La Política Lingüística Vasca a Debate

 

ÍNDICE

 


9º- Joseba Arregi: Consideraciones sobre las bases de la política lingüística

 

Las siguiente reflexiones se desarrollan al hilo de lo expuesto en el informe titulado Bases de una Política Lingüística para el Comienzo del Siglo XXI del Consejo Asesor del Euskera del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco.


El objeto de estas reflexiones es analizar los fundamentos de la política lingüística. En ello estriba la invitación que se nos ha hecho. Dentro de la cultura moderna en que nos movemos, en la que se pone en cuestión todo tipo de metodología, reflexionar sobre sus fundamentos significa, entre otras cosas, tratar sobre las razones no explícitas de lo que se dice y sacar a la superficie lo que queda sin expresar, puesto que, en nuestra cultura, mientras no se actúe así siempre nos quedará la sospecha de que detrás hay motivos ideológicos.


Ello no significa que no pueda llevarse a cabo un análisis sin connotaciones ideológicas, pero hay que hacer todos los esfuerzos necesarios y todos los esfuerzos realizados deben ser motivo de análisis.


No cabe la menor duda de que el informe redactado por el Consejo Asesor del Euskera supone un gran esfuerzo: se aprecia enseguida el deseo de mantener un equilibrio, de eliminar los excesos acostumbrados y la falta de respeto hacia la otra lengua, es decir hacia las personas no bilingües.


Sin embargo, y sin intención de discutir lo que se ha dicho, sino para dilucidar sus posibles contradicciones y para aclarar las posibles consecuencias, no por involuntarias menos reales, que puedan derivarse de ello, creemos conveniente hacer algunas reflexiones, que desarrollaremos a continuación.


Tal como se dice repetidamente en el informe, sobre todo en cuanto se refiere a lo que es habitual en una sociedad democrática, en lo referente a la globalización, etc., las reflexiones correspondientes a la política lingüística se sitúan en el ámbito de la sociedad postmoderna occidental. Ello queda patente por cuanto el informe toma en consideración el valor de la universalidad y las reivindicaciones del comunitarismo: ya que los problemas que plantean las reivindicaciones de la universalidad y del comunitarismo son elementos que pertenecen a la estructura interna de la cultura moderna, y no son directamente problemas correspondientes a una política lingüística determinada.


Una de las características principales de la mencionada postmodernidad es la creencia de que todas las contradicciones son superables: sería suficiente contrastar una con la otra, aún siendo contradictorias, reconocer que se admiten ambas, que alguien acepta las dos, para llegar a la convicción de que todas las contradicciones son superables. Es propio de la subjetividad postmoderna, erigida como un ídolo, la creencia de tener plena autoridad y atribución para solucionar todos los problemas. De esta forma no hay necesidad de tomar opción alguna. O como diría algún pensador contemporáneo (Foucault, Agamben), viene bien aferrarse firmemente a la opcionalidad permanente para así evitar la presión de la realidad que sobreviene tras toda elección y vivir de este modo en completa libertad.


Dentro de dicha característica se sitúa la creencia de que todos los derechos son reconocidos a la vez y para toda la humanidad, como si los derechos fuesen bienes ilimitados y carentes de toda contradicción entre ellos.


Como observaremos más adelante, en el informe se aprecia la existencia del rasgo citado, aunque también se exprese lo contrario: es decir, que los derechos personales pueden implicar obligaciones para otra persona, pero en el ámbito de la convivencia que estudiaremos, en una convivencia en la que se verían superadas todas las contradicciones y oposiciones


En ese sentido es preciso señalar que el consenso es muy necesario en lo que se refiere a la política lingüística, pero la democracia, que se cita repetidamente en el informe, es de por sí conflictiva, y siempre habrá que partir del acuerdo básico para la gestión de las diferencias y la canalización de las contradicciones, aceptando unas reglas de juego válidas para todos.


Llama la atención que en una sociedad en la que somos incapaces de llegar a ese acuerdo básico -que en caso de ser obtenido posibilitaría la gestión de las contradicciones y diferencias con respecto a la política lingüística-, el informe subraye tan repetidamente el término consenso en la política lingüística. Quizá no sea más que la expresión precisamente de la ausencia de acuerdo básico, pero ello también significa la imposición de un peso que no corresponde a una política lingüística, una carga que no le hace ningún favor. (Y en la medida en que una política lingüística es también política, no puede ser considerada independientemente de las características y la situación de nuestro entorno político).


Por todo ello, uno de los aspectos del texto que me parece menos satisfactorio es que no se plantean con mayor crudeza las cuestiones entre distintos derechos, entre distintos puntos de vista, no sólo los correspondientes a las políticas concretas derivadas de bases consensuadas. Todo se sitúa en el paraíso hegeliano: en un hipotético consenso que superaría todo tipo de contradicciones, en el que lo real sería totalmente racional, y lo racional plenamente real.


Aunque en la última parte del texto se plantea el posible conflicto entre los derechos de los hablantes, si bien no demasiado explicitamente, lo que se esconde tras el texto nos hace pensar justo lo contrario: que es posible una política lingüística que respete y deba respetar todos los derechos de los hablantes bilingües y monolingües. De ahí la petición continua de consenso y la insistente mención de la convivencia entre las lenguas, junto con la importancia que el informe concede a la cohesión de la sociedad. Con el propósito de limar todas las asperezas de una política que es y sólo puede ser una opción política entre otras, se le niega su propia naturaleza política, es decir, su condición de opción y la generación de problemas que ella misma conlleva.

Sin embargo, si en la sociedad vasca se pretende garantizar todos los derechos de los hablantes, tanto los de los bilingües como los de los monolingües, debe tenerse en cuenta que ello suma más del cien por cien. Necesitaríamos dos sociedades para ello: una sociedad que hablase en español y otra sociedad que hablase en euskera. (Por otra parte, si el español es el nombre oficial de la lengua que nosotros hemos venido en llamar castellano, considero que en un informe de la Secretaría de Política Lingüística, siendo como es un órgano del Estado, debería denominarlo de esa manera). De ello pueden derivarse consecuencias bastante graves, como examinaré más adelante. Es un concepto muy postmoderno el que los derechos, cuyo número crece incesantemente, son ilimitados, nunca contradictorios y siempre inagotables. En dicho pensamiento se ubica el discurso de la extensión y ampliación de los derechos que se ha convertido en habitual en todo el Estado. No obstante, de la mano de Michael Walzer deberíamos aprender que si se pretende que los derechos, sobre todo los derechos humanos, sean universales, tienen que ser los menos posibles, porque de lo contrario se concretan demasiado, y el exceso de concreción pone en peligro la universalidad de los derechos e incluso los enfrenta entre sí.


A continuación de estas reflexiones hechas a modo de introducción, es necesario examinar una de las contradicciones que en mi opinión pueden detectarse en el informe. Utiliza dos paradigmas distintos, sin analizar la relación entre ambas. Por un lado y en mi opinión, repito, lo que predomina en el texto es el paradigma de los derechos de la lengua. El otro paradigma es el de los derechos de los hablantes. El sujeto de muchas o de la mayoría de las frases que se leen en el informe es el euskera. El sujeto agente es la lengua. Es la lengua lo que se tiene en cuenta. La situación de la lengua, su naturaleza, su pasado y su futuro.


El hilo conductor principal del discurso es el propio idioma. Que si el euskera necesita esto, que el euskera necesita lo otro, que el euskera merece tener futuro, que el euskera sufre este tipo de situaciones, que el euskera está necesitado de una normalización, que lo que importa es el uso del euskera, que el euskera está en situación de inferioridad. Por lo tanto, el euskera es, en la mayor medida, el sujeto de las derechos.


Es cierto que también se citan los derechos de los hablantes, los de los vascohablantes. Pero en un plano inferior al de los derechos de la lengua, y sin analizar las posibles contradicciones entre ambos derechos. Los derechos de los hablantes, que en una sociedad bilingüe son fuente de distintos derechos, y los derechos de la lengua no son necesariamente los mismos. Sobre todo cuando en una sociedad bilingüe como la nuestra los derechos lingüísticos se limitan a una lengua, a los derechos del euskera, y ni se toma en consideración los derechos de la otra lengua, la que utilizan los castellanoparlantes, ya que los derechos de las lenguas se supeditan a su salud demográfica.


En ese sentido el informe declara que el euskera se encuentra en situación de debilidad –precisamente en esa situación se fundamentan los derechos del euskera-, y asímismo que la situación de los vascoparlantes es de inferioridad, ya un vascófono se ve imposibilitado para expresarse únicamente en euskera durante las veinticuatro horas del día y en cualquier circunstancia social. Ello supone, aunque el informe no lo dice explícitamente, que el monolingüe castellanoparlante no encuentra problemas de esa índole en la sociedad vasca.


El informe olvida, sin embargo, que en la administración –y no sólo en ella-, muchas de las plazas, las de mayor nivel, y por ello muy apetecidas, se reservan a los hablantes bilingües. En este campo, en nuestra sociedad, la persona monolingüe es la que se encuentra en situación de inferioridad y, por el contrario, la bilingüe tiene cierta ventaja.


Este ejemplo nos indica que los dos paradigmas pueden contraponerse: es cierto que el español no está en peligro, aún en el supuesto de que desapareciese de la sociedad vasca. Ello, sin embargo, no le serviría de consuelo al ciudadano monolingüe castellanoparlante a la hora de acceder a un puesto de trabajo, o, por poner otro ejemplo, cuando la primera cadena de la televisión vasca transmite un partido de pelota del campeonato manomanista.


Al hilo de lo expresado es preciso señalar que la división que se da en nuestra sociedad no es entre vascófonos y castellanoparlantes, sino entre personas monolingües y bilingües. Y los vascófonos, actualmente todos, son bilingües, y la mayoría de los castellanoparlantes son, por el contrario, monolingües.


El plantear la división de esta manera conlleva consecuencias. A la hora del uso lingüístico, el desconocimiento de la otra lengua supone un impedimento para el monolingüe, y cuestión opcional para el bilingüe. Cualquier lengua posee un valor comunicativo en la medida en que es una herramienta de comunicación. Tiene, además, un valor simbólico, en la medida en que representa un valor identificativo de un grupo, de una tradición y de una cultura, y por ello a menudo lleva consigo un gran valor sentimental, por encima del valor funcional que tenga o pueda tener.


Pero la división entre las personas bilingües y monolingües de nuestro entorno se establece entre las que están en situación de inferioridad y las que pueden optar, aún cuando estas últimas se encuentren unidas a valores identitarios y sentimentales profundos. Si la Administración de nuestro entorno se expresara únicamente en español, no supondría un grave perjuicio desde el punto de vista de su comprensión. Aunque perjudicaría el derecho de los bilingües de comunicarse con la Administración en la lengua que hayan elegido. ¿Se encuentran al mismo nivel la situación de inferioridad de unos y la opción de otros unida a valores identitarios y sentimentales, se trata de derechos que están al mismo nivel? Todos estos análisis deberían tener en cuenta lo que es común a todos, que en la Comunidad autónoma existe una lengua que puede cumplir la función de comunicación con la Administración, y esa lengua es el español. El español es la lengua franca de nuestro entorno. Y es ésa la característica más importante de nuestra situación lingüística, en comparación con otras naciones bilingües, de un bilingüismo diferente, como lo son Suiza o Bélgica, por ejemplo.


Esta reflexión tiene por objeto únicamente visualizar la posible contraposición entre los dos paradigmas. Dicha contraposición coloca en situaciones asimétricas los derechos de los bilingües y monolingües: por lo que se ve, tienen mayor peso los derechos de los individuos bilingües, a pesar de ser opcionales, que los derechos de los monolingües, aunque en su caso sea evidente su situación de inferioridad y se vean obligados a pagar sus consecuencias.


Las lenguas tienen sentido únicamente como relación entre personas. No se agotan en el ámbito de la opción personal o individual. No existen lenguas individuales. Las lenguas necesitan la intervención de más de un individuo. Como mínimo hacen falta dos personas. La lengua es un hecho social. Los derechos de los hablantes son derechos relacionales: el derecho de una persona conlleva la obligación de la otra persona. Si en su relación con la Administración una persona bilingüe opta por el euskera y si esa dicha opción se considera un derecho que hay que garantizar, entonces la Administración y alguien dentro de ella deberá asumir tal obligación.


Si se tiene en cuenta que la mayoría de nuestra sociedad es monolingüe, para satisfacer el derecho del que opta por el euskera se carga a la mayoría la obligación de solucionar su propia situación de inferioridad. El individuo bilingüe que en cualquier situación opta por el euskera, si tiene el derecho de hacer uso del euskera en las veinticuatro horas del día y en todos los ámbitos y si debe garantizársele ese derecho, todos los monolingües están obligados a superar su inferioridad de origen. Al derecho de optar de unos sólo se le responde con la necesaria obligación de los otros. En nuestro entorno sólo los bilingües tienen derechos y los monolingües castellanoparlantes sólamente obligaciones.


En el informe se deja claro que no se trata de algo erigido sobre una ocurrencia de alguien, sino que hay razones de peso para plantear esa asimetría, a pesar de que en el informe apenas se formula como asimetría y no sé si la incomodidad citada tiene que ver precisamente con esa asimetría. La convivencia entre distintas lenguas y la cohesión social son las razones principales.


Sin embargo, me parece que aunque se cita, no se hace suficiente hincapié en aclarar qué cosa es la convivencia, en qué consiste. Todo queda en pura abstracción. Como si todo el mundo lo conociera. Como si cualquiera lo entendiera sin más y fuese algo comprensible fácilmente.

Pero toda abstración ha de ser analizada pormenorizadamente, si no se quiere convertirla en fuente de enormes engaños. ¿De qué estamos hablando, de convivencia entre lenguas o de convivencia entre hablantes? ¿Son lo mismo una convivencia y otra? Entendiéndola de una forma o de otra, ¿será esa convivencia la llave que cohesiona la sociedad? ¿De qué manera, por qué?


Una vez formuladas algunas preguntas concretas, intentaré responder a las anteriores. ¿La cohesión social de la comunidad autónoma tiene su base en la convivencia entre las distintas lenguas o, por el contrario, el motivo de la falta de cohesión hay que buscarlo en la ausencia de convivencia entre las lenguas? Es difícil afirmarlo si se toma en consideración la realidad. En la Comunidad Autónoma la violencia es la causa fundamental de la falta de cohesión. No creo que deban de ponerse a la par la violencia y el euskera. En el colectivo que como opción lingüística elige el euskera se da una falta enorme de cohesión si se toma como medida de valoración la actitud con respecto a la violencia que existe en la sociedad vasca -y partir de esa medida no es arbitrario, en absoluto-.


¿Se dan en la Comunidad Autónoma parejas compuestas por una persona bilingüe y una monolingüe? ¿Se puede poner en duda la cohesión y convivencia de esas parejas? ¿Y en caso de divorcio, serán acaso los causantes los diferentes derechos lingüísticos? Me parece que la experiencia nos dice otra cosa.


Todo ello no significa que en el campo de la convivencia y en lo referente a la cohesión social no tengan ninguna importancia las relaciones entre distintas lenguas, entre las personas bilingües y monolingües. Pero esa importancia habría que especificarla convenientemente para su correcta valoración. Los conflictos que se generan, -por citar uno de los últimos, el manifestado por la gente que reivindica el derecho de continuar en el modelo A-, no son conflictos entre hablantes, entre bilingües y monolingües, sino los que se producen entre unos ciudadanos y ciertos acuerdos políticos de la Administración.


No podríamos poner en duda la cohesión social de Suiza, a pesar de que no haya lengua franca común alguna y ser una sociedad con tres lenguas predominantes. Los problemas de cohesión social que encontramos en la sociedad vasca no se vinculan generalmente, ni mucho menos, con las diferencias entre derechos lingüísticos. En cada caso no es fácil detectar en qué consiste la cohesión de una sociedad. Y siendo así que las sociedades occidentales se han institucionalizado como Estados nacionales, la función que desempeña una lengua franca en dicha institucionalización no es algo insignificante, sino todo lo contrario. Pero ello no quiere decir, en absoluto, que esa lengua común haya sido el único factor revitalizador: existen sociedades con lenguas comunes que, por otros motivos, han perdido toda la cohesión anterior: tenemos el ejemplo de la ex-Yugoslavia, donde la llamada lengua serbocroata no ha sido suficiente para mantener unida la sociedad.


La convivencia entre lenguas es importante, sin duda alguna. Pero lo que se quiere decir sobre la convivencia es algo que hay que aclarar, en qué consiste, qué es lo que la pone en peligro.


Considerando lo que se afirma en el informe, parece que la clave de la convivencia sería que todos los ciudadanos fuesen bilingües. Parece, digo, ya que el informe no afirma una relación directa, aunque sí se insinúa un nexo tácito entre ambos conceptos. Ciertamente, el informe recoge la existencia de opiniones diferentes acerca del bilingüismo. Expresa directamente que existen dudas manifiestas respecto a que una sociedad pueda optar por ser completamente bilingüe. Se cita expresamente la opinión de que una sociedad así no existe.


Así y con todo, y sin responder directamente a esa duda, encuentra una solución curiosa para soslayar el problema: exige formular la hipótesis de que pudiera existir, sin dar razón alguna para ello. Una sociedad totalmente bilingüe se compone de ciudadanos perfectamente bilingües. Con ese objeto la Administración debe poner a disposición todos los medios para que al final del periodo escolar la totalidad de los alumnos estén igualmente capacitados en los dos idiomas.


Una vez logrado ese nivel, la relación entre las lenguas sería una mera opción, puesto que cada ciudadano estaría en igualdad de condiciones en lo que respecta a la capacidad de utilización. Una vez logrado ese nivel, la realidad lingüística de la sociedad no supondría la división entre bilingües y monolingües. No cabría conflicto alguno en los derechos lingüísticos de los ciudadanos, tal como se ha señalado arriba, y, sobre todo, no se daría esa gran ventaja de la que parten actualmente los aspirantes bilingües en la Comunidad Autónoma a la hora de acceder a plazas de calidad como las ofertadas en las administraciones públicas y similares. Todos los problemas desaparecerían al momento.


Se aventura la hipótesis, que en la realidad puede ponerse en cuestión, de definir una situación ideal, y a través de esa situación ideal definir las líneas fundamentales de la política lingüística. Eso sí: una vez definidas las líneas fundamentales, se subraya la necesidad de tomar en consideración la realidad real –la verdad verdadera, dicho al estilo eibarrés- para reconocer una y otra vez que hay que desechar cualquier imposición y afirmar que todas las decisiones que se adopten deben de ser consensuadas, como si se quisiera decir que todo debe realizarse en libertad, esto es, sin violar los derechos de nadie.


En lugar de partir de la realidad, se plantea lo que teóricamente representa lo máximo exigible, y se exige que en la práctica se suavicen los pasos a dar con objeto de que lo que suceda en la realidad no sea excesivamente duro: los derechos lingüísticos, es decir, los derechos del euskera, que se corresponden con una lengua en situación de debilidad, son los que hay que garantizar, los derechos de los vascófonos tienen prioridad –tal como se desprende de la ausencia de análisis de la compleja relación entre los dos paradigmas citados anteriormente, o de una idea de consenso convertida en fetiche o del modo en que esa prioridad se nos presenta como algo necesario en virtud de la noción abstracta de convivencia-, y consecuentemente los ciudadanos monolingües son los que deben soportar la carga de todo ello.


Supongamos, sin embargo, que a modo de ejercicio metodológico se acepta la hipótesis que plantea el informe: que es posible una sociedad totalmente bilingüe, en la cual todos los ciudadanos poseen igual aptitud para utilizar las dos lenguas oficiales. ¿Cómo funciona una sociedad de esas características, como funcionan las lenguas en esas condiciones? En una sociedad simétricamente bilingüe, la mitad de los ciudadanos debería siempre optar por una de las dos lenguas. Y la otra mitad optaría por la otra lengua.


En cambio, si así sucediera, si se quisiera garantizar los derechos de la mitad de la población que optase por el uso del euskera, la otra mitad debería continuar en euskera, y de esa manera se impondría el monolingüismo en el uso. O, si la mitad de la ciudadanía se inclinase por el uso del euskera y la otra mitad por el español, tendríamos en ese caso la mitad hablando en euskera y la otra mitad de interlocutores en español. Hace falta un esfuerzo imaginativo considerable para concebir algo semejante. ¿Qué ocurriría entonces con la Administración? ¿Y con las escuelas? ¿Y con los medios públicos de comunicación? ¿Que un periodista fomularía sus preguntas en euskera y el entrevistado respondería en español, o al revés? ¿Recibir un formulario en euskera y cumplimentarlo en español? ¿Recibir las clases universitarias en euskera y examinarse en castellano?


Para manifestar francamente mi desconfianza ante la idea de una sociedad simétricamente bilingüe en su totalidad, como consecuencia de ello y no en el terreno de las intenciones, presagio una sociedad monolingüe, sobre todo en cuanto al uso, e incluso, como consecuencia de un uso monolingüe también en lo que se refiere al conocimiento.


Conviene hacer un esfuerzo para imaginarse como funcionaría una sociedad plenamente bilingüe, en la que todos los ciudadanos estuviesen capacitados para desenvolverse en ambos idiomas. Y una vez realizado ese esfuerzo, la tendencia al monolingüismo parece bastante evidente. Sobre todo, teniendo en cuenta que junto con el bilingüismo aparecen unos derechos especiales porque se considera al euskera lengua debilitada, y por la creencia de que el español no está en modo alguno en peligro, siempre, claro está, desde el paradigma de los derechos de la lengua.


Que quede claro: desde el enfoque hipotético de una sociedad bilingüe integral que plantea el informe, tambien al modo de una hipótesis, ese bilingüismo en la práctica, en el uso, podría convertirse en un monolingüismo, y tal sería la consecuencia más factible y probable. No se dice en ningún caso que ello sea la pretensión y el objeto del planteamiento del informe.


Unas breves palabras acerca del respaldo concedido hasta ahora por la mayoría de los ciudadanos de la Comunidad Autónoma al impulso del euskera y a las medidas para su fomento, y acerca del acuerdo de la mayoría de nuestra sociedad con respecto a esas medidas. La Ley del euskera de 1982 obtuvo un amplio respaldo parlamentario. Las políticas lingüísticas establecidas en el ámbito de la educación, hasta la actualidad también han contado con un amplio consenso. También ha habido un gran consenso en las opciones de los padres a la hora de escolarizar a sus hijos.


Las decisiones adoptadas para euskaldunizar las plazas de la Administración han sido más controvertidas. Aún y con todo, puede decirse que las políticas tomadas para fomentar el euskera obtuvieron un gran respaldo y que no crearon ningún conflicto social considerable.


De todos modos no sería correcto si ese consenso y apoyo amplios no se entendieran en su contexto correspondiente. Sobre todo hay dos puntos a tener en cuenta. En primer lugar la importancia que ha tenido la presión social a la hora de generar el consenso y respaldo a los que se ha hecho referencia. Y, en segundo lugar, el tipo de expectativas a las que se vinculaban el consenso y respaldo citados.


Ateniéndonos al primero de los dos puntos, hay que señalar que durante muchos años el ambiente social de la Comunidad Autónoma ha estado marcado por lo que podríamos denominar un imaginario nacionalista, que el discurso oficial dirigido a la sociedad se ha formado con contenidos nacionalistas y vasquistas. Y ese ambiente ha tenido gran importancia con respecto a la actitud de los individuos, de cada ciudadano, hacia las lenguas, hacia el euskera. Si se diese un cambio en el discurso oficial dirigido a la sociedad, y que ocurra algo así nunca es descartable, también podría cambiar la actitud de los ciudadanos y transformarse en desacuerdo el consenso y respaldo actuales.


Con respecto al segundo punto no hay que olvidar que el hecho de que muchos ciudadanos monolingües apostaran por el euskera para sí mismos o para sus hijos pudo parecer una apuesta válida para la integración social, para encauzar los conflictos internos de la sociedad, para poner en vías de solución el conflicto político y el conflicto ligado a la violencia. Los ciudadanos monolingües estaban dispuestos a asumir ciertas labores y realizar o, al menos, respaldar tareas a favor del euskera, ya que ello podría ayudar a superar los conflictos.


Pero no ha sido así. La apuesta realizada por el conjunto de los ciudadanos monolingües no ha servido para la integración política de la sociedad, para superar el problema de la violencia. Y no sólo eso: ha sido evidente que el objetivo del nacionalismo que reclamaba el monopolio del vasquismo no ha sido la integración sino todo lo contrario, y ha tendido hacia la radicalización. La política lingüística acordada por las instituciones de la Comunidad Autónoma no ha sido coherente, ha sido cambiante. Las bases acordadas por el primer Consejo Asesor del Euskera se emplazan en el contexto de construcción de organismos estatutarios; el acuerdo de política lingüística y junto a ella la política lingüística escolar, se gestó en la etapa de la coalición gubernamental; el plan de euskaldunización de puestos de trabajo de la administración es de la misma época, así como el malestar originado por dicho plan; al final de aquella etapa se produjo un gran cambio en política lingüística, donde se busca un acuerdo con la izquierda abertzale, favoreciendo las apuestas que agradaban a la izquierda abertzale, como preludio de lo que sería el espíritu del acuerdo de Estella.


Y pertenecen al plan del lehendakari Ibarretxe la política de imposición del euskera como lengua principal en la educación y de impulsar de una manera rígida y forzosa el plan de euskaldunización de puestos de trabajo en diversas administraciones, así como en el Servicio Vasco de Salud. Todo ello, a pesar de que el discurso oficial permanezca sin cambios y de que ha ido evidenciándose la falta de consenso.


El consenso tan citado en el informe y la aprobación otorgada por la sociedad a las medidas de fomento del euskera son cuestiones que hay que analizar con detenimiento, ya que no se trata de hechos naturales inmutables.


Todas las anteriores reflexiones no significan un rechazo total de lo que se dice en el informe remitido por el Consejo Asesor del Euskera, ni mucho menos. La mayor parte se puede subscribir. Se aprecia un gran esfuerzo para llegar a una posición equilibrada sobre los procedimientos de fomento del euskera, prestando atención a los peligros que generan los métodos de imposición e insistiendo en no imponer, sino hacer del euskera algo atractivo, a la vez que se confiere al factor del tiempo la debida importancia y se apuesta por la flexibilidad necesaria en situaciones que son diferentes entre sí.


Sin embargo, me ha parecido necesario comparar los dos paradigmas citados en estas reflexiones, puesto que no se analizan las relaciones problemáticas que existen entre los dos, mientras se resalta la importancia de la idea de convivencia, pero de manera excesivamente abstracta, y acepta como una hipótesis una sociedad plenamente bilingüe, y he creído necesario destacar la tendencia a alimentarse mutuamente que esas tres ideas tienen, con el fin de hacer patente los peligros que se pueden generar en el caso de llevar todo ello a sus últimos extremos.


Si tuviera que resumir en pocas palabras el contenido de estas reflexiones, debería escribir los siguientes renglones:


. no hay derechos sin deberes. Los derechos no son bienes ilimitados. Pueden caducar y, sobre todo, pueden resultar contradictorios.


. las relaciones entre el paradigma de los derechos lingüísticos y el de los derechos de los hablantes generalmente son conflictivas


. la división lingüística que se produce en la Comunidad Autónoma es entre bilingües y monolingües. En la sociedad de la Comunidad Autónoma hay una lengua común, una lengua franca, que cumple la función de una lengua koine


. no existe en Europa una sociedad plenamente bilingüe y el plantear como punto de partida una hipotética sociedad bilingüe no produce ningún beneficio


. habría que analizar el consenso social sobre las medidas de fomento del euskera en la Comunidad Autónomo, consenso obtenido bajo unas condiciones y unido a la permanencia de las susodichas condiciones.

La política lingüística es política. Si es política, las opciones serán imprescindibles. Y optar trae consigo problemas, siempre. Al ser la lengua una cuestión de gran contenido sentimental para la sociedad, la política deberá esforzarse en reducir los problemas, con el fin de no causar mayores perjuicios. Pero problemas habrá. El elemento principal que echo de menos en el informe es precisamente que no se quiere reconocer que el asunto es conflictivo. Un conflicto entre derechos enfrentados y de no fácil solución. El informe está demasiado idealizado. El procedimiento para superar esa idealización sería poner como objetivo una sociedad con un bilingüismo asimétrico, en la que unos ciudadanos utilizarían más correctamente una de las lenguas, y otros ciudadanos la otra lengua, pero sin romper del todo la intercomunicación.


Esto posibilitaría establecer de una manera más flexible los objetivos escolares y asimismo llevar a cabo de un modo mucho más elástico la definición de puestos de trabajo en euskera en la administración. No obstante, los problemas no desaparecerían. Al informe le falta esa carga de realismo. Aquello que escribió Rikardo Arregi a finales de la década de los sesenta del siglo pasado al poner en marcha en nombre de la Academia Vasca la campaña de alfabetización, aquello de que el euskera debería ser imperialista, porque los vascos para ser personas necesitamos la concreción del euskera. Al ver que aquel razonamiento servía también para los que se expresaban en castellano, toda vez que los propios castellanoparlantes podrían llegar a repudiar su lengua al estar plenamente alienada por el franquismo, que deberían hacerlo para poder superar su alienación lingüística. Todo eso es algo que no merece siquiera un comentario, no es aceptable. No obstante ninguna política lingüística carece de algún tipo de coacción. No tenerlo en cuenta puede resultar peligroso.

 

 

HIZKUNTZ POLITIKAREN OINARRIAK BERPENTSATUZ


Joseba Arregi


Ondorengo gogoetak Eusko Jaurlaritzako Kultura Saileko Euskararen Aholku Batzordeak prestaturiko eta XXI. Mende Hasierarako Kizkuntza Politikaren Oinarriak izenburua daraman txostenean datorrenaren aritik egindakoak dira.


Hizkuntza politikaren oinarriak berraztertzea da gogoeta hauen helburua. Hori da luzatu zaigun gonbitea. Metodologikoko guzia zalantzan jartzea abiapundu duen kultura modernoaren baitan ari garenez gero, oinarrietaz gogoeta egiteak zera esan nahi du: esandakoaren esangabeko oinarrietaz ere ihardutea, esangabe gelditu direnak azaleratzen saiatzea. Gurea den kulturan hori egiten ez den heinean ideologiaren susmoa beti gertu dagoelako.

Horrek ez du esan nahi ideologia susmorik gabeko oinarri azterketarik lor daitekenik. Bai, ordea, ahalegina egin behar dela, eta egindako ahaleginak berriro azterketa gai izan behar duela.

Zalantzarik ez dago Euskararen Aholku Batzordeak prestatu duen txostenak ahalegin haundia duela argitan jartzen: oreka gordetze nahia berehala susmatzen da, ohikoak diren gehiegikeriak baztertzeko gogoa ere bai, sarritan beste hizkuntzarekiko faltan jotzen den errespetoa ere bai, beste hiztunekiko, hau da, elebidun ez direnekiko.

Hala ta guziz ere, eta ez esandakoa eztabaidatzeko asmoz, baizik eta esandakoan egon daitezken kontraesanak eta esandakotik, ez asmoz, bainan bai eraginez, erator daitezkoen ondorioak begi bistan jartzeko asmoz zenbait gogoeta egitea komenigarri da, eta horretara datoz hurrengo lerroak.

Txostenean bertan behin baino gehiagotan esaten den moduan -batez ere gizarte demokratikoetan ohiko denari buruz ari denean, globalizazoa gogora dakarrenean etabar- hizkuntza politikari dagozkion gogoetak gaurko mendebaleko modernitate berantiar giroan kokatzen dira. Argi agertzen da hori unibertsaltasun balioa eta komunitarimoaren eskakizunak, biak, aintzakotzat hartu nahi dtituenean txostenak: unibertsaltasun eskakizuna eta komunitariosmoak astintzen dituen arazoak kultura modernoaren barne egituran itsatsita dauden kontuak baitira, ez hizkuntza politikaren arazoak zuzenean.

Aipaturiko modernitate berantiar horren ezaugarri nagusienetako bat da kontraesan guziak gaindi daitezkenaren ustea: nahikoa da bata eta bestea, nahiz eta kontraesanekoak izan, elkarren ondoan jartzea, biak nahi direla aitortzea, norbait bien aldeko dela esatea kontraesan guziak gaindituak bailiran uste izatera iristeko. Jainkotxo moduan moldatutako subjektibitate moderno berantiarrari berezkoa zaio horrelako ahalguztidun ustea: dena konpon dezakenaren agintearen eta eskumenaren jabe izatekoa alegia. Honela, aukerarik egin beharrik ez dago. Edo gaurko pentsalariren batek esango luken bezala (Foucault, Agamben), aukeraren ondoren datorren errealitatearen bortxa ekiditeko betiereko aukerakotasunari gogor eustea, beti askatasun betean bizi ahal izateko.

Ezaugarri horren baitan kokatzen da eskubide guziak une berean eta gizaki guzientzat aitor daitezkelaren ustea, eskubideak amairik gabeko ondasun izango bailiran, elkarren arteko inolako kontrakotasunik gabekoak.

Ezaugarri honen islarik badago txostenean ikusiko dugun bezala, kontrakorik ere esaten bada ere: aipatzen da baten eskubideak bestearen betebeharrak lekarzkeela, bainan guzia aztertuko dugun bizikidetza giroan, kontraesan eta kontrakotasun guziak gaindituak lituzken bizikidetza batean.

Bide honetatik esan beharra dago konsensua oso dela beharrezko hizkuntza politikari dagokienetan, bainan behin baino gehiagotan aipatzen den demokraziaren izaera da gatazkatsua izatea, diferentzien kudeaketa, kontrakotasunen bideratzea, hori bai, oinarrizko adostasunetik abiatuta, zeinetan guzientzat baliozkoak diren joku arauak onartzen diren.

Deigarria da oinarrizko adostasun hori lortu ezin dugun gizartean, - lorturik egonez gero horrek hizkuntza politikaren inguruko kontraesan eta diferentziak kudeatzea ahalbideraturik legoke-, txostenak konsensu hitza horrenbeste azpimarratzea hizkuntza politikari dagokionetan. Agian beste oinarrizko adostasun faltaren adierazgarri besterik ez da, bainan honek hizkuntza politikari berari ez dagokion zama ezartzea ere esan nahi du, inolako mesederik egiten ez dion zama. (Eta hizkuntza politika politika den heinean gure politika arloko ezaugarri eta egoeratik kanpo ezin konsidera daiteke).

Guzi honegatik ase gabe uzten nauen textoaren ezaugarrietako bat da arazoak, eskubideen arteko arazoak, ikuspuntu ezberdinen artekoak, ez bakarrik oinarri adostuetatik erakar daitezken politika konkreetuei dagozkienak, ez gordinago planteatzea. Guzia dago hegelianismoaren zeruan kokaturik: kontraesan guziak gainditurik lituzken adostasun azkeneko batean, zeinetan erreala osoki arrazionala den, eta arrazionala osoki erreala.

Nahiz eta textoaren azken partean oso garbi ez bada ere planteaturik dagoen hiztunen eskubideen arteko gatazka posiblea, txostenaren azpi textoak penstarazten duena kontrakoa da: ahalezkoa da hizkuntza politika bat elebidunen eta elebakarren hiztun eskubide guziak errespeta ditzakena, eta errespetatu behar dituena. Etengabeko konsensuaren eskea, eta hizkuntzen arteko bizkidetasunaren etengabeko azpimarratzea, gehi gizartearen kohesioari txostenak ematen dion garantzia: aukera besterik izan ezin daiteken politikari ertz guziak kendu nahirik politikotasun guzia, hau da, aukerak egitea, eta aukerak eginaz arazoak sortzea, ukatzen dio.

Euskal gizartean, ordea, hiztunen eskubide guziak elebidunenak zein elbakarrekoenak, bermatu nahi baldin badira, kontutan izan behar da horrek ehuneko ehuna baino gehiago egiten duela. Bi gizarte beharko genituzke horretarako: guzia espaiñolez egiten duen gizarte bat, eta guzia euskaraz egiten duen bat. (Bide batez, espaiñola bada guk gaztelania deitu izan diogun hizkuntzaren izen ofiziala, Estaduaren organo bat den Hizkuntza Politikarako Idazkaritzarena den txosten batek horrela deitu beharko liokeela iruditzen zait). Honetatik ondorio nahiko larriak sor daitezke, beranduago aztertuko dudan moduan. Bainan oso modernitate berantiarreko pentsaera da eskubideak, denak eta asko eta geroz eta gehiago, amaiezineko ondasun direla uste izatea, elkarren kontrakoak inoiz izan gabe, eta sekulan agortzen ez direnak. Pentsara horretan kokatzen da estaduan hain ohiko bihurtu den eskubideak zabaltzearen, hedatzearen diskurtsoa. Bainan Michael Walzer-en eskutik ikasi beharra legoke, eskubideak, batez ere giza eskubideak, unibertsalak izan nahi badute, gutxi izan behar dutela, bestela konkretoegiak bihurtzen direlako, eta konkretotasunak unibertsaltasuna arriskuan jarri bide duelako, eta eskubideak elkarren kontrako bihurtu.


Sarrera gisako gogoeta hauen ondorenean, nire iritziz txostenean aurki daiteken kontraesanetako bat aztertu beharra dago. Bi paradigma diferente erabiltzen ditu txostenak, elkarren arteko harremana nolakoa ote den aztergai bihurtu gabe. Batetik eta, nire iritziz berriro, textoan nagusi dena, hizkuntzaren eskubideen paradigma. Hiztunen eskubideen paradigma berriz bestea. Txostenean aurki daitezken esaldi askoren, edo gehienen, subjektoa euskara da. Hizkuntza da aktorea. Hizkuntza da kontutan hartzen dena. Hizkuntzaren egoera, hizkuntzaren izaera, hizkuntzaren iragana eta bere etorkizuna dira gogoan hartzen direnak.

Eta diskurtsoaren ari nagusia hizkuntza bera kontutan hartzetik lotzen da. Euskerak hau behar du, euskerak bestea behar du, euskerak merezi du etorkizunik, euskerak honelako edo halako egoera jasaten du, euskara normaldu egin behar da, euskeraren erabilera da importa dena, euskera dago ahulezia egoeran. Euskera da, beraz, neurririk haundienean, eskubideen subjekto.

Egia da hiztunen, euskal hiztunen eskubideak ere aipatzen direla. Bainan hizkuntzaren eskubideen ondoan, eta bien artean gerta daitezken kontrakotasunak aztertu gabe. Hiztunen eskubideak, eta elebiduna den gizarte batean eskubide ezberdinen iturburu dira hiztunen eskubideak, eta hizkuntzaren eskubideak ez dira nahitaezean berdinak. Batez ere gurea bezalako elebiduna den gizarte batean hizkuntzen eskubideak hizkuntza baten, euskararen eskubideetara mugatzen direnean, beste hizkuntzaren eskubideak, espaiñolez bakarrik dihardutenenak alegia, kontutan hartu ere egin beharrik ez daudelako, hizkuntza baten eskubideak bere osasun demografikoarekin loturik ikusten direnean.

Bide honetatik txostenak esaten duena zera da: euskararen egoera ahula dela -ahuldade horrek euskararen eskubideak oinarritzen dituelarik-, eta baita euskal hiztunen egoera ere ahuldadezkoa dela, euskal hiztun batek ezin baitezake bere bizitza osoa hogeitalau ordutan eta gizarte esparru guzitan euskaraz bakarrik bizi. Eta suposatzen du, nahiz eta ez duen zuzenean esaten txostenak, espaiñol elebakar denak ez duela horrelako arazorik topatzen euskal gizartean.

Ahaztu egiten du txostenak, ordea, administrazioan -bainan ez bakarrik- lanpostu asko, kalitatezkoak direnak eta beraz oso desiragarriak direnak, elebidunentzat erreserbaturik daudela. Arlo honetan elebakarrekoa da ahula gure gizartean, elebiduna, aldiz, abantailan aurkitzen dena.

Adibide horrek erakusten du bi paradigmak elkarren kontra egon daitezkela: egia da espaiñola ez dagoela arriskuan ezta euskal gizartetik guziz desagertuko balitz ere. Horrek, ordea, konsolamendu gutxi eskain diezaioke espaiñolez elebakar den eusko hiritarrari zenbait lanpostutara iristeko unean, edo-ta, beste adibide bat jartzearren, euskal telebistako lehen programak eskeintzen duen eskuz banakako txapelketako pilota partidu bat ematen duenean.

Esandakoaren hildotik aipatu beharra dago gure gizartean ematen den banaketa ez dela euskal hiztunen eta espaiñol hiztunen artekoa, elebidunen eta elebakarrekoen artean ematen dena baino. Eta euskal hiztunak, denak oraingoz, dira elebidun, eta espaiñol hiztun gehienak dira elebakar.

Banaketa horrela planteatzeak ba du ondoriorik. Hizkuntza erabiltzeko unean elebakarrekoarentzat beste hizkuntza ez ezagutzea ezintasuna da, elebidunarentzat aldiz aukera kontua, balorazio kontua. Hizkuntza batek, edozeinek, badu komunikazio balio bat, komunikatzeko tresna den heinean. Eta badu, gainera, balio sinboliko bat, talde, tradizio eta kultura batekiko identifikazio balio bat duen neurrian, eta horregatik, balio sentimental haundi bat atxekitzen zaio askotan, duen eta izan dezakeen balio funtzionalaren gainetik.

Bainan gure arteko elebidunen eta elebakarren arteko banaketa ezintasunaren eta aukeraren artekoa da, aukera identifikazio eta sentimendu sakoneko balioekin loturik badago ere. Administrazioak gurean espaiñolez bakarrik hitzegingo balu, dioenaren ezagutzari ez lioke kalte haundirik egingo. Bai elebidunek duten eskubideari , administrazioak esateko duena aukeratzen duten hizkuntzan jasotzekoa alegia. Baten ezintasuna eta bestearen identifikazio eta sentimendu balioekin loturiko aukera maila berdinean kokatzen al dira, maila berdinean kokatutako eskubideak al dira? Azterketa guzi hauek kontutan hartu beharko luteke guzientzat amankomuna den, komunikazio funtzioa bete dezaken hizkuntza bat badagoela Erkidego autonomoan, espaiñiera alegia. Espaiñiera da hizkuntza frankoa gurean. Eta hori da gure hizkuntzazko egoeraren ezaugarririk nagusiena, elebidun, beste era batera elebidun, diren herrialdeekin parekatuz gero, adibidez Suiza-rekin edo Belgika-rekin.

Gogoeta honen helburu bakarra bi paradgimen artean sor daiteken kontrakotasuna ikustaraztea da. Eta sor daiteken kontrakotasun horrek elebidunek eta elebakarrekoek dituzten hiztun eskubideak elkarrekiko posizio asimetrikoan jartzen ditu: gehiago balio dute hiztun elebidunaren eskubideak, nahiz eta aukeran oinarrituak izan, elebakarrekoaren hiztun eskubideak baino, nahiz eta hauek zenbait kasutan ezintasun bat begibistan jarri eta beraren ondorio izan.

Hizkuntzak harremanean bakarrik uler daitezke. Ez dira aukera pertsonal eta banako baten esparruan agortzen. Ez dago bakarkako hizkuntzarik. Hizkuntzak ezinbestean bat baino gehiago eskatzen du. Gutxienez biren arteko kontua da. Gizartezko gertakizuna da hizkuntza. Hiztunen eskubideak harremanezkoak dira, erlazionalak: baten eskubideak bestearen betebeharra dakar. Elebidun batek euskara aukeratzen badu administrazioarekin bere harremanak kudeatzeko unean, eta aukera hori ase beharreko eskubide gisa konsideratzen bada, orduan administrazioak, eta administrazioan norbaitek, bere gain hartu behar du obligazio hori.

Kontutan izanik gure gizarteko gehiengoa elebakarra dela, euskara aukeratzen duenaren eskubideari erantzuteko gehiengoari bizkarreratzen zaio elebakarreko hiztun bezala duen ezintasuna gainditzeko obligazioa. Euskara aukeratzen duen elebidun batek egoera guzitan, hogeitalau ordutan eta eremu guzitan euskara baliatzeko eskubidea badu eta eskubide hori bermatu behar bazaio, elebakarreko guziak beharturik daude beraien abiapuntuzko ezintasuna gainditzera. Batzuen aukerazko eskubideari besteen ezinbesteko betebeharrak bakarrik erantzun diezaioke. Elebidunek dituzte eskubideak gurean eta espaiñolez elebakarreko direnek obligazioak.

Txostenean garbi gelditzen da hori ez dela norbaiten okurrentzian oinarritzen den zerbait. Badirela funtsezko arrazoiak asimetria hori, nahiz eta asimetria gisa apenas formulatzen den txostenean, -ez dakit aipatzen den desorotasunak asimetria hori duen gogoan-, planteatzeko. Hizkuntzen arteko bizikidetza eta gizarte kohesioa dira arrazoirik nagusienak.

Iruditzen zait, ordea, aipatu egiten direla, bizikidetza batez ere, bainan zer den, zer diren, zertan datzaten argitzeko ahalegin gutxirekin. Astrakzio hutsean gelditzen dira. Guzientzat jakina balitz bezala. Edonork besterik gabe ulertuko lukeen, eta modu berean ulertuko lukeen zerbait bezala.

Astrakzio guziak dira, ordea, zehazki aztertu beharrekoak, izugarrizko engainuen iturburu izan nahi ez badute. Hizkuntzen bizikidetzaz ari gara, edo hiztunen bizikidetzaz? Bata eta bestea berdinak al dira? Era batera edo bestera ulertuz, bizikidetza hori al da gizarte kohesioaren giltzarri? Nolatan, zergatik?

Galdera konkretu hainbat formulatuz saia nadin arestian egindako galderei erantzuten. Erkidego autonomoko gizarte kohesioa hizkuntzen arteko bizikidetzan oinarritzen al da, edo kohesio faltaren iturrian hizkuntzen arteko bizkidetzarik eza aurkitzen al da? Zaila da baietz erantzutea errealitatea kontutan hartzen bada. Biolentzia da kohesio faltarik haundiena sortzen duena Erkidego autonomoan. Ez dut uste biolentzia eta euskara osoki parekatu daitezkenik. Euskara aukerako hizkuntza dutenen artean kohesio falta izugarria ematen da euskal gizartean biolentziaren aurreko jarrera neurri bezala hartzen bada -eta neurri hori hartzea ez da inola ere arbitrarioa-.

Ba ote dago Erkidego autonomoan elebidun batez eta elebakarreko batez osaturiko bikoterik? Bikote hoien kohesioa eta bizikidetza zalantzan jartzerik ba ote dago? Eta bikote hoiek banantzen badira hizkuntza eskumen diferenteak izateak ote du errua? Esperientziak bestelakorik erakusten duela uste dut.

Guzi honek ez du esan nahi hizkuntzen arteko harremanek, elebidunen eta elebakarrekoen arteko harremanek bizikidetzan inolako garrantzirik ez dutenik, eta gizarte kohesioarentzat garrantzirik ez dutenik. Bainan garrantzi hori zehaztu egin behar da behar bezala baloratu ahal izateko. Sortzen diren gatazkak, -azkenekoa aipatzekotan A ereduarekin jarraitzeko eskubidea eskatzen dutenek agertarazi dutena- ez da hiztunen arteko gatazka bat, elebidunen eta elebakarrekoen artekoa, hiritar batzuk administrazioaren erabaki politiko batzurekin dutena baino.

Suiza-ko gizartearen kohesioaz ezin genezake zalantzarik egin, nahiz eta hizkuntza frankorik, amankomunik, ez eduki, hiru hizkuntza nagusitan banandutako gizartea izan. Euskal gizartean dauden gizartezko kohesio arazoak ez daude nagusiki, ezta urrunik ere, hizkuntzen eskumenean ematen den ezberdintasunarekin loturik. Gizarte baten kohesioa zertan datzan ez da erraz sumatzea kasu bakoitzean. Eta mendebaleko gizarteek Estatu nazional gisan erakundetu direlarik, erakundetze horretan hizkuntza franko batek jokatu duen funtzioa ez da ezerezaren urrengoa izan, haundia baizik. Baino horrek ez du inola ere esan nahi hizkuntza bakarra izan denik kohesioaren suspertzaile bakar: egon badaude hizkuntza bakarra izanik beste arazo batzurengatik kohesio guzia galdu duten gizarteak: garai bateko Yugoslavia-ra begiratu besterik ez dago serbokroata izenduriko hizkuntza ez dela nahiko izan gizartea bateraturik eusteko.

Hizkuntzen arteko bizikidetza garrantzizkoa da, zalantzarik gabe. Bainan argitu beharreko zerbait da bizikidetzaz esan nahi dena, bizikidetza zertan datzan, zerk duen arriskuan jartzen.

Eta txostenak dioena kontutan harturik, badirudi bizkidetzaren giltzarria hiritar bakoitzaren elebitasun betean kokatu behar dela. Badirudi diot, txostenak ez baitu lotura zuzenik egiten, bainan bai esangabeko elkartasun bat aiderazten bien artean. Egia da txostenak jasotzen duela elebitasunari buruzko iritzi diferenteen existentzia. Zuzenean aipatzen du egon badaudela osoki elebiduna litzatekeen gizarte baten izateko aukerari dagokionez zalantzak. Honelako gizarterik ez dela existitzen dioen iritzia aipatzen du espreski.

Hala ta guziz ere, eta zalantzari zuzenean erantzun gabe, irtenbide kurioso bat aurkitzen du arazoa zeharkatzeko: egon daitekenaren hipotesia egitea eskatzen du, horretarako inolako arrazoirik eman gabe. Elebitasun osoko gizarte bat guziz elebidunak diren hiritarrez osaturikoa da. Horretarako administrazioak bitarteko guziak jarri behar ditu, eskola amaieran ikasle guziak bi hizkuntzetan berdin gaituak egon daitezen.

Maila hori lortuz gero, hizkuntzen arteko harremana aukera hutsekoa izango litzateke, hiritar bakoitza egoera berdinean egongo bailitzateke erabilera gaitasunari dagokionetan. Maila hori lortuz gero gizartearen hizkuntzazko egoera ez litzateke izango elebideunen eta elebakarren arteko banaketa. Hiritarren hizkuntza eskubideen arazorik ez legoke, gorago hemen aipatu den bezala, eta batez ere gaur Erkidego autonomoan elebidunek duten abantaila haundia administrazio publiko eta administrazio publiko moduko lanpostu kalitatezkoetara iristeko unean. Bapatean arazo guziak desagertuak lirateke.

Hipotesi bat, errealitatean zalantzan jarri daitekena gainera, hartzen da egoera ideal bat definitu, eta egoera ideal horretatik abiatuz hizuntza politikaren hildo nagusiak definitzeko. Hori bai: hildo nagusiak behin definituz gero, errealitate erreala -eibartarren egia berdaderoaren antzekoa- kontutan hartu behar dela azpimarratzeko, inposaketak alde batera utzi behar direla behin eta berriz aitortzeko, eta hartutako erabaki guziak adostuak izan behar dutela esateko, esan nahiko balitz bezala, guzia askatasunean, hau da, inoren hizkuntza eskubideak urratu gabe gauzatu behar dela.

Errealitatetik abiatu beharrean, errealitatean ahalezko denetik abiatu beharrean, teorian eskakizun maximoa dena planteatu, eta praktikari eskatu pausoak leundu ditzan, errealitatean gertatzen dena gogorregia izan ez dadin: hizkuntzaren eskubideak -esan nahi baita, euskararen eskubideak, hizkuntza ahul gisa dagozkionak alegia- dira bermatu beharrekoak, euskal hiztunen eskubideek dute lehentasuna -gorago aipatu ditugun bi paradigmak elkarren ondoan euren arteko harreman korapilotsua aztertu gabetik sortzen den bezala, adostasunaren fetitxismotik datorren moduan, eta bizikidetza astrakto baten ondorioz beharrezko ikusten den gisan-, eta elebakarreko hiritarrak dira guzi hori betetzeko beharrezkoa den betebeharra bizkarreraturik dutenak.

Onar dezagun, ordea, joku metodologiko moduan txostenak eskatzen duen hipotesia: osoki elebiduna den gizarte bat ahalezko dela, zeinetan hiritar guziak gaitasun berdina duten bi hizkuntza ofizialetan baliatzeko. Nola jokatzen du horrelako gizarte batek, nola funtzionatzen dute hizkuntzek honelako baldintza batzutan? Gizarte batek hizkuntzen erabileran elebiduna izateko, eta modu simetrikoan, hiritarren erdiak bi hizkuntzetako bata erabiltzeko aukera egin beharko luke beti. Eta beste erdiak beste hizkuntza erabiltzeko aukera.

Hori gertatuko balitz, ordea, euskara erabiltzeko aukera egiten duen erdiaren eskubideak bermatua izan nahi badu, beste erdiak euskaraz jarraitu beharko lioke, eta orduan erabileran elebakartasuna izango genuke nagusi. Edo-ta hiritarren erdiak euskara aukeratuko luke erabileran, eta beste erdiak espaiñola, eta orduan erdiak euskaraz mintzatzen eta erdiak elkarrizketakide gisa espaiñolez hitzegiten edukiko genituzke. Imaginazio indar haundia behar da honelako zerbait irudikatzeko. Zer gertatzen da orduan administraritzarekin? Zer eskolekin? Zer komunikabide publikoekin: gazetari batek galderak euskaraz egin eta elkarrizketatuak espaiñolez erantzun, eta alderantziz? Euskarazko formularioa jaso eta espaiñolez bete? Euskaraz ikasi unibertsitatean eta azterketa espaiñolez egin?

Nire susmoa garbi aitortzeko, guziz simetrikoa den gizarte elebidun osoko gizarte baten ideiaren atzetik, ondorio gisa eta ez intentzio mailan, gizarte elebakerrekoaren egoera ikusten dut, batez ere erabilerari dagokionez, eta erabilera mailako elebakartasunaren ondorioz baita ezagutza mailan ere, ezari-ezarian.

Komenigarri da ahalegin bat gitea irudikatu ahal izateko nola funtzionatuko luken osoki elebidun den gizarte batek, hiritar guziak gaitasun berdinez bi hizkuntzetan iharduteko ahalmena izanik. Eta irudikapen ahalegin hori eginez gero, elebakartasunerako joera nahiko agerian dagoela iruditzen zait. Batez ere elebitasun osoarekin batera euskarari hizkuntza ahula izatetik sortzen zaizkion eskubide bereziak kontutan izanik, eta espaiñolak inolako arriskurik ez duela uste izatetik, beti noski hizkuntzaren eskubideen paradigmaren eskutik.

Garbi geldi bedi: txostenak hipotesi moduan planteatzen duen osoko elebiduna litzatekeen gizartearen eskutik planteatzen da baita ere hipotesi moduan hemen elebitasun hori praktikan, erabileran, elebakartasun bihur daitekela, hori dela ondoriorik errazena eta aukerakoena. Ez da esaten inola ere hori dela txostenaren planteamenduaren asmoa eta helburua.

Hitz bi amaitzeko orainartean Erkidego autonomoan hiritar gehienak euskara sustatzeari eta euskara sustatzeko neurriei emandako babesari buruz, neurri hoien inguruan gure gizartean eman den gehiengoaren adostasunari buruz. 1982-ko euskararen legeak adostasun parlamentario zabala jaso zuen. Hezkuntzan orainartean ezarritako hizkuntza politikak ere adsotasun zabala jaso dute. Gurasoen aukerak beraien haurrak eskolatzerakoan ere adostasun zabala ikustarazten dute.

Administrazioko lanpostuak euskalduntzeko hartutako erabakiak eztabaidatuagoak izan dira. Hala ta guziz ere, esan daiteke euskararen sustapenerako erabakitako politikek babes zabala jaso izan dutela, ez dutela gizartezko gatazka sakonik eta hedaturik sortu.

Ez litzateke egokia, ordea, adostasun eta babes zabal hori dagokion kontextoan ulertuko ez balitz. Bi puntu dira, batez ere, gogoan izan beharrekoak. Bata aipaturiko adostasuna eta babesa sortzeko unean gizarte presioak izan duen garrantzia. Eta bigarrena aipaturiko adostasuna eta babesa zer nolako itxaropenekin zegoen lotuta kontutan hartzea.

Lehenengo puntuari eutsiz garbi dago Erkidego autonomoko gizarte giroa abertzale izenda genezakeen imaginario batek markaturik egon dela urte luzetan, gizarte mailako diskurtso ofiziala abertzale eta euskalzale edukinez osaturik egon dela. Eta giro horrek garrantzi haundia izan duela gizabanakoek, hiritar bakoitzak hizkuntzekiko, euskararekiko izan duen jokabidean. Gizarte mailako diskurtso ofizialean aldaketarik emango balitz, eta horrelakoak gertatzea ez da sekulan baztertu behar, hiritarren jokabidea ere aldatuko litzateke, eta orainartean adostasun eta babes izan dena kontrakotasun bihurtu.

Bigarren puntuari dagokionez berriz, ez da ahaztu behar elebakarreko hiritar askok eta askok zuzenean edo bere haurrentzat euskararen apustua egin zutela uste izanik apustu horrek balio zezakeela gizartea integratzeko, gizartearen baitango gatazkak bideratzeko, gatazka politikoa eta biolentizarekin loturiko gatazka konponbidean jartzeko. Elebakarreko hiritargo hori prest zegoen hainbat lan bere bizkar hartzeko eta euskararen alde egin beharrekoak egiteko edo gutxienez babesteko, guzi horrek gatazkak gainditzea ekar zezakeelako.

Ez da horrela gertatu, ordea. Gizartearen integrazio politikorako, biolentziaren arazoa gainditzeko, alferrikakoa izan da elebakarreko hiritargo horrek egindako apustua. Ez hori bakarrik: ikusi ahal izan du integrazioaren helburua ez baina euskalzaletasuna bere erreklamatzen zuen abertzaletasun batek kontrako apustua egin duela, erradikalizaziora joz. Erkidego autonomoko erakundeek erabakitako hizkuntza politika ez baita beti berdina izan, aldaketarik gabekoa. Lehenengo Euskararen Aholku Batzordeak erabakitako oinarriak erakunde estatutarioak eraikitzeko giroan kokaturik daude; hezkuntza politikaren akordioa eta berarekin loturiko eskolako hizkuntza politika koalizio gobernuen garaikoa da; garai berekoa da administrazioko lanpostuak euskalduntzeko plana, eta plan horrek sortutako egonezinak; garai horren amaieratan ematen da aldaketa haundi bat hizkuntza politikan, ezker abertzalearekin adostasuna bilatuz, ezker abertzaleari gogoko zitzaizkion apustuak bultzatuz, Lizarra-ko akordioaren izpiritua izango zenaren aintzindaritza moduan: abertzaleen ihaduera batasuna euskara munduan probatuz.

Eta Ibarretxe Lehendakariaren planaren ingurukoak dira hezkuntzan euskara hizkuntza nagusi bezala ezarri nahieko politika eta zenbait administraritzatan lanpostuak euskalduntzeko plana estu eta indarrez bultzatzea, hala nola Osakidetzan. Guzi honek diskurtso ofizialak berdina izaten jarraitu arren adostasun faltak begibistakoak egiten hasi delarik.

Txostenean askotan aipatzen den adostasuna eta euskararen sustapenerako neurriei gizarteak emandako babes zabala zehazki aztertu beharreko zerbait da, eta ez aldaezinekoa litzatekeen naturazko gertakizun bat. Adostasuna eta babesa baldintzatuak izan dira, eta baldintzak aldatu daitezken neurrian galdu ere egin daitezkenak.




Aurreko gogoeta guziak ez dute esan nahi Euskararen Aholku Batzordeak helarazi digun txostenak esaten dituenak oro har gaitzetsi egiten deirenik. Ezta gutxiago ere. Gehiengoak sinatzeko modukoak dira. Ahalegin haundia nabari da jarrera orekatu bat hartzeko euskararen sustapen bidean, inposaketaren bideak dituen arriskuak ikusiz eta inposaketaren ordez euskararen erakargarritasuna azpimarratuz, denboraren faktoreari dagokion garrantzia emanez eta egoera diferenteetan beharrezkoa den malgutasunaren apustua eginez.

Bainan gogoeta hauetan aipaturiko bi paradigmak elkarren ondoan jartzea, bien arteko harreman korapilotsua aztertu ere egin gabe, bizikidetzaren ideia garrantzizko jotzea, bainan modu guziz astraktoan, eta osoki elebiduna litzatekeen gizarte bat hipotesi moduan onartzea beharrezko egitea, eta hiru ideia hoiek elkar indartzeko , elkar bermatzeko duten joera, guzi hori azpimarratzea beharrezkoa iruditu zait, guzi hori muturrera eramanez gero sor daitezken arriskuak begibistan jartzeko asmoz.

Hitz gutxitan laburbildu beharko banu gogoeta hauen mamia, urrengo esaldiak idatzi beharko nituzke:

    • ez dago betebeharrik sortzen ez duen eskubiderik. Eskubideak ez dira amairik gabeko ondasunak. Agortu daitezke, eta batez ere elkarren kontrakoak suertatu daitezke

    • hizkuntzaren eskubideen paradigmaren eta hiztunen eskubideen paradigmaren arteko harremanak gatazkatsuak dira gehientan

    • Erkidego autonomoan ematen den hizkuntza mailako banaketa elebidunen eta elebakarrekoen artean ematen dena da. Erkidego autonomoko gizartean badago hizkuntza amankomun bat, hizkuntza franko bat, koiné funtzioa betetzen duena

    • ez dago Europa-n osoki elebiduna den gizarterik eta horrelako gizarte elebidun bat hipotesi moduan abiapuntutzat hartzeak ez dakar inolako onurarik

    • euskara sustatzeko neurrien inguruko Erkidego autonomoko gizartearen adostasuna aztertu beharreko zerbait da, baldintzatua, eta baldintza hoiek irautearekin lotua

Hizkuntza politika politika da. Politika bada, aukerak ezinbestekoak izango ditu. Eta aukerak egiteak arazoak dakartza. Beti. Gizartearentzat sentiberatasun haundikoa den zerbaiti dagokionez hizkuntza, politikak ahalegin berezia egin beharko du arazoak gutxitzeko, mingarriegiak izan ez daitezen. Bainan egon egongo dira. Txostenean faltan ikusten dudan elemento nagusia horixe da: ez onartzea gatazkatsua den zerbait duela eskuartean. Eta eskubideen arteko gatazka. Konponbide errazik ez duena. Idealizatuegia dago txostena. Idealizazio hori gainditzeko bidea zera litzateke, helburu gisa elebitasun asimetrikoan bizi den gizarte bat jartzea, zeinetan batzuk egokiago erabiliko duten hizkuntza bata, eta beste zenbaitek bestea, bainan komunikazioa guziz hautsi gabe.

Honek eskolako helburuak malguago finkatzea ahalbideratuko luke, eta administrazioko lanpostuen euskal definizioa ere modu askoz malguagoan burutzea ere ahalbideratuko luke. Arazoak, bainan, ez lirateke desagertuko. Errealismo karga hori falta zaio txsotenari. Joan den mendeko hirurogeigarren hamarkadaren amaiera aldera Euskaltzaindiaren izenean alfabetatze kanpainak abiarazi zituen Rikardo Arregi-k idatzi zuena, euskarak inperialista izan behar duela, euskaldunok gizaki izateko euskararen konkretotasuna beharrezkoa dugulako, eta argudio horrek era berean gazteleraz zihardutenentzako baliozkoa zela ikustean, gaztelera frankismoak osoki alienaturik zegoela-ta horregatik erdaldunek baztertu egin zezaketela, egin behar zutela euren hizkuntza alienazioa gainditu ahal izateko, eta horregatik izan behar zuela euskarak inperialista hain zuzen: horrenbeste esan beharrik ez dago, argudioa ez baita onargarria. Bainan hizkuntza politika oro ez dago sekulan nolabaiteko bortxatik urrun. Gogoan ez edukitzea arriskutsu gerta daiteke.