Vocabulario democrático 2002

1- Terrorismo 3- Los Planteamientos Democrático Autonomistas
2- El Ciudadano y la Comunidad 4- Los Planteamientos Nacionalistas

 

5- Principios y Procedimientos de la Actuación Política

Mayoría : significa la representatividad democrática, pero no necesariamente su legitimación. Por ejemplo, Hitler y su partido nazi obtuvo la mayoría relativa que convirtió en absoluta con la alianza con el Partido conservador. Esa mayoría no significa su legitimación democrática, porque es posible utilizar los mecanismos del sistema democrático para deshacerlo e instaurar una dictadura.
La democracia antigua o totalitaria consistía en el gobierno de la mayoría, sin someterse a ningún tipo de restricción. Ha sido considerada como un régimen político indeseable porque necesariamente conducía, a través de la demagogia, a la tiranía. Por el contrario, el ideal moderno de la democracia liberal coloca el principio de la libertad individual por encima del proceso democrático de decisión por mayoría. Las libertades básicas o derechos humanos restringen aquello que los políticos (por muy democráticamente elegidos que estén) puedan acordar.
La mayoría no garantiza la democracia, si no va acompañada del cumplimiento y la defensa activa de los valores y principios democráticos. La mayoría no puede decidir cualquier cosa y estar legitimado por ello, por ejemplo si la mayoría en el parlamento decidiese exterminar físicamente a la minoría ¿sería una decisión democrática?.
La política democrática exige el respeto a las mayorías, pero también el respeto a lo pactado como fórmula de convivencia, en el caso de Euskadi, significa el respeto al Estatuto y la Constitución que por simple mayoría no se pueden modificar.
Respecto a la configuración de la mayoría lo importante está en los procedimientos y medios por los que esa mayoría ha llegado a serlo. Es decir, si las discusiones y las negociaciones se han dado de forma libre y racional, o bajo la amenaza o la coacción.

Integración política : es un estado de coexistencia que implica igualdad, entendimiento y respeto entre personas con diferentes antecedentes étnicos. A nadie se le puede obligar una identidad que no desee, los vascos podemos y debemos ser y sentirnos de maneras muy diferentes. En Euskadi se hace necesario poner los mecanismos de integración política de los ciudadanos para evitar la fractura social, como la exclusión, por razones ideológicas.
Pero para los nacionalistas integración no es solo pagar impuestos, participar en política y cumplir las leyes, significa aceptar el concepto de identidad colectiva que ellos mismos han definido. Por lo que, al igual que el resto de los vascos, los inmigrantes son aceptados si aceptan cumplir los deberes que exige la predefinida identidad colectiva vasca.

Asimilación política : la asimilación política y cultural significa que personas de otras culturas unilateralmente puedan adaptarse a la cultura mayoritaria dominante.
La asimilación política de los vascos que no son nacionalistas se está y se irá produciendo por las vías del "toma y daca", el adoctrinamiento y demás recursos que la ocupación del poder procura.

Exclusivismo : El exclusivismo de los planteamientos obvia todas las sensibilidades y todas las ciudadanías que no sigan las consignas y más aún las que las combaten. El exclusivismo se traduce en un desprecio de la democracia; por tanto, de las voluntades ciudadanas.
Se dice que sólo existe un proyecto para Euskadi, el soberanista, y no es así, entre otros muchos proyectos, están el democrático-autonomista, el federalista, etc.
Está demasiado extendida la idea de que la nación sólo puede ser de los soberanistas o patriotas; los demás tienen otra nación. En el fondo de esta idea se pretende dominar el territorio en exclusiva, sin compartirlo con el resto de ciudadanos.
Es decir, el nacionalismo dice que Euskadi sólo es gobernable desde el propio nacionalismo, el resto es vacío, es riesgo y amenaza para la supervivencia del país. Sin embargo, todas las opciones políticas pueden gobernar y defender la autonomía y el progreso de Euskadi, ya que Euskadi no es ni puede ser patrimonio de nadie.

Solidaridad : adhesión con los problemas del tercer mundo, que es una cortina para ocultar la más absoluta insolidaridad con el que tienes al lado, con tus conciudadano.
En un mundo en gran parte globalizado, lo local sólo tiene sentido si lo adecuamos a lo global; por ello, las interrelaciones con otros significan ganar nuevas amistades, y se impone promover el entendimiento entre las partes para ir superando las divisiones existentes.
Sin embargo, en Euskadi es preocupante el proceso de aislamiento que pretende hacer mundos impermeables y cerrados en base al odio a todo lo que no nos guste, en vez de practicar el respeto a los demás, para que así podamos ser respetados.
Tenemos que ver a España como el país democrático que es, y mantener solidariamente los estrechos lazos que históricamente nos han unido, sin merma de la autonomía, superando una relación socialmente enferma, por la que todo lo rechazable es tildado de español.
Sin embargo, está muy extendida la idea de que la nación sólo puede ser de los soberanistas o patriotas, y como los demás tienen otra nación, pues entonces que les proteja ella. En el fondo se pretende dominar el territorio en exclusiva, sin compartirlo con el resto de ciudadanos.
Así, por ejemplo, la aplicación del término "inmigrante" a los andaluces y extremeños es una forma de insolidaridad, una verdadera agresión, ya que nunca se dice que Iñaki Gabilondo o Angels Barceló son inmigrantes en Madrid.

Fractura política : aunque la conciencia de rechazo del terrorismo es cada vez mayor, existe una mayor fractura política entre los ciudadanos vascos. Se ha constatado una mayor extensión del miedo y pesimismo en nuevas capas de la población. La convivencia se ha deteriorado gravemente y no tiene visos a corto plazo de que cambie si no a peor.

Coraje cívico, firmeza democrática, voluntad cívica : firmeza democrática frente al terrorismo es no salirse de los principios y valores democráticos, no caer en "por la paz, un Ave María".

Añadir crispación : según el nacionalismo se produce cuando se altera el estado de ánimo de los dirigentes de HB, es decir cuando se les desbaratan sus planes, así, todas las medidas contra el terrorismo, como la Ley de Partidos, etc., sólo sirven para añadir crispación.

Inmovilismo : es la forma de entender que tienen los nacionalistas la firmeza democrática y la voluntad cívica de defensa de las libertades individuales que tienen los demócratas. El inmovilismo es no aceptar las propuestas nacionalistas que son inaceptables desde el punto de vista de los principios y valores democráticos.
Las víctimas del terrorismo son tachadas de inmovilistas porque no quieren ser vejadas y vilipendiadas, con las propuestas de la equidistancia y defienden su dignidad.

Algo se mueve : siempre algo se mueve dentro de HB, de ETA, "en ese mundo". Sirve para acusar de inmovilismo a los que mantienen posturas distintas a las igual de firmes que las del nacionalismo. La práctica ha demostrado que el "algo se mueve" solo ha servido para relajar el contraste y la lucha política que se somete al nacionalismo. El algo se mueve nunca dice en qué dirección, todos los vascos demócratas esperamos que en la dirección democrática, pero hasta ahora no ha sido así, sino más bien al contrario, siempre se ha movido a peor.

Victimismo, sentirse perseguidos : el victimismo es sobre todo una forma de legitimación social y política que trata de ganarse las lógicas simpatías que despiertan el débil y el perseguido, aunque para ello se tergiversen los hechos y, sobre todo, se cambien los papeles y se interpreten siempre todas las situaciones en clave víctima. Ejemplos de ello se pueden constatar diariamente en la política vasca.
Así, el victimismo hace ver campañas antinacionalistas por todas partes (a buen seguro este escrito también será tildado de formar parte de alguna orquestada y siniestra campaña), así, el euskera está siempre amenazado no se sabe por quién; los verdugos abertzales son víctimas; el autogobierno está amenazado, etc. Si la prensa critica unas declaraciones pseudorracistas o no democráticas, se trata de una campaña orquestada por la Brunete mediática; si circula droga, es porque ha sido programada la destrucción de la juventud vasca; si hay una crisis económica, se trata de un mecanismo deliberado de expoliación económica del país; si una empresa se traslada fuera de Euskadi por la inseguridad jurídica del soberanismo, se trata de una operación política de Madrid; si la gente grita consignas contra el nacionalismo, es una operación orquestada por el Cesid; si la Academia de la Historia llama la atención sobre la tergiversación de la enseñanza de la Historia, es una campaña contra el nacionalismo, etc.
El victimismo presupone que todo gira en torno a sí mismo, no existe nada más que uno mismo, es sentirse el ombligo del mundo. Ejemplo de ello es que el secretario del sindicato nacionalista mayoritario, José Elorrieta, llegó a decir que el asesinato de Fernando Buesa fue realizado contra Lizarra, o que el presidente del PNV diga que las bombas-lapa que ha puesto ETA a las personas asesinadas en realidad las ha puesto al Pacto de Estella. Cuando objetivamente todo el mundo sabe, que precisamente las bombas no las han puesto a ninguno del Pacto de Estella, sino a aquellos que han sido excluidos expresamente por dicho pacto.
En la práctica, el victimismo sirve de coartada para todos los crímenes políticos, ya que se esgrime argumentación victimaria para presentar al otro, por el mero hecho de ser otro, como perseguidor y verdugo de la diferencia propia.
El nacionalismo vuelve inocentes todas las acciones de sus adeptos, al concederles incondicionalmente el estatuto de víctimas. Cuando se produce un asesinato, el culpable es el Estado, ya que la verdadera víctima es el pueblo oprimido que no puede decidir. En definitiva, los verdugos han usurpado el lugar de las víctimas.
Además, cuando algo no le sale bien al nacionalismo, o sus ideas son criticadas y contrastadas, se cree víctima de campañas orquestadas y con ello refleja el talante autoritario propio de quien no quiere reconocer errores, porque posee la verdad absoluta.
Las víctimas del terrorismo no pueden ser victimistas, porque victimista es precisamente quien usurpa el papel de la víctima. Generalmente se da en sujetos con exagerado afán protagonista, a medio camino entre el narcisismo y la paranoia, lo que les lleva a querer ocupar el papel del muerto en el entierro.

Miedo : según encuestas realizadas por el Gobierno Vasco 7 de cada 10 vascos tiene miedo a expresar sus ideas políticas públicamente.
Nadie quiere reconocer que tiene miedo para que no le llamen cobarde. Pero el miedo tiene unos síntomas que no se pueden ocultar, el causado por la amenaza, la coacción y la intolerancia, acostumbra a disfrazarse de silencio. Incluso expresar las preferencias deportivas: Real Madrid igual a facha, puede provocar el rechazo, la no aceptación social.
Los que distribuyen la culpa por igual de la falta de diálogo, del desacuerdo, etc., tienen miedo de valorar negativamente la violencia, las ideas antidemocráticas, etc.
Otro síntoma es decir que hay distintas sensibilidades y que hay que respetar ambas. Esas sensibilidades son las de los asesinos y las de las víctimas. Según los obispos vascos "cada una de las diversas sensibilidades existentes en nuestro país debe respetar la identidad de los demás, apreciar los valores que en ellas se encarnan...".
En Euskadi hay miedo a decir la verdad, a molestar a quien puede estallar en cólera, a "añadir crispación", etc., por ello, se dice que, no hay que menear las cosas, ni criticar demasiado al nacionalismo porque entonces hay riesgo de "fractura social", de "enfrentamiento civil", etc.
El miedo hace moderar y recortar su proyecto político para que aflore el nacionalista, sea cual sea la calidad democrática de cada uno de los proyectos de partida.
En definitiva, hay miedo no sólo a la muerte física (asesinato) sino sobre todo a la muerte civil, que no es otra que la total marginación social, económica y política.

Discurso del miedo : es el discurso de la amenaza permanente consistente en que si no se hace lo que el nacionalismo quiere vamos a ir a peor. Así, el PNV en las Elecciones Autonómicas del 2001 dijo que iba a venir el desembarco de Madrid, pero que no iban a poder gobernar contra la mayoría social nacionalista, que iba a haber más terrorismo. También que si ganaban los constitucionalistas se iba a militarizar la Ertzantza, o que el ejercito español intervendría en caso de alcanzar la independencia, etc. Posteriormente se ha oído decir que ilegalizar Batasuna va a traer más violencia, etc.
Los obispos vascos en una de sus pastorales incluso llegan a afirmar que los propios amenazados van a correr mayor peligro si se ilegaliza Batasuna.

Enfrentamiento civil : es parte del discurso del miedo, se saca a relucir, siempre por parte de los nacionalistas, cuando se inicia una protesta antinacionalista o antiterrorista que no tenga en cuenta los principios nacionalistas.

Diálogo: la cultura del diálogo, negociación y consenso se ha practicado en Euskadi desde las primeras elecciones democráticas de 1977, y es a partir del Pacto de Estella cuando se ha producido una gran incomunicación entre los partidos políticos en Euskadi. Ha sido el triunfo de las tesis más antidemocráticas en el seno del nacionalismo las que han roto ese diálogo que sólo será posible con la derrota del terrorismo, porque una sociedad institucionalizada significa que el diálogo está organizado, ya que para eso están las instituciones. Hoy quien hace imposible el diálogo, ya que ahonda la incomunicación, es precisamente el terrorismo, al que hay que combatir y derrotarlo para que se pueda dar un verdadero diálogo.
Sin embargo, el nacionalismo denomina diálogo a lo que no es sino el pago de un peaje político a ETA, en virtud del cual la organización terrorista nos deja tranquilos, a cambio de que toda la sociedad vasca admita un proyecto impositivo y totalitario de construcción nacional. Para el nacionalismo diálogo significa "dadme la razón de una vez, porque la tengo", y por ello se vende el diálogo como el desistimiento y la renuncia de la opinión y la libertad de los que no son nacionalistas.
Cuando el nacionalismo habla de diálogo no está pensando en un diálogo entre iguales, en un diálogo democrático. Sólo está pensando en un diálogo con ETA para avanzar en los objetivos de la construcción nacional, utilizando a los partidos democráticos como meros apéndices acríticos de su estrategia.
En teoría, el diálogo se basa en el principio de que dos interlocutores se consideran iguales, por lo que pueden intercambiarse mutuamente las posiciones y ponerse en el lugar del otro durante la comunicación. Si no se consideraran iguales no sería posible ese intercambio de posiciones. El problema en Euskadi es que hoy no existe esa igualdad para el diálogo cuando una parte asesina a la otra, aunque a veces se presenta como si fuera el propio diálogo el que propicia la relación de igualdad. Por ello, en el diálogo la buena voluntad no sirve para nada ante quienes carecen de ella, o dicho de otro modo, el diálogo por sí mismo no tiene la virtud de propiciar una relación de igualdad necesaria para la negociación, y por tanto, en estas condiciones, el diálogo no es garantía de lograr un buen objetivo consensuado.

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