CONFERENCIAS TRANSCRITAS


PRESENTACIÓN DEL LIBRO: "LA POLÍTICA LINGÜÍSTICA VASCA A DEBATE"

20 Enero de 2009, Vitoria

 

José Mª Salbidegoitia


Gracias a todas las personas que habéis venido a la presentación de este libro editado por la Asociación Ciudadanía y Libertad titulado “La política lingüística vasca a debate”.


Es el décimo libro que editamos en ocho años de existencia. Decir que estos actos se organizan con mucho tiempo de antelación, y aunque el día 1 de enero Ibarretxe anunció las elecciones para el 1 de marzo, y a nosotros no nos gusta actuar en época tan próxima a elecciones, no hemos suspendido este acto. No nos gusta porque lo que hacemos son actos de reflexión y debate político, y los períodos electorales no son precisamente el momento de la reflexión serena, sino el momento de los nervios, de la división, de no llegar a acuerdos, de echarse los trastos unos a otros o de definir las distintas ofertas electorales diferenciadas.


Cuando nos constituimos como asociación en el año 2001, la Asociación Ciudadanía y Libertad, solíamos hablar entre nosotros de que no queríamos ser una asociación reactiva, pues ya había otras asociaciones que nosotros llamábamos “de reacción”. Eran momentos en que acababa de constituirse el Pacto de Estella y había bastantes concejales del PSE y del PP que estaban siendo asesinados, era un momento difícil, pero nosotros no nacimos para reaccionar frente a aquella situación dado que para ello ya habían surgido otras asociaciones, sino que hacíamos un planteamiento que llamábamos “proactivo”.


Nosotros lo que queríamos era construir pensamiento, discurso alternativo y, en definitiva, ir construyendo lo que llamábamos entre nosotros la alternativa constitucionalista. Por eso sacamos un primer libro que decíamos que eran los cimientos estructurales de ese pensamiento constitucionalista titulado “Vocabulario democrático del lenguaje político vasco” y luego progresivamente hemos ido poniendo los pilares de todo este discurso alternativo de cambio, el discurso del constitucionalismo vasco.


Pensamos que hoy ya solo nos falta el tejado, que es la labor que vamos a hacer durante el año 2009, que sería resumir de forma articulada el discurso del cambio. Cuando hablamos de cambio no hablamos de cambio de gobierno, que también, sino fundamentalmente de cambio en la cultura política en el País vasco.


En ese marco y en esa trayectoria editamos este libro sobre la política lingüística vasca. La idea de este libro surgió hace unos tres años y nos la manifestó una persona colaboradora de la Asociación que murió hace unos pocos meses al cual le rendimos un pequeño recuerdo, se trata de Alberto Gárate. Un personaje muy conocido y comprometido con la cultura desde una perspectiva liberal, y que era miembro de Eusko Ikaskuntza, de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, de la Asociación Landazuri, colaborador de nuestra asociación, etc. Él nos hizo una propuesta al final de una de las sesiones que celebramos aquí. Dijo que realmente la Asociación Ciudadanía y Libertad al no ser una asociación vinculada a ningún partido político, tenía la virtud de poder tratar temas que son tabús en la sociedad vasca y que los partidos políticos no podían, o tenían muchas dificultades, para reflexionar con un mínimo de libertad. Concretamente, nos planteó dos temas a tratar, uno era el Concierto Económico y el otro la Política lingüística.


Recogimos aquella sugerencia tan interesante de Alberto Garate e hicimos unas jornadas sobre el Concierto Económico y luego publicamos el libro titulado “El Concierto económico vasco a debate”. Luego nos hemos planteado hacer el siguiente tema sobre la política lingüística, porque muchas veces se ha dicho que era un tema tabú, que había que dejar fuera del debate político. Es curioso que son precisamente estas dos cuestiones, Concierto Económico y Política lingüística, las que el nacionalismo siempre ha dicho que deben dejarse fuera del debate político, que había que blindarlos.


Nosotros, como Asociación no tenemos que dejar nada fuera del debate político, ni de la reflexión política, porque nosotros nos representamos a nosotros mismos, hacemos lo que consideramos lo más oportuno en cada momento y nos dedicamos a plantear y diseñar libros como este.


La idea que teníamos de este libro era cumplir un objetivo doble, por un lado, traer al espacio político plural, a la arena pública, el tema de la política lingüística, que por diversas razones, las cuales se analizan en el libro por varios autores, había sido secuestrada, que en mi opinión es parte de la tendencia de apropiación por parte de distintas ideologías. Por ejemplo aquello que oíamos hace años de euskaldun-fededun, es decir la lengua ligada a ser creyente, a la religión católica, en contraposición al liberalismo, o posteriormente aquello de euskaldun-abertzale, la lengua ligada al patriota o al nacionalismo en exclusiva. Son intentos de exclusión social y política en base a la lengua que se han dado en muchas sociedades a lo largo del siglo XIX y XX.


En definitiva, no se podía hablar sobre la política lingüística, y si se mantenía algún aspecto crítico, uno era automáticamente tildado, o sospechoso, de ser enemigo del euskera.


El segundo objetivo que queríamos cumplir con este libro era, que como en estos momentos estamos en una situación caracterizada por el soberanismo, que está decayendo y que afortunadamente el uno de marzo, yo al menos tengo la gran ilusión de que empiece a ir bastante más rápidamente cuesta abajo de lo que está y, se acabe de una vez la política del soberanismo y se pueda empezar a crear consensos en esta sociedad. Consensos amplios de convivencia y se abandone la línea del 51% tratando de excluir al 49%, ya que no hay ninguna sociedad en el mundo que pueda pervivir mucho tiempo con ese planteamiento.


Nosotros pensábamos que para esta etapa era necesario crear una especie de guía o de manual resumido para que los constitucionalistas vascos pudiesen negociar y consensuar con la política lingüística nacionalista una política lingüística común para todos los vascos. Esta es la idea de fondo de este libro. Este libro es un intento para que los políticos y los que están en cargos de responsabilidad y de representación, tanto institucional como no institucional, puedan tener un elemento de guía para el debate tanto en los medios de comunicación, como en el parlamento, ayuntamientos, sindicatos, etc.


Este libro aunque está compuesto por 12 artículos, se puede estructurar en cuatro apartados distintos. Tres artículos son de orden teórico donde se establecen los marcos, los paradigmas, porque la política lingüística se resume a lo que vivimos todos los días, dado que no es ajena al resto de la política en el País vasco. Es decir, un paradigma lo que hace es centrarse sobre la Lengua o el Pueblo Vasco, parte de ese supuesto, no discute sobre política lingüística, sino que discute sobre el Euskera o sobre el Pueblo Vasco. Mientras que el otro paradigma parte concretamente del ciudadano, de su libertad y de su autonomía.


En definitiva, son dos puntos de partida totalmente distintos pero habrá que llegar a un consenso. Fundamentalmente los planteamientos constitucionalistas parten del ciudadano, de la persona, del individuo, como sujeto de esa libertad y esa autonomía. Mientras que el paradigma comunitarista parte de la Lengua, y entonces la Lengua es la que necesita un montón de hablantes y cada vez hay que extender la lengua, dice cómo tenemos que hablar, nos guste o no, porque la Lengua está por encima de la libertad y de la autonomía de las personas. La Lengua, como el Pueblo, es la que da derechos, la que impone deberes, aprenderla o no aprenderla, a amarla, nos impone hasta los sentimientos, no solo que tenemos que hablarla sino que tenemos que amarla y en qué grado tenemos que amarla o en qué grado tenemos que odiar otra lengua. Es el paradigma del radicalismo comunitarista, que en el fondo son los nacionalismos.


Hay que salvar al Pueblo vasco, hay que salvar al Euskera, pero los salvadores de todo tipo de ideologías políticas, religiosas, sociales, etc, siempre necesitan de enemigos que las pongan en peligro, porque si no los hubiera no habría que salvar nada. Si no hay enemigos, no hay nada que salvar. Por ello aparecen los enemigos del Euskera, del Pueblo Vasco, etc, todo esto que ya conocemos es el paradigma comunitarista, que no es exclusivo de aquí. Lo único es que en el País Vasco está más acentuado, más radicalizado, los nacionalistas son el ala mas radical del pensamiento comunitarista.


En cambio, el otro paradigma, el que se desarrolla en este libro, está centrado totalmente en el ciudadano. En el centro de la política está el individuo, en el centro de la convivencia está la persona dotada de autonomía y de libertad, que es la guía de todo tipo de política, y las políticas lingüísticas no son ajenas a ella.


No es un libro sobre el euskera, es un libro sobre política lingüística, centrado sobre la perspectiva de los hablantes, de los ciudadanos, porque son los hablantes los que deciden lo que quieren hacer, lo que necesitan para comunicarse, lo que les es más provechoso hablar, lo que les da más oportunidades para realizarse como personas.


Respecto del contenido del libro he empezado a hablar antes de que había tres artículos que establecen el marco teórico, que son el de José Mª Ruiz Soroa, el de Joseba Arregi y el de Mikel Azurmendi. Luego hay otros tres artículos que tratan temas más concretos, como son el de Gonzalo Larruzea, que trata de la lengua en la educación, el de Pablo Gay-Pobes sobre el derecho a la educación y a la libertad de enseñanza. Luego hay otros artículos, concretamente el de Alberto López Basaguren y el mío, que tratan de como tiene que ser el consenso futuro de la política lingüística para tratar de dar unas claves y unas pistas a los futuros negociadores.

Y los últimos tres artículos donde se recogen las propuestas y posiciones de los partidos políticos, y son “Euskera en libertad” de Patxi López, el de Antonio Basagoiti “Bilingüismo integrador y en libertad” y el de Gorka Maneiro “Política lingüística, consideraciones y propuesta”.


Entrando en materia creo que el problema de fondo, en mi opinión, es la existencia de un fuerte nacionalismo lingüístico que establece una trilogía: que existe un Pueblo, que tiene que tener un Estado y que tiene que tener una Lengua propia. Esos tres elementos van unidos totalmente y en el mismo preámbulo de la Ley de Normalización del euskera del año 1982 ya se habla de una cosa tan sorprendente como que “el euskera tiene que ser un elemento de integración plena”. Lo que da a entender el preámbulo es que los que no saben euskera no tienen la integración plena de vascos, les falta un poco y tienen que aprender euskera para ser plenamente vascos. Es el pedigree de la integración plena, como ciudadano nacional vasco, lo que supone creer que en el fondo la lengua, en este caso el euskera, es un instrumento para hacer nacionalistas. No creo que ninguna lengua sirva para hacer nacionalistas.


Hay una idea en los nacionalismos lingüísticos que es pensar que la lengua es la que forja un modo distinto de pensar, de sentir, que nos modela el pensamiento y nos crea una cosmovisión propia del mundo, distinta y, en definitiva, que el euskera es esencial para nuestra identidad.


El viceconsejero Patxi Baztarrika dice que el euskera es un instrumento de comunicación, pero también de identidad. Yo creo que esa idea hay que abandonarla, en razón de lo que está ocurriendo, pues si el euskera es un elemento para la identidad, lo que ha hecho la gente es aprender euskera, de ese modo adquiere la identidad plena y luego no lo usa. Los que dirigen la política lingüística en el Gobierno vasco están preocupados por esto, porque resulta que la gente ya tiene la identidad, ya lo conoce, pero no lo usa. Al final se ve que todo este tipo de planteamientos ideológicos tan decimonónicos y románticos no nos llevan a ninguna parte, y por ello planteo que un elemento importante es desligar el tema de la identidad con la lengua. La lengua es básicamente un elemento de comunicación y punto.

Otro elemento que habría que superar en la política lingüística, además de la unión entre lengua y la identidad, es la identificación de lengua e ideología, como objetivo de apropiación partidaria de una lengua. Un amigo lingüista y traductor de euskera siempre me solía decir que el gran problema que tenemos en Euskadi es que los nacionalistas se han apropiado de la lengua. Ligar la lengua y la ideología, supone que como las ideologías van y vienen, nacen, se transforman y desaparecen, a ver si ligando la lengua a una ideología, la lengua va a desaparecer con esa ideología. Es posible, no es descartable que eso pueda ocurrir.


Algo de eso ha ocurrido en la ligazón que he comentado antes de euskaldun-fededun, es decir, que si nos hacemos más laicos la lengua se va con la fé religiosa.

Lo que se trata es de reducir la lengua a un símbolo de identidad de la patria y en la medida que se vaya consiguiendo ese objetivo de unión entre lengua e ideología, la desafección será mayor, porque limita las identidades que siempre son plurales en todas las personas y remarca este carácter simbólico de la lengua mientras que reduce el carácter de instrumento de comunicación que tiene toda lengua.


Otro elemento de análisis de lo que ha sido la política lingüística en el País vasco es la unilateralidad. Si en un principio hubo un consenso, luego a partir de decretos se rompió el consenso inicial. Ya aparecía en la propia sesión del parlamento vasco en que se aprobó la ley, como uno de problemas a futuro y para ello hubo una enmienda del PSE que no sirvió para nada, pero hubo buena intención para que esto no ocurriese. Se ha introducido de forma unilateral conceptos como la “lengua de trabajo”, “la lengua de servicio”, la elaboración de los perfiles, los distintos planes, etc. Todo se ha hecho vía decreto. De forma unilateral, sin consenso, sin negociación, rompiendo el consenso inicial.


Toda la política lingüística está plagada con otro elemento que me gustaría resaltar, el voluntarismo. Es decir, la falta de evaluaciones, la falta de rectificaciones serias, dado que vamos en el IV Plan de la administración vasca y todavía nadie conoce las evaluaciones de esos planes, y todo se traduce en continuar en ese mismo tipo de política lingüística.


Otro elemento típico de la política lingüística vasca ha sido el blindaje. El blindaje, que está muy de moda, se utiliza para no contrastar, para no poder discutir ni debatir sobre ella, y decir que esto o lo otro está fuera del debate político, sirve para no tener que justificar o explicar lo que se está haciendo.


Otro elemento que hay que corregir en la política lingüística es la exageración de la demanda para incentivar la oferta. Es decir, hay unas prisas por extender el uso del euskera, el euskera necesita hablantes, y la administración vasca utiliza porcentajes de distinto tipo, los del uso y los del conocimiento de la lengua en una comarca, y los mezcla. Por ejemplo, para provisión de puestos de trabajo, para el uso, porque va a haber gente que se pueda dirigir en euskera, se utilizan las estadísticas del conocimiento en una zona geográfica, que son mucho mayores. Pero entre las estadísticas del uso de la lengua y las del conocimiento de la lengua, hay una diferencia abismal. Se está falseando la realidad lingüística.


Incluso dentro de las estadísticas de conocimiento se utiliza la del Censo de viviendas que he calculado que son un 4% mayor que las de la Encuesta sociolingüística. La verdad es que no sé para que se hacen, pues estamos en la IV Encuesta sociolingüística, si luego esos datos no se utilizan para luego llevar a cabo políticas lingüísticas. Hay que empezar a corregir esa exageración, que se utiliza de modo acumulativo. Es decir, es decir se suman pequeñas desviaciones del 4 o 5% de los datos que dan un resultado exagerado del que todo el mundo dice que no es normal, o que no se ajusta a la realidad. Por la idea de que como lo importante es que el euskera necesita hablantes se exagera la demanda hasta poder llegar al 100%, que sería lo que los responsables de la política lingüística llaman “el bilingüismo efectivo”.


Se ha dicho muchas veces que el problema era de ritmos, que la diferencia estaba en los ritmos, unos que había que ir más deprisa, otros más despacio, había una idea como que los objetivos de las políticas lingüísticas en Euskadi eran comunes. Parecía que se estaba de acuerdo en todo menos en el ritmo. No creo que ha sido así. La percepción estaba cambiando enormemente y lo que hay que cambiar son los propios objetivos.


Cambiar la idea y la práctica de una lengua obsesionada por buscar hablantes-conocedores, y en cambio, orientar la política lingüística hacia el fortalecimiento de la comunidad lingüística que ya usa esa lengua existente, que hay que protegerla y que facilitar el uso real de esa comunidad. Porque ha habido una especie de fracaso o engaño de que la escuela iba a hacer bilingües. Los que nos dedicamos a la enseñanza sabemos que aprendemos en tres grandes ámbitos: la escuela, la familia y la calle (TV, etc). Muchas veces los conocimientos son distintos en cada ámbito, no tienen por qué usarse los conocimientos de un ámbito en otro. Y los datos de los últimos años nos dicen que para hacer personas bilingües la escuela no es suficiente, que las estadísticas prácticamente siguen en el mismo número de personas que había de bilingües que hace unos 15 años. Sigue siendo la misma comunidad que era vascohablante, que lo hacía en los ámbitos fundamentalmente familiares y de la calle, la que sigue manteniendo el uso y así se ven reflejadas en las estadísticas como vascoparlantes de uso, no como conocedores del euskera, como dice Andoni Unzalu esa nueva especie sociolingüística que son “los conocedores del euskera”. En este sentido, habría que repensar todo el tema de la escuela.


El consenso no se debe limitar a las fuerzas políticas, debe ser asumido por la sociedad vasca, que haya una mayor participación. En los organismos de participación, Consejo Asesor del euskera, etc, que están en la ley, prácticamente todos sus miembros son sociolingüístas, euskalzales, pero a los que va destinado todo ese tipo de políticas no se les da ningún tipo de participación y son la mayoría de la población. Esta es una de las contradicciones que habrá que superar.


Hay que tener en cuenta la diversidad zonal geográfica, no se puede mantener lo que se ha hecho hasta ahora, aunque en algunos aspectos se tiene en cuenta en parte.


Hay que superar la etapa soberanista y deshacerse de algunos mitos. Primero, como que la lengua es la esencia del pueblo. Esa idea de que sin euskera no hay pueblo vasco no tiene mucho sentido. Puede haber pueblo vasco sin euskera. De hecho los ciudadanos vascos desconocedores del euskera son plenamente pueblo vasco junto a los vascoparlantes. También es necesario reflexionar sobre la idea de que el euskera es algo más que una lengua de comunicación, un símbolo de nuestra identidad, porque, como he dicho, si ya tenemos el símbolo de nuestra identidad para qué lo vamos a utilizar como comunicación.


Tenemos que asumir algo que va unido con esa obsesión de una lengua en busca de hablantes y centrarse más en el colectivo vascohablante, que en definitiva es el después de toda esa política lingüística de los últimos años se ha mantenido intacto. Hay que admitir que el bilingüismo siempre es asimétrico y que todas las lenguas tienen sus límites sociales y sus potencialidades, y que lo que hay que hacer es reflexionar sobre esos límites y esas potencialidades en sus distintos ámbitos y contextos de comunicación.


Como se puede ver los puntos de partida de las políticas lingüísticas son bien distintos, hay que hacer una reflexión importante y profunda porque inevitablemente hay que llevar a cabo un nuevo consenso. Para ese nuevo consenso hay que aprender de los errores anteriores, redirigir no solamente las formas, los tiempos y los ritmos, sino también los objetivos de la política lingüística vasca. Muchas gracias.



Pablo Gay-Pobes (Plataforma por la libertad de elección lingüística)


En primer lugar, agradecer la posibilidad de este espacio de libertad para poder expresar algunos de los postulados en este breve tiempo que tenemos en la exposición y para tratar de acercar la posición que venimos defendiendo desde la Plataforma por la libertad de elección lingüística que es lo que se deja traslucir en el artículo que ha tenido a bien publicar Ciudadanía y Libertad.


Cuando me ofrecieron la posibilidad de participar en la presentación de este libro titulado “La política lingüística vasca a debate” yo enseguida pensé que irremediablemente iba a tener que hablar de un amigo mío que se llama Ramón. Este Ramón es un “bienqueda”, pertenece a ese grupo de personas que tienen la cardinal virtud de decir a cada uno lo que quiere escuchar. Y en cuanto en un tema el debate va por otros derroteros, enseguida para el asunto y te dice: “Mira Pablo, en el mundo hay dos tipos de personas, los que piensan como tú, y los que no. Y tú estás en el primer grupo”. Con eso queda zanjado el debate y nunca sabes lo que opina. En este sentido es un fenómeno.


Con la apertura del debate sobre las políticas lingüísticas llevadas a cabo por el Gobierno vasco y más concretamente, por su Departamento de Educación, y una vez rebasados los límites racionales para el silencio, a los que se refiere Andoni Unzalu en el preámbulo, me planteo si ciertamente mi amigo Ramón no tenga razón al concluir que en el mundo hay dos tipos de personas: los que creen justificada y justa la reforma en materia de política lingüística que pretende el Gobierno vasco y los que no. Los que creen que en el desarrollo de su responsabilidad política en materia de educación, el Gobierno vasco busca la prevalencia del interés superior de los alumnos, su formación integral, la adquisición de conocimientos históricos, científicos, artísticos, culturales y, también, lingüísticos; y los que piensan que no, que detrás de esta política lo que realmente subyace es un proyecto de construcción nacional apoyado sobre el pilar de una lengua, cuya existencia y uso se justifica únicamente en que ha de convertirse en un elemento identitario, desintegrador y excluyente.


Ni que decir tiene que en este debate mi amigo Ramón me ha colocado entre los segundos, pero lo que más me ha sorprendido es que él se ha posicionado a mi lado. La mayoría de los que, como el Departamento de Educación del Gobierno vasco, vienen defendiendo la necesidad de impedir a los padres intervenir de manera activa y principal en la educación de sus hijos, que es lo que realmente implica la eliminación del vigente sistema de modelos basado en la libertad de elección, vienen trabajando en esta línea desde hace muchos años.


Un ejemplo significativo de ello es el Plan de promoción de uso del euskera que ya desde el año 96 venía pergeñando y preconizaba lo que ahora está sucediendo. Y lo vienen haciendo utilizando todos los resortes del poder. No es una lucha justa y equilibrada. El Gobierno vasco utiliza todos los resortes propios del poder: el primero de ellos, y nada desdeñable, el dinero público, permitiendo el sistema de concertación de los centros educativos con líneas de financiación subvencionadas para aquellos centros que orienten su oferta educativa hacia los objetivos diseñados desde Lakua, prescindiendo del criterio legal que obliga a atender a la verdadera voluntad de los padres o tutores.


Me remito, en este punto, a las declaraciones de los dos directores de centros que sobre este asunto se han atrevido a hablar, uno en Vitoria y otro en Bilbao. Los dos han manifestado que no tienen capacidad para diseñar la oferta educativa de su centro, ya que se la impone el que le financia. Ese es realmente el marco en el que se mueven los centros educativos a la hora de presentar a los ciudadanos la oferta educativa.


Y un segundo ejemplo en este asunto, es que el Acta notarial presentada en su día por nuestra Plataforma que acreditaba la existencia de demanda en el modelo A para un determinado centro de Vitoria, en el que se había impartido hasta ese año educación en modelo A y, que, sin embargo, eliminaron ese mismo año, según ellos, “por imperativo de la Consejería de Educación”.


Cuando hablo de que utilizan todos los resortes del poder, y en ellos de manera nada desdeñable el dinero, me refiero también a la inyección de ingentes cantidades de dinero público en acciones de dudosa rentabilidad. Solo en acciones directas de apoyo al euskera sobrepasan al año los 200 millones de euros y ello, entre otras cosas, para mantener vivo el virus “ukan” que será el que nos infectará el euskera a todos. Por no dejar de recordar las misivas remitidas desde bastantes ayuntamientos del País vasco dirigidas a los padres para que escolaricemos a nuestros hijos en euskera, e incluso para recomendarnos que contratemos cuidadoras euskaldunes.


El trabajo lo vienen haciendo desde hace tiempo y lo vienen defendiendo con una ambigüedad calculada. El Gobierno vasco reconoce el exceso de lo que está cometiendo y por ello hablan de “flexibilidad en su aplicación”. Sin embargo, imponen de manera taxativa a los que ellos denominan monolingües-erdaldunes, epíteto que degrada su verdadera condición de ciudadanos vascos con idénticos derechos al del resto, nos piden nuestra adhesión y lealtad a un proyecto de euskaldunización. Término este con el que lo ha calificado el propio Consejero y también el responsable de la patronal de Colegios religiosos concertados. Ya que, a su juicio y estas son palabras del Viceconsejero de Política Lingüística, “debemos entender que la persona que opta por vivir en euskera necesita oxígeno para poder hacerlo”.


El Gobierno vasco sostiene esta política haciendo, además, gala de una retórica absolutamente demagógica que les permite, por ejemplo, hacer un diagnóstico de la situación trampeando instrumentos utilizados para ello, como ha tenido ocasión de denunciar en este libro el propio Aurelio Arteta. O atribuirse competencias que no están transferidas como por ejemplo, la de experimentación en materia educativa, o reconocer el papel fundamental que los padres han de representar en el ámbito educativo y al mismo tiempo, nos lo niegan.


Todo ello para, finalmente, convertir un derecho, el derecho a usar el euskera, que nadie niega hoy en día, en una obligación ineludible para el ciudadano ante la que nada puede éste objetar.


Además, el Gobierno vasco en materia lingüística está materializando su política lingüística de facto, con apoyo en una serie de normas de carácter reglamentario. Hoy mismo hemos tenido la promulgación de un nuevo decreto en el que se impone como lengua vehicular de la enseñanza el euskera de una manera obligatoria en la Educación Infantil. Sabiendo que contradicen normas de rango superior a aquél, sin ser capaces de debatir y de promulgar una ley, allí donde debe realizarse, que es el Parlamento vasco. Ley que, por cierto, ya anunciamos que de ser similar al decreto sería recurrida ante el Tribunal constitucional con el riesgo conocido que conllevaría, que el Gobierno vasco no tuviese una resolución favorable a sus intereses. Riesgo que no ha querido asumir.


En el artículo, que la Asociación Ciudadanía y Libertad ha tenido a bien publicarme en este libro, se hace referencia a todo esto. Se trata de perfilar el verdadero contenido del derecho a la educación y a la libertad de enseñanza.


El primero, entendido en el sentido que lo hace el profesor Ruiz Soroa, es decir, un derecho orientado a los sujetos titulares de ese derecho, que son los alumnos y nunca el Estado.


Y el segundo, es decir la libertad de enseñanza, como fundamento de una ineludible pluralidad en la oferta educativa que todo gobierno tiene obligación de financiar porque todos somos hacienda.


A partir de ahí, se hace una somera referencia, a nivel de reconocimiento legal que tienen estos dos derechos, el derecho a la educación y a la libertad de enseñanza, dentro del marco internacional y dentro del marco interno, así como el papel de la lengua como presupuesto esencial en educación. Para finalizar apuntando posible vías de solución en materia educativa.


Aunque el euskera sea un elemento importante del patrimonio de todos los vascos y que sea por ello merecedor de un singular estatus de protección que, entre otras cosas, impida su desaparición y que los gobiernos deben desarrollar un papel esencial en su defensa y promoción dado de su carácter también de lengua cooficial ello no implica, como ahora se pretende, que todo el sistema educativo vasco pueda orientarse única y exclusivamente a la obtención de un determinado perfil lingüístico cuando el alumno finaliza el periodo de educación obligatoria, ni que pueda condicionarse el resto de materias del curriculum hacia ese objetivo, que es precisamente lo que propugna y lo que excreta el decreto 175/2007 de 16 de octubre, del Curriculum vasco.


Decimos esto porque entendemos que de la misma manera no se podría defender una política educativa que orientase todos los recursos del sistema a que los alumnos al finalizar la etapa de escolarización obligatoria fueran capaces de reproducir con el dominio de un artista de época los Toros de Guisando, la Dama de Elche o las pinturas rupestres de Altamira, por mucho que sean patrimonio de la humanidad.


Y finalmente quería terminar esta breve disertación proponiendo un frontispicio para el despacho del próximo Consejero o Consejera de Educación y rezaría algo así, es un epitafio de Pitágoras que viene muy bien caso: “Educad ahora a los niños y en el futuro no habrá que castigar a los hombres”. Muchas gracias.


Andoni Unzalu (Presidente de la Fundación Aurten bai)


Voy a plantear esta cuestión desde una mirada diferente, porque la verdad es que este debate permanente sobre los decretos, medidas y demás cada vez me interesa menos y yo creo que hay unas perspectivas más interesantes y de mayores valores para mí. Haciendo unas apreciaciones como presidente de la Fundación Aurten bai donde nos dedicamos exclusivamente a enseñar euskera a adultos, tenemos el barnetegui más grande de Bizkaia.


Yo creo que es una buena noticia que se haya publicado este libro ya es hora que después de 30 años aparezcan opiniones, criterios, sin ningún complejo, que critiquen podemos estar o no de acuerdo con todos los autores que aquí están, debeis de agradecer que por fin de una vez se hagan públicas voces críticas porque todo análisis echando la mirada atrás para que sea positivo tienen que tener, por lo menos, algún elemento crítico de lo que se ha hecho para no cometer el mismo error otra vez.

Yo creo que el debate en torno la euskera, la característica fundamental durante muchos años ha sido el silencio. El silencio que comenzó en los primeros 80 como un consenso mal entendido, porque una cosa es un acuerdo político que es necesario siempre en temas de gran transcendencia social, pero se interpretó como una concesión de silencio para quien estaba gestionando las políticas lingüísticas, que en el caso nuestro siempre ha sido el mundo nacionalista.


El mundo del euskera siempre ha creído que aunque no estuvieras de acuerdo con lo que se estaba haciendo en euskera no se podía criticar en público, porque toda crítica pública debilitaba aún más a un ser débil. Ello ha sido totalmente eficaz, con lo cual los euskaltzales difícilmente nos hemos atrevido a hacer críticas públicas aunque nos enfadáramos entre nosotros. Y luego el mundo nacionalista ha tenido un miedo irracional, complejos perdidos, en el que no se han atrevido a hacer frente abiertamente en el mundo de la crítica política al poderoso nacionalismo en la esencia misma del nacionalismo en el tema del euskera. Eso nos ha supuesto décadas de omisión de la critica y el silencio, que afortunadamente en los últimos 4 o 5 años se está rompiendo en público y ya era hora.


Lo que pasa es que esa ausencia total de crítica de silencio de toda oposición era un campo de cultivo ideal para que los constructores de la construcción nacional vasca pisaran el acelerador e iniciaran su camino con el tema de la euskaldunización buscando básicamente la esencia de la construcción nacional que es la homogeneización de la población misma de Euskadi.


Pero últimamente salen críticas al público, como este libro. Yo creo que ha habido dos motivos fundamentales para que emerjan ya de una vez las críticas a las políticas lingüísticas que se han aplicado en este país. Y son dos razones, que a mi entender son muy dispares: una, es obvio que la presión normativa de las políticas de euskera cada mas desde finales de los 80 y desde mediados de los 90 hacen ya insoportable la marginación social que está generando en amplios colectivos sociales en Euskadi, que recorta los accesos a la función pública, que recorta las oportunidades personales de carrera profesional, ya eso es insostenible. Yo creo que es una razón para explotar. Hay amplios sectores de la población vasca marginados por la presión normativa de las políticas lingüísticas.


Pero yo creo que también hay otra razón totalmente diferente a esa y es la frustración de los euskaltzales. En esta país hemos conseguido con el euskera una cosa rara y difícil de conseguir, frustrar a todo el mundo.


Están frustrados los colectivos que han hecho un esfuerzo enorme y han quedado marginados. Están totalmente frustrados los colectivos euskaltzales de buena voluntad, porque después de tantos años de tantos esfuerzos no se está consiguiendo una adhesión de la oblación frente al uso del euskera.


Eso ha dejado a ese colectivo militante en una situación de desamparo, de desorganización que no no saben qué hacer. Es verdad que frente a eso el político nacionalista ha buscado el camino del medio y dice: “Hombre, esto nos pasa por ser demasiado buenos, si dejamos hacer lo que sea, claro que no van a venir”. De ahí que el político nacionalistas ha intentado y, aplicado, en los últimos años un mayor rigor normativo impidiendo o recortando, cada vez más, los espacios de autonomía personal, los espacios de decisión personal en el uso de la lengua, para que esa desafección no se produzca.


Pero yo creo que tenemos que saber diferenciar entre el político nacionalista que está llevando a cabo esas políticas de construcción nacional y los colectivos euskaltzales de buena fé, que si bien aparentemente están pregonando políticas lingüísticas parecidas, los motivos fundamentales que fomentan la actitud de cada uno de ellos es muy diferente. La actitud del euskaltzale honesto es que quiere que se siga utilizando el euskera. Esa es su razón fundamental. El político nacionalista lo que quiere es hacer un ciudadano de cartón-troquel, que seamos todos iguales.


Por eso creo que el militante del euskera, una vez de que asuma la frustración enorme de ver un fracaso social después de tantos años, puede sentarse a negociar el futuro con otros que no están en esa línea. Yo estoy convencido de que el euskaltzale, cuando asuma esa frustración, se puede sentar y negociar con los demás, qué hacemos para llevarnos bien.


Dudo mucho más de esa capacidad en el político nacionalista de construcción nacional porque es la esencia misma de su propio poder. Creo que esos no van a renunciar y los colectivos euskaltzales creo que sí.


El colectivo euskaltzale se ha encontrado con esa paradoja del “conocedor del euskera”. En los primeros 80 se solía dividir la población, desde los parámetros lingüísticos, en euskaldunes y en erdaldunes. Euskaldunes los que sabíamos euskera y lo utilizábamos y los erdaldunes a su vez se subdividían en dos subgrupos: en aquellos que no sabían euskera porque en la Dictadura fueron muy mala gente y no dieron oportunidad de aprender; y aquellos otros que no querían aprender, eran los malos vascos.


Pero a los 90 después de un esfuerzo enorme de la población vasca, de buena voluntad, que no sabía euskera, hemos conseguido amplios sectores que han aprendido, que tienen conocimiento del euskera, pero que es los ámbitos de uso, que en aquellos ámbitos en el que la decisión es estrictamente personal, se han negado a utilizarlo. Yo les llamo “los conocedores del euskera”. No son hablantes del euskera, ni euskaldunberris. Conocen el euskera, salvo en aquellos ámbito que por norma, la norma que tiene una sanción por su incumplimiento, se le coacciona a utilizar, pero en los ámbitos personales que tiene capacidad de decisión no lo utiliza.


Eso ha sido un shock enorme para el colectivo euskaltzale, comprobar que gente que ha metido dos mil o tres mil horas para aprender medianamente bien algo de euskera, luego saben e incluso tienen el papel de EGA en un marco y no lo utiliza. Eso es incomprensible para los euskaltzales que venimos de la época de la Dictadura, que de mala manera, sin cobrar un duro, de forma semiclandestina, enseñamos euskera y ahora aprenden y conseguimos lo que jamás hubiéramos soñado que pudiéramos conseguir y, resulta que no quieren hablar.


Hemos comprobado un hecho fundamental de la democracia. Ningún boletín oficial puede dominar la voluntad personal del ciudadano. Eso es lo que hemos aprendido de forma paradójica y que nos ha desorientado tanto: la voluntad personal no se puede definir, decidir y publicar en un decreto de boletín.


Y esa es una de las grandes razones del desconcierto y desorientación que os va a resultar muy difícil de entender a la gente que no ha participado en este colectivo euskaltzale. Pero yo os aseguro que ha sido y está siendo un shock, porque está costando muchísimos entender eso. Y a la vez estamos viendo que las medidas lingüísticas están generando realmente marginación social, desigualdades en las oportunidades de acceso, en la definición del futuro personal de cada ciudadano vasco.


Yo creo que estos son los dos problemas que tenemos con el euskera. Por un lado, una situación que ya no es soportable por la discriminación que está ocasionando. Y es obvio ahora que el único nicho de puesto de calidad son los cien mil hijos de san Ignacio que estamos en la administración somos los privilegiados. Que el recorte que ha habido hace que siga siendo verdad la vieja afirmación marxista de que para la gente humilde el único bien que tenemos es la capacidad de trabajo, el vender nuestra fuerza de trabajo. Es decir, en la sociedad moderna el poder acceder de forma efectiva a un puesto de trabajo es nuestro único bien. Si nosotros recortamos sobre toda la gente sin recursos, el acceso a un puesto de calidad, es difícil buscar en sociedades modernas una discriminación más dura para un ciudadano en Euskadi. Eso ya no es soportable hoy, tenemos que revisar esto.


Antes he hablado sobre la enorme frustración del mundo euskaltzale, pero ahora quiero hablar de la frustración como elemento positivo. Nosotros en Euskadi tenemos en la forma de hacer política un modelo de vanguardia. La vanguardia, da igual que sea religiosa, política, cultural, etc, se caracteriza por definir un modelo de ciudadano ideal. Podemos poner ejemplos tan dispares como los ortodoxos religiosos que definen cual es el ciudadano ideal o el nacionalista ideal cerrado que dice también que ese es el ciudadano ideal. El objetivo es convertir a todos en ese ciudadano ideal.


La vanguardia no se conforma con que el sistema democrático le permita a él ser y cumplir ese modelo ideal que a él le gusta, es decir, ir cinco veces al día a misa si hace falta o estar cantando “Gora ta gora” todo el día, si le gusta, la vanguardia lo que quiere es que todos los demás sean como él. No se conforma con decir “ a mí me gusta ser así”, lo que la vanguardia dice es “quiero todos seáis así, porque esto es bueno”. Se da cuenta que obviamente la población en general no coge con mucho entusiasmo la idea de ese modelo, sin embargo eso lo achaca a las cosas obscuras, al poder, a las situaciones de marginación que imposibilitan al individuo decidir libremente. Pero si decidieran libremente seguro que aceptaría esto que es bueno. A eso las vanguardias modernas le han llamado, la alienación.


El problema es que lo tenemos que desalienar. La vanguardia desaliena al individuo de la única forma de desalienación cuando se accede al poder, obligando a que los ciudadanos cumplan ese modelo de buen ciudadano. Y la frustración como elemento democrático positivo que yo reivindico es cuando uno de la vanguardia se da cuenta: el que está enfrente no está alienado, es que no le gusta lo que yo le digo, no es que sea tonto o esté comido el coco, no quiere lo que yo le digo y tengo que aceptar esa frustración: no tengo razón. Para mí lo que yo digo es bueno, pero no puedo pretender que todos los demás están conmigo.


Aquí nos surge siempre la afirmación clásica de Rousseau: “Hay que obligar al ciudadano a ser libre, si fuera necesario”. Aquí planteamos: “Hay que obligar a que los ciudadanos sean ciudadanos modélicos, buenos ciudadanos”.


A estas alturas podemos responderle a Rousseau, que no podemos a nadie obligar a ser libre, a ser buen ciudadano, lo único que podemos obligarle en una sociedad democrática es que todos los ciudadanos cumplan las normas mínimas que permiten la tolerancia y la autodeterminación personal de los demás. Es la garantía de libertad ciudadana. No podemos a nadie obligar a ser buen ciudadano, solo podemos obligar a que cumpla las normas mínimas que a todos los demás de forma individual nos permita decidir lo que es bueno para cada uno de nosotros.


Lo que pasa es que ese modelo de acción política, de entender que mi proyecto político no es solamente bueno, sino que todos tienen que seguir ese modelo, está tan arraigado en Euskadi, sobre todo en el mundo nacionalista, que es difícil hacerles comprender esta frustración básica democrática. La esencia democrática es renunciar a que todos entiendan que es bueno lo que yo digo, y que mi propuesta tiene los límites de las adhesiones personales y que lo único obligatorio que podemos marcar son las normas que nos permiten precisamente ser libres y decidir en libertad cuestiones diferentes. Con lo cual en el tema de las políticas lingüísticas venimos a este punto.


Yo suelo contar a modo de chiste, porque los polacos suelen contar a modo de chiste, una boutade muy bonita que le salió a Lech Walesa. Fue presidente polaco y en su primer gobierno tuvo tal follón que una vez se enfadó y dijo: “Pero vamos a ver, en la época de la dictadura estábamos todos de acuerdo que queríamos traer la democracia, ahora ya la hemos traído, y ahora resulta que todos queréis tener cada uno vuestra propia opinión”. Esa es la democracia, que cada uno tenemos nuestra propia opinión y precisamente garantizar eso es la esencia misma de la democracia. Pero para eso hay que aceptar la frustración de no tener razón, de que mi modelo no es el único válido para todos y que tengo que negociar y pactar un modelo con otros ciudadanos que tienen modelos diferentes, y que tenemos que buscar una forma de convivencia respetando unas normas mínimas.


En el tena del euskera al final, yo cada vez creo menos en los debates de política lingüística, sociolingüística o en cosas de ese estilo. Yo creo que las verdades esenciales son elementales y son políticas. Yo creo que debiéramos de hacer un esfuerzo de tratar el tema lingüístico desde una perspectiva estrictamente política e ideológica desde la democracia. ¿Qué es la democracia? Y desde ahí, si tenemos las cosas claras, luego ya discutiremos las políticas concretas, de decretos, de como hay que aplicar o no, pero la esencial fundamental en el debate lingüístico no corresponde al ámbito de la lingüística sino al de la política, la democracia y los derechos personales.


En ese sentido creo que tenemos que dejar a un lado un montón de mitos falsos y es verdad que los mitos falsos de los debates lingüísticos tienen muchos padres diferentes, uno es el nacionalismo, no el único, ni siquiera el que más ha elaborado los mitos lingüísticos, el multiculturalismo postmoderno tiene muchísima más responsabilidad y ha calado a fondo desde los años 50 en la ONU, en las diferentes constituciones. Hoy tenemos la constitución española que no solo dice que tenemos varias lenguas oficiales en diferentes comunidades, sino que es obligación de todos los ciudadanos españoles amparar, difundir y fomentar. Es decir la Constitución española impone el deber del fomento del euskera, gallego y catalán al andaluz, al leonés, al cántabro, porque se cree que esos son mitos que se han metido ahí desde el año 50 y porqué un andaluz tiene una obligación constitucional de fomentar el euskera si es un tema que nosotros les diremos sí o no, pero cómo va a ser una carga. Y no contentos con eso, con la Carta Europea esa carga pasa a nivel mundial, porque la salvación del euskera no es solo una cuestión nuestra, sino de los finlandeses, rusos, polacos, alemanes e ingleses.


Son tesis que han calado de forma muy profunda, como otra historia del derecho a la lengua materna y cosas así. Es verdad que tenemos que discutir todos esos mitos, que no dejan de ser mitos, de forma tranquila, pero yo los dejo aparte. Para mí el debate de la política lingüística se reduce al final a los ciudadanos que este país vivimos y a los niveles de libertad que podemos reclamar. Al final se reduce a eso la política lingüística, al final se reduce el ciudadano vasco puede optar personalmente en libertad por lo que quiere si o no. Cada uno tendrá sus propias razones para optar por una cosa u otra, para apoyar el euskera, yo lo apoyo, no busco ni9ngun argumento ni lingüístico, ni histórico, ni nada, mi único argumento de apoyo al euskera es que yo, como ciudadano libre, me gusta y quiero. No tengo mas, no hay ningún otro argumento serio para apoyar el euskera mas que la libre decisión de los ciudadanos. No hay que buscar ninguno mas, todos los demás son falsos.


De la misma manera que la esencia de las políticas lingüísticas debiera ser precisamente partir de esa afirmación, partir de los límites democráticos que obligan a los poderes públicos no recortar en la medida de lo posible los ámbitos de decisión personal de sus ciudadanos. Y en ningún caso, recortar la igualdad de oportunidades de ser un ciudadano, porque en las sociedades modernas el recorte de la igualdad de oportunidades es seguramente el mayor mordisco a la libertad que se pueda dar. Una libertad teórica, formal, sin igualdad de oportunidades deja de ser libertad, para estar unos más sometidos que otros parafraseando la conocida frase de La granja.


Por tanto yo planteo que para empezar a discutir las cuestiones y los decretos de política lingüística nos tendríamos que poner de acuerdo en cuestiones básicas. Si no aceptamos que las políticas lingüísticas, de vivienda, de comercio, deben partir necesariamente del respeto a la libertad personal de cada uno, que cada ciudadano puede optar por su propia opción personal y que tenga opciones diferentes a elegir. Si no somos capaces, y lo digo sin prejuicios, la libertad de ser uno libre es un derecho muy superior a usar un idioma u otro. Es una libertad básica, superior, los derechos están jerarquizados, no todos, no existen derechos absolutos, obviamente, desde que se regulan por una norma dejan de ser absolutos.


Pero sí hay algunos límites que no se pueden cruzar a través de otros derechos. Podrán enfrentarse parcialmente alguna vez, pero nunca se pueden cruzar, el derecho a la vida, es un derecho básico que ningún otro derecho puede traspasar. El derecho a la libertad de decisión personal es un derecho básico que ningún otros derechos adquiridos pueden traspasar. El derecho a la igualdad de oportunidades, a la misma concurrencia en la vida social de la misma sociedad es un derecho básico que ningún otro derecho puede romper o transigir. En la medida que aceptemos como valores universales y compartidos entre todos los vascos estos derechos, creo yo que el acuerdo en las políticas lingüísticas va a ser realmente sencillo. Pero este es el problema que nosotros tenemos hoy: que hay derechos democráticos esenciales no reconocidos de forma universal entre los vascos. Muchas gracias.