Euskal demokrazia : en los últimos tiempos se ha propagado la idea de la "Euskal demokrazia" (Democracia vasca) que en realidad es una democracia orgánica, ya que no son los ciudadanos voto a voto los que deciden, sino entidades colectivas excluyentes, por ejemplo, Udalbiltza. El ciudadano vasco es tratado como súbdito, no como ciudadano activo, porque se entiende que sólo pueden defender de verdad a Euskal Herria, y por tanto tener voto, los que se sientan vascos nacionalistas, puesto que los no nacionalistas ya tienen otra patria , que es España.
Además, es una "democracia" en la que todo lo decide "el pueblo" ("Euskal Herria tiene la palabra", "Euskal Herria tiene que decidir", "dar la palabra al pueblo", "democracia para Euskal Herria", etc..), pero no el conjunto de todos los individuos vascos. Es una democracia en la que sólo tienen cabida los nacionalistas, o, dicho de otra forma, es una "democracia" diseñada para excluir a los no nacionalistas. En realidad es una dictadura disfrazada de democracia, una ficción de democracia.
Democracia representativa : se basa en que el sujeto político es la voluntad de los individuos concretos que firman un contrato social y hacen lo que hacen por consenso. No hay ningún sujeto político colectivo por encima de esa voluntad de los individuos concretos. Solamente hay una legitimidad y una sola ciudadanía, que puede tener muchas lealtades pero que solamente se construye de una forma plural y solamente es viable de una forma plural.
Democracia plebiscitaria : hoy en Euskadi la democracia plebiscitaria (por medio de consultas, referéndums, plebiscitos, etc.) se plantea como superación, como mejora de la calidad democrática, en definitiva se quiere superar el consenso para suplantarlo por el plebiscito. Sin embargo, la democracia plebiscitaria tiene un carácter meramente autoconfirmatorio, propio de los regímenes totalitarios que no reconocen la pluralidad interna de la sociedad. En los referéndums se pide únicamente al electorado que saque una fotografía de un determinado momento histórico, con la esperanza de que sea el momento oportuno para los intereses de los que han promovido el propio referéndum. En el referéndum no hay un debate propiamente democrático, porque los partidos invierten las energías en la táctica para determinar cuándo deben celebrarse y cuál debe ser la pregunta, porque tanto el momento como la pregunta influyen en el resultado.
Ejemplo de ello fue cuando en octubre del 2001 Arzalluz propuso a las juventudes de su partido (EGI) la eventual celebración de una consulta para que "el pueblo vasco diga formalmente que ETA debe desaparecer". Lo que significa no admitir que el terrorismo es contrario a los Derechos Humanos, y que no se necesita un referéndum.
La obsesión del nacionalismo por los referéndums no es otra que tratar de legitimar por la voluntad lo que plantean como un derecho natural ajeno a la voluntad. Dicho de otro modo, dicen que el pueblo vasco es un pueblo "per se" con identidad propia, pero como eso no vale en democracia, buscan que se le reconozca como tal con un baño de legitimación democrática.
Déficit democrático : los nacionalistas constantemente hablan de la existencia de déficit democrático del Estado, y lo argumentan por medio de presuntas torturas a los detenidos, o que la Audiencia Nacional vulnera la presunción de inocencia, etc., con el objetivo de desprestigiar las instituciones estatales y que los constitucionalistas aparezcan como defensores de unas instituciones no democráticas. Para ELA es la insuficiente legitimidad democrática de los marcos jurídicos que hay que superar.
Derechos humanos : son el consenso mínimo de la convivencia humana, son los derechos fundamentales de toda persona; sin embargo, en Euskadi en nombre de los derechos colectivos, ("derecho de Euskal Herria"), se vienen conculcando sistemáticamente los derechos individuales.
Los Derechos Humanos son el mínimo común denominador de la dignidad humana y deberían servir no sólo como fundamento de las Constituciones democráticas, sino también como último criterio para juzgar los preceptos legales y los regímenes políticos en cualquier rincón del mundo.
Los derechos individuales son prioritarios, porque la escala humana de la modernidad democrática es la persona individual, no el grupo. Una cosa son los derechos humanos que poseemos todos los vascos, y otra son los proyectos políticos de unos pocos que se pretenden disfrazar de derechos colectivos : "derecho de Euskal Herria a ser nación".
Los sujetos colectivos (el pueblo, Euskal Herria) no pueden ser titulares de derechos "humanos", porque no hay seres humanos colectivos.
En Euskadi prevalecen los valores de grupo sobre los Derechos Humanos, porque el grupo se siente depositario de valores superiores y "naturales", y, por ello, la dignidad humana se ha puesto en tela de juicio y los poderes públicos nacionalistas no la defienden.
Hoy el debate ideológico es entre el humanismo y el colectivismo; entre la universalidad individualizante y el tradicionalismo homogeneizador.
Hoy no hay una comunidad preocupada por discutir los Derechos Humanos, sino que se asiste a una doble moral : la que se usa para juzgar al grupo o comunidad ("nosotros"), y la que se utiliza para juzgar al exgrupo (los "otros"). Pero como los derechos humanos no son innatos, ni son para siempre, ni su respeto tampoco es innato ni espontáneo, siempre hay que luchar por su defensa y respeto, puesto que los Derechos Humanos son demasiado importantes como para dejarlos únicamente en manos de los gobiernos.
Garantía de los Derechos Humanos: la protección de los derechos humanos se garantiza, fundamentalmente, por los mecanismos que se establecen en la Constitución y de lo que de ella se deriva, y los gobiernos tienen el deber de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales, para romper así la regla de la impunidad.
Es necesario reafirmar la defensa del principio de no discriminación, esto es, de los principios fundamentales del ser humano, de la dignidad y del valor de la persona humana, de la igualdad de derechos de hombres y mujeres.
Hoy en Euskadi están, de hecho, amenazados, restringidos o suspendidos los derechos a la vida, a la libertad y a la seguridad de la persona, a la igualdad ante la ley, así como el derecho a ejercer las libertades de pensamiento, conciencia y religión, opinión y expresión; el derecho a la libertad de reunión y asociación pacificas; el derecho a participar en el gobierno del país directamente o por medio de representantes libremente escogidos.
No se puede ser neutral, indiferente, ni equidistante ante el racismo, la injusticia y la violación de los Derechos Humanos. Sin embargo, hoy en Euskadi se produce la violación constante de los derechos individuales por amenazas "gansteriles", y se produce impunidad debido a la neutralidad de los poderes públicos que inducen al recelo y a la desconfianza, ya que no se garantizan la seguridad y la libertad de los ciudadanos. Los poderes públicos actúan con neutralidad respecto a los que violan y a los que defienden los derechos humanos, y están sumidos, demasiadas veces, en la neutralidad, en la equidistancia, en tratar por igual la vida y la muerte, la amenaza y la libertad.
Muestra gráfica de ello es que cuando se han realizado protestas contra amenazas o asesinatos y a favor de la libertad, en frente de los ciudadanos que rechazan la violencia se ha formado un grupo que grita impúnemente "ETA, mátalos", y la Ertzantza (Policía autónoma) se ha situado -siguiendo instrucciones de sus mandos- en medio, dando a entender que tienen el mismo valor defender el derecho a la vida que cometer el delito de amenazarla.
Por ello, los ciudadanos no se mantienen callados ante los atropellos de los derechos, y gritan para pedir lo que les falta : la libertad; libertad para poder ejercer los derechos.
derecho a la igualdad : es el derecho que está unido a la libertad, y que se conculca con la limitación y violación de los derechos. Según el Estatuto de Autonomía todos los ciudadanos vascos somos iguales por vecindad administrativa, con los mismos derechos y deberes.
Hoy el valor de la igualdad sigue siendo central, aunque, como debe conciliarse con el pluralismo, se plantea como igualdad de oportunidades. Muchos defienden que es la igualdad ante la ley la forma básica de igualdad, pero la igualdad legal por sí misma no es suficiente, tiene que darse una igualdad de condiciones en el sentido de una aproximada igualdad en la distribución de la riqueza.
Es decir, es necesario avanzar hacia un derecho a la igualdad de oportunidades, ya que hay que dejar sitio para una población inmigrante mucho más amplia. Y, sobre todo, porque las causas de las desigualdades no son naturales, ni necesarias, sino culturales e ideológicas.
Pero el concepto de igualdad no puede ser sólo de igualdad de oportunidades, también es necesario tener programas de redistribución; sin ellos no nos acercaremos a una igualdad de oportunidades.
Hoy en Euskadi mucha gente se siente marginada en el ámbito de las libertades civiles y políticas, y los poderes públicos deben ser los responsables de garantizar la igualdad respecto a las libertades públicas.
Sin embargo, existen doctrinas antidemocráticas, que han arraigado en el seno del nacionalismo vasco, que tratan de justificar la desigualdad (vascos auténticos, y los que no lo son) y que, además, se utilizan para defender y perpetuar la discriminación por motivos de origen nacional, étnico o ideológico.
También la igualdad se utiliza en Euskadi para reivindicar la igualdad y equiparación de proyectos políticos, ideas y valores, tratando de situar en plano de igualdad valores tan antagónicos como la justicia y la injusticia, la vida y la muerte, proyectos totalitarios y democráticos, etc.
Libertad : existen distintas concepciones de libertad, que reflejan cada una de ellas aspectos y posiciones diversos.
Esta muy extendida la idea de que la libertad, en un individuo o grupo, se define como un derecho negativo. Es la ausencia de restricción y coacción irrazonable por parte de otros individuos o grupos para poder hacer una cosa u otra.. El concepto implica una esfera privada dentro de la cual el individuo puede actuar como desee libre de restricciones externas. Esto es, que no hay más límites a la libertad que la libertad de los demás, lo que significa una visión de la libertad en relación a lo externo, a lo que nos rodea.
Otra idea de libertad más radical es la que pregona el "laissez faire", entendiendo que la libertad es poder hacer todo lo que se quiera y desee sin restricción alguna y sin tener en consideración ningún código moral objetivo.
Sin embargo, democráticamente, se defiende una idea de libertad basada más en la relación entre la facultad de elección y la responsabilidad. Desde esta perspectiva, la libertad es la facultad del hombre para elegir su propia línea de conducta, de la que, por tanto, es responsable. Es, en definitiva, la cualidad de autogobierno del ser humano.
Esta autonomía individual está en el centro de una sociedad cuyos derechos deben ser protegidos, porque el espíritu de la libertad individual ignora la cuestión de los orígenes y pone énfasis en un bienestar compartido.
Sin embargo, no podemos delegar completamente todas nuestras responsabilidades en la esfera colectiva a las distintas Administraciones, dedicándonos sólo a los problemas de la esfera individual, como si no tuvieran relación con los de los demás, sino que es necesario un compromiso de defensa activa de la libertad no sólo individual sino para cada uno de los miembros de la sociedad. Así, plantearse que la libertad es el medio y el fin de la política, supone aceptar la legitimidad del otro sin tenerlo como enemigo, sino reconociéndole que tiene un proyecto propio. Esto es, una visión de la libertad en relación a lo interno, hacia dentro del grupo de próximos, donde libertad está unida al pluralismo.
Lo que significa que no sólo hay que conseguir la libertad política, de derecho, sino de hecho. Es necesario que todos los vascos podamos expresar las opiniones sin inhibiciones, sin temores, sin amenazas, para poder construir una sociedad más libre e igualitaria.
Para recuperar la libertad es necesario no dejarse intimidar por la palabrería que convierte a los criminales en héroes, a los verdugos en víctimas y al chantaje terrorista en el proceso de pacificación. Y que dice que la paz la defienden quienes ponen bombas, y los que las sufren son los verdugos. Tampoco se puede permanecer en silencio ante las amenazas, ni su impunidad, esperando que los amenazadores se cansen y lo dejen, pues no lo van a hacer si no se defiende la libertad paso a paso, día a día.
La amenaza ha generado pasividad, pero hay que adquirir el compromiso para superar esta situación de silencio ante los atropellos de los derechos, donde las instituciones están sumidas en la "neutralidad", en la equidistancia, en tratar por igual la vida y la muerte, la amenaza y la libertad y donde se habla de territorialidad, independencia, etc., para no hablar de amenazas a la libertad y de violación de los derechos de las personas.
Por ello, resulta tan necesario adquirir compromiso social y político, para recuperar el ejercicio de la libertad, que no es otra que la de que todos los vascos, sin excepción, puedan ser miembros de la comunidad política de Euskadi.
Aunque por ley al ciudadano se le exige que se comprometa en la defensa de la libertad, se le hace desistir por medio de la amenaza, la agresión y el asesinato. En Eusakdi no rigen plenamente los principios de libertad ni de igualdad, porque se impide expresar sus ideas a los otros, y no se admite la crítica, y se dan coacciones para imponer a la fuerza las creencias, dando como resultado algo tan dramático como que siete de cada diez vascos expresen no tener libertad a la hora de definir o defender sus opiniones.
Para que los ciudadanos podamos vivir en libertad debe existir un sistema legal que se defienda, un estado de derecho que funcione como tal, ya que en su ausencia el ciudadano se verá sujeto a la coacción de otros individuos o grupos más fuertes. La ley debe otorgar no sólo derechos sino su protección, y el gobierno debe actuar con la voluntad de su protección efectiva.
Finalmente, reseñar que según los nacionalismos el sujeto de la libertad no es el individuo sino la comunidad orgánica, quien tiene la libertad es el pueblo, y las personas son libres en cuanto su libertad coincida con la libertad del pueblo vasco. Al individuo la libertad se la da el hecho de pertenecer a la comunidad, tiene que pertenecer al grupo para poder ser libre. Así, se convierte a los ciudadanos en objetos subordinados a los sujetos sociales de la historia, la lengua, la cultura, la etnia y el territorio, etc, limitando su libertad.
Derechos individuales y colectivos : sólo existen los derechos de las personas; las lenguas, los territorios, los pueblos, etc., no son sujetos de derechos. Aunque las tendencias reaccionarias contra el pensamiento de la modernidad tratan de transferir los derechos individuales a los sujetos colectivos, para así negárselos a las personas y proteger mejor el disfrute del poder.
Ejemplo de ello es lo que ocurre en Euskadi, ya que el terrorismo es la expresión más cruda de la negación de todos los derechos individuales, cuando asesina en base a la reivindicación de un pretendido derecho colectivo. El pueblo mata a un ciudadano componente de ese mismo pueblo, y el asesinato de ese ciudadano es la expresión de un contencioso entre un ente colectivo, Euskal Herria, y una institución, el Estado.
Según el pensamiento terrorista ¿cómo puede haber alguien que se queje de que le peguen un tiro (que le arrebaten todos sus derechos), mientras Euskal Herria no tiene derecho a la autodeterminación?.
Pluralidad : la paz en Euskadi implica no sólo reconocer que la pluralidad ha existido siempre, sino también aceptar la pluralidad, y sobre todo asumir el pluralismo; ello significa no sólo reconocer que somos una sociedad plural, sino que se debe proteger y potenciar ese pluralismo de las ideas diferentes como un valor positivo en sí.
Un país es plural cuando es capaz de integrar armoniosamente diversas culturas, razas, lenguas o religiones, y todas ellas pueden coexistir. Las instituciones políticas son tanto mejores cuanto menos coincidan con identidades étnicas y mayor mestizaje de intereses permitan. Es decir, que no es válida la premisa de "una Nación-un Estado", sino que precisamente deben estar disociados; es mejor que los Estados sean plurales, plurinacionales, para poder preservar así mejor la pluralidad de los individuos.
La pluralidad exige que no pueda existir una única ideología, creencia, partido o asociación, y, por tanto, exige que sean protegidas todas las personas. Las instituciones deben proteger la libertad de ideas y creencias de los individuos y la pluralidad de partidos y asociaciones con ideologías diferentes. Convertir el nacionalismo en la ideología oficial de un país o de unas instituciones políticas no es legítimo democráticamente hablando.
Reiteradamente a los ciudadanos vascos se les propone que no pueden ser más que nacionalistas : nacionalistas vascos o nacionalistas españoles, no hay sitio para más. No se puede ser vasco y español a la vez, ni vasco y francés, o simplemente que no les preocupen demasiado las cuestiones de las adscripciones ideológicas. Incluso se piensa que ser nacionalista vasco es un orgullo, pero ser nacionalista español es sinónimo de "ultra" o "facha", cuando en el fondo las dos caras corresponden a una misma moneda : la nacionalista.
De todas formas, lo que está claro es que, a pesar de los reiterados esfuerzos de los nacionalistas por hacer creer que no existe más ideología que el nacionalismo, los vascos tenemos muchas más ideologías y proyectos de convivencia que hacen más hincapié en la libertad de las personas, en su desarrollo, y no las limitan a una sola posibilidad de pensamiento. Esto es, que a pesar de la intimidación se vive en una sociedad plural.
Pluralismo: implica la existencia de distintas tendencias de carácter político, económico o religioso que pueden expresarse libremente.
El pluralismo exige aceptar la legitimidad del otro, aceptar que el otro tiene un proyecto propio, que puede no coincidir en muchos puntos con el mío, pero que es tan legítimo como el mío para desear lo mejor para los vascos. No es pluralismo el admitir que existe otro "enemigo", que solo está para frenar mi proyecto y por tanto alguien a quien debo eliminar. Los asesinos totalitarios también admiten que exista una pluralidad, que existe un "otro", pero como enemigo, como elemento a quitar de en medio, como elemento ilegitimo que es necesario erradicar incluso físicamente.
Según Elkarri es necesario "proteger el pluralismo defendiendo la igualdad de condiciones para todos los proyectos políticos y proclamando con claridad que aquí no sobra nadie". Es decir se propone dar las mismas condiciones al totalitarismo que a la democracia, y tratar en pie de igualdad al terrorista y al demócrata.
En la práctica política los nacionalismos no atacan frontalmente al pluralismo, ya que existe un gran consenso social sobre el pluralismo. Sin embargo, calificar de enemigos, o de extranjeros, a los no nacionalistas, o negar legitimidad a los partidos no nacionalistas, es la forma más clara de negar el pluralismo.