también hay corrientes submarinas, profundas, que mueven una cantidad de agua enorme y de un lado a otro de los océanos. No son muy visibles, y estéticamente no nos dicen mucho, están en otra escala, pero son las que nos dan las claves de como se mueve el agua en el mar.


En la historia pasa algo parecido. Hay historiadores e historias, que nos narran las olas, su agitación, movimiento, y son muy interesantes, pero suelen ser historias bastante circulares y de perspectiva corta.


Sin embargo, este libro que hoy presentamos nos sumerge en el fondo del mar del soberanismo, en el fondo del mar de nuestra sociedad, analiza con gran rigor la corriente del soberanismo en el Pais Vasco. Y eso no tiene precio.

Esa es para mí la gran aportación de este libro. Es de agradecer que Montero sea uno de esos historiadores capaces de desgranar con tanta lucidez los conceptos del soberanismo del nacionalismo vasco. Diría más, es un autentico lujo.


Es un libro que se lee fácil, va de menos a más, Acaba muy bien y deja un buen saber de boca porque nos descubre la profundidad de los conceptos, del pensamiento de una de las corrientes ideologicas que influyen en la convivencia entre los vascos.



Ander Landaburu (Periodista)

Nunca he sido candidato de EE ni catedrático de Historia así que mis dotes oratorias están limitadas, así que os leeré unos apuntes. Manu se merece el cielo. Para un ateo como yo es muy fácil dar estos premios, porque no comprometen. Pero se lo merece por perseguir con obstinación y paciencia cualquier atisbo de deriva soberanista. Tiene el enorme mérito de obligarnos a recordar que los nacionalistas están convencidos de que sólo han perdido una batalla y que nuestros triunfos parciales, para ellos flor de un día, no evitarán su regreso al poder que les pertenece por derecho casi divino. Comparten eso con la rancia derecha española. Cuando me pidió venir aquí me pilló a contrapié: cómo negárselo a un amigo con el que he compartido tantas aventuras o confidencias, disgustos y cruces de miradas cómplices y caras de pillo cuando alguno de nosotros se había escabullido de la agobiante vigilancia de los escoltas. Esa pillada in fraganti sólo ocurrió un par de veces, hemos sido muy ‘txintxos’ y responsables. Manu vuelve de su exilio en tierras andaluzas con escoltas; en esto poco ha cambiado nuestro país.

Me pilló a contrapié sobre todo por el título: ‘los conceptos del soberanismo, planteamientos doctrinales 1977-2009’. Reconozco que de sorpresa y de cansancio el título me devolvió a una época lejana que quería olvidar. Raca-raca del plan Ibarretxe, queremos ser, decidir, agotadores 10 años de reivindicación soberanista… Era superior a mis fuerzas. Pensaba haberme librado de esa cantinela pegajosa y cansina, que me hizo confesar que me habían ganado por agotamiento. Quedaban atrás las reivindicaciones de mi mujer, que me prohibía hablar de Ibarretxe en casa, porque decía que nada más nombrarlo me subía la tensión. Apareció la pesadilla. Esa noche no dormí como duermen los justos o los nuestros después del 1 de marzo pasado, pero uno es amigo de sus amigos y ve bien que el autor desde la lejanía siga acercando su lupa al tema que tantos quebraderos de cabeza nos ha dado. Y así me he puesto a leer las 120 páginas de este útil libro que analiza algunos aspectos de la reconstrucción conceptual del nacionalismo vasco y estudia el empleo de conceptos básicos, como el de pueblo vasco, nación, Euskal Herria, Euskadi, autodeterminación… y qué quiere decir el PNV cuando los utiliza. Manu considera importante la gran continuidad de los conceptos y de los términos desde finales del Franquismo, considerándolo como un lenguaje radical utilizado por el PNV. Mientras unos abandonaron el leninismo, el socialismo, la derecha el autoritarismo…, sólo el PNV mantiene el discurso, construido sobre la idea obsesiva de la identidad vasca y su construcción. En realidad esa idea no está definida; el nacionalismo nunca nos dice qué es la identidad vasca, pero sí que es diferente. Lo que nos diferencia. Hay un soberanismo identitario, cultural, ético, una idea desarrollada en el PNV que Manu analiza. Y responde el autor a una pregunta poco formulada hasta hoy: ¿por qué los nacionalistas actualmente no usan casi nunca el término nación? Lo sustituyen por pueblo, con identidad, dice este trabajo. Y se sostiene que es un concepto prepolítico y que el actual nacionalismo identitario es argumentalmente una recesión. Nación es una idea política y pueblo, básicamente intuitivo.

Manu afirma que esta ideología presenta una sorprendente continuidad, que se identifica con el acentuado inmovilismo doctrinal y a su vez con una evidente radicalidad sobre todo en la última década. Creo que no corresponde con el ideario y pragmatismo de la generación que padeció la guerra y el exilio junto a los republicanos, socialistas y de más fuerzas democráticas españolas. Un pequeño inciso de mi propia experiencia del exilio, que demuestra que estos conceptos nacionalistas nuevos han llevado a los jóvenes a creer que el pueblo vasco es una víctima de la historia y por tanto necesita tener siempre un enemigo. Mis padres eran nacionalistas, aita llegó a ser vicepresidente del gobierno vasco en el exilio, y siempre mantuvo excelentes relaciones con Indalecio Prieto, Quiroga, Tarradellas, y más tarde con Ramón Rubial. Al recordar sus vivencias madrileñas como diputado más tarde, el más joven con 27 años, jamás habló de enemigos ni habló despectivamente de Madrid o del resto de España. Todo lo contrario. Situaba esa época en el afecto y el cariño, el respeto. Todos los domingos tenía su momento de añoranza y ponía en el ‘pick up’ zarzuela, nos daba la brasa y queríamos escuchar jazz o Bruel. Ese respeto a Madrid jamás lo volvió a percibir en los dirigentes nacionalistas de las siguientes décadas, sólo quizá en Ajuriaguerra, que murió prematuramente.

Volviendo al libro, tras la aproximación del autor a la transición, dos grandes capítulos: los que abordan los conceptos básicos del sobreanismo vasco y del concepto de nación en el PNV. Pero él lo explicará mejor. Para terminar, me gustaría que todos lean este gran trabajo y aunque a algunos nos pille mayores, recomendarlo a los jóvenes demócratas para que les sirva de argumento y herramienta contra la intolerancia excluyente de ese nacionalismo soberanista. Gracias a todos.


Teo Uriarte

Bastantes críticas que plantea Manu las solíamos plantear en las tertulias. A lo largo de este trabajo se produce un análisis del discurso del PNV a través de sus conceptos, y hay algo que me ha resultado muy interesante: uno, que procede del nacionalismo y muy prepotente de joven, que se ha tenido que arrepentir luego de muchas cosas, reconoce el discurso porque ha compartido un aparte. La historia de EE es la de la asunción de planteamientos fundamentalmente románticos para ir, poco a poco, hacia otros más racionalistas, que le iban alejando del nacionalismo y la violencia. Manu dice que el discurso del nacionalismo es prepolítico. El problema es que eso en una sociedad moderna es apolíticio y si se ejerce en política no es asumible por el resto del sistema. Es anacrónico, no tiene encaje, es una religión, es emotivo y moviliza, pero no es válido. Euskadi va al terreno de lo cultural y no al político. Euskal Herria. Se alejan de los conceptos políticos para no acercarse a la convivencia. En democracia, es en política donde se resuelven los problemas. Y lo apolítico es anacrónico con la realidad europea democrática. Acaba estallando no en el seno de ETA, sino en la autonomía, que es el vehículo para la convivencia política en el aspecto territorial. Mi conclusión es que, siendo prepolítico, es apolítico en un sistema que quiere funcionar. Al ver el desarrollo del discurso, vemos que los conceptos acaban escapándose de las leves, diminutas ideas políticas que tuvo el fundador del nacionalismo y volviendo al carlismo, al término cultural.


Manuel Montero (Catedrático de Historia)

Es peor ser prepolítico que apolítico, pero luego volvemos. Ander y yo somos amigos en los tiempos del cólera y eso nos quedará para siempre… Gracias por presentarme, gracias a la Fundación por invitarme a venir. Creo que me da por escribir libros para poder venir a Bilbao y a Vitoria y San Sebastián. Se agradece que me inviten. Agustín para mí es un modelo de coherencia. Hacía muchos que no nos veíamos, a veces el tiempo se hace largo cuando uno pierde de vista a los amigos.

Vamos con el libro. Es fruto de un error personal, creo. Cuando acabé el trabajo en la Universidad me fui a México. Escribí un trabajo sobre Indalecio Prieto. Está escrito raro, cogí el deje mexicano, que es discursivo. Siempre habrá algún becario que tenga paciencia para leerlo. Y no sé por qué, sentía una gran curiosidad por los nacionalistas. Todos conocemos a algunos y en general son gente sensata. Pero no conseguía entender algunas cosas y quería hacerlo. Pensaba que sería un trabajo de tres semanas o como mucho tres meses y acabé haciendo algo largo, un error. Seis meses estudiando sus textos y eso no es tan fácil. Los discursos de Ibarretxe… Le echo de menos, de verdad. Era de una lucidez intelectual inmensa. Expresaba muy bien lo que quería decir. “Queremos normalizarnos y tenemos derecho los vascos a ser lo que queramos ser”. Eso me gusta mucho. Siempre quise ser sueco pero no sé si eso me lo permiten. Conceptualmente estoy de acuerdo. Me gustaría ser Landaburu, pero él es del Barça. Me dio por analizarlo y no es que el lenguaje sea complicado, sino que es muy sencillo, no primario, pero sí basado en creencias, en la fe. Y la fe es creer en lo que no se ve. En el País Vasco fe es no creer en lo que se ve. Es su grado máximo. Por eso hay tantos santos vascos. Hay gente normal y se quiere normalizar. Todas las ideologías tienen un grado de creencias, claro, pero en el nacionalismo llegan hasta la epidermis.

Es complicado analizarlo porque a veces uno no cree lo que ve. Por ejemplo: 1976-77, cuando empieza todo. A finales del franquismo, el PNV por fin escribe… un texto interesantísimo. Es difícil entenderlo incluso en castellano, en euskera no lo he intentado. Entonces decían Eusko Herria, cosas de la época. Dividen el País Vasco en vascos y los que viven aquí que no lo son, esos son residentes… La pena es que abandonase ese lenguaje, que era de una perfección absoluta. Una frase muy típica, el hilo conductor, del lenguaje del PNV: cuando el PNV condena el terrorismo no emplea esos términos, violencia política o lucha armada; nunca dicen “nosotros el PNV condenamos la violencia”, sino, sin excepción, siempre, “el pueblo vasco no está de acuerdo con la violencia, al pueblo vasco le parece mal la violencia”. Parece una tontería pero no lo es, porque introduce el imaginario. Decir “me parece fatal que maten” es otra cosa. Algo como lo de “a Dios le parece mal matar”. Es para escaquearse. Y son honestos porque hablan de pueblo y no de nación. Este libro, lo ha dicho Ander, responde a una pregunta absurda. ¿Por qué los nacionalistas no hablan nunca de nación? Como nadie se había hecho la pregunta… ¿Cuántas veces Ibarretxe ha empleado el término nación vasca? En todos los discursos aparecidos en prensa, dos veces. Una cuando riñe a HB y le dice que el PNV lleva luchando por la nación vasca… Se ponía como ejemplo. Y otra, una entrevista en El País, en la que dice que le gustaría muchísimo que los nacionalistas dijesen con naturalidad que Euskadi es una nación. Tiene su miga eso, porque él nunca lo ha dicho. No digo que no lo piense, digo que no lo dice. Aparte que le molestaría mucho que los socialistas lo dijesen. Esto no es Cataluña. En febrero de 2005, cuando va a las Cortes a defender su plan, entenderíamos que dijese que Euskadi es una nación y quiere ser estado libre asociado. Argumentación razonable o no, lo entenderíamos. Pero no empleó nación, dijo otra cosa.: “pueblo”. El plan Ibarretxe dice pueblo y parecen discursos del siglo XIX. Empieza hablando euskera y explica que esa es la lengua del pueblo milenario que lleva en toda su historia procurando el diálogo y la negociación y que este pueblo es pacífico y trabajador. Lo que no dice es que habla en nombre de una nación… La nación en el nacionalismo de los últimos 30 años es muy raro. Somos un pueblo con identidad; antes decían personalidad, cultura propia. Nación es algo político, en el concepto romántico tiene connotaciones políticas, y pueblo es prepolítico, intuitivo. Todo el mundo piensa que vive en un pueblo, no hay que demostrarlo. El discurso es más sencillo con ese concepto. Es como se ha construido en estos 30 años.

En 1976 y 77 era radicalmente soberanista. La idea entonces era que el acceso a la función pública vasca fuera sólo para los que hablaran euskera. Luego han pasado al bilingüismo como fase transitoria, pero no define qué pasará después. La fase final es el monolingüismo en euskera. La estructura conceptual de 2009 me impresiona mucho. El del Aberri Eguna de 2009 vuelve a emplear el término nación pero como sinónimo de pueblo. Viene a decir ‘nosotros, Euskal Herria, de 7.000 años, somos la reunión de las generaciones pasadas, actuales y venideras, de los muertos y de las muertas y de las personas vivas’… Es el pueblo. Ya habían perdido el poder pero aún así hablan de nación en plan identitario, no político. Nos atan a las generaciones futuras. Estamos en función del pasado y del futuro, los que estamos vivos. Desde Sabino Arana ha habido una regresión intelectual. Tenía un lenguaje más avanzado. Que se intente hacer una construcción basada en conceptos étnicos… Lo que pasa es que el nacionalismo vasco entiende que el concepto de pueblo como identidad está abierto no a las ideologías, sino a que cualquier persona que viva aquí puede ser vasco, con mayúsculas, si asume los conceptos de identidad de este pueblo. Ibarretxe lo explica en una entrevista. No somos un pueblo cerrado, estamos abiertos a cualquiera. Si asume nuestros conceptos de identidad. Si muestra deseos irrefrenables de aprender euskera y de que lo aprendan los demás.

La identidad no está definida y le he dado muchas vueltas. Estos conceptos de toda la vida resulta que se basan en elipsis. El nacionalismo sabe a dónde nos quiere llevar, esto es un bache, ya lo dijo Ibarretxe: en este pueblo de 7.000 años no pasa nada por cuatro años. Nunca dice qué quiere hacer con los residentes. Los ‘vascos no vascos’, los ciudadanos no nacionalistas, qué pasa con ellos. Debería saber qué quiere hacer con esa pobre gente. En Argelia, con la independencia, sí lo sabían. Y es una cuestión crucial, como los alemanes en Mallorca. Es extraño. Hay un concepto extrañísimo: la idea de que el pueblo vasco tiene un concepto propio de justicia y de democracia. Con eso están diciendo que existe el bien y el mal diferente al concepto universal. Es diferente y tiene que ser diferente al de los españoles. A mí eso me impresiona. Una justicia propia, una moral propia. Me parece aberrante. Incluso un concepto de democracia propio, diferente a la occidental, a lo que más o menos está admitido. Y sin embargo su concepto de soberanía incluye eso. Hay una frase del 95 o 96: “esto del País Vasco fue un pacto según el cual asumíamos los presupuestos democráticos (como los entendemos normalmente) a cambio de autogobierno”.

¿Tiene algún interés escribir este libro? A estas alturas yo pienso que no. No porque hayamos cambiado de periodo, no lo empecé cuando terminaron esos 30 años, cuando acabó la década ominosa de Ibarretxe, la soberanista. Lo tenía ya. Pero no es un periodo que haya pasado, está dentro de nosotros porque son conceptos muy primarios. Ahí está su capacidad de alcance. El nacionalismo utiliza palabras que cumplen toda la función de un programa político, autodeterminación, parece que todo el mundo entiende; normalización, soberanía… ¿Pero qué quiere decir? Lo normal es ser normal, menos en el País Vasco. Aquí normalización es ser raro. Con la mesa de partidos pensaba que se arreglaba todo. Pues no. Siempre quedará pendiente el tema de la normalización –dijo– después de la violencia. ¿Qué quería decir? De momento nos hemos salvado. Pero dentro de unos años intentarán normalizarnos.

Voy al punto de partida: es prepolítico o apolítico. No es apolítico, es nihilista, que es peor. Este tipo de lenguajes para el siglo XIX no tenía pase, en el XX no, y en el XXI… Es el descenso intelectual. Sabino Arana era un iluminado y hasta tenía la luz de Dios al lado de esta gente. Nadie pensaba en serio que se iba a llegar a lo de la discriminación en la función pública o la educación, la normalización en el lenguaje. Por eso se convirtieron en nihilistas. Si retorna todo esto, al menos que nos podamos reír.