“EL DISCURSO DEL CAMBIO EN EL PAÍS VASCO”
Y
“TEJIENDO LA HISTORIA DE LA LIBERTAD”.
Vitoria-Gasteiz, 8 febrero 2010
Intervenciones de: Ángel Altuna (COVITE)
Antonio Rivera (Aldaketa)
Joseba Arregi (Aldaketa)
Emilio Guevara (Fundación para la Libertad)
Ángel Altuna
Buenas tardes a todos. Gracias a todos, un saludo cordial a los componentes de la mesa.
Quiero agradecer una vez más la llamada sobre todo porque sé de la existencia de ámbitos donde la presencia de las víctimas molesta e incomoda, y entre otras cosas parece triste y aburrida. Y aquí estáis personas que precisamente vais por la vía contraria, cosa que me complace y porque espero que por lo menos nadie de los presentes piense que alguien está manipulando a alguien. Éste es uno de los cambios que creo es necesario hacer notar en el País Vasco estos momentos que vivimos. De otros colectivos parece que jamás nadie se plantea la posibilidad de que puedan llegar a ser manipulables, de las víctimas por el contrario hasta ahora sí. ¿Alguien piensa o quiere pensar que sufrimos algún tipo de limitación de tipo cognitivo? Espero que no.
Lo que he pretendido en el capítulo que he desarrollado es situar desde una perspectiva actualizada la posición que pueden llegar a tener las víctimas del terrorismo actualmente y tras más de cuatro décadas de existencia en el País Vasco de la práctica terrorista.
1. La justicia. He querido resaltar desde el lado de la víctima la existencia previa de un contrato social que se establece entre el ciudadano y el Estado por el cual la víctima delega su pleito privado en el Estado, huyendo de cualquier posibilidad de justicia privada y dando relevancia a la gestión pública, amplificando su dimensión. Esto hace que inevitablemente quien ha visto conculcados sus derechos hasta el extremo sea exigente con el comportamiento de los gestores de lo público. No puede ser de otra forma. A un mal gestor esto suele molestar. A un buen gestor nunca.
La víctima después de la agresión, después del atentado y el familiar que queda después del asesinato, sufre una pérdida general de confianza en el ser humano. Ante esta situación, la perspectiva del tiempo me hace decir que las ideales centrales que han empleado en general las asociaciones de víctimas, incluso desde 1981 con Ana María Vidal Abarca, intentan reconducir ese dolor privado inevitable y transformarlos en una respuesta y en un posicionamiento públicos que recolocan a la víctima ante sí misma, ante su historia y ante los demás. Así pues, lo público puede llegar a ser la respuesta social hacia la victima que ayuda a ésta a reconstruir su existencia y encontrar su lugar en la historia.
Repito, la víctima puede llegar a molestar pero sinceramente pienso que en el fondo sólo lo hace para quien malentiende los conceptos profundos y a la vez exigentes de justicia, de democracia y de libertad.
2. Ha habido una parte del capítulo en el que hago un análisis del odio, desde mis vivencias y las de las víctimas del terrorismo que he ido conociendo con el paso del tiempo.
Considero en este punto que las aspiraciones de las agrupaciones de víctimas y que giran en torno a los conceptos de justicia, dignidad y memoria hacen ocupar huecos, donde en su lugar, podría anidar el odio. Un cierto resentimiento podría llegar a existir pero si este resentimiento nos invade puede llegar a ocupar y coartar otras emociones, para mí, más aprovechables de respuesta humana. Es cierto que también señalo en el texto la comprensión a nivel humano de ciertas sensaciones que pueden estar cercanas al resentimiento y vuelvo a insistir en que la aprehensión de conceptos como los de justicia, memoria y dignidad y la consideración pública de las víctimas pueden suponer una alternativa a la existencia de sentimientos hostiles, aunque razonables. Hago una reflexión sobre este tema pero finalmente considero que el verdadero odio a analizar y verdaderamente importante en el País Vasco no es el que puedan haber interiorizado las víctimas del terrorismo sino el odio de aquellos que ejecutan, comprenden y se valen del terror, de la amenaza, de la humillación. Un odio por cierto, con resultado de muerte.
3. En otro apartado he intentado hacer ver que una base para la esperanza en un posible futuro mejor es lo que yo he denominado “buenas prácticas”. Me refiero a “buenas prácticas” de las víctimas del terrorismo que finalmente con su actuación han evitado un enfrentamiento cruento, han alimentado con su respuesta la madurez de las instituciones democráticas y han cortado esa aparente relación causa-efecto por la cual “la violencia al parecer sólo engendra violencia”. En el caso de las víctimas, si somos sinceros, esto no ha sido así.
Desde este punto de vista hemos pasado del tratamiento social hacia la víctima desde lo estrictamente privado (años 80) a una dimensión pública que por cierto a algunos parece molestar y en la que finalmente se puede entender el carácter y significado político de las víctimas en relación a la consolidación de los valores democráticos y que Zaliv me animó a plasmar con la expresión de “víctimas de la democracia”.
En el libro escribo: “El terrorismo usa la violencia para “aterrorizar” a la población y conseguir socavar las estructuras de la democracia, como pueden ser el pluralismo y la libertad; de esta forma intenta llegar al poder o bien lograr sus objetivos políticos. Cuando ETA mata a un policía, para ellos lo importante, más allá de la persona individual, es tratar de que la Policía no se democratice, que le responda con sus mismos elementos morales, con represión indiscriminada y sin justicia. El terrorista pretende destruir la democracia o que no se llegue a consolidar. Del mismo modo, si una sociedad democrática ya está consolidada, pretende que se negocie con ellos y así desnaturalizar la esencia misma de la democracia. De ahí que el valor de rescate y el reconocimiento hacia la víctima tienen que trascender lo individual y deben transformarse en un sincero reconocimiento público desde la democracia. Las víctimas y sus respuestas han hecho consolidar la democracia y de este modo desde esta consideración pública (política) pueden sobrevivir a la “muerte social” a la que eran enviadas tras el asesinato y la agresión física en los años setenta y ochenta.”
4. En otro apartado hago una reflexión que he titulado como Terrorismo con tendencia a cero. En él trato de hacer entender que el peligro de la práctica terrorista no va a desaparecer y que toda política antiterrorista debe tener como objetivo que los efectos del terrorismo sean los más atenuados posibles. Los ataques a los cimientos democráticos de una sociedad pueden venir dados desde dentro a través por ejemplo de la corrupción o bien desde fuera a través del amedrentamiento terrorista. Nos podemos preguntar ¿Se va a acabar la corrupción? ¿Se va a acabar el terrorismo? Igual no. Pero las gestión pública y la praxis política deberían en todo momento perseguir implacablemente que su existencia sea lo más atenuada posible. De ese modo plasmo en el libro que la tolerancia cero con el terrorismo quizás pueda no conseguir un resultado de terrorismo igual a cero sino que sus consecuencias sean lo más atenuadas posibles.
5. Construcciones sociales alternativas a visiones del mundo paralizantes.
1. Visión del mundo paralizante: “Todas las ideas deben ser respetadas y defendibles.”
Construcción social alternativa: “Existen ideas que proclaman, defienden o cuando menos toleran el aniquilamiento y la desaparición del diferente y que por lo tanto no deberían ser respetadas. El respeto en cualquier caso, siempre debería centrarse hacia los derechos de las personas aunque éstas sean portadoras de ideas reprobables. Sopesemos, valoremos y posteriormente aceptemos o no las ideas, siempre en continuo fair play: juguemos atacando al balón y no al jugador”.
2. Visión del mundo paralizante: “El fin justifica, atenúa o contextualiza los medios”.
Construcción social alternativa: “Existen ideas que proclaman el valor superior de los logros y derechos colectivos por encima de los derechos individuales o cuando menos los equiparan. Esta concepción acaba resbalando indefectiblemente hacia un totalitarismo. La víctima del terrorismo, la persona individual, acaba siendo instrumentalizada y aún más, acaba siendo deshumanizada incluso una vez asesinada, a través de las justificaciones teóricas y colectivas de los atentados.
3. Visión del mundo paralizante: “Existe dolor en todos los ámbitos: en las víctimas y sus familiares y en los presos y sus familiares.”
Construcción social alternativa: “El dolor es individual y no se puede compartir, por lo tanto nunca puede ser comparado y aún menos nivelado e igualado.”
4. Visión del mundo paralizante: “Los humanos nos regimos por leyes de comportamiento humano de acción y reacción y de este modo habrá que entender que la violencia es siempre respuesta a una violencia de origen o a un problema previo no resuelto.”
Construcción social alternativa: Los humanos tenemos capacidades desde el punto de vista evolutivo como para poder reaccionar ante el ambiente a través de procesos cognitivos y emocionales que modulan y mejoran las simples respuestas reflejas o de comportamiento reactivo primario.
5. Visión del mundo paralizante: “Las víctimas del terrorismo no deben inmiscuirse en la dialéctica política ya que sus opiniones están influenciadas y distorsionadas por el dolor que han sufrido.”
Construcción social alternativa: La víctima del terrorismo puede manifestar sus apreciaciones acerca de la gestión de la “cosa pública” y sus opiniones deben ser respetadas de la misma forma que las de cualquier otro ciudadano. No más. En todo caso, sus opiniones podrían llegar a observar una legitimación moral mayor desde el momento en que son las víctimas las que ya han tenido que responder democráticamente al ataque totalitario que han sufrido en primera persona.
Muchas gracias a todos y ahora como lector os animo a que leáis los artículos de estas cuatro personas que aquí me acompañan. Muchas gracias.
Antonio Rivera
El planteamiento que hago tiene que ver con el planteamiento que hacía cuando explicaba Historia del País Vasco, a mí me gustaba explicar la Historia del País Vasco a partir de dos términos que son: diversidad y diferencia.
Con el término diversidad me permitía contar lo que es una evidencia a lo largo de la historia contemporánea, porque si algo caracteriza a nuestro pequeño y no demasiado poblado país es la extraordinaria diferencia que manifiestan sus territorios, sus componentes, el pluralismo que se ha manifestado en términos tan diversos como las ocupaciones de orden socioeconómico, las expresiones de orden sociopolítico, la convivencia de dos idiomas, la convivencia de determinadas expresiones de tipo socio cultural, etc.
Es realmente difícil y complicado, aunque no imposible, como hemos podido comprobar hablar del País vasco, de Euskadi, y referirse a un solo, uniforme y homogéneo. Esto no funciona así porque, insisto, lo que nos ha caracterizado no solo en la contemporaneidad, sino incluso antes, ha sido precisamente, esa extraordinaria diversidad.
Y a la vez el otro factor que opera dentro de esta construcción historiográfica explicativa y que tiene que operar en términos de equilibrio con el anterior es el de diferencia. Es decir que a pesar de toda esa tremenda diversidad interna de los vascos, sin embargo cuando los vascos diferentes ven hacia lo que está mas allá del Ebro y ven hacia lo de fuera, históricamente, tradicionalmente se han visto a sí mismos diferentes con respecto a lo que está mas allá. Y esa idea de diferencia con respecto al resto de España, o a Francia en lo que les pueda tocar, ha sido también un elemento importante, un elemento que está en la base de cuando prosperan, a partir de principios del siglo XX en definitiva, todos los discursos de construcción de la nacionalidad vasca, etc. Bueno esto daría para todo un debate o una mesa, pero yo creo que son dos argumentos interesantes porque me sirven para explicar la historia y para explicar el relato histórico, insisto, del País vasco como un equilibrio entre los dos factores que trata de explicar que en el país se producen dos fuerzas, que hay dos tensiones, una tensión entre sus propios componentes y otra tensión respecto de sus propios componentes con lo que está mas allá del Ebro, con el resto de España,
Esto nos sirve para explicar la historia y ahí aparece la explicación donde terminamos en el punto del Estatuto. Lo que vengo a señalar, haciendo un resumen muy sintético, es que hay o que se ha instalado, por mor de las reiteraciones del “mantra” nacionalista, una percepción del Estatuto, en este caso del estatuto de Gernika, como una especie de perjuicio generalizado, como una suerte de mal menor, como si todos nos hubiéramos quedado a falta de algo, como si todos anhelásemos ir mucho mas allá de esto.
Sin embargo, si uno hace una lectura, no una lectura voluntarista, no como desideratum, sino en correspondencia con las propias complejidades de la historia de este país, descubre que es precisamente todo lo contrario. Es decir, que el Estatuto de Gernika es una especie de punto intermedio donde efectivamente, las pretensiones, las demandas, las expresiones políticas del conjunto de las fuerzas políticas mas importantes encuentran una suerte de intermedio virtuoso, indudablemente un intermedio que debe ser dinámico, que tiene que ser cambiante, evolutivo, a partir del cual se puede establecer una sociedad laica, una sociedad igualitaria, una sociedad de ciudadanos, donde el conjunto de estos pueden expresar lo que pueden ser sus anhelos de orden político para llegar más allá, o a otro sitio distinto del Estatuto. Pero que es una plataforma común del conjunto de los ciudadanos y ese es precisamente el extraordinario valor que tiene esta contemporaneidad que estamos viviendo los vascos y que quiero recordar que es la primera vez que vivimos dentro de un status de tipo político común al conjunto de los individuos tan diversos que a lo largo de toda nuestra historia. Es la primera vez que lo vivimos en condiciones normales más allá de las anormalidades o de las situaciones de extraordinaria dificultad que se vivió en la primera experiencia estatutaria.
He tratado de explicar, y no cogiendo por los pelos, sino que creo que con el suficiente rigor histórico, que esto no es un mal sino todo lo contrario, que hay que hacer un ejercicio de poner en valor lo mas importante que tenemos que es, en definitiva, el acta de ciudadanía, el soporte ciudadano para el conjunto de los habitantes del país y que nos permite, precisamente, a cada uno jugar en las dimensiones que uno quiera, al objeto de si es capaz de establecer una determinada mayoría a lo largo del tiempo cambiar las reglas de juego, el status, etc.
Esto es básicamente lo que cuento en el artículo, pero yo no venía a hablar de mi artículo del libro, sino que venía a hablar como único miembro de esta mesa que se atesora la circunstancia de pertenecer al Gobierno que está representando el cambio en Euskadi. Y por lo tanto de representar al Gobierno que tiene en sus manos la responsabilidad de que esto no sea solo un discurso, sino que sea una práctica política.
Yo creo que es importante que hagamos el ejercicio y que transmitamos de como veo yo al menos la coyuntura política en que nos encontramos, entendiendo por tal coyuntura política lo que viene desde las ultimas elecciones de la primavera del año pasado por lo menos hasta el presente, y espero que sea en los próximos años que dure esta legislatura.
Esta pasada semana estaba por razones de trabajo en Barcelona y tuvimos una cena en la Euskal Etxea con artistas vascos que están radicados en Barcelona, tuve el extraordinario valor de tratar de explicar estas cosas .que voy a explicar aquí, nada menos que en Cataluña, y yo creo que como bien decía Sabino Arana, que habrá pocos sitios en España tan difíciles para explicar esta coyuntura política como en Cataluña. Porque tienen una serie de prejuicios que les hace particularmente diestros para no entender nada o casi nada de lo que está sucediendo en este país.
Yo sin embargo, les planteé que la opción por la que apostamos los que formamos parte de este gobierno socialista desde la primavera del pasado año, era sin duda la opción más arriesgada y posiblemente más desaconsejable en términos de tranquilidad política e incluso personal. Estoy tratando de hacer feliz esa frase de contra el PNV iríamos mejor, yo al menos personalmente, trabajaba menos y hubiese sido una opción muy recomendable. Es decir, era la única oportunidad que teníamos de haber llegado a amigable componenda con el PNV, nos repartíamos la mitad de esa situación “geológica” que estaba sucediendo a lo largo de estos 30 años y hubiéramos conseguido que hubieran cambiado la mitad de las cosas, pero viviendo con mucho menos desasosiego del que, alguno pueda pensar, que estamos viviendo ahora.
Estaríamos dándole la razón a una mayoría de las encuestas que siempre defienden que esa amigable componenda, no tendríamos todavía enrabietado al partido guía, y no le tendríamos todavía enarbolando la bandera de la deslegitimación, de que me han usurpado, de que me han robado el poder, este. Y además tendríamos una ventaja, y es que esa componenda tendría un respaldo social, o por lo menos de las encuestas, del que tenemos donde nuestro gobierno se soporta solo en una parte de nuestro electorado, porque todo el resto del electorado dispara con todo lo que puede, incluso una parte de nuestro electorado es tremendamente partidario de esa alegre componenda.
Eso es lo que hubiera aconsejado, por lo menos, la lógica de la tranquilidad personal, pero he decir que todos los que nos sentamos en esta mesa les oído decir alguna vez, que lo que había que hacer, y dicho antes de las elecciones de la primavera, era precisamente todo lo contrario. Asumir el riesgo, asumir la situación, en cierto punto, histórica que teníamos y tirar para adelante con una opción radicalmente diferente.
Es cierto que a la hora de deshojar la margarita, el PNV nos lo puso extraordinariamente fácil. Recuerdo los días de abril de 2009 donde su rabieta casi le costó que tuviéramos esta demostración de valentía, pero bueno esto es agua pasada y no viene al caso discutir hasta que punto dentro de las filas y sobretodo de la dirección del PSE esta opción histórica, arriesgada, complicada era precisamente la que más predicamento tenía. Por lo menos desde fuera, desde lo que ha sido el entorno y el soporte social de este gobierno que tenemos tuvimos bastante claro .. desde aquellos en que algunos montamos aquella operación que fue Aldaketa, seguro que tendrá prehistoria esto que estoy diciendo.
De este cambio es precisamente de lo que habla este libro. Este libro trata de asentar una idea que ya tratábamos en aquél entonces, y es que desde la perspectiva de algunos se trataba de hacer, en la medida de lo posible, un cambio de la cultura política. Es decir, no se trataba tanto de la oportunidad de un cambio de partidos políticos que gestionan el gobierno, que gestionan el poder. Efectivamente esa era una de las opciones, pero a mi me estimulaba mucho mas tener la oportunidad de poner en práctica de que otra cultura política era posible. Pero otra cultura política era posible porque lo estaba demandando la situación, y hay que decir que los peligros y las amenazas de aquel entonces se han desvanecido. Y no señor. Simplemente estamos en una situación muy distinta, y por eso hay que hablar de estas cosas.
Este libro habla de la oportunidad y de la necesidad de ese cambio de la cultura política, por lo menos, y solo voy a referirme a cuatro aspectos fundamentales que son convenientes recordarlos:
1º.- El primero de ellos, porque después de 30 años, el PNV, igual que le ocurriría a cualquier partido formado por terrícolas, se estaba consolidando como un auténtico régimen con todas las perversiones que ello conlleva;
2º.- En segundo lugar, por la inercia disolvente de ese PNV soberanista, una inercia disolvente que lo que estaba poniendo claramente en cuestión las bases de nuestro estatuto como ciudadano, es decir estaba cuestionando radical y cotidianamente principios y criterios ,como donde se soporta la democracia y donde se soportan las instituciones;
3º.- En tercer lugar, vivíamos un tiempo donde era necesario frenar la presión y la acción desde el propio gobierno la actuación y la presión de opciones no actuantes de una manera clara contra el terrorismo, no actuantes de una manera clara en defensa del estatus y de la dignidad de las víctimas del terrorismo, y esto no hay mas ver lo que se ha cambiado en los pocos meses que llevamos en relación a la situación como estábamos antes de la primavera de 2009 para darse cuenta de que otra posibilidad de actuar en política en este terreno del terrorismo esa claramente posible; y
4º.- En cuarto lugar, había una necesidad de cambiar las cosas en un ámbito., Yo recuerdo aquel tiempo que viví aunque remedando las palabras de Ronald Reagan “el gobierno es el problema”. Yo me levantaba, escuchaba la radio y el gobierno era el problema, porque lo que escuchaba era la última ocurrencia de mi gobierno que constituía una radical amenaza a mi manera de contemplarme como un simple ciudadano. Yo quería vivir una situación en la que por lo menos mi gobierno, ya que no me solucionaba las cosas, no me constituyera un problema mas, sino que fuera capaz de llevar en la practica que somos vascos de la manera que queramos ser vascos o no, que cada cual es como quiere ser e instituir la lógica del ciudadano que empieza a hartarse de “identititis” que le había entrado de una manera hiperbólica a ese gobierno.
Voy a leer un pequeño párrafo del desaparecido Fernando Buesa que decía en 1999: “Hay que construir país, convivencia en paz y libertad, respeto con el pluralismo social y cultural, construir convivencia. Un país para todos en los que los sentimientos de identidad o cultural no resulten ser categorías políticas porque todos pueden expresar los suyos con libertad. Un país donde la única categoría política que confiere derechos y obligaciones sea la ciudadanía y que no distingue ni se discrimine a nadie por razón de sexo, raza o religión, ideas políticas, identidades culturales o sentimientos ”.
Esta frase, que es afortunadísima, que la hemos escuchado muchas veces pero que hay que recordarla casi todos y cada uno de los días porque de esto se trata, y este es el anhelo que anima a nuestro gobierno. Es decir, que desde el gobierno se esté trabajando por la normalidad de la sociedad porque se había producido una disociación extraordinaria entre lo que era la realidad de la sociedad vasca y todo ese mundo ilusorio de Alicia en el país de las maravillas, en que vivía el gobierno de Ibarretxe. Creo que esos continuos viajes que hacía el anterior Lehendakari Ibarretxe a las Euskal Etxeas americanas era expresivas de esta situación. Yo creo que se sentía incomodo en el país plural y diversos que es la Euskadi real, y para ello lo mejor era darse un garbeo y entonces se encontraba con una idea de país fosilizado, petrificado, geológico, colocado hace 100 años que no se parece absolutamente en nada al país real en que vivimos.
Creo que la tarea de este gobierno habría que distinguirla en tres ámbitos interrelacionados, pero diferentes.
1º.- Hay un primer ámbito, que tiene que ver con esta normalización del país desde el gobierno en todos y cada de los niveles de la realidad, es decir, asociar, acomodar la realidad del funcionamiento del gobierno con lo que es la normalidad de la gente, anhelar que el gobierno tiene que tener el interés de proporcionar la mayor felicidad a la mayor cantidad de personas, pero no tiene por qué tratar de arreglarle la vida a los ciudadanos, no tiene porqué tratar de hacer ningún tipo de ingeniería social, el gobierno no tiene porqué tratar de poner a un país en marcha, porque igual la mayoría del país no quiere marchar a ningún sitio, sino simplemente levantarse cada mañana, trabajar, disfrutar, ser una persona y que cada uno se busque su trozo de felicidad, si eso es posible. Para eso hay que hacer que el gobierno sea normal para una sociedad normal.
Creo que en la primera de estas áreas parcelas, la de la normalización creo que estamos trabajando adecuadamente, creo a la mayoría de la ciudadanía se le ha quitado esa piedra de encima que le obligaba a ser un buen vasco todas las mañanas. Pero sin embargo, esto no nos está proporcionando los suficientes réditos, porque todavía hay que explicar que la gente viven en una sociedad normal, que no vive agobiado por el gobierno, porque ha cambiado el gobierno. No porque haya cambiado el clima, sino porque ha cambiado el gobierno. Por lo menos, aunque no se lo tenga que agradecer al gobierno, si, por lo menos, reconocer al gobierno.
2º.- En segundo lugar la batalla en la lucha contra el terrorismo y por la paz y por la dignidad de las víctimas; creo, que hasta lo debido, estamos ganando esa batalla contra el terrorismo y poniéndonos en la recta vía por la paz y por la dignidad de las víctimas. No la hemos ganado todavía, pero creo que estamos en la recta vía; y
3º.- En tercer lugar, tenemos una dimensión de la actuación del gobierno que es la propia de la administración de las cosas, la gestión del día a día. Se ha evaluado poco la captación de cuadros y demostrando que no se hundía el país porque gobernase alguien distinto que el PNV. En lo que es la administración de las cosas, mejor o peor, es una oportunidad histórica para el propio PSE se ha evaluado poco desde un punto de vista orgánico, supone la captación de un montón de cuadros para esta tarea de gobierno, y creo que mejor o peor, lo estamos gestionando bien, sin sobresaltos y demostrando que no se hundía ningún país porque gobernara alguien distinto al famoso partido guía, es decir que cualquiera en condiciones normales en un país normal como queremos que sea Euskadi, puede gobernar
Creo que los ciudadanos nos van a juzgar por este tercero, porque cuando todo se enfría y más en una situación de crisis económica, el ciudadano va a juzgar pata la próxima legislatura por como has gestionado, pero tenemos que poner en valor la ocasión y el compromiso histórico de los que estamos en el gobierno y de los que están apoyando al gobierno para que la primera y la segunda de las cuestiones, la normalización de y la paz y dignidad de las victimas, sean posible.
Igual no nos van a votar por estas dos cuestiones, sino solamente por cómo gestionemos la crisis que tenemos entre manos, pero como ciudadanos tenemos que tener claro que sobre todo estas dos cuestiones son las muy importantes y las que nos han llevado a esta situación.
Joseba Arregi
Este librito titulado “Tejiendo la historia de la libertad” es una especie de catecismo y voy contar a qué quiere responder. Hace dos años estábamos Antonio y yo hablando en esta misma mesa de la “Oportunidad del cambio político en Euskadi”. Algo que luego dio pie a que redactara una conferencia que se dio también en San Sebastian y en Bilbao, que en cierta forma contribuyó a crear un clima de que era posible apostar por un cambio político en Euskadi, pero apostar por un cambio de cultura política.
Hoy seguimos necesitando un cambio de cultura política y voy a decir por qué. Ha habido un cambio de gobierno, hay una nueva mayoría parlamentaria en cuestiones básicas y fundamentales para el país, y sin embargo, puede suceder que todavía uno escuche como las dos o tres anécdotas que voy a referir ahora.
1ª.- La dignidad de la política.
Estos días todos hemos podido leer, como a Imanol Larzabal se le iba a ofrecer un disco libro homenaje en la que iba a actuar cuatro autores que al final se han descolgado porque participa como co-esponsor de este homenaje del libro y del disco la Fundación Victimas del Terrorismo. No voy a entrar a criticar a los cuatro cantautores que se han descolgado del homenaje a Imanol, y solo me voy a fijar en la razón que ha dado uno de ellos, porque además son cuatro que han acompañado a Imanol desde que la izquierda radical le condenó al exilio interior y luego al exilio exterior porque han cantando con él y han evitado que estuviera en el ostracismo total. Pero uno de ellos ha dicho que se descuelga porque con la participación de la Fundación de Victimas del Terrorismo se ha politizado el proyecto.
Me voy a agarrar solamente a la palabra “politizado”. En este país todavía con un montón de cuestiones sea el propio terrorismo, sean las victimas, sea el nacionalismo, sean muchas cosas, siempre se dice que no hay que politizar. La lucha contra ETA no hay que politizarla, no hay que politizar a las victimas, no hay que politizar la crítica al nacionalismo, se ha llegado a decir que hay algo previo a la política que es la condena solamente al terrorismo en el plano ético por los derechos humanos.
No sé qué significa politización. Yo sé que a veces se utiliza por parte de los partidos. Yo creo que hay que reclamar la dignidad de la política. Todos somos mas o menos de la generación en la que era palabra común que “si tu pasas de la política, la política no va a pasar de ti”, pero ahora parece que se nos ha olvidado de donde provenimos. Hay que reclamar la dignidad de la política. Las víctimas ¿son políticas? Si señor, y con toda dignidad y no hay por que esconderse ni tener complejos por ello. Incluso tendríamos que llegar a poder decir que para condenar el terrorismo de ETA ni siquiera hace falta recurrir a grandes éticas, basta con defender el estado de derecho que es monopolio legitimo de la violencia que está puesto en entredicho por el terrorismo.
No hay que salir del campo de la política, porque si salimos del campo de la política, pasará que todas las ideas son igualmente legítimas. No, todas las ideas no son igualmente legitimas en democracia, podrán ser legales, pero no igual de legitimas en democracia y en ese sentido creo que hay que reclamar la validez de la política.
2ª.- Pedagogía de la cultura política.
Otra anécdota que me lleva a pensar que todavía necesitamos que trabajar por una pedagogía de la cultura política es lo que uno escucha en muchas tertulias y debates. Recientemente le oía a Iñaki Soto, un tertuliano de Batasuna que sigue participando en las tertulias de ETB, diciendo que hay gente que mezcla democracia y estado de derecho cuando hay que separar radicalmente la democracia del estado de derecho.
¿Como? Nos hemos acostumbrado a pensar que la democracia es una cosa totalmente distinta del estado de derecho, pero no. Lo “peor”, sin hacer critica a nadie, es que el moderador del debate no percibe la gravedad de lo que se dice y no trata de corregirlo en el momento.
3ª.- Los sentimientos están sujetos a la ley.
Tercera anécdota, en la misma línea. En un debate en que participaba yo mismo, un catedrático de derecho de la UPV/EHU dijo despectivamente “ese concepto postmoderno de ciudadanía”. Un par de semanas antes el portavoz del PNV en el Parlamento vasco dijo que la ciudadanía es un concepto extraño a este país, que entro por la Constitución de Cádiz, y es la fuente de todos los males del Pueblo Vasco.
Esto se dice, esto entra y se escucha y muchas veces que el pueblo está por encima del concepto de ciudadanía, que la verdadera democracia es la que se asienta en el pueblo, etc. Nos hemos tenido que tapar las orejas para no escuchar que las leyes no se pueden imponer a los sentimientos. Resulta que si yo tengo un sentimiento de odio al vecino y le quiero matar ¿la ley no se me puede imponer?
4ª.- La transversalidad que constituye las sociedades políticas son sus acuerdos-marco: Constitución y Estatuto.
Una ultima anécdota todavía con respecto a las discusiones, de los últimos Euskobarometros, los y comentarios de los analistas políticos en torno a los resultados de las elecciones se sigue hablando de que la mayoría de los vascos reclaman la transversalidad en el gobierno vasco.
Este es un problema, en mi opinión, de cultura política porque la transversalidad que constituye las sociedades políticas son sus acuerdos-marco: Constitución y Estatuto. Y a partir de esa transversalidad los gobiernos pueden ser monocolores, bicolores, tricolores, de gran coalición, de regeneración, de lo que sea, porque la transversalidad se reclama en los fundamentos que constituyen a una sociedad como sociedad política, que son Constitución y Estatuto y que tienen que ser transversales. Y a partir de ahí, se acabó la transversalidad, democracia es disenso, debate, en el Parlamento y diferencias y debatir y parlamentar y discutir y cuando haga falta se llega a acuerdos porque se sustentan en una base de transversalidad. Pero a nuestros periodistas y a nuestros analistas políticos la transversalidad no les llega mas allá de una fórmula de gobierno.
Frente a esto creemos todas estas asociaciones cívicas y de víctimas del terrorismo, lo cual me regocija mucho, nos hemos unido para tratar de explicar cuatro cosas básicas y fundamentales de lo que significa democracia, estado de derecho y cultura constitucional. Que no voy a explicar ahora, pero si decir dos cosas.
1º.- Para explicar la democracia hay que recurrir a más de un principio.
Primero, es falsa la idea de que puede existir una explicación única, exclusiva y clave para explicar el todo de la democracia. Para explicar la democracia hay que recurrir a más de un principio. Por ejemplo, no hay democracia sin pueblo, de acuerdo a la soberanía del pueblo, pero tampoco hay democracia sin estado de derecho. Y eso nos lleva a explicar qué es cultura constitucional, que es la sumisión de la soberanía y de la voluntad constituyente al imperio del derecho, que es lo único que hace que la soberanía se convierta en democrática.
Todas estas cosas hay que explicarlas, porque no se dicen. Lo peor que nos pudo dejar Franco es hacernos creer que éramos demócratas, por el simple hecho de haber estado contra Franco, algunos ni siquiera lo estuvieron, por el hecho de haber estado contra Franco ya éramos todos automáticamente demócratas. ¿Donde habíamos aprendido a ser demócratas? Eso no se aprende en los libro, y en estos 30 años en lugar de aprender a ser demócratas, hemos ido para atrás en el concepto de democracia, y por eso creemos que hoy todavía, aunque el avance de contar con un gobierno es muy importante, el trabajo de pedagogía política sigue siendo muy importante y es lo que os ha llevado a este pequeño catecismo.
En él tienen una parte al final un sitio importante las victimas del terrorismo, porque las consideramos los verdaderos testimonios y paradigma de lo que es ser ciudadano e ir conquistando la libertad poco a poco. Han sido asesinadas por representar el pluralismo, por ser testigos de la libertad en este país y por tanto había que reclamarlas como testimonio directo de la conquista de la libertad en el País Vasco.
2º.- La sociedad vasca tiene un problema y es que el nacionalismo vasco en concreto no termina de ser democrático.
Y para terminar una cosa nada más. No quiero hacer pronostico, porque un asesinado mas es una tragedia y un dolor mas que reverdeces todos los dolores y todas las tragedias de heridas anteriores con lo cual es brutal, pero puede ser que ETA esté acercándose a su fin. Pero ese fin no significa el fin de los problemas de la sociedad vasca, la sociedad vasta tiene un problema además del de ETA, muy importante y es que el nacionalismo vasco, este el concreto, que nadie nos acuse de estar contra el nacionalismo en abstracto, sino el nacionalismo concreto que tenemos este país que es que termina por no legitimar el poder que estaba usando termina deslegitimando en la apuesta de unidad de acción nacionalista de Estella-Lizarra, y ahora no sabe que hacer con él, pero tampoco lo quiere enterrar , y lo sigue escondiéndolo de vez en cuando.
La sociedad vasca tiene un problema y es que el nacionalismo vasco en concreto no termina de ser democrático, porque no acepta con todos las consecuencias el pluralismo de la sociedad vasca. Ese Pluralismo es para la democracia condición constituyente y necesaria y si desapareciera ese pluralismo tuviéramos una cosa quizás no muy democrática. Como valor positivo el PNV no termina de reconocerlo. Sigue haciendo campañas diferenciando entre los de aquí de los de allí, con lo cual sigue sin aceptar el pluralismo de la sociedad vasca. Por lo tanto ha llegado la hora de enfrentarnos, igual que lo hemos hecho contra ETA, y con lo que supone ETA, sin dejar de hacerlo contra ETA, ha llegado la hora de plantear cara y de exigir un debate serio y definitivo contra esta falta de democracia del nacionalismo vasco que es la tarea que tenemos todos para los próximos meses. Eskerrik asko.
Emilio Guevara:
Buenas noches. Yo quería hacer algunas reflexiones, que las ha apuntado al final Joseba, y que quiero insistir en ellas, porque si estamos hablando de qué significa el cambio político en Euskadi, yo quiero empezar señalando que tenemos que tener muy claras una serie de cuestiones.
1ª.- La primera es que el cambio político en Euskadi, es pero no puede ser solo que tengamos otro gobierno, no puede ser solo que tengamos otra gestión y que esta gestión pueda ser más eficaz, mas valida, mas honesta, ni siquiera el cambio nos puede bastar como una simple pacificación e incluso normalización del país. Porque como ha apuntado Joseba yo ya hace bastantes meses en distintas intervenciones vengo diciendo una conclusión a la que personalmente he llegado y que en este país el problema no es ETA. ETA es un cáncer con el que se puede vivir y que esta en cierto modo controlado, ETA no se va a cargar la democracia, ETA no se va a cargar el país, ETA no puede crear un cataclismo ni puede llegar a vencer, pueda causar dolor a personas concretas, que es mucho, pero nada más.
El problema que tiene este país es que no hay todavía democracia real, tenemos una democracia en cierto modo formal. Y si en algún sitio se puede hablar de déficit democrático, no es como con una elemental desvergüenza hacen los nacionalistas cuando critican la ley de partidos y otra serie de medidas, sino precisamente es el déficit que se ha generado tras los 30 años del régimen que hemos tenido.
Por tanto el cambio en estos momentos si tuviera que resumirlo, diría que es más que una simple normalización, que a veces no sé muy bien lo que quiere decir, porque hacer normal lo que ha sido hasta ahora anormal pues no adelantaríamos demasiado, si normalización es en realidad que ocurra algo diferente de lo que ha sido hasta ahora norma o usual, eso es transformación. Para mí, el cambio es transformación. Y esa transformación yo la resumo en ganar para Euskadi una democracia real.
Ha llegado el momento de utilizar el lenguaje con una cierta precisión y sin ningún complejo o miedo. A mi me llevan los demonios cuando oigo hablar de nacionalismo democrático y de nacionalismo radical, o violento, o incluso me parece demasiado caritativo hablar de que “el nacionalismo parece no acabar de entender lo que es la democracia”. No. Lo que ocurre simplemente es que el nacionalismo del País vasco no es democrático, aunque una parte de él formalmente parezca que acepta las reglas de la democracia. Pero, ¿por qué no es democrático? Porque no puede ser democrático un movimiento que no acaba de entender que lo que prima es la ley y no la emoción o el sentimiento. Una ideología que no acaba de entender que en democracia lo que importa es la idea de ciudadanía como igualdad de derechos, y no el concepto de identidad y mucho menos si se quiere referir a un colectivo como identidad colectiva. No es democrático quien no entienda que en democracia el sujeto de los derechos es siempre el individuo, es la persona individual y nunca la colectividad. No es democrático una ideología o un partido que no entiende que la democracia no solo es compatible, sino incluso al contrario, tiene que asimilar y respetar la existencia de dualidad o de pluralidad de identidades.
Esto que se les ha dicho por activa y por pasiva no terminan de entenderlo, que integrar no es asimilar. Y no terminan de entender que son ellos los que han creado desde hace 100 años una frontera interior en este país, en expresión que pido prestada de José Mª Ruiz Soroa. Porque efectivamente cuando sobre en una sociedad plural, donde coexisten distintos sentimientos de identidad, cultura, etc., llega un señor y se inventa una nación en base a unos conceptos determinados y la pretende imponer automáticamente ha creado una frontera y si encima lo que pretende es que los que quedan al otro lado de la frontera, los otros, porque los buenos son los que quedan en su lado, cada vez sean menos o se hagan iguales, para que la frontera desaparezca sobre la base de que al final todos seamos iguales, si entonces todos como los peces de Eguibar. Entonces es imposible sobre esa base construir la democracia.
Es el nacionalismo el que ha creado en este país una frontera interior. Esto ya sé que a veces es difícil de entender, porque muchos durante mucho tiempo no lo hemos entendido ni lo percibíamos y creíamos que era posible eso que se dice de un nacionalismo incluyente e integrador. Pero no. Es como hablar de circulo cuadrado. No puede ser.
En el nacionalismo el concepto de identidad, y vuelvan a leerse el libro “El Danubio” de Claudio Magris (Anagrama, Barcelona 1988) y la historia de Europa, la identidad al final está relacionada con la violencia. La identidad entendida como se entiende en el nacionalismo termina al final derivando en violencia y en totalitarismo.
Y luego hay otra cosa evidente, lo estamos comprobando todos los días, con nuevas manifestaciones, el PNV no va a cambiar. Si no ha cambiado en 100 años, no va a cambiar, porque como decía José Luis Zubizarreta el PNV comentando el discurso del Lehendakari en el parlamento vasco hablando de ciudadanía, decía que el PNV no va a aceptar ese discurso porque pierde su razón de ser. Pues es cierto, no lo va a aceptar.
Entonces, ¿cual es la lección que hay que sacar de todo esto? Es que en Euskadi la prioridad absoluta, yo diría que casi prepolítica es desnacionalizar el país, es acabar con la hegemonía del nacionalismo.
Y esto vale mismo para las derechas y para las izquierdas de este país que de verdad sean demócratas antes que operar, actuar, unir, juntarse, etc., en base a los esquemas puramente políticos tienen aquí que unirse en función de esta prioridad absoluta, que es casi de carácter prepolítico.
Va a ser muy difícil que al final las cosas se hagan bien si no tenemos claro que aquí hay un adversario que es el nacionalismo al que no se le pueden hacer concesiones ideológicas en ningún momento y al que tampoco se le pueden hacer concesiones políticas. Se han hecho en años anteriores, se ha gobernado incluso en coalición ¿qué necesitamos mas, para que de una vez por todas se acepte por los propios partidos constitucionalistas que efectivamente no cabe hacer ningún tipo de concesión política ni ideológica al nacionalismo. Quizás en determinados sitios se podrá pactar si se hace un tercer hospital o no, se podrán algunas cosas de este tipo llegar a soluciones, pero en lo que se refiere a lo fundamental a los valores y principios fundamentales y a las reglas esenciales de la convivencia democrática no cabe el acuerdo. Por tanto en este país es fundamental que el pacto entre el PSE by el PP se mantenga, al margen incluso de lo que pueda suceder en Madrid en elecciones generales.
Y es fundamental que no se vuelva a repetir ya más lo que ha ocurrido en este territorio histórico de Álava. Que yo creo que es porque no se ha interiorizado de verdad que con el nacionalismo no hay acuerdo posible.
2º.- La segunda cuestión, es que al mensaje constitucionalista le falta calidez y atractivo. Y es cierto porque no es fácil en principio, el discurso de la razón frente al discurso de la emoción o del sentimiento. Es mucho mas fácil y algunos lo sabemos muy bien, es mucho mas fácil calentar al auditorio, emocionar a la gente en torno al mito y en base a una serie de conceptos que no tienen nada que ver con la razón. Es mucho más difícil el lenguaje d ella igualdad que el lenguaje de la diferencia. Es mucho más difícil y menos atractivo el lenguaje de la ley, que el lenguaje basado en la costumbre, en la tradición, en las leyes viejas. Es mucho más difícil el lenguaje de comunidad, que el lenguaje de pueblo. Es menos cálido, porque estamos menos acostumbrados, el lenguaje de ciudadanía que el de identidad. Y es mas, como esto es difícil nosotros mismos caemos en la trampa de utilizar el propio lenguaje, de entrar a debatir o a razonar en términos similares, quizá por un esfuerzo inútil en querer llegar a un acuerdo que no se va a dar nunca, sin darnos cuenta que en ese terreno, como decía Manu Montero, siempre perderá el discurso de la razón. Que es el discurso, en definitiva, del cambio.
Ahora bien, yo creo que a pesar de esta dificultad hay maneras concretas de hacer atractivo el discurso del cambio, de dar calidez a ese cambio. Yo creo que es explicar de alguna manera, clara y concreta a los ciudadanos en que consiste en concreto ese cambio, lo que va a suponer para cada uno de ellos en la realidad y que eso además lo visualicen en la acción de gobierno día a día y en los resultados que se van produciendo. Yo creo que es atractivo un país en el que se respeta la ley, en el que la primacía de la ley no es una palabra hueca, en el que la hace la paga, en la que no se puede impunemente reírse de la libertad de los demás, ni se puede hacer matonismo político. Y eso afortunadamente se ha empezado a hacer y hay que seguir haciéndolo.
Yo creo que es atractivo a los ciudadanos que hay que hacer un país en el que cada uno pueda elegir, yo mismo libremente la lengua en la que quiero comunicarme con los demás y en todas las esferas d ella vida y que esa elección no va a atraer consecuencias penosas para nadie, que no va a ser desfavorable, que va a ser neutra, que si alguien quiere escribir en castellano o quiere cantar en castellano va a tener las mismas oportunidades y el mismo apoyo que el que lo quiera hacer en euskera, y que en definitiva van a ser los ciudadanos los que decidan con quien conectan, a quienes leen o a quien escuchan. Pero que no sea un plus, o una carga el ejercicio de la libertad básica de elegir la lengua de comunicación.
Yo creo que es atractivo explicar a la gente que queremos un país donde podamos elegir la lengua vehicular para educar, para formar, para enseñar, que sea efectivo y que se visualice.
Creo que es atractivo explicar que se va a impedir que el euskera sea considerada como la única lengua propia de este país, porque tan lengua propia o mas de este país es el castellano, que es la lengua materna del 80% d ellos ciudadanos de este país. Y que el euskera no va a ser un factor de distorsión para acceder a un puesto de trabajo, sobre todo en lo que es la función y en los servicios públicos. Y que va a dejar de ser negocio para algunos, esos que so pretexto de politización, ellos que viven gracias a que toda la política d este país durante 30 años se ha puesto al servicio de una opción determinada esconden su falta de categoría moral con el argumento de que se está politizando.
Yo creo que es atractivo explicar que el cambio va a suponer acabar con el clientelismo político e ideológico en la administración y en el entramado financiero y de sociedades que se ha creado en este país que hay que destapar y que hay que explicar. Hay que contar a la gente lo que se ha hecho durante 30 años de régimen nacionalista, que hay que demostrar que hay voluntad de revertir esa situación, sin ningún tipo de complejo ni de miedo, allí hasta donde la ley y los tribunales lo permitan. Porque es básico para hablar de cambio político en este país que la administración vasca sea, después de ese proceso, verdaderamente neutral. Sea una administración regida exclusivamente por los criterios del merito y de la competencia, y no por cualquier otra consideración.
Creo que es atractivo explicar a mucha gente que el cambio supone dar estabilidad y seguridad, que se va a poder trabajar, que se va a poder invertir, que se va a poder planificar financieramente sin estar cada dos, tres o cuatro años sabiendo bajo qué marco jurídico o bajo que sistema de relación con España o con Europa vamos a tener.
El cambio es aceptar el marco jurídico y explicar a la gente que este marco jurídico solo se cambiará cuando nos convenga a todos y decidamos todos y no cuando convenga a una ideología o a un proyecto táctico o estratégico de nadie.
Y así podríamos poner muchos temas. El cambio sería que no se vuelvan a producir las anécdotas que contaba Joseba, que no sigan interviniendo en la televisión vasca con el dinero de todos, gente que suelta verdadero veneno ideológico. Nos estamos preocupando de la contaminación de los ríos, de los montes, de los pantanos de este país, y no nos preocupamos de la contaminación mental que todavía se sigue produciendo.
Yo creo que hay que espabilar. Que tres años pasan volando. Ha pasado ya uno. Y en esta historia nos estamos jugando, como dice Teo Uriarte en un artículo, mucho más que un gobierno regional, nos estamos jugando mucho mas que una simple alternancia, que un cambio de gobierno, una cierta normalización o gestión. Nos estamos jugando mucho más aquí y en toda España cosa que tendrán que entender también los ciudadanos españoles en su conjunto y los estados mayores de los partidos que les representan.
Yo creo que las cosas se están haciendo bien. Se han empezado a hacer bien en este país, pero yo creo que hace falta un plus. Un plus no solo en la comunicación, en la transmisión en lo que se hace, yo creo que hace falta una mayor energía en el discurso, en que hay que perder el miedo a enfrentarse.
Miren, yo soy frentista. Lo siento. Estoy dispuesto a hacerme unas tarjetas que ponga “frentista”. ¿Cómo no voy a ser frentista ? Porque yo no puedo transigir sobre los derechos fundamentales. Los derechos fundamentales no se votan ni se transigen, ni son objeto de negociación, yo no puedo transigir con mi dignidad, con mi libertad, y con mi libertad de pensamiento. Y si hay un movimiento que lo coarta a mi o a los que viven conmigo claro que yo voy de frente. Aparte de que ese frentismo no lo han creado los constitucionalistas, y recordemos 1998 en Estella. Hay que perder el miedo, de que nos van a acusar de falta de transversalidad y nos van a llamar frentistas. No. Hay que ser claros, porque nos estamos jugando mucho. Y el cambio es al final la verdadera transformación. Y nada más. Muchas gracias.