5- Principios y Procedimientos de la Actuación Política
Política : desde una visión democrática, la política es una actividad que sirve para conciliar propuestas de convivencia enfrentadas e intereses en conflicto; es la gestión y la defensa de la convivencia. Es un espacio para la libertad, es lo cívico, es organizar la convivencia, es lo ciudadano.
Desde una visión instrumental, la política se entiende como poder; se confunde gobernar con mandar.
Desde una visión religiosa, la política se entiende como el cumplimiento de unos altos valores o designios que transcienden a las personas. La actividad política es un servicio, un compromiso ético personal, un sacrificio que impone la necesaria salvación de la patria. La patria tiene un destino y habla, pero necesita de intérprete, de un sacerdote, para dar a conocer a los fieles lo que quiere en cada momento. En cambio, los adversarios políticos sólo quieren el sillón, el poder, el enriquecimiento personal, no tienen altos valores o un destino que cumplir como es recuperar lo perdido que por naturaleza teníamos. No son creyentes, por lo que no están legitimados para gobernar, para poder traducir lo que realmente quiere el pueblo o la patria.
Medios, objetivos y fines : se ha dicho que el fin justifica los medios, sin embargo las posturas más democráticas sostienen que el fin no justifica los medios, ya que el fin está en los propios medios. Se dice también que los medios condicionan el fin, es decir que si utilizas medios totalitarios luego no te vas a convertir por arte de magia en un demócrata empedernido. Aunque también se ha dicho que los fines condicionan los medios a utilizar, porque según lo que quieras alcanzar utilizarás unos u otros medios. Lo que nos indica que hay una cierta relación entre medios y fines por lo que no es tan fácil separarlos ya que los medios son ensayos del resultado final.
Sin embargo, la presidenta de EA, Begoña Errasti, en numerosas ocasiones ha afirmado que tienen el mismo objetivo que ETA, la independencia, pero que difieren en los medios.
En el caso de ETA ¿qué molesta más el tiro o la finalidad? . ¿Los medios o el fin?, ¿las bombas o la independencia?. Según muchos nacionalistas lo que más les molesta a los constitucionalistas es la finalidad (la independencia) no los tiros ni las bombas, vamos que no les importa que les maten.
Gobierno y oposición : durante los últimos años en la política vasca se ha producido un fenómeno singular, el PNV ha estado haciendo gobierno y oposición a la vez. Se ha apoyado en la Constitución y el Estatuto de Autonomía para gobernar, y, al mismo tiempo, los ha rechazado para hacer oposición. En esto consiste la medida ambigüedad del nacionalismo, en hacer moderación en el Gobierno y radicalidad fuera de él por medio del partido.
El resto de partidos políticos, mientras HB permanecía combatiendo desde fuera a las instituciones democráticas, el PSE ha primado la gobernabilidad a la oposición para poder sustentar el permanentemente acosado entramado institucional vasco.
Sin embargo, tras la firma del Pacto de Estella-Lizarra en 1998 esta situación se ha modificado, y ahora los partidos nacionalistas (PNV y EA) se benefician de la Constitución y el Estatuto para seguir gobernando, y por ello apoyan y sostienen al Gobierno Vasco, y al mismo tiempo han creado, junto a HB, Udalbiltza como alternativa al poder institucional del propio Gobierno Vasco. Es decir, la labor de oposición se ha trasladado del partido (PNV) a un ente que es el acuerdo de varios partidos, pero que se sustenta, fundamentalmente, en los principios ideológicos de Euskal Herritarrok.
Esta nueva situación política ha hecho que las formas de hacer gobierno y oposición también se modifiquen, suponiendo un mayor debilitamiento de la labor de gobierno y un mayor refuerzo en la labor antigubernamental. El nacionalismo vasco no se marca como tarea primordial el gobernar y defender las instituciones democráticas, y como su labor de oposición se centra en el Pacto de Estella, tensionado en contenidos y ritmos por EH, el PNV ha dejado de ser su propia oposición, no puede llevar a cabo con nitidez el "doble juego". Aunque todavía intenta estar a la vez en el gobierno y en la oposición, apuntalando las instituciones y acaudillando huelgas políticas, siendo a la vez patronal y sindicatos.
En esta situación tan peculiar, en la que se tiene que tratar de gobernar, pero se apuesta por hacer oposición, ha aparecido una cierta oposición socio-política por parte de grupos de ciudadanos, y ante ello se ha utilizado la estructura del PNV, con la connivencia del Gobierno Vasco, para reprimir las protestas y demandas. Como ejemplo de ello, el PNV ha utilizado a la organización del partido como elemento represor de las demandas de libertad e igualdad de la población, concretamente en Vitoria-Gasteiz tras el asesinato de Fernando Buesa (PSE).
Para que pueda existir la situación de gobernar y, al mismo tiempo, oponerse a uno mismo en el juego político se han conjugado distintos factores : la existencia del uso de un terrorismo coincidente con los planteamientos del nacionalismo en oposición; la falta de organización social fuera del nacionalismo, en gran parte, por la amenaza del terror.
La simultaneidad de gobernar y oponerse solo es sostenible si existe y funciona por un lado, tanto el consentido "doble juego" en el seno de sociedad, como la amenaza para que no pueda surgir organización social con ideología distinta de la nacionalista; y, por otro lado, una falta de alternativa clara que se oponga a ese doble juego.
En definitiva, lo que se ha echado en falta en Euskadi durante estas últimas décadas es una verdadera oposición, una oposición organizada en el seno de la sociedad, ya que el papel de la oposición define el carácter verdaderamente democrático de un Gobierno representativo. Aunque esta oposición hoy en día empieza a estar mejor representada, social y políticamente, sin embargo, los vascos deberíamos conocer una oposición de verdad, es decir deberíamos conocer una alternativa democrática y autonomista para todos los ciudadanos vascos.
Alternancia ; cambio : se hacen necesarios cuando hay una situación de emergencia por la inactividad o incapacidad del gobierno a solucionar los graves problemas que afectan al conjunto de la sociedad. Se hacen posibles cuando se produce un aislamiento, el gobierno y su masa social se aislan y renuncian a integrar voluntades más allá de sus políticas, cuando renuncia a compartir, y cuando existe un cuerpo social y político mínimamente estructurado que sustente la alternancia y el cambio.
Centralidad : algunos intelectuales y analistas políticos piensan que el PNV es el partido central en Euskadi, y que nada se puede hacer o sin él o contra él. Sin embargo, otros piensan que desde que el PNV abandonó la unidad democrática y el Pacto de Ajuriaenea y puso en marcha la unidad nacionalista y el Pacto de Estella ha perdido dicha centralidad al perder la capacidad de pactar con todos.
En Euskadi el PSE-EE dice que es el partido de la centralidad porque es el único partido capaz de dialogar y llegar a acuerdos tanto con partidos nacionalistas como con constitucionalistas.
Legitimación : la legitimidad democrática de los poderes públicos no se basa sólo en el sufragio universal que los ha instaurado, sino también en su empeño por lograr la protección de los derechos individuales de todos los ciudadanos y la plena vigencia de las libertades públicas.
Sólo los derechos humanos de los individuos reconocidos en la Constitución y el Estatuto de Autonomía son la fuente de legitimación que nos hace a todos los vascos iguales en derechos y deberes. En las democracias occidentales la titularidad del poder es de los ciudadanos individuales, y no se trata de democracias de territorios o de comunidades.
Ni los apellidos, ni los rasgos biológicos, ni el origen, ni la historia, ni la lengua, ni la etnia, ni el partido, y mucho menos la adhesión a una ideología pueden ser fuente de merecimiento de derechos especiales y de negación de legitimidad a los que no participan de modelos construidos sobre esos aspectos.
La legitimación por los apellidos y los rasgos biológicos sigue persistiendo cuando se hace referencia a que la inmigración masiva ha contaminado y desdibujado a los vascos, ya que se utilizan todavía como "pedigree" de vasco auténtico. Tanto es así, que si alguien tiene muchos apellidos vascos pero no es nacionalista, es considerado como un traidor.
Tampoco el origen puede ser fuente legitimadora de que Euskadi debería ser sólo de sus originarios, los que llegaron antes; mejor dicho, los que estamos aquí desde "las cavernas" somos merecedores de derechos especiales y escatimamos legitimidad a los que han llegado después.
En realidad, el origen legitima a unos para excluir a otros. El origen es un requisito que algunos tienen frente a quienes no lo poseen, por defecto de linaje o falta de fe; sin embargo, los derechos humanos, auténtica fuente de legitimación, son la negación de lo originario, y nos hacen a todos iguales.
Asimismo el nacionalismo basa su legitimación en una supuesta tradición, en la necesidad histórica o en un mandato del destino, pretendiendo que la ideología nacionalista es más natural que las otras. Es necesario entender que todas las situaciones sociales y políticas son productos culturales e históricos compartidos y no tienen un origen natural.
En realidad, todo este conjunto de propuestas de legitimación por el origen, la historia, la adhesión ideológica, etc., no son más que intentos realizados por un grupo social para legitimarse como única fórmula de poder, e impedir así que otros (los no nacionalistas) participen y puedan estar igualmente legitimados para dirigir al conjunto de la sociedad vasca.
Deslegitimitación del Estado de derecho : el nacionalismo, incluso desde el propio Gobierno Vasco, de forma permanente cuestiona la legitimidad del Estado democrático y de derecho. No respetan los cauces establecidos en el actual marco legal.
El PNV hace todo lo posible para deslegitimar el sistema democrático, dándose la paradoja que el sistema democrático, en Euskadi, es hoy defendido por los perseguidos, por los escoltados.
Tolerancia : es el respeto y la consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás aunque no las compartamos, pero con la condición de que se cumpla el principio de reciprocidad. Es decir, no se pueden aceptar las opiniones o prácticas exclusivistas porque tratan, a cualquier precio, de acabar con todas las otras, de imponerse a todos los discrepantes, o bien de anular la voluntad y el pensamiento.
La tolerancia es una condición necesaria para la supervivencia de la convivencia porque permite realizar el diálogo entre diferentes culturas y corrientes sobre la base del respeto mutuo e igualdad de derechos.
La tolerancia es el fundamento de la democracia moderna porque asegura el pluralismo religioso, ideológico y político, da garantía a las minorías frente a las mayorías y asegura la soberanía de la personalidad.
Si a la tolerancia no se le pone límites comporta el peligro del relativismo y renuncia a los valores básicos de la convivencia democrática.
No-tolerancia : no podemos ser tolerantes ante la dominación, opresión, injusticia, genocidio, racismo, xenofobia, etc., esto sería aceptar o tolerar lo intolerable.
Las actividades que amenazan los valores esenciales que afectan a la vida humana, como la libertad, justicia social, desarrollo, solidaridad entre los seres, no deberían ser toleradas. Esta no-tolerancia de lo inhumano no debe confundirse con la intolerancia.
Intolerancia: la intolerancia se basa en una idea dogmática y normativa de lo que el ser humano es y debe ser y rechaza cualquier otro punto de vista y comportamiento como desviado y perverso, en una forma de pensamiento rígido, reductor, puramente analítico y dicotómico, y en una idea de la vida competitiva y agresiva.
El intolerante cree que solo hay una forma de cultura, sistema político y estilo de vida que considera natural, lo demás es contra natura. Así, con frecuencia se escucha que el derecho del pueblo vasco a su autodeterminación en un derecho natural.
El intolerante práctica un odio específico sobre otros países, sistemas, iglesias, grupos sociales, minorías, etc. De este modo, a los emigrantes se les niega participar y se les odia por su lengua, su religión, cultura o porque se resisten a la asimilación.
Es práctica común en la intolerancia la exclusión del mercado de trabajo de los que no cumplen las formas naturales de la cultura, así como justificar el desigual reparto del trabajo y de los recursos.
Lealtad política: es aceptar y respetar unas reglas de juego básicas de convivencia y juego político, es el compromiso con los demás, por lo que no es suficiente la lealtad al compromiso con uno mismo, o que "mi reino no es de este mundo". El PNV es especialmente cuidadoso en no adquirir compromisos políticos no quiere pactos que le aten, que le limiten, porque su misión está más allá de lo tangible (está en la historia, en el origen, en la indefinición, fuera de lo ciudadano, más allá de la razón porque es un sentimiento, etc.).
Desobediencia civil; insumisión: la desobediencia civil está ampliamente admitida en el caso de la tiranía o dictadura, pero exige una mayor precisión en el caso de una sociedad legitimada democráticamente, porque la desobediencia suele ser propuesta también por nostálgicos de la dictadura o por los grupos "antisistema".
No siempre que se habla de desobediencia civil se están defendiendo pretensiones dignas, ya que en una sociedad legitimada democráticamente la desobediencia civil sólo debe entrar en funcionamiento cuando en alguna de sus dimensiones esa sociedad democrática ha dejado de serlo.
Conjugar la desobediencia a una ley injusta y no democrática con la aceptación y fortalecimiento del resto del sistema democrático es un equilibrio, un reto y una línea de actuación a seguir en una sociedad democrática.
Desobedecer civilmente para llamar la atención sobre una situación anómala dentro del sistema democrático es un modo democrático de participación en la vida política. La insumisión de los demócratas vascos es la insumisión a ETA, es la negativa a doblegarse a la imposición y control social que exige el terrorismo.
Los insumisos son críticos con la obligatoriedad del servicio militar, cuando el problema no es tanto militar como de concepción del Estado y de la relación de este con el ciudadano.
Sin embargo, la insumisión que proponen los abertzales es hacer lo que uno le viene en gana sin límite ninguno, siempre los antidemócratas son insumisos y desobedientes a la democracia, a sus valores y a sus leyes. Todos los fascistas han sido y son desobedientes al sistema democrático.
Incluso el Lehendakari Ibarretxe ha propuesto no pagar o no cumplir las leyes, es decir la desobediencia a las reglas básicas del sistema democrático cuando trata una negociación política que debería llevarse a cabo siempre dentro de los estrictos cauces democráticos, pero nunca utilizando la desobediencia a las leyes como amenaza de romper el juego democrático.
Deslealtad política :es querer siempre tener las manos libres, no comprometerse con los demás porque no se quiere compartir, porque es un proyecto exclusivista.
Es una deslealtad el que los nacionalistas denuncien el pacto constitucional-estatutario para plantear su modificación, cuando debería ser desde el cumplimiento del consenso que supone dicho pacto, desde el que se plantease la oportunidad de su modificación. Dicho de otro modo, no es leal el denunciar que el Estatuto ha muerto y que no es un punto de encuentro, para a continuación proponer su modificación.
En cualquier otro orden de la vida económica, mercantil, etc., el pretender modificar un pacto no puede implicar su ruptura previa, no es leal presentar la pretensión de modificación de un pacto como la ruptura del propio pacto, sino que se presentará como un proceso abierto dentro del propio pacto.
Es muy difícil fiarse de la lealtad de quien rompe unilateralmente el pacto que tenemos con él, diciendo que está muerto y ya no sirve, y a renglón seguido pide su modificación. Sin duda, le preguntaríamos : tu, ¿a qué juegas?. No es leal que la solución pase por la ruptura del acuerdo, del consenso, máxime cuando se trata un consenso básico de convivencia, lo que supone un acto de rebeldía, una deslealtad al sistema democrático, que tiene sus propios procedimientos de modificación que hay que cumplir.
Consenso : es el acuerdo o aceptación unánime de todas las personas que componen una corporación o grupo. Es la coincidencia de opiniones en torno a algún problema de mutuo interés que permite establecer una acción común.
El consenso es también un método de alcanzar el objetivo, es un compromiso, un acuerdo, un deseo de comprensión mutua y una minimización de las contradicciones entre las partes.
No hay proceso social que no incluya diferentes formas y niveles de consenso. Cuanto más rico y consistente sea el consenso, tanto más armónico será el desarrollo social.
Principios morales y derecho :El derecho puede ser exigido, pero el consenso sólo si los demás se atienen a los principios que lo inspiran. El derecho puede imponerse a todos y se hace valer contra el comportamiento desviado. El derecho delega en otras personas el decidir si es justo o no. La moral tiene que juzgar en cada instante, y eso es muy difícil en una sociedad compleja. La conciencia moral se ha desligado de la tradición, mientras que el derecho es la acumulación colectiva de experiencias por ello es más necesario que nunca. Porque el derecho es exigible, estable, coercitivo, aplicable a todos y expresión de una forma de vida compartida.
Voluntad de los vascos : la voluntad consensuada es derecho suficiente y el único derecho real y defendible. Pero la voluntad para ser derecho tiene que cumplir condiciones como que sea firme y clara, expresada libremente, configurada y respaldada por mayorías cualificadas, consensuadas y amplias. La voluntad de la mayoría tiene que circunscribirse a las competencias de su ámbito y cumplir las leyes de rango superior y los procedimientos, ya que el derecho no puede ser ejercido de forma unilateral, porque también las minorías tienen derechos, por lo que las responsabilidades son compartidas.
Si se entiende que sólo la voluntad política de los individuos que componen la nación sin límite alguno es la que vale, se llega a la imposibilidad de relaciones estables, de compromisos, de consensos, etc, porque valorada así la voluntad significa que se puede romper unilateralmente cualquier relación, contrato, consenso, etc, e implica promover la ruptura de la convivencia democrática. Esto es, que se puede no cumplir la ley y las normas que regulan la convivencia en cualquier momento, creando una inseguridad jurídica propia de regímenes totalitarios.
La voluntad no rige en muchos ámbitos de la vida como el sistema más eficaz y democrático, así, para llevar acabo la justicia social las sociedades modernas se basan en la "solidaridad obligatoria" (impuestos progresivos, políticas de redistribución, etc.) y no en el voluntarismo de los ciudadanos.
El nacionalismo plantea el ideal de la existencia natural de la nación vasca, y es la voluntad de los vascos quien tiene la obligación de corroborarla (la conciencia nacional). Como hasta ahora la voluntad mayoritaria de los vascos no ha corroborado el ideal nacionalista, se recurre al terrorismo y a sus efectos para quebrar, limitar y anular la voluntad de los vascos que no lo comparten.
Si el ideal nacionalista voluntariamente no es aceptado por los individuos, se les dice que no pertenecen al pueblo, pero se admite a los inmigrantes si dan pruebas de patriotismo, que no es otra cosa que la voluntad de aceptar el ideario nacionalista.
Es sorprendente constatar que la voluntad de los vascos siempre está en el futuro. ETA es el guardián del futuro, es el garante de lo que aún está por llegar, y mata en el presente porque no le gusta, para dejar sitio al futuro. Según el nacionalismo los vascos siempre están y estarán decidiendo libremente su futuro, pero nunca el presente con el que nunca están contentos. El futuro que decidan libremente los vascos, a buen seguro que sólo les capacitará para que sigan pensando libremente en el futuro, y no para que puedan vivir contentos y a gusto el presente.
En realidad se utiliza el truco demagógico de no asumir la realidad del presente invocando un futuro incierto, soñado y monotemático que sirva para ocultar el presente y sus problemas, por ejemplo la falta de libertad de los adversarios políticos.