No tiene que haber ningún perdedor : idea propugnada para que el terrorismo no pierda, sin embargo, ETA y su totalitarismo tienen que perder, tienen que ser derrotados y la democracia tiene que ganar, la convivencia democrática tiene que ganar, tiene que salir fortalecida.
Dar oxígeno : es la acusación que desde los constitucionalistas se les hace a los nacionalistas que en los momentos en que policialmente se logra poner en situación precaria la operatividad terrorista, se les echa una mano, para que puedan reorganizarse, tal como ocurrió tras la detención de la cúpula de ETA en Bidart (1992) y tras la revuelta de 1998 por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, y en los últimos meses tras la ilegalización cautelar de Batasuna. Algunas organizaciones sociales nacionalistas, y especialmente la televisión pública vasca, son las encargadas de llevar a cabo esta labor.
Que no se beneficie el enemigo : cuando la política se plantea en términos de no aceptar el pluralismo, el adversario y el discrepante se transforma en enemigo esencia de todos los males que sirve para ocultar los deseos más antidemocráticos. Así, en Euskadi, primero unos delimitan al enemigo irreconciliable (compuesto por los que defienden la democracia), más tarde otros actúan violentamente contra él, y por último, los unos critican la acción violenta porque se beneficia al enemigo, tratando de ocultar la realidad : el que la violencia juega a favor de un nacionalismo antidemocrático. Por ejemplo, se ha dicho frecuentemente que la kale borroka no es buena porque beneficia y fortalece a Mayor Oreja, que pierda la selección española para que no se beneficie Aznar de la victoria, los asesinatos de concejales del PP y PSE benefician a estos partidos y no benefician a Euskal Herria, la violencia de ETA es beneficio político para el PP por el uso partidista que hace el españolismo de la actuación del MNLV, etc.
En estas justificaciones no hay ni un atisbo de alusión a los derechos humanos, a la defensa de valores democráticos, ni a la dignidad humana, se da la vuelta a las responsabilidades y resulta que son las víctimas las que se benefician del terrorismo ejercido sobre ellas.
Monopolio del uso de la violencia : en las sociedades democráticas el uso de la violencia está reservado, con las limitaciones del amparo constitucional de los derechos y libertades individuales, a las instituciones públicas, al Estado en su sentido institucional.
Se habla de la violencia del Estado cuando se dice en el Pacto de Estella, firmado por PNV, EA; IU y EH (antes Herri Batasuna y ahora Batasuna) que "la fase resolutoria del conflicto se abordará en condiciones de ausencia permanente de todas las expresiones de violencia del conflicto". La Ertzantza es también cuerpo policial depositario de ese monopolio jurídico del uso de la violencia del Estado. Lo firmado en Estella significa pedir la renuncia a ese monopolio que no parece muy adecuado en una sociedad democrática donde precisamente la violencia solo se puede usar para defenderla de los ataques a la convivencia democrática, es decir para proteger los derechos y libertades de los ciudadanos.
Pero además, en el nacionalismo vasco existe la tendencia a equiparar constantemente la legítima y tasada violencia que debe ejercer el Estado con la violencia asesina de ETA. Así, se habla de ausencia de violencias, del cese de todas las expresiones de violencia o, incluso, que la violencia de ETA es una violencia de respuesta a la violencia del Estado.
Para los ciudadanos demócratas son los poderes públicos los que deben garantizar sus derechos, para eso les han dado el monopolio, bajo condiciones, del uso de la fuerza. Se reivindica el orden de los ciudadanos porque se ha aceptado un modo de convivir que hace a las personas soportes individuales de la democracia. Orden que no es otro que el "orden del derecho"; dicho orden limita a todos, pero, como nuestras instituciones no cumplen debidamente con la obligación de fortalecer el orden del derecho, últimamente se han producido manifestaciones ciudadanas contra las debilidades que muestran en la defensa de la democracia.
Funcionamiento del terrorismo : para que el terrorismo funcione es necesario que funcionen muchos elementos coordinados entre sí. Tienen que reclutar gente, por lo que es necesario ver cómo se hace ese reclutamiento y encontrar personas con voluntad de cumplir los objetivos que les marcan sus superiores que son los de asesinar a vecinos que los consideran enemigos.
Establecer distintos grados de colaboración, funcionando como un movimiento socio-político que le da la cobertura para producir impunidad y cohesión ideológica. Buscar la financiación necesaria por aportaciones voluntarias y por el chantaje.
Llevar a cabo actos terroristas como asesinatos, voladuras, amenazas, coacciones, estragos, etc, de gran impacto mediático.
Buscar la impunidad y la posibilidad de establecer diversos frentes, para ello se necesita una cierta pasividad, o connivencia, institucional, y el aprovechamiento de los beneficios del sistema democrático.
Conciencia moral : la conciencia moral, junto a la ley positiva, regula realmente el comportamiento humano impidiendo la trasgresión de las normas de convivencia. Con la trasgresión de dichas normas se produce el sentimiento de culpa o de vergüenza por lo realizado. La culpa o vergüenza implica un reconocimiento de haber hecho algo mal y para superarlas, o bien se suele decidir no volver a hacerlo evitando las situaciones que la generan, o bien se llevan a cabo conductas reparadoras del daño.
Es importante ver donde y cómo se produce la distorsión en la conciencia moral para que no actúe la culpa, el remordimiento, ni la vergüenza, dado que en la política vasca se manejan distintas explicaciones de este fenómeno moral.
Según algunos, los asesinos de ETA sufren "un proceso de deshumanización propia por el que ponen su vida al servicio de una causa que ellos consideran superior". Es decir que existe una sobrevaloración de las ideas que se asumen como causas justas y superiores (derechos de Euskal Herria).
Sin embargo, otros plantean que esta causa no puede explicar este fenómeno porque ponerse al servicio de una causa superior vuelve humana y cargada de sentido la vida y existencia propia y de los demás.
Otras explicaciones caminan por la idea de que las limitaciones a la autonomía moral del individuo impuestas por las normas morales y de coerción social del grupo, del grupo de "nosotros", hacen que el individuo deje de respetarse a sí mismo y por tanto tampoco a los de fuera del grupo.
Así, la atribución de los males propios a enemigos externos al grupo (los otros, España), los lazos emocionales del grupo producto tanto de cerrarse al exterior (mundo propio sin contraste ni contaminación ideológica) como de la presión social interna (control grupal), y la sensación de impunidad por la falta de recriminación, hacen que se minusvalore el dolor de los demás, incluso se entienda no sólo como un mal necesario (expresión del conflicto) sino incluso como una liberación (un enemigo menos) lo que le hace insensible al rechazo social que no le condena moralmente, al no situar la condena en la dignidad humana (se insiste en que la violencia no beneficia a Euskal Herria, etc.).
Odio para matar : habrá que preguntar de dónde sale un odio capaz de borrar en gran parte de la población las habituales inhibiciones que nos hacen como mínimo respetar la integridad física de nuestros convecinos. Un odio que lleva a algunos a matar; a otros muchos más a comprender y celebrar esos crímenes, a jalearlos, a culpabilizar a las víctimas, a convertir en héroes o mártires a los asesinos y proponerlos como modelos patrióticos a seguir por los jóvenes. Un odio que lleva a crear las bases de un sistema moral de miseria, decadencia e indignidad.
Es un odio que no surge de la pobreza, ni de la necesidad desesperada, ni de la tiranía política que no deja libertad alguna; es un odio ideológico, artificioso, elaborado, sembrado y cultivado; un odio que no tiene nada de casual.
Es un odio que empieza en el seno mismo de muchas familias, cuando los padres se manifiestan para protestar contra los juicios a jóvenes acusados de estragos, incendios y agresiones, contra la policía que los detiene, contra los jueces que los juzgan y contra los periodistas que narran los sucesos. Y continúa en la educación, condescendiente, cuando menos, con la manipulación de la historia, la tergiversación de la geografía, etc, y en el papel jugado por la mayoría de la Iglesia vasca.
Para superar la estrategia del odio muchos ciudadanos y ciudadanas vascos han realizado, y sin duda realizarán, actos de valor, de coherencia ideológica, de compromiso y honestidad; esto es, llevando la verdad por delante, llamando a las cosas por su nombre.
Amenaza; coacción: los terroristas y sus cómplices amenazan con palabras y hechos que dan a entender que o haces lo que te dicen, y dejas de hacer lo que haces, o si no, te tendrás que atener a las consecuencias. Las formas que se usan para coaccionar son múltiples, tales como pintadas, pegatinas, bulos, carteles, pancartas, artículos en periódicos, llamadas telefónicas, notas, cartas, cócteles molotov, apedreamientos, quema del coche, manifestaciones delante del domicilio, presiones en el trabajo, etc.
Sin embargo los cómplices del terrorismo entienden la amenaza como libertad de expresión que no se les puede coartar, cuando en realidad es un delito. La intimidación y coacción existente en la vida cotidiana refuerza la hegemonía del nacionalismo, degenerando la democracia en Euskadi, produciendo un grave deterioro del Estado de Derecho, y creando serias dificultades para el ejercicio de las libertades y de la competición política.
Chantaje; extorsión; impuesto revolucionario; financiación del terrorismo: la financiación del MLNV se basa o bien en la tortura de un ser humano secuestrado y amenazado de muerte para sacarle el dinero a su familia, o en el envío de cartas periódicamente a los empresarios para extorsionarles. Su financiación se basa en el delito.
Sin embargo en muchas ocasiones desde el nacionalismo en general, se ha dicho que no son unos delincuentes que actúan con ánimo de lucro, y que son idealistas equivocados que no quieren el dinero para sí, sino para una "idea".
Vendré a recogerlo : se trata del sobre que se entrega a tiendas, pequeñas empresas y negocios familiares (mayoritariamente, bares) en todo el País Vasco y el extorsionador mafioso, militante de Batasuna al que nadie se atreve a denunciar, les anuncia que volverá unos días más tarde a recogerlo lleno de billetes para financiar a los terroristas y sus cómplices.
Kaleborroka, violencia callejera, terrorismo de baja intensidad, terrorismo callejero : la kale borroka es una práctica consciente y organizada por el control social. No se trata, como se ha dicho, de un tipo de violencia de irrupción espontánea, de absurda justificación y practicada por seres desesperados o excluidos de los beneficios de la sociedad moderna.
La kale borroka es puro fascismo, que primero señala con el cocktail molotov la vivienda del agredido para transgredir su intimidad y marcarle socialmente, intimidando a los vecinos, luego amenaza a él y a su familia, para expulsarle de la comunidad (muerte civil), y finalmente le asesina (muerte física).
La kale borroka busca crear un clima de inseguridad que favorezca la domesticación de la sociedad, desacredite el estado de cosas y encubra la impunidad de la violencia. Pretende debilitar a la opinión pública y desacreditar a los poderes públicos a los que corresponde el monopolio legítimo de la fuerza y arrebatar a estos la capacidad de tutelar la seguridad pública.
No es solo sabotaje o algarada, es también aislamiento, que hace que una buena parte de la población opte por el silencio, el disimulo, la ocultación o que relegue las opiniones a la esfera privada, siendo más horizontal y extensiva que la violencia de ETA, por su cercanía a los ciudadanos.
No opera igual y con la misma intensidad en todos los sitios, es especialmente intensa en los pueblos donde gobierna Batasuna o donde existe una tolerancia del nacionalismo en el poder municipal.
Las víctimas de la kale borroka son los constitucionalistas o símbolos que consideran enemigos, las cuales en ocasiones han intentado, sin ningún resultado, hablar con los representantes de EH en los pueblos directamente o por intermediarios.
La kale borroka se identifica con el nacionalismo, que le sirve de escondite y coartada para mantener su objetivo principal de ayudar a lograr la hegemonía social.
Dirigentes del PNV han tildado la kale borroka de chiquilladas que no llevan a ninguna parte, así para Iñaki Zarraoa, alcalde de Getxo, los actores de esas barbaridades son unos jóvenes incontrolados a los que les dice en voz alta que así no se construye Euskal Herria, y que sus acciones no benefician a Euskal Herria. También, el nacionalismo ha criticado la kale borroka porque, dicen, beneficia y fortalece las tesis de Mayor Oreja. Incluso llegó a decir antes de la tregua del 99 que los de la kale borroka no eran los de HB, aunque luego durante la tregua el PNV dijo que desarrollarían políticas conjuntas con EH cuando desapareciesen este tipo de actuaciones.
Violencia estructural :los defensores de esta idea plantean que existe una violencia que genera el sistema económico y político actual, que es la violencia de la injusticia en el reparto norte-sur, la distribución entre pobres y ricos en una misma nación, la existencia de bolsas de pobreza, la marginación, la exclusión, el paro, la opresión de la mujer, las drogas, etc. Y además, que la paz verdadera sólo se alcanzará cuando se elimine esta violencia estructural del sistema político y económico actual. Es decir, sólo cuando se solucionen todos los problemas de la convivencia podrá alcanzarse la paz, lo cual nunca se podrá lograr porque siempre surgirán nuevos problemas. A su vez critican, y califican como "paz negativa" la paz entendida como ausencia de violencia física exclusivamente, porque realmente el verdadero pacifismo tiene como objetivo lograr una paz basada en la justicia social que sería una "paz positiva" que tiene en cuenta la lucha contra la violencia estructural.
Las consecuencias y lecturas de este planteamiento tan extenso de la paz en Euskadi han servido para justificar que no basta con la paz como ausencia de violencia, (la derrota del terrorismo) ya que esa no es la paz verdadera, sino que para alcanzar esta última es necesario un plus, un acuerdo (aceptar los planteamientos nacionalistas) que debe venir por vía del diálogo sin condiciones.