Vocabulario democrático 2002

1- Terrorismo 3- Los Planteamientos Democrático Autonomistas
2- El Ciudadano y la Comunidad 4- Los Planteamientos Nacionalistas

 

1- Terrorismo

 

Lamentar, reprobar, condenar y combatir el terrorismo : los cómplices de los terroristas en algunas ocasiones lamentan la pérdida de vidas humanas, ya que por no atender sus peticiones se alargará el sufrimiento que no desean. Los de HB lamentan el secuestro, que en su lenguaje es un arresto, como una expresión más del contencioso entre Euskal Herria y el Estado.
Reprobar las acciones violentas es lo que hacia Elkarri, aunque reprobar es lo mismo que condenar, lo que trataba era de no usar la misma palabra que los constitucionalistas.
Condenar es desaprobar o reprobar una doctrina u opinión, declarándola perniciosa o mala. Unánimemente se condena la barbarie porque siega vidas humanas y trae dolor a unas familias. Y además los nacionalistas la condenan porque va en contra de la voluntad mayoritaria de los vascos, y por un lado, le dicen a ETA que deje de matar, porque así no se resuelve el conflicto en la perspectiva nacionalista, y por el otro, les dicen a los constitucionalistas que se muevan y acepten las propuestas de los terroristas. La condena de ETA es para criticar que no hace bien las cosas, que no escucha la voz del pueblo o de la sociedad vasca, pero no es una condena ni a sus medios ni a sus fines totalitarios. Sin embargo, los constitucionalistas condenan la violencia porque no aceptan como legítimo el conflicto político y porque rechazan de plano las propuestas de los terroristas.
Combatir al terrorismo con voluntad de vencerlo significa que las administraciones públicas defiendan los derechos y libertades de todos los ciudadanos, prestigien las instituciones, apliquen la ley y realicen acciones de aislamiento político y social de los terroristas y sus cómplices.

Legitimación de la violencia : que el terrorismo es antidemocrático lo saben hasta quienes lo practican directamente.
Ahora bien, su legitimación se lleva a cabo planteando que no existe democracia en la sociedad vasca, o existe déficit democrático, etc. Se intenta negar que España es un Estado democrático, lo cual es clave para tratar de legitimar el terrorismo. Para ello el nacionalismo en su conjunto se esfuerza en negar la normalización de la vida democrática española: torturas, GAL, que en la Constitución no exista el derecho de autodeterminación, etc.
Asimismo se pretende legitimar la violencia terrorista tratando de equiparar la violencia terrorista con la ejercida por el imperio de la ley para la defensa de las libertades y derechos individuales, a la que llegan a calificar como terrorismo de Estado.
Pero lo que sabemos es que el uso del terrorismo está en relación inversamente proporcional al grado de asunción de la democracia por parte de la sociedad. Es decir, que el terrorismo se puede desarrollar en una sociedad como la vasca porque en ella han triunfado los planteamientos más antidemocráticos en una parte muy importante de la vida vasca. O lo que es lo mismo, el terrorismo necesita la deslegitimación de las leyes, valores e instituciones democráticas para sobrevivir, y en el País Vasco eso lo ha conseguido, legitimando su pervivencia. Ejemplo de ello, es el País Vasco francés donde no existe autonomía, ni nada que se le parezca, y en cambio no hay terrorismo porque las leyes, valores e instituciones democráticas están fuertemente legitimadas.
Por otro lado también, el terrorismo necesita una sociedad dividida, una sociedad que no comparta amplios consensos, en la que exista una fuerte división social y política. Esa división que el terrorismo trata de profundizar hasta convertir a los adversarios en enemigos amenazadores de las esencias e identidades propias, y por tanto el terrorismo estará legitimado porque supondrá un acto cuya finalidad sea el librarnos de semejantes males y amenazas (el euskera y la identidad vascas están en peligro de extinción, son perseguidos, no pueden desarrollarse libremente, etc).

Violencia y reivindicación política : una de las cuestiones claves de la pervivencia de la violencia es que se disfraza de reivindicación política para legitimarse. De este modo, se justifica el asesinato en base a las reivindicaciones políticas del nacionalismo.
Las relaciones entre violencia y reivindicación política siempre han existido. Así Arzalluz siempre ha tenido especial miedo a que la violencia arrastre a todo el nacionalismo, por lo que ha sido necesaria una cuidada "administración de la violencia". En la época de negociación de transferencias, tal como dijo "unos agitan el árbol, y otros recogen las nueces". Hoy, en cambio, la violencia ejercida contra los adversarios políticos del nacionalismo, unida a la pasividad del gobierno vasco para defender las libertades democráticas de todos los ciudadanos y la legitimación de las instituciones, permite al nacionalismo realizar propuestas ventajistas, ultimatums, etc., más propias de una organización violenta que de un gobierno garante de la legalidad y de las libertades ciudadanas.
Desde una perspectiva moral, la unión de violencia y reivindicación política ha posibilitado que muchos vascos han llegado a perder incluso hasta la dignidad inherente a toda persona humana de rebelarse contra el asesinato.
Por ello, se hace necesaria la conquista de la dignidad por los ciudadanos, expresando la repulsa y el rechazo a todo lo que provenga de la violencia, o a cambio de ella, ya que sería perpetuarla y, moralmente, borrar la memoria de las víctimas.

Tolerancia con la violencia política : se pueden apreciar varios tipos de comportamientos y posturas en Euskadi respecto a la tolerancia con la violencia :
a). los que se resignan a convivir con el terrorismo y su entorno como si se tratara de una desgracia natural y por tanto reaccionan ante sus embates simplemente expresando su contrariedad o lamentando la mala suerte de los afectados, de las víctimas;
b). otros, en cambio, remarcan el reproche ético al uso de la violencia , subrayan la solidaridad "humana" (no política) con las victimas o señalan la equivocación de quienes ejecutan o secundan acciones terroristas;
c). por último, los que piensan que el recurso a la violencia no sólo es un mal moral o un error, sino ante todo un crimen político que destruye las condiciones de competición política y demanda una respuesta activa de autodefensa democrática.

Pasividad; mirar para otro lado: las instituciones gobernadas por los nacionalistas muestran una desesperante pasividad ante el hostigamiento criminal que padecen miles de ciudadanos vascos perseguidos por sus ideas, a los que por expresarse libremente y por defender la legalidad vigente han sido asesinados o son les amenazados, mientras el Gobierno Vasco no muestra de modo práctico su voluntad de asegurar los derechos y libertades de todos los ciudadanos vascos. Acabar con la pasividad supone que se reconozca públicamente la legitimidad y dignidad de estas personas y del papel político que desempeñan, esto es, que el Gobierno Vasco asuma de una vez prioritariamente sus responsabilidades en materia de seguridad y libertades públicas.

Comprensivos con el terrorismo : valoran los crímenes de ETA como algo negativo, pero comprensible, a causa del apoyo social que tienen. Esta actitud comprensiva del terrorismo genera silencios, perversiones, vergüenzas y complicidades, y no pone el acento en la defensa de los derechos fundamentales de las personas, de los principios básicos de comportamiento colectivo, ni en la defensa a ultranza del sistema democrático que posee toda colectividad civilizada. Resumiendo, no se antepone la dignidad como persona y la convivencia democrática, a cualquier otra ideología, por muchos apoyos que tenga.

Equidistancia : postura basada en un relativismo ético absoluto, que coloca en el mismo nivel a víctimas y verdugos, a la justicia y a la injusticia, a la vida y a la muerte, a las instituciones democráticamente legitimadas y a los proyectos políticos, que incluso pueden ser contrarios a la democracia, etc. La equidistancia entiende que el defender a las víctimas y el defender a los asesinos son la expresión de sensibilidades distintas que hay que respetar por igual. Entre víctima y verdugo no hay término medio porque en la ética no lo hay.
Los nacionalistas se han instalado en la teoría de la equidistancia, y dicen ser independientes tanto del terror de ETA como del Estado equiparándolos. Y como piensan que el terrorismo no enfrenta a vascos demócratas contra vascos fascistas, sino que es un conflicto entre el Estado Español y ETA, dicen que los dos son responsables, luego tienen que negociar, y, como ellos tienen los mismos fines que ETA, al final se conseguirá a la vez la paz y los fines nacionalistas de forma unida.
La equidistancia plantea que en el medio está la virtud y la paz, a la misma distancia de ETA que del PP. Así, Ibarretxe reitera que no está ni con ETA ni con el PP, ni con Madrid ni con ETA, equiparándolos. Incluso ha llegado a comparar las bombas con las leyes, cuando dijo que "a este pueblo no lo van a parar ni con las bombas de ETA ni con decretos, ni con leyes ni con mentiras".
Desde la teoría de la equidistancia, cuyo mayor defensor es Elkarri, se critica el maniqueísmo de dividir a los vascos entre buenos y malos, entre demócratas y totalitarios, ya que lo correcto es condenar todas las expresiones de violencia, y reivindicar los derechos colectivos homologándolos a los individuales.
De este modo al igual que el ciudadano Aldaya, Delclaux, etc., Euskadi está secuestrada, está secuestrada su economía, su juventud, sus mujeres, sus trabajadores parados, y un largo etcétera. La diferencia estaba en el que pueblo podía y puede salir a la calle, manifestarse, etc., pero Aldaya, ni Delclaux podían hacerlo.
El despropósito de la equidistancia lo manifestó Juan María Ollora cuando dijo aquello de que "un proceso de paz supone repartir la razón entre los protagonistas del conflicto". O lo que es lo mismo, darles por igual la razón al asesino y al asesinado, al que maldita la falta que le hace.
La equidistancia llega hasta el extremo de igualar a las víctimas inocentes con los verdugos, aunque no todos los muertos son iguales... aquí se rompe la equidistancia porque "era de los nuestros" (Korta, Uribe... eran empresarios o ertzainas, y a la vez nacionalistas, aunque fueron asesinados por lo primero).
La equidistancia sirve para no hacer frente a los que sostienen las redes culturales y clientelares del terrorismo, y sus efectos se manifiestan en la destrucción del tejido social del civismo democrático.

Todo vale lo mismo : según este pensamiento, dejando aparte el asesinato y su apología, todo lo demás vale lo mismo, de este modo lo intolerable llega a ser digno.
Así, todos los partidos tienen derecho a mantener y defender sus propuestas, y que cualquier opción política es legítimamente defendible como las demás, incluso si resultan contrarias a los ciudadanos, como el defender privilegios, supremacías (vascos y alemanes de Mallorca, etc) contrarias a los derechos y libertades individuales, etc. De este modo, de lo que se trata es, entre otras, equiparar la violencia terrorista y la ejercida por el imperio de la ley para la defensa de las libertades y derechos individuales.

Igualdad de condiciones para todos los proyectos políticos : es una idea muy extendida, sin embargo, los proyectos políticos dictatoriales, totalitarios, xenófobos, genocidas, etc., no pueden tener las mismas condiciones que los proyectos democráticos. Al contrario deben ser combatidos con firmeza, ya que la democracia no puede dar facilidades para que la destruyan. Con la defensa este planteamiento, se está pidiendo a la ciudadanía vasca que son aceptables proyectos políticos totalitarios y antidemocráticos como el que propugna el nacionalismo étnico.

Todos los planteamientos políticos son legítimos : solo si nos situamos en un nivel abstracto es correcta esta idea, sin embargo no pueden ser legítimos, democráticamente hablando, los planteamientos políticos que en lo concreto combaten y hacen imposible la democracia. Porque los planteamientos políticos se legitiman en la medida que defienden los principios y valores democráticos, ya que no existe una legitimación democrática proveniente de la historia, el origen, la naturaleza, de la voluntad, etc.

Aquí no sobra nadie : Elkarri plantea que "en esta tierra no sobra ningún concejal, no sobra ninguna sensibilidad y no sobra ninguna fuerza política. Si esto no está claro, la apelación al pluralismo es pura retórica". Sin embargo, en una sociedad democrática sobran los intolerantes, los asesinos, los totalitarios, los genocidas, etc; y no pueden tener cabida las fuerzas políticas totalitarias y que encubran o ayuden a los asesinos. La sociedad democrática tiene que hacer un esfuerzo por combatir las sensibilidades asesinas y hacerles desistir de sus planteamientos e integrarles en el sistema, con los procedimientos y leyes que se ha dotado para ello.
Defender el pluralismo no significa aceptar a los que quieren acabar con él, porque entonces lo que se está haciendo es acabar con el pluralismo en nombre del propio pluralismo, lo cual es un contrasentido. O mejor dicho, se utiliza el pluralismo en un sentido tan amplio que se está legitimando a los enemigos del pluralismo para que acaben con él.

Todas las ideas son legítimas : postura muy extendida en Euskadi, entre otros por el Lehendakari Ibarretxe, según la cual las ideas de una Euskadi totalitaria, genocida, injusta, exclusivista, opresora de la mitad de la población, limitadora de derechos a parte de sus habitantes, etc., son tan legítimas como las ideas democráticas, justas, integradoras, respetuosas con los derechos y libertades de sus ciudadanos, etc. Esta posición llega al extremo de entender la amenaza como libertad de expresión y no como delito.
Hay que respetar a todas las personas, pero no a todas las ideas. Ya que todas las personas son respetables y por ello no se les puede amenazar, perseguir, matar, etc., pero no todas las ideas son respetables, ya que es una obligación democrática combatir el racismo, el totalitarismo, etc.
Las ideas no delinquen, pero algunas ayudan a delinquir y a justificar la delincuencia, en cambio otras contribuyen a la paz civil.

 

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