Vocabulario democrático 2002

1- Terrorismo 3- Los Planteamientos Democrático Autonomistas
2- El Ciudadano y la Comunidad 4- Los Planteamientos Nacionalistas

 

3- Los planteamientos democrático autonomistas

Estado y nación : respecto a la relación entre Estado y nación, históricamente el Estado es siempre anterior a la nación. La nación española, y otras naciones más, vieron la luz en los primeros años el siglo XIX. Fue entonces cuando los Estados clásicos utilizaron la idea de nación para dotarse de elementos de igualdad y libertad frente al absolutismo anterior.
Este nacionalismo cívico y constitucional del siglo XIX nada tiene que ver con los nacionalismos actuales, que son nacionalismos comunitaristas, basados en formas de integración social y, consiguientemente, de exclusión del "otro" que contradicen los fundamentos clásicos de la sociedad liberal y moderna. El comunitarismo nacionalista está en el origen de numerosas tragedias contemporáneas, ya que para vencer las resistencias de la sociedad civil y su credo político liberal siempre tuvo que ejercer la violencia.
La nación es una unidad administrativa compuesta por ciudadanos, con derechos iguales, y que se someten a su coacción porque de ello obtienen ventajas; por ello, es normal que en un Estado se puedan encontrar distintas lenguas, culturas y etnias.
Normalmente en un Estado plural y heterogéneo, como son los modernos, los derechos civiles están salvaguardados; sin embargo, en un Estado de la identidad colectiva, en el que coinciden Estado y nación, hay grave riesgo en los derechos para aquellos que no compartan esa identidad.
El Estado autonómico, política y culturalmente plural e integrador que nos hemos dotado por medio de la Constitución y el Estatuto de Autonomía protege los derechos individuales de todos los vascos, protección que, como hemos visto, no está garantizada en los proyectos de "construcción nacional", con objetivos homogeneizadores del nacionalismo soberanista.

Fragmentación de los Estados pluralistas : existe una tendencia en las últimas décadas en Europa a fragmentar los Estados en nombre de la homogeneidad políticamente instituida de las identidades étnicas. El problema reside en ver cómo la sociedad de iguales puede resistir a la sociedad de los idénticos según la peculiaridad de la pureza cultural.

Nación de ciudadanos : es una sociedad cuyos individuos gozan de autonomía y libertad ideológica y cultural; lo que define a los ciudadanos de una nacionalidad es el ser sujetos de derechos protegidos en condiciones de igualdad por un mismo Estado. Es decir, la nación se define por la ciudadanía.
Se trata del concepto mismo de nación como comunidad de ciudadanos, sin implicaciones prioritariamente étnicas. Lo propio de la nación es arraigar reconciliadamente las identidades y pertenencias vividas como naturales por medio de la abstracción institucional de la ciudadanía. Las etnias no son más naturales que las naciones, puesto que también son construcciones históricas. El nacionalismo occidental liberal es político, preocupado por la liberación del individuo, de intenciones cosmopolitas, que afirma la pluralidad de los valores de una sociedad evolucionada y que vive bajo una ley aceptada libremente.


Autonomía
: el autonomismo es una cultura política que tiene el gran valor de haber sido capaz de legitimar el sistema de autogobierno, de dar cohesión y amalgamar al conjunto de la sociedad vasca, superando la tradicional división entre nacionalistas y no nacionalistas.
La autonomía se basa en la idea de que todos los habitantes de Euskadi somos vascos y tenemos los mismos derechos y obligaciones, y que se aspira a una articulación moderna de la sociedad en torno a partidos con opciones ideológicas modernas, en un marco de colaboración con el resto de los pueblos de España.
Todos los partidos y las instituciones vascas deben ofrecer garantías de autogobierno y defender el Estatuto de Autonomía, ya que éste ha permitido reflejar el pluralismo de la sociedad y ha reforzado la solidaridad de todos sus ciudadanos. Es más, la autonomía debe ser utilizada para la convivencia, y no contra la convivencia pluralista.
Autonomía es una forma de progresión y desarrollo de la democracia, que acerca a los ciudadanos a la participación política y actúa como fórmula de solidaridad con los demás ciudadanos de España, siendo contraria al aislamiento.
La democracia autonómica está basada en los derechos de los ciudadanos al ejercicio de la libertad, y no en la historia, ni en un pasado inexistente que otorga derechos irrenunciables. Pero la autonomía no es sólo una forma de reconocer diferencias y peculiaridades, sino también una forma de consolidar la unidad nacional, integrando a las minorías.
La Autonomía es la facultad que pueden tener los municipios, provincias o regiones dentro de un Estado para regir determinados intereses de su vida interior mediante normas y órganos de gobierno propios.
La Constitución Española en su artículo 2 "reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de todas las nacionalidades y regiones que integran la Nación española; así como la solidaridad entre ellas".
El ejercicio de la autonomía no puede menoscabar la unidad de la Nación, ni implicar privilegios económicos y sociales.
El único derecho colectivo reconocido en la Constitución es el derecho a la autonomía de los municipios, provincias y regiones.

Estatuto de Autonomia : constituye la norma institucional básica de la Comunidad Autónoma y es parte integrante del ordenamiento jurídico estatal. El Estatuto es el contrato social entre vascos de distintas identidades.
El nacionalismo trata de verlo como una ley de transferencias, y no como norma básica de convivencia y de engarce con el conjunto de España. Por esta razón, la descentralización tal como la entienden los nacionalistas no significa más democracia.

Referéndum sobre el Estatuto de Autonomía. 25 de octubre de 1979 :


País Vasco Álava Vizcaya Guipúzcoa

Votos % Votos % Votos % Votos %
Si 831.839 90,3 92.535 83,7 460.905 90,7 278.399 91,9
No 47.529 5,1 10.023 9,1 25.216 4,9 12.290 4,1
Blancos / Nulos 42.068 4,6 8.051 7,3 21.859 4,3 12.158 4,0
Votantes 921.436 100 110.609 100 507.980 100 302.847 100
Abstención 644.105 (41,1) 64.321 (36,7) 375.629 (42,5) 204.155 (40,3)
Censo 1.565.54 174.930 883.609 - 507.002 -
(% sobre nº de votantes)

Fuente: Junta Electoral.

Ruptura del Pacto estatutario : el nacionalismo argumenta que el bloqueo del desarrollo competencial supone la ruptura por parte del Estado del pacto estatutario. Sin embargo no es cierto el argumento del bloqueo total ya que hace unos pocos meses, a comienzos del año 2002, se ha llegado a un acuerdo importante sobre el Concierto Económico.
La ruptura del pacto estatutario se ha debido al Pacto de Lizarra y no a la congelación de transferencias, sobre todo cuando se reclama el pleno desarrollo autonómico para acabar con él. Es difícil de entender que se exija el pleno cumplimiento de un pacto que se califica de inútil, inservible e ineficaz porque está superado.

Interdependencia :. la interdependencia se basa en la idea de que ni como individuos, ni como sociedad, ni como especie existimos de manera aislada. Somos y nos definimos por nuestras relaciones, no por el aislamiento ni al margen de los demás. Todo está íntimamente relacionado con todo, y sólo reconociendo a los otros podremos ser nosotros. Y son esas relaciones de mutuo reconocimiento entre el Estado y el País Vasco las que han generado un derecho de interdependencia, plasmado en la Constitución y el Estatuto.

Patriotismo constitucional, cívico, o republicano : en las sociedades actuales caracterizadas por ser plurales y democráticas, donde el origen pierde el carácter común y lo que une es el presente, se presenta la cuestión de conjugar la conciencia nacional, o patriotismo ya existente, con el espíritu plural y democrático del constitucionalismo. Es decir, conjugar el sentimiento de pertenencia a un grupo con la ley.
En España se trata de superar el clásico esencialismo español de la derecha, por una idea de patria más moderna y pluralista. Los ciudadanos de un país tienen ahora una identidad posnacional que trasciende sus tradiciones culturales a favor de valores universales "constitucionales".
El patriotismo constitucional se basa en la idea de que únicamente la cultura plural y democrática garantiza la supervivencia de cualquier país. Es un patriotismo asentado en derechos y valores democráticos compartidos por los ciudadanos, así como en la legalidad democrática que los ampara y reproduce. Trata de integrar a los miembros de una colectividad por medio de valores universales que son los que permiten incluir a todos sus miembros.
El patriotismo constitucional no pretende promover entre los ciudadanos un sentido de pertenencia basado en el conocimiento de la historia, ni en subrayar las características culturales, porque en la sociedad actual ni la historia ni la cultura son comunes a todos los ciudadanos provenientes de las más variadas partes del mundo, sino que busca desarrollar en las personas la solidaridad en la defensa de unos valores comunes democráticos, esto es, un modo democrático español de vivir en pluralidad, que tenga como referente fundamental el conjunto de los principios constitucionales sobre los que se fundamenta la nación española.
Se puede decir, que gracias a la Constitución tenemos una patria, pero también, que ese país sólo será nuestra patria si en él se puede vivir en condiciones de libertad. Porque la patria no es el lugar donde se ha nacido, sino el lugar donde uno es libre y puede luchar para que todos los demás lo sean.
Sin embargo, esta solución también tiene sus dificultades, porque la común ciudadanía necesita la seguridad que dan la reciprocidad, la confianza y la buena fe, y no sólo la de la ley y los valores democráticos compartidos. La ciudadanía implica, por tanto, una decisión de solidaridad con los restantes paisanos, manteniendo una actitud de ayuda, que comienza en el respeto y la comprensión --por encima de las diferencias no sólo de grupos de pertenencia sino también de condiciones personales, como talento o carácter, o de diversidad de funciones-- y que abre la posibilidad para llegar a alcanzar altos niveles de amistad con cualquiera de los miembros del propio país. Solidaridad que llega a sacrificar el interés individual en aras de la libertad de todos, esto es, realizar un sacrificio por la libertad.
El patriotismo constitucional pretende reunir la conciencia nacional y el espíritu republicano, lo que significa oponer la nación de los ciudadanos al mito prepolítico de pueblo como comunidad natural de lengua y cultura. Este tipo de patriotismo legitima y asume diversas formas de vida y cultura, aceptándolas todas en una república no excluyente abierta al pluralismo y a varias formas de mestizaje. Se trata de configurar un sentimiento de pertenencia que refuerce los valores de la ciudadanía participativa pero modelado a través de la argumentación institucional de ésta. Es decir, algo que vaya más allá del único y excluyente sentimiento de grupo y que no se quede en la distante y solitaria referencia a la ley.
El patriotismo republicano es el amor a la libertad común y a las instituciones que la sustentan, pero no en la homogeneidad cultural o lingüística, sino en la pluralidad. Para los patriotas republicanos, el valor principal es la república y la forma libre que ésta permite. Es el proyecto de una nación de ciudadanos unidos por el respeto de sus derechos individuales y su común participación en un proyecto cívico. El patriotismo republicano entiende la virtud cívica como el apego a las libertades públicas y a las instituciones que las garantizan, ya que la ciudadanía no nace de los lazos de nacionalidad. Habermas mantiene que la experiencia histórica muestra la catástrofe de los nacionalismos basados en criterios étnicos o incluso culturales. Es constatable que los pueblos más homogéneos cultural, religiosa o étnicamente no son los que tienen mayor espíritu cívico.
La versión adulterada plantea el patriotismo constitucional como la defensa a ultranza de la Constitución, convirtiéndose en un fundamentalismo constitucional, porque entiende que el patriotismo constitucional sirve para defender la Constitución que está en peligro, cuando la realidad no es así.

Derechos históricos : la Constitución de 1978 en su elaboración se encuentra con la existencia de derechos históricos de los territorios forales de Alava y Navarra, por lo que trata de armonizar el principio de autonomía con los derechos históricos de los territorios forales. Por ello los derechos históricos están reconocidos e integrados en la Constitución, y ya no caben más derechos históricos, y el Estatuto de Autonomía los ha actualizado, lo que significa que se ha cerrado la puerta a que la historia sea considerada fuente permanente de derechos políticos.
Sin embargo, el nacionalismo vasco entiende que la historia sigue siendo fuente de derechos, y así lo ha manifestado en la negociación de los últimas transferencias estatutarias, argumentando que, como establece la Disposición Adicional del Estatuto : "la aceptación del régimen autonómico no implica renuncia a otros derechos que por historia pudieran corresponder".
Los vascos somos los únicos en el mundo que no tenemos derechos simples, sino derechos históricos, mejor dicho los derechos históricos no son de las personas, sino de los territorios, de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

Fueros : el pensamiento liberal al proclamar la igualdad de derechos de los ciudadanos puso en entredicho los fueros, estos se aceptaron siempre y cuando fueran acordes a las constituciones. Los fueros vascos han sido la forma de integración institucional en la Monarquía española. Tanto es así, que derechos históricos no se esgrimen, ni se han esgrimido ante Francia o Europa, sino únicamente ante la monarquía española.
El nacionalismo cambió la interpretación histórica y propagó la idea de que los fueros eran las antiguas leyes de los vascos Sin embargo, los fueros era provinciales, pero la constitución de 1978 constitucionalizó los fueros admitiéndolos en su seno, cerrando así el contencioso de la reintegración foral o de los derechos históricos. Sin embargo, el nacionalismo sigue interpretando que esos derechos históricos son anteriores a la Constitución y permiten superar ésta. Hoy en las sociedades democráticas modernas basada en el Estado de derecho hay que basarse en los derechos humanos y en las leyes concretas, no en indeterminados "derechos históricos".

Autogobierno : es la participación democrática en las decisiones del Estado. Para los demócratas, constitucionalistas y liberales el autogobierno es un principio democrático, no un fin en si mismo, ni mucho menos un objetivo a perseguir de modo alternativo en función del ámbito territorial. El autogobierno no es un derecho específico de los vascos, es un principio que inspira toda la estructuración política democrática, desde la Unión Europea hasta la articulación institucional de Euskadi. No es un atributo de Euskadi, es un atributo de la democracia.
Sin embargo, para los nacionalistas, se trata del derecho que les asiste para romper el contrato político unilateralmente.

Democracia : es lograr la común aceptación por todos los actores políticos, sin marginación o exclusión, de las mismas reglas básicas de convivencia basadas en los Derechos Humanos, de modo que la democracia llegue a ser el único modo de juego.
La democracia se basa en el pacto o consenso de que las relaciones políticas deben estar reguladas exclusivamente por leyes aceptadas y respetadas por todos los ciudadanos, pero también en la asunción consecuente de los valores de respeto y protección de las libertades y derechos individuales.
Democracia no solo es representación popular, sino, sobre todo, respeto a los derechos individuales, al pluralismo ideológico y a la autonomía de las personas.
La democracia no es simple relación de fuerzas, no es la voluntad de la mayoría en cada momento sin límite alguno, ya que, llegando a su extremo, la mayoría podría decidir exterminar físicamente a la minoría. La libertad individual está por encima del proceso democrático de decisión por mayoría. Las libertades básicas o derechos humanos establecen el marco de actuación de aquello que los políticos (por muy democráticamente elegidos que estén) pueden acordar.
Además, las Constituciones democráticas nos enseñan que la regla de la mayoría simple, que se usa para resolver problemas corrientes en un régimen de libertades, resulta a veces insuficiente e inadecuada para resolver problemas cruciales, para los que se necesitan mayorías cualificadas.
La democracia implica una comunidad participativa, por lo que debe potenciar la integración de sus miembros. Para que tenga lugar la participación voluntaria en la gestión política y en la configuración plural de la unidad colectiva, la democracia impone la renuncia al privilegio discriminador del origen.
Una democracia no sólo está hecha de libertades y derechos, también de deberes, de responsabilidades y de lealtades sin las cuales la convivencia se desgarra en tribalismos, en una rapiña de privilegios y en agravios.
En definitiva, la democracia supone sólo utilizar sus propias reglas para lograr objetivos políticos. Porque en democracia no todas las ideas son admisibles, ya que no sólo hay medios ilegítimos (violencia), sino también fines e ideas ilegítimas (racismo, violación de derechos, "apartheid", etc).
La democracia, como sistema aceptado de convivencia, es en esencia evolutiva, y hoy sería deseable, por ejemplo, fomentar el camino de la democracia paritaria entre hombres y mujeres, o que la democracia no sólo esté basada en la elección de candidaturas, sino extenderla también a la selección de candidatos.
Los consensos y las transacciones garantizan la coexistencia en la diversidad, y condenan a una sociedad a la imperfección, a la moral del mal menor. Según el talante de quienes las defienden, hay dictaduras perfectas, pero las democracias sólo pueden ser imperfectas. Esto indica que la democracia no se consolida fácilmente ya que es un consenso frágil y que hay que cuidar permanentemente y fortalecer.
Lograr el consenso democrático implica promover un modo de encontrarse y reconocerse mutuamente los ciudadanos de Euskadi en condiciones de pleno respeto e igualdad en todos los campos de la vida política y social.
Euskadi sólo se puede construir desde el consenso y desde el entendimiento entre los nacionalistas y los constitucionalistas, porque Euskadi no puede edificarse en contra de nadie, ya que el consenso no puede imponerse; necesita de una democracia, necesita acordarse.
Se hace imprescindible recuperar el consenso democrático, pero para ello, entre otras actuaciones hay que superar la idea de identificar paz con "construcción nacional".
En la situación actual es necesario recomponer muchas de las bases de la convivencia deterioradas en los últimos años por el nacionalismo, el cual, a medida que triunfaban en su seno las tesis más antidemocráticas, ha ido debilitando poco a poco los ejes principales del gran pacto y consenso que supuso la aprobación de la Constitución y el Estatuto de Autonomía.
En Euskadi, por un lado, una parte importante del nacionalismo ha estado luchando abiertamente contra la democracia desde 1978, desde la aprobación de la Constitución, y por otro, desde los poderes del Estado se han utilizado, en algunos momentos, fórmulas antidemocráticas, uno de cuyos episodios más oscuros e irresponsables fue la constitución y actuación del "GAL". A pesar de esos esfuerzos, la democracia se ha instaurado entre nosotros, aunque es justo decir que nuestras instituciones vascas en vez de defender la democracia dan la impresión de que la tienen que soportar.
Tanto es así, que muchos se jactan de no haber aprobado la Constitución, es decir las normas básicas de convivencia democráticas, y se rechaza la democracia porque es de fuera, porque es española, abriendo así la posibilidad de imponer una dictadura (…vasca). Del mismo modo, en los últimos años las instituciones públicas gestionadas por el PNV han dejado de celebrar el aniversario del Estatuto de Autonomía, rechazando las solicitudes que se han hecho.


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