5- Principios y Procedimientos de la Actuación Política
Diálogo sin límites o sin condiciones: todo diálogo tiene límites muy claros, no cabe ni tiene sentido hablar de temas antidemocráticos, xenófobos, etc, por lo que, sin unos criterios mínimos previos y compartidos, ese diálogo no es posible; y ocultar esta realidad es tratar de engañar a la sociedad vasca.
Negociación : ya no se habla de negociación porque el terrorismo no busca una negociación que implicaría reconocer al otro, reconocer la pluralidad, sino pretende la exclusión y el exterminio de sus enemigos.
Contraste, ausencia de; ausencia de autocrítica :el terrorismo ha hecho que el nacionalismo no se contraste con otras ideas de la sociedad, ha quitado la libertad a los que no piensan como él, y eso ha hecho que hayan triunfado las posiciones más antidemocráticas en el seno del nacionalismo.
Se evita el debate ideológico y estratégico, se suceden agresiones y atentados contra la libertad y los derechos humanos, contra cualquier concepción o idea de nuestra sociedad que sea diferente de la de los grupos violentos, y se elimina físicamente al contrario. Así, todo ataque o critica a las posiciones nacionalistas se convierte en un ataque contra Euskal Herria, y todo disidente de la doctrina oficial es un antivasco.
Además, se ha instaurado la práctica política y social de descalificar y arrinconar de muchas maneras a toda persona que discrepe de la concepción de sociedad distinta de la idea de la "construcción nacional".
El nacionalismo ha copado las instituciones y la sociedad civil (sociedades culturales, deportivas, etc) para paralizarla, en vez de tratar de dinamizarla. En esta labor de paralización del normal y necesario contraste de ideas que debe existir en toda sociedad, la violencia en forma de amenaza y asesinato juega un papel muy importante porque impide que las ideas no nacionalistas no se puedan expresar libremente en esas instituciones ni en las de la sociedad civil. Por lo cual se pierden los diálogos, la aportación mutua de ideas y proyectos y, sobre todo, los consensos mínimos necesarios para que una sociedad pueda funcionar con normalidad.
Desde hace bastante tiempo el nacionalismo vasco no admite ninguna observación, ni sugerencia, ni mucho menos crítica, y para rechazarlas utiliza muchas vías. Por un lado , pide que no se le critique , que se confíe en ellos y que se les deje hacer. Por otro lado, dicen que los de fuera no les entienden, ni les pueden entender, y que sólo son ellos mismos los que pueden juzgarse a sí mismos. Se da por hecho que sólo lo idéntico puede juzgar a lo idéntico, porque lo que somos determinará el juicio que hagamos, es decir, que lo importante no es el mensaje, sino el mensajero, diga lo que diga. Pero lo más común es recurrir, cuando se les hace alguna crítica, a que son objeto de una orquestada campaña de linchamiento.
Como todas las demás, el nacionalismo es una ideología que exige su contraste, pero esta autoprotección y cerrazón llevada a cabo por el nacionalismo en las últimas décadas ha supuesto que no se haya renovado ni adecuado a las nuevas situaciones, bien al contrario, ha permitido que las posiciones más retrógradas y antidemocráticas hayan triunfado en su seno.
La renovación ideológica del nacionalismo es una necesidad que tenemos todos los vascos, nacionalistas y no nacionalistas, para poder sentar las bases de una convivencia democrática y plural, ya que con las posiciones que mantiene actualmente ello no es posible.
Perversión y manipulación del lenguaje: la función principal de la lengua es instrumental, sirve para entendernos. Sin embargo, lenguaje y pensamiento no son una misma cosa, a pesar de estar estrechamente unidos: a veces el lenguaje oculta el pensamiento, mientras que otras veces el lenguaje falsifica el pensamiento. Las trampas en las que se cae con el uso inconsciente del lenguaje ya fueron destacadas por los empiristas en la edad moderna: se puede llegar a creer que la utilización de un término lleva indefectiblemente a la existencia de una realidad designada por ese término o expresión.
Los nacionalistas sabedores de que las batallas políticas comienzan a ganarse o perderse según el empleo mismo de las palabras se apoderan de términos claves, les infunden un significado falso o unilateral que favorezca a su causa y consiga extenderlo en el uso de los hablantes. Algunos ejemplos: la antigua Batasuna, para intentar evitar su ilegalización, pasó a denominarse "Sozialista Abertzaleak", como si fuera un partido de izquierdas cuando en realidad son nacionalistas étnicos; desde el pacto de Estella ( de Lizarra dirán siempre los nacionalistas, aunque se hable o escriba en castellano) Ibarretxe adoptó el término Euskal Herria, hasta entonces usado sólo por Eta y Batasuna, realidad jurídica inexistente, como lo es Hispanoamérica, pero que en la ensoñación de los nacionalistas es el verdadero Estado vasco que hay que alcanzar; el uso abusivo del término Estado o del sintagma Estado español para evitar que Euskadi es una parte integrante de España al evitar esta palabra y, por ende, su concepto, etc.
Además de medio de comunicación, el lenguaje es un instrumento de dominio, de control, es decir, de poder. Ya en los diálogos socráticos se habla del arte de la retórica, un arte que no sabe de verdad o de realidad, y sí de seducción. La retórica inventa el mundo, inventa a los sujetos que, al hablar, crean el mundo a su medida. Y en ese mundo de ficción no hay lugar para el saber, sólo para la creencia. Sabino Arana percibió muy pronto esta dimensión del poder del lenguaje y al no estar en condiciones de servirse del euskera como vehículo de su proyecto, dado el conocimiento minoritario de esta lengua entre los vascos - el mismo tuvo el castellano como lengua materna -, y ante la imposibilidad de seguir la hipótesis de Whorf : la lengua como fundamento de la identidad nacional determinante de nuestra visión del mundo, idea falsa como ha sido demostrada por la sicología del lenguaje, pero muy popular aún entre los nacionalistas, inventó un castellano abertzale, voluntariamente apartado de la norma gramatical del castellano, con palabras y ortografías euskerizadas, cauce de la hegemonía propia y elemento para definir el círculo de los enemigos. En los últimos tiempos, ese control de las designaciones ha sido llevado al extremo por todos los sectores del nacionalismo y ha obligado a los demás a aceptarlas si quieren formar parte de esa comunidad nacionalista.
Este uso retórico es muy frecuente en el lehendakari : "¿Hasta cuándo vais a dejar de escuchar la voz del pueblo vasco?" (Se identifica pueblo vasco con los nacionalistas aunque las elecciones hayan demostrado reiteradamente que al menos de la mitad de los vascos no lo son).O estas otras: "¿Qué tiene de malo que los vascos decidamos?" O, "los vascos serán lo que quieran ser, más allá de las normas y leyes." (Se antepone la voluntad a los principios, a los derechos de los individuos). Otras veces, se delimita un objetivo y HB lo adopta como tal. Así, cuando los acifistas pusieron de moda la paz, HB hizo la campaña de 1993 basada en la paz y en 1998 cuando se dio el paso de pedir democracia y libertad, HB centró su discurso en pedir la libertad y ETA en plantear su Alternativa democrática. Se trata, en suma, de intentar apropiarse de la palabra para darle otro significado distinto para el grupo y para los otros.
En el lenguaje periodístico es demasiado frecuente el uso de eufemismos siempre a favor de ETA y del terrorismo, ejemplo de ellos son: "activistas armados", "aparato militar", "miembros legales", "violencia de baja intensidad", "impuesto revolucionario", etc.
Los políticos nacionalistas son propensos también a utilizar el lenguaje figurado, la exageración y la alegoría para socavar el mundo democrático: "Brunete mediática", "terrorismo educativo" (al simple anuncio de las reválidas educativas), "frentismo", "crispación" ( al simple hecho de discrepar), "fractura social", "enfrentamiento civil", etc.