(Conferencia impartida en Vitoria el 23 de octubre de 2007)
Yo creo que todos los movimientos sociales tienen una vocación política, la transformación social. Llamamos movimiento social a algo que pretende no solamente una reivindicación corporativa, sino un cambio de la estructura social.
Pero ese carácter político en el movimiento feminista es, si cabe, más acentuado, yo creo que paradójicamente. O sea que siendo las mujeres un colectivo tradicionalmente excluido de lo político, es interesante que ya desde las antecesoras del movimiento feminista más estable y más autónomamente organizado. Por ejemplo, Olimpia de Gourges en el tiempo de la revolución francesa ya entra directamente en la reivindicación de lo político. El derecho a participar en lo público es el eje de la reivindicación feminista de los clubs femeninos que ella creó cuando se excluyó a la mujer de la Asamblea.
La primera ola feminista: el derecho al sufragio.-
Y eso está también en lo que se llama la primera ola feminista que es el sufragio. A finales del siglo XIX cuando, por una parte, las mujeres que habían trabajado junto con los antiesclavistas por la abolición de la esclavitud ven que cuando se consigue la abolición de la esclavitud en EE.UU., no continua el mismo apoyo a la otra reivindicación que era la del sufragio femenino. Y además que incluso son excluidas las mujeres algunas de las reuniones de quienes habían sido sus aliados hasta ese momento.
La declaración de Seneca Falls (1848) que marca el comienzo de un movimiento separado de mujeres, es decir que las mujeres para que no quepa ninguna duda de que la reivindicación específica de sus derechos no se pospone, empiezan a hacer organizaciones y se crea la Internacional Sufragista de Mujeres que no era en aquel momento todo organizaciones exclusivamente de mujeres, desde luego lo que sí tenía como prioridad absoluta era esa reivindicación.
Yo creo que hay dos ideas base en ese feminismo sufragista. Una, es la universalización de los derechos. Es decir, eso que ahora decimos, cuando un derecho no es universal es un privilegio, entonces, si el voto fuera exclusivamente masculino lo convertía no en un derecho, no en la base de una democracia de legitimación popular, sino en el privilegio de la mitad masculina, e incluso ni siquiera toda la mitad masculina, pero desde luego estaba ya deslegitimado, desde el momento en que excluía, por principio, a la mitad femenina de la población.
Y la otra de la ideas fuerza de reivindicación del derecho al voto, es el voto como instrumento de transformación social. Las sufragistas reivindican el derecho a votar para conseguir el derecho a la educación, por ejemplo. Una de sus reivindicaciones más importantes en aquél momento, tanto en la variable de la alfabetización en un momento en que la inmensa mayoría de las niñas no iban a la escuela ni siquiera para la enseñanza más básica y también del acceso a la universidad que es una constante de finales del siglo XIX y de principios del XX.
Por ejemplo, en nuestro país hasta 1910, para todos los que trabajáis en la universidad es una cita importante, pues es el centenario de la ley de 1910 estando Emilia Pardo Bazán en el Ministerio de Educación es cuando se permitió que las mujeres se matricularan en la universidad sin autorización del Consejo de Ministros. Esto nos da idea de cuantas mujeres accedían a la universidad antes de ese año, el hecho de que cada una de las solicitudes de matrícula tenía que ir, nada menos, que el Consejo de Ministros para su autorización.
En el caso de Clara Campoamor, nuestra sufragista por antonomasia en nuestro país, que con el 75 aniversario del voto está habiendo un engrandecimiento totalmente merecido de la figura de Clara Campoamor, porque además, Clara Campoamor no solo va en esa línea, tiene un discurso en todo su trabajo parlamentario para la Constitución del 31 impecable, desde el punto de vista, la vigencia del debate sobre el derecho al voto en el año 31 es interesantísimo que está tan plena y que la pillemos en tan pocas cosas que podamos decir: eso nos sirve todavía ahora.
Ella añade a esas dos ideas, de la universalización de los derechos y de la utilidad del voto como una herramienta para conseguir los demás derechos de las mujeres, ella añade, con muchísima fuerza, la de la fortaleza de la República y de la democracia. De manera de que no puede haber democracia,ni puede haber una República digna de ese nombre, si excluye a la mitad de la población.
Yo digo que ha estado siempre muy presente en el movimiento feminista, este es el debate que también aquí puede surgir. Por ejemplo a Victoria Kent a quien utilizaron, porque yo creo que el hecho de que hubiera en ese momento en el debate de las Cortes Constituyentes del 31, que solamente hubiera dos mujeres diputadas y que se pusiera a una contra la otra. Es decir, en el debate sobre si conceder o no conceder el derecho al voto en esa constitución, las principales protagonistas eran las dos únicas mujeres que eran diputadas en ese momento, pues en fin es no solamente una expresión de las diferencias que había de opinión entre las mujeres, sino también de como se utiliza por los diputados masculinos a Victoria Kent para oponerse a los argumentos de Clara Campoamor, que incluso en eso Clara Campoamor estuvo inteligentísima de decir en su intervención en aquél debate histórico de la votación, de la primera votación que hubo, de decir que no consideraba en absoluto que su antagonista fuera Victoria Kent.
Yo creo que Victoria Kent era feminista, y que del conjunto de su trayectoria política, la reforma de las prisiones, que va también en esa línea del feminismo como humanismo, su talla política como mujer, en un momento en que había poquísimas mujeres en su nivel, yo creo que la consagran como una persona feminista, desde mi punto de vista. Yo soy de la que tiene una concepción amplia del feminismo.
Pero lo que sí me parece que es interesante es que eso manifiesta que así como la política está en el centro, en el núcleo del movimiento feminista, pero obviamente es también el motivo permanente, no solamente de concentración de las fuerzas, de la potencia reivindicativa de las mujeres, sino también como causa de divergencias y muchas veces de confrontaciones importantes, primero, entre las propias mujeres y segundo de movilidad tremenda de las alianzas del movimiento feminista con otros factores sociales y políticos.
Cuando dice Clara Campoamor: “la democracia solo se aprende ejercitándola”. Es decir, el principal argumento de Victoria Kent no podía decir como decían algunos carcamales que había en el Parlamento “es que la mujer por naturaleza, hasta los 45 años, hasta la menopausia, no podía tener derechos políticos porque mientras la mujer podía tener más atractivo sexual era imposible la compatibilidad de eso, con tener derechos políticos, o de tener esas cosas”, u otros que decían sobre la limitación del coeficiente intelectual de las mujeres para poder ejercer el voto. Pero el antagonismo de Victoria Kent es que todavía las mujeres no están preparadas, no que las mujeres por naturaleza no puedan votar, es que todavía no están preparadas.
Entonces Clara Campoamor le dice esa frase que sigue tan de actualidad: “la democracia solo se aprende, ejercitándola”. Nadie ha sabido ejercer los derechos políticos hasta que no se le ha dejado ejercerlos. Eso no se aprende en la teoría, se aprende solamente en el ejercicio de los derechos.
Después de eso, o junto, en los años 20 y 30, no solamente hay junto a Clara Campoamor defiende la tenacidad con que defendió el derecho al voto a pesar de que se hablaba mucho de Clara Campoamor en su época como para exagerar algo, ella defiende eso porque pertenece a la Asociación de Mujeres españolas, porque pertenece a una asociación que está integrada en la Internacional Sufragista y que es consciente de que entra en el Parlamento no solamente como diputada de partido radical, sino también como militante feminista.
A mí me parece que junto a ella hay otras muchas mujeres. Es importante reivindicar a Clara Campoamor, sacarla del ostracismo en que vivió en vida, pero también es importante que reconozcamos que ella puede plantear eso porque hay otras muchas mujeres que lo están planteando. Y lo están planteando no solamente en el Parlamento, que eran dos en la primera votación, tres con Margarita Nelken cuando se hizo la votación de diciembre del 31, sino que había lo que Carmen Sarasua en ese documental magnífico “Las mujeres de la herencia del 98”, hablaba de todas las mujeres, incluyendo la propia María de Maeztu, que habían accedido a la universidad, que estaban ampliando el horizonte vital de las mujeres en muchos campos.
Y hay, en ese momento, una gran contraposición y el hecho de que Margarita Nelken que se saliera del hemiciclo en el momento de la votación del voto, porque se ve el feminismo burgués y el feminismo socialista. Hay una dentro de la grandisima confrontación de clases que hay durante este período, pero también dentro del feminismo hay una hostilidad, porque yo creo que no es solamente una diferencia de opinión o de prioridades, sino que hay una hostilidad que es incluso mayor en nuestro país de lo que era a nivel de Europa.
Porque también en Europa había estas dos corrientes del movimiento feminista, pero por ejemplo Clara Zetkin, en Alemania, y dentro de la Internacional Socialista de Mujeres es mucho más abierta a la reivindicación del voto de lo que eran las mujeres de izquierda que lo veían como una cuestión de las burguesas y, que sellega a veces hasta esos extremos, como por ejemplo que representa Magarita Nelken de no querer votar, no solamente decir que esto hay que posponerlo, sino cuando ya es inminente y se tiene que plantear ni siquiera cumple la disciplina de su partido, del Partido Socialista, en ese momento, porque ella piensa que eso es una reivindicación burguesa.
Es importante que paralelamente las líderes y las que forman parte de la corriente del feminismo socialista, por ejemplo muchas son mujeres que son trabajadoras industriales en un momento en que la jornada laboral es de 12 horas, mujeres como la anarquista Teresa Claramont en Cataluña, como aquí en el País Vasco. Aquí hubo una que tuvo una proyección estatal, Virginia González de la UGT, Belén Zárraga en Andalucía. Es decir, las mujeres sindicalistas de este momento son feministas y además van haciendo muchísima interiorización de lo que es el discurso feminista y no solo solamente es que reivindiquen la no discriminación de las mujeres en el trabajo, sino que hacen una aportación mucho más importante todavía que es lo que se llamaba “el lugar de la mujer”.
El movimiento, con la industrialización y con el nacimiento del movimiento obrero, el debate no era si las mujeres tenían que ganar lo mismo o trabajar lo mismo, o menos horas, o tener permiso de maternidad, que también se discutía eso, sino lo que se decía era si el lugar de la mujer era la casa, el hogar, o era también la fábrica, era también el empleo remunerado.
Y es muy importante que la principal corriente del movimiento sindical se decanta, así como Proudhon defiende el ideal burgués de la mujer en casa, es decir porque los obreros que tienen que trabajar jornadas larguísimas, por ejemplo en el Manifiesto de los 30.000 en tiempo de Pi Margall de 187 y tantos, dicen por cierto que firman ese Manifiesto muchas obreras textiles de todo el estado dicen: “Os lo pedimos en nombre de nuestras mujeres arrancadas del hogar por una necesidad impía”. Es decir, el ideal de una parte mayoritaria del movimiento obrero es el mismo ideal que de la burguesía, de la mujer en casa alimentando el fuego del hogar, el reposo del obrero, que cuando llega cansado a casa encuentre a una mujer que le dulcifica un poco la vida y la mujer incorporada al trabajo industrial rompe totalmente con eso.
Obra no solamente de Engels que hace una contribución muy importante, no solo de Bebel en el Partido socialdemócrata alemán, sino también de todas estas mujeres de la Internacional Socialista de Mujeres y de otras que estaban fuera, como por ejemplo, las anarquistas que hacen esta reflexión de que “el lugar de la mujer no es exclusivamente el hogar, es también el derecho al trabajo, el derecho a la independencia económica y, a partir de ahí, también la igualdad en el empleo”.
Esto yo creo que es muy importante porque cuando a veces se las critica duramente porque no entendieron la importancia del sufragismo, ellas están defendiendo también la presencia de las mujeres en lo público, en este caso en lo público económico, cuando hay una mayoría de sus compañeros que lo que están diciendo es que hay que devolver, que la reivindicación obrera deber ser, la devolución de la mujer al hogar.
Transcurre esta etapa del feminismo en el sufragismo y llegamos a la II Guerra Mundial y a partir de la II Guerra mundial, lo que ya es sabido, de la incorporación de muchas mujeres a la industria mientras los hombres estaban en el ejército, y cuando termina la II Guerra mundial hay una cascada de concesiones de derecho a voto. Los países que no lo habían hecho en los 30, prácticamente todos los países de Europa conceden el voto a las mujeres después de Guerra Mundial y hay otra segunda avanzada de la universalidad de derechos. La Declaración universal de Derechos Humanos desde 1948 vuelve a ser una reflexión importantísima sobre si los Derechos Humanos son universales o solamente son de determinadas sociedades, de determinadas clases, de determinados grupos sociales dentro de la sociedad y pueden excluir, hasta el punto que se había llegado con los judíos y con otros grupos perseguidos durante la II Guerra mundial, puede llegar a negárseles los Derechos Humanos.
Yo creo que vuelve a haber otra hornada, no solo Leonor Rosevelt, sino que hay otra hornada de mujeres feministas que hacen apuestas fortísimas por la Declaración universal de Derechos Humanos, por la universalización de un paquete importante de Derechos Humanos.
A la vez de que las mujeres hacen resistencia a abandonar la industria, el empleo en la industria, cuando vuelven los hombres y tienen que volverles a dejar que se incorporen a esos puestos de trabajo, pero a la vez surgen los Estados de bienestar, fruto del keynesianismo y de, por ejemplo, Gloria Nielfa ha hecho en Madrid un ciclo sobre “Feminismo y sindicalismo. Un siglo de relaciones” y por ejemplo Gloria Nielfa en su ponencia hizo una intervención interesantísima sobre como hacían las relaciones los países escandinavos donde la alfabetización de las mujeres, a diferencia de nosotros que casi todas nuestras mujeres trabajadoras eran analfabetas y por tanto muy poco cualificadas, ella cuenta que en Suecia las mujeres estaban alfabetizadas, las mujeres obreras también y que por eso trabajaban en lo que ahora llamamos Artes Gráficas, pero que entonces se llamaban “tipógrafos”.
Los tipógrafos han sido la vanguardia del movimiento obrero en el siglo XIX en todas partes, porque eran los obreros ilustrados. Es sabido que todos los movimientos sociales sociales necesitan de tener una teoría importante, eso que decía Marx cuando hablaba de la Comuna de París, de que los movimientos que avanzan son los que llevan a los intelectuales a la calle y a los obreros concienciados al estudio, decía él en la Comuna. Y efectivamente, esto permitió que en los países escandinavos el tema de la maternidad, la protección de la mujer no se planteara de una manera tan ligada a la exclusión de la mujer de determinados empleos, sino mucho más desde el punto de vista de la igualdad.
Es decir, no es el tema de hoy, pero es algo para decir que hay una correlación entre la contraposición de proteccionismo y discriminación que hay en algunos países, que está muy vinculada a la consecución de las mujeres de las clases populares de determinados derechos, como era el derecho a la educación.
Estamos en los finales de los años 40, en la postguerra, surge el Estado de bienestar en algunos países y, desde luego sí que empieza mucho más derechos de protección social en casi toda Europa y también en EE.UU., y por no hablar de la Unión Soviética y de la revolución soviética y vuelve a plantearse nuevamente el tema de la ciudadanía.
Helga María Hernes, una que ha sido ministra en Noruega que tiene un libro titulado “El poder de las mujeres y el Estado del Bienestar” cuenta lo importante que fue y que es todavía el desarrollo del Estado del Bienestar en un triple faceta.
En primer lugar, libera a la mujer del trabajo doméstico no remunerado. El desarrollo de la educación hace que muchas horas de dedicación de las mujeres a los niños se socialicen y por tanto se libera de esa carga. El desarrollo de la sanidad pública hace que las tareas de cuidados de los enfermos pasen a compartirse y a profesionalizarse socialmente y, también libera de trabajo doméstico a la mujer.
En segundo lugar, todos estos servicios son muy intensivos de mano de obra y, por tanto, generan mucho empleo y eso es lo que permite que en esos países hay un salto grandísimo en la proporción de mujeres incorporadas al empleo.
Y en tercer lugar, como ciudadanas, es decir cuando las mujeres ven que el Estado desarrolla esas tareas de las que sí entienden, porque saben que si no las hace bien el Estado van a volver otra vez a recaer en ellas. Las mujeres adquieren un compromiso de ciudadanía activa mucho más potente.
Entonces, no es casualidad que esos países sean los primeros en el sufragio pasivo y la incorporación de las mujeres a los cargos públicos empieza a despegar. Mientras que nosotros hemos estado, por supuesto por el franquismo, mucho más relegados de todos esos movimientos y hemos llegado a los primeros años de democracia, incluso con la democracia hay un estancamiento todavía en cuotas muy bajas de incorporación de las mujeres a los cargos de democracia representativa.
Mientras esto está sucediendo y, que nosotros estamos por el franquismo en plena regresión, estamos en los años 50 en el auge del Fuero de Trabajo, que decía que libera a la mujer casada de la fábrica y del taller y todo eso, mientras tanto hay una cierta desactivación del movimiento feminista, la principal reivindicación para el sufragio, se ha conseguido y de ahí unos años y unas décadas que no hay la misma concentración, ni la misma movilización que había habido anteriormente.
La segunda ola feminista: los derechos sexuales
Paralelamente hay una reflexión teórica muy importante respecto a otros aspectos de la opresión de las mujeres y especialmente de la opresión sexual de las mujeres. Surgen las teorías feministas en EE.UU., por ejemplo, sobre el tema de la opresión sexual y se va poco a poco fraguando hasta llegar a finales de los 60 a la segunda ola, a la segunda gran movilización, con movilizaciones y manifestaciones muy numerosas en Europa y EE.UU. por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, por el derecho al aborto, por el derecho a la sexualidad, es decir que hasta entonces, la mujer era pura maquinaria de reproducción, la sexualidad de la mujer era exclusivamente orientada a la maternidad.
Sin embargo, empieza a haber la reivindicación del deseo sexual, de hacer mejor el deseo sexual de las mujeres y, también, se ve como todo lo sexual, todo lo que estaba en el campo de lo privado de lo que no se hablaba nunca es también político. El lema de los 70 es “lo privado es político”.
Esa segunda ola vuelve a tener también la centralidad de la reivindicación política y tiene, como pasa siempre que lo político pasa a ser ostensible en el movimiento feminista, que hay controversia. Y vuelve a haber otras corrientes: el feminismo liberal y el feminismo socialista entre las anglosajonas; en el sur de Europa, sobre todo en Italia, el feminismo de la diferencia frente al feminismo de la igualdad.
Y yo creo que ha sido muy importante respecto al feminismo de la igualdad, y ahí sí que ya estábamos vivas las que estamos aquí, es que vuelve a haber una reflexión muy profunda sobre lo que son los derechos políticos y sobre todo lo que es el concepto de poder.
Yo creo que tenemos una grandísima suerte de haber tenido muy cerca a una teórica como Celia Amorós que ha hecho una contribución enorme a dos cosas: una, a desmitificación del poder, es decir cuando dice esta doble acepción del poder, el poder como lo contrario de la impotencia, en el aspecto individual poder es lo contrario de impotencia, de no poder; y en el aspecto colectivo, tener poder es influir más de lo que eres influida. Cuando ella dice esas dos acepciones del poder están en el núcleo de los estrépitos sexuales, o sea el hombre no solamente tiene un proyecto vital mucho más amplio, puede trabajar en lo que quiera, puede emprender muchísimos proyectos personales, mientras que la mujer tiene un proyecto totalmente encasillado en el papel de esposa y madre. Y socialmente los hombres no solo en lo político, sino también en otras instituciones como es la propia pareja, se enamora de un hombre porque es fuerte y protector, el estereotipo como el hombre como el potente, el fuerte, está muchísimo en el enamoramiento. Te enamoras de lo diferente a tí, y tu eres la mujer débil y necesitada de protección, y el hombre es el fuerte que en el momento del enamoramiento te protege como si fuera un paraguas que te cubre de las inclemencias de la vida, pero esos roles de pareja evolucionan en cuanto transcurre un poco de tiempo a que el hombre es prepotente, ya no es el protector sino el prepotente que siempre tiene mas fuerza que tú. Lo mismo si es para decir como educar a los niños, como si es para decir donde nos vamos de vacaciones, que si es para opinar sobre algo que están dando en las noticias. Es decir, este hombre prepotente que siempre antes de convencer está venciendo. Y de ahí el maltratador, eso que es algo que tenemos tan criticado en la sociedad de que ese modelo de relación de pareja es el motor del maltrato hacia las mujeres dentro de la pareja.
A la vez, Celia Amorós eso lo lleva al campo político, exponente de la Conferencia de Atenas de 1992 donde se plantea por primera vez el concepto de “democracia paritaria”. Se dice que hay un déficit democrático en los países que aun reconociendo el derecho al voto no han concedido a las mujeres el sufragio pasivo, el derecho a ser votadas en paridad, son países que no pueden decir que su democracia sea representación del pueblo. Cuando la constitución dice que todos los poderes emanan del pueblo, pues no, emanan de la parte del pueblo que accede a los cargos de democracia representativa.
Se acuña en la Declaración de Atenas de 1992 este concepto y además un contenido concreto, solo se puede hablar de democracia paritaria cuando estamos en un mas menos 10% del 50 que sería la paridad estricta. Entre el 40 y el 60% se puede hablar de que hay paridad.
A partir de ahí pasan dos cosas: por una parte el movimiento feminista y los partidos políticos siguiendo la estela de los partidos socialdemócratas de los países escandinavos, por ejemplo el PSOE implanta la cuota de mujeres en el año 1985-6 y el PCE e Izquierda Unidad también a finales de los años 80 se autoimpone la cuota y empieza a haber una confluencia entre los partidos políticos y el movimiento feminista que permite que, por ejemplo, en la Conferencia Mundial de Pekin en 1995, el concepto de empoderamiento sea uno de los ejes vertebradores de toda la plataforma de acción de la IV Conferencia Mundial de la Mujer.
Se pasa de que las reivindicaciones de las mujeres estén más basadas en la victimización, es decir en que las mujeres somos discriminadas a lo que hay que hacer es empoderar a las mujeres, tanto que incluso la mujer más pobre, la más machada de la tierra, tiene dentro capacidades y potencialidades que pueden hacerlas crecer, como que socialmente no haya unos corsés, no haya unos moldes estructurales que impidan ese desarrollo personal de la mujer.
Ahí es muy importante la confluencia del movimiento feminista y lo que son los partidos políticos que configuran las instituciones políticas. Y por otra parte para el movimiento feminista es una profundización y una vuelta a conectar con esas raíces de la primera ola feminista del sufragismo para entender que la política en democracia es el principal instrumento de transformación social. Por ello es muy importante que haya mujeres en los puestos de decisiones para que se puedan, otra vez conectando con lo mismo que habían dicho nuestras antecesoras, para volver otra vez a utilizar la política como una herramienta de transformación social.
Estamos en esto que es controvertido, porque no todas las feministas, por ejemplo las feministas de la diferencia no conceden esa importancia al poder, al contrario, sabéis que el feminismo de la diferencia hace de la necesidad virtud, hace de lo que llama los valores femeninos, por ejemplo las mujeres somos más dulces somos menos ambiciosas, etc, es decir, todo lo que nos han obligado a ser, pues lo convierte en una virtud. Como nos han privado el poder nos han hecho ser poco ambiciosas, como nos han privado de la fuerza tenemos que ser dulces y persuasivas. El feminismo de la diferencia hace de eso una cualidad y eso es lo que la critica la propia Celia Amorós que ha sido muy hostigadora del feminismo de la diferencia, lo critica como una condena a perpetuar el statu quo. Es decir, que si tu admites lo que te han obligado a admitir luego no vas subvertir nunca ese orden. No todo el feminismo está de acuerdo con esto, pero la mayoría, en el estado español es clarísimo, del movimiento feminista sí ha hecho de la democracia paritaria una de sus reivindicaciones. No lo ha convertido solo para las mujeres de los partidos políticos, sino que la ha convertido en una de sus principales herramientas de transformación.
En veinte años hemos pasado de un 6% a un 37% de mujeres en los cargos de representación, tanto municipales como en los parlamentos, en los cargos de democracia electiva directa. Yo creo que eso eso casi un récord mundial. No es la paridad, que sería el 50%, hay otras cuestiones cualitativas de la democracia paritaria, pero con la ley de Igualdad de 2007 que eso ya lo establece por ley, con las elecciones municipales de mayo de este año, que por primera vez se ha aplicado en el ámbito más extenso que se eligen 66.000 concejales. Es decir que ahí hay un cuerpo electoral muy potente, se ha aplicado a los municipios de mas de 5.000 habitantes, pero el aspecto positivo y que releva hasta qué punto ha calado en la sociedad, los municipios de menos 5.000 habitantes, aunque no hay todavía datos oficiales, aunque la Federación Española de Municipios y Provincias ha hecho un estudio bastante fiable y luego varias asociaciones de mujeres hemos hecho estudios parciales y coincidimos, se ha pasado de un 27% de concejalas a un 37%. Ha crecido 10 puntos la presencia de las mujeres en los ayuntamientos y además lo que es muy significativo es que los municipios de menos 5.000 habitantes, que no estaban obligados por la ley, han crecido también esos 10 puntos están solamente a dos puntos de diferencia de los de mayor tamaño. Lo cual revela que aparte de que te anulen una candidatura porque no cumplas con la ley, hay una demanda social, y los partidos que presentan candidaturas son conscientes de que el electorado pide más igualdad de representación de mujeres y hombres.
Hay que decir que la parte instrumental de esa democracia paritaria no está desarrollada. Es decir, no percibimos tanto cambio en el contenido de la política como el que percibimos en los centros teóricos de decisión política. Ahí hay muchos aspectos que podemos señalar: primero, los que dice la ciencia política, cómo se hace la selección en los partidos políticos de las personas en torno a las candidaturas.
La misma encuesta de la Federación de Municipios vuelve otra vez a decir que aunque ha variado algo sigue habiendo una rotación mucho mayor de las mujeres que de los hombres. La lectura positiva es la que hacia la Presidente del Parlamento andaluz, que dice que las mujeres somos la juventud del poder, no solamente porque las mujeres que están en cargos de representación son más jóvenes, sino que, en una lectura negativa, los estereotipos sexuales, es decir la mujer joven, guapa, con mucha cualificación, hay muchos requisitos añadidos para ser concejala o diputada respecto a los que hay para ser concejal o diputado.
Pero además, una vez que llegas, tienes menos posibilidades de repetir mandato y, por tanto, de
consolidar un liderazgo político que no se suele consolidar en cuatro, sino que requiere algo más para que te conozca la gente, para que tu aprendas a ejercer el cargo, y, en cambio, a las mujeres no se les da esa segunda oportunidad. La Federación de Municipios dice que solo el 40% de las mujeres repiten mandato, a pesar de que era un año de aumentar mucho el número de concejalas y en cambio el de los hombres es del 60% repiten mandato. O sea que, hay mucha más carrera profesional en la política para los hombres, y eso por no hablar de las responsabilidades concretas. Porque la concejalía de los hombres tiene más peso político, tiene más influencia, aunque nominalmente el mismo cargo de concejal.
De los indicadores que pone el PNUD, el Programa de Naciones Unidas para el desarrollo y potenciación de la mujer, es en el de presencia de mujeres en las instituciones de democracia representativa en el que estamos mejor. Primero, porque hemos progresado en muy poco tiempo y segundo, porque a nivel mundial somos de los países que tienen mejores cifras. No tanto en otros contenidos de la política, por ejemplo estamos a la cola de Europa de los 27, en cuanto de incorporación de las mujeres al empleo. Veinte años después de habernos integrado a la Unión Europea que ha tenido siempre una política muy sistemática de incorporación de las mujeres al empleo, nosotros estamos en el cuarto lugar empezando por la cola en esta materia.
Sin embargo, el problema de la democracia representativa es su deslegitimación y no su devaluación. Hay gente que dice cuando las mujeres se incorporan a algo entonces ese “algo” se devalúa. Es una teoría que se dice muchas veces. Por ejemplo, si una mujer es cocinera, la cocina es una cosa facilísima, si la cocina de firma es masculina es una cosa de muchísimo prestigio social. A mi me parece que ese no es un problema. Si esto de que a igualdad de cargo, las mujeres lo tienen con menos poder, que hay de eso hay, que la política en relación a la economía pierde poder y por eso se puede feminizar, porque ahora lo que de verdad interesa a los hombres con mucha ambición de poder es el poder económico más que el político, etc. A mi me parece que no es tanto, a mi me parece que el principal problema ahora mismo de la democracia representativa es su deslegitimación, no es tanto el que no se haya ajustado a la globalización económica o que tenga otro tipo de desajustes, sino que su principal desajuste es que hay una corriente mundial de deslegitimación de las instituciones de democracia representativa, que tiene su principal expresión en la abstención. Nosotros, en España, tenemos entre un 25% y un 33% de abstención que para un país que tiene una democracia tan reciente es grave y preocupante. Polonia que acaba de votar ha tenido un 46% de abstención, y no ha salido tan mal como esperaban. En EEUU hay todavía cotas más altas. La abstención es una luz de alarma importantísima sobre todo el sistema de democracia representativa.
¿Qué alternativas hay a ese problema? Porque siempre decimos que la democracia es el mejor sistema, con todos los defectos que tiene. Yo creo que las corrientes más importantes van en la línea de la democracia participativa. La democracia participativa no es contraria a la representativa, no deslegitima, no dice que los son concejales y diputados no valgan para nada, pero lo que hace es que entre votación y votación intercala, por una parte, otras ocasiones de participación del conjunto de la ciudadanía y, además, incorpora lo que se llama la ciudadanía activa, es decir a otros colectivos de personas que están organizadas, no solamente en los partidos políticos, tenemos del orden del 4% de población afiliada a partidos políticos, mientras que la población afiliada a organizaciones sociales en sentido plural es del 12%. Es decir que hay mucha gente que dedica una parte de su tiempo a participar en asuntos colectivos que pueden ser, con menos vocación de globalizar toda la problemática social que la que tengan los partidos políticos, pero que en cambio, bien de una manera sectorial, o bien de una manera temporal, tienen una influencia muy importante en la formación de la opinión pública y también en una cosa que es fundamental para la democracia que es transformar las necesidades en demandas. Es decir, hacer que antes de que estalle el conflicto social haya una capacidad de poder plantear una alternativa a los conflictos y a los problemas sociales.
Y ahí el movimiento feminista ha tenido también una apuesta decidida por la democracia participativa. Se ha llamado “diálogo civil”, por ejemplo a nivel de la Unión Europea el lobby europeo de mujeres ha tenido una contribución importante a esta constitución europea hoy desechada pero que introducía el concepto y el principio de democracia participativa con dos instrumentos básicos. Uno es el referéndum y las consultas populares, y la otra, que son los Consejos de participación, los cauces estables de consulta a través de la gente que está más concienciada y más organizada.
La democracia participativa permite que este potencial tan enorme que tenemos de mujeres en los cargos de representación sirva para hacer mejor política, una política más adecuada a la resolución de los intereses, de las necesidades y a combatir la discriminación de la mujer en todos los demás campos.
¿Cuáles son las asociaciones que alimentarían esa parte de la democracia participativa? Ahí tenemos el tema de que tenemos un movimiento feminista muy atomizado, lo cual es muy adecuado para uno de los objetivos del feminismo que es la autoconciencia de las mujeres y de ayuda mutua entre mujeres pero muy poco adecuado para la participación política. Porque con 3.300 asociaciones que hay en toda España es muy difícil que haya una coordinación y una unidad de acción permanente. Este es uno de los temas que aparece como una barrera para la democracia participativa de las mujeres.
Otro es el que el tejido asociativo tiene, porque creo que no ha habido en la historia tantas organizaciones no gubernamentales, el propio concepto de ONG es muy reciente porque cuando se crea la Cruz Roja que es la más antigua, no es existía el concepto de “no gubernamental”. De hecho los estatutos de Cruz Roja tienen una presencia gubernamental fortísima. No había esa idea de la autonomía respecto al gobierno de los movimientos sociales que tenemos actualmente.
A pesar de eso, hay una tendencia a la gubernamentalización, bien por la vía de las subvenciones o bien por la vía de que es más cómodo el acomodarse al poder que cambiarlo. Sin embargo, el propio concepto que da Naciones Unidas de Organización no gubernamental dice que además de tener una organización estable, además de ser claramente independiente de los gobiernos, tiene que tener la voluntad de cambio social, que no sea puro corporativismo o pura gestión de proyectos, sino que tenga un proyecto de transformación social.
Pero yo creo que en el movimiento feminista, a pesar de que el feminismo, yo siempre hablo de feminismo en un sentido amplio, porque de entre esas 3.500 asociaciones está entre el 10 y el 20% las que nos autodenominamos feministas, el resto son asociaciones que se llaman de mujeres que en su inmensa mayoría tienen un compromiso clarísimo por la igualdad, y por eso me parece que son nuestras aliadas principales. Pero por otra parte, tienen el acento que, Soledad Murillo en su estudio “Asociaciones de mujeres. Ciudadanía activa” dice que, las asociaciones ven la política como contaminante y desestabilizadora. Cuidado, no hablamos con el gobierno, ni del ayuntamiento, ni de la comunidad, que son el poder y nos influyen mas de lo que nosotras a ellos y nos pueden sacar de los límites de nuestra propia identidad. Y por otro lado, los políticos ven a las asociaciones de mujeres como todavía domésticas y poco capacitadas para la política, en el sentido de la presentación de demandas, la negociación de sus reivindicaciones, la capacidad de interlocución.
Por eso dice, que la relación entre las instituciones y las asociaciones es que ven a las mujeres más como susceptibles de tutela que de interlocución. Yo creo que eso es absolutamente cierto. Hay una infantilización política, como siempre pasa con la privación de los derechos políticos y del empoderamiento de cualquier grupo, que es reciproca: el poder mantiene en esa infantilización a las asociaciones y, las asociaciones estamos cómodas siendo infantiles, porque eso nos quita bastantes problemas y bastantes complicaciones. Entonces interiorizamos también que a lo mejor es bueno que estemos fuera.
Frente a eso, no podemos mantenernos en la infantilización de las mujeres activas en las asociaciones de mujeres, porque yo creo que eso ahora, en la que democracia del siglo XXI, o combina la democracia participativa con la democracia representativa o da esa madurez política a las mujeres y permite que las asociaciones sean una instancia intermedia entre las instituciones y las mujeres que deben estar paritariamente en esas instituciones y el conjunto de la sociedad, o jugamos ese papel de ciudadanía activa o realmente todo lo demás. Es decir la reivindicación del voto de la que hemos hablado antes, que por cierto es importante también decir que tenemos un 10% de nuestra población privado del derecho al voto es decir los inmigrantes no comunitarios no tienen reconocido el derecho al voto, y eso va en contra de la universalización que hemos hablado y que ha sido siempre un lema del movimiento feminista pero aparte de eso, puede hacer frustrar las expectativas que tanto la conquista del voto como la conquista de la democracia paritaria ha fortalecido al movimiento feminista.
Termino con lo que había empezado, diciendo que fue precisamente el feminismo del siglo XIX el que tuvo la lucidez de atacar justamente ese modelo del desempoderamiento, del monopolio masculino del poder y de entender que el voto y la politización de las mujeres era lo que estaba mas lejos de su situación en aquel momento, pero que era esto lo que iba a desencadenar todo lo demás. Yo creo que eso vuelve a ser importante.
Es decir vuelve a ser importante que entendamos que la participación política en democracia es una herramienta para el cambio de la violencia de género, para el cambio de la discriminación en el empleo, para el cambio en el monopolio femenino del cuidado de las personas dependientes, etc. Y que eso otra vez lo tenemos que hacer valer combinando el mantenimiento y el desarrollo de los derechos que nos han legado nuestras antecesoras con lo que ahora nos toca construir. Gracias.